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Historia

Muere Tung Chee-hwa: ¿quién fue el primer líder de Hong Kong chino?

Tung Chee-hwa muere a los 89 años: fue el primer jefe del Hong Kong poscolonial y gobernó durante la crisis asiática, el SARS y las protestas.

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Tung Chee-hwa

Foto: Estonian Foreign Ministry (Flickr)CC BY 2.0 — vía Wikimedia Commons.

Resumen

  • Tung Chee-hwa muere a los 89 años tras una enfermedad
  • Fue el primer jefe del Ejecutivo de Hong Kong tras la devolución a China
  • Su mandato quedó marcado por la crisis asiática, el SARS y las protestas de 2003

Tung Chee-hwa, primer jefe del Ejecutivo de Hong Kong tras el final del dominio colonial británico, ha muerto a los 89 años. El político y empresario falleció a las 21:57 del martes 8 de septiembre de 2026 en Hong Kong a causa de una enfermedad, según la información difundida por medios oficiales chinos. Su oficina señaló que murió rodeado de sus familiares.

Su nombre está pegado a una fecha que partió en dos la historia contemporánea de la ciudad: el 1 de julio de 1997, cuando Reino Unido transfirió la soberanía de Hong Kong a China y Tung asumió como primer jefe del Ejecutivo de la nueva región administrativa especial. Fue, por tanto, algo más que un gobernante. Se convirtió en el rostro de un experimento político gigantesco, “un país, dos sistemas”, concebido para permitir que Hong Kong conservara durante décadas su sistema económico, jurídico y buena parte de sus libertades mientras quedaba bajo soberanía china.

Del imperio naviero familiar al poder político

Nacido en Shanghái en 1937, Tung pertenecía a una familia estrechamente ligada al mundo marítimo. Su padre, Tung Chao-yung, levantó un importante negocio naviero y la familia se trasladó a Hong Kong cuando el futuro dirigente era todavía joven. Tung estudió ingeniería mecánica en la Universidad de Liverpool, trabajó durante un periodo en Estados Unidos y terminó incorporándose al negocio familiar.

No tenía el perfil del político profesional curtido durante décadas en mítines, parlamentos y campañas electorales. Era, ante todo, un empresario convertido en administrador público. Eso resultaría importante después: su forma de gobernar conservó bastante de la mentalidad del ejecutivo empresarial, con grandes objetivos, planes de largo alcance y una tendencia a confiar en que los problemas podían enderezarse mediante gestión y disciplina.

La política, claro, suele tener la desagradable costumbre de no comportarse como una hoja de cálculo.

Tung fue elegido en diciembre de 1996 por un Comité de Selección de 400 miembros creado para escoger al primer jefe del Ejecutivo de la futura región administrativa especial. Pekín lo nombró formalmente pocos días después y tomó posesión el 1 de julio de 1997, justo cuando desaparecía la administración colonial británica.

Hong Kong cambió de bandera y casi inmediatamente llegó la crisis

La imagen de la ceremonia de 1997 podía sugerir el inicio solemne de una nueva época. La economía tuvo otros planes.

Poco después de la devolución estalló la crisis financiera asiática, que golpeó con fuerza los mercados de la región y castigó especialmente al sector inmobiliario de Hong Kong. Tung había llegado al poder con un proyecto ambicioso para corregir uno de los grandes problemas sociales de la ciudad: el precio de la vivienda.

Su Gobierno se comprometió a impulsar la construcción de al menos 85.000 viviendas anuales y aspiraba a que el 70% de las familias fueran propietarias de su casa en 2007. Sobre el papel tenía lógica: Hong Kong llevaba años sufriendo viviendas carísimas, suelo escaso y especulación. Pero la crisis hizo caer los precios inmobiliarios y convirtió aquella política en un problema político considerable.

Muchos propietarios quedaron atrapados con hipotecas superiores al valor de sus viviendas. El Gobierno acabó abandonando el objetivo de las 85.000 unidades. Aquello dejó una cicatriz en la reputación de Tung: una política concebida para hacer más asequible la vivienda terminó asociada al desplome inmobiliario.

Visto desde 2026 hay cierta ironía. Hong Kong continúa arrastrando una enorme presión residencial y algunos de los problemas que Tung trató de resolver —suelo, vivienda y dependencia del ladrillo— siguen reapareciendo bajo otras formas. Incluso algunas de aquellas grandes obsesiones económicas han regresado posteriormente a los programas de sus sucesores.

SARS, gripe aviar y una administración bajo presión

Tung tampoco disfrutó precisamente de una legislatura tranquila. A las dificultades económicas se sumaron episodios de gripe aviar y, sobre todo, la epidemia de SARS de 2003, que golpeó duramente a Hong Kong, paralizó parte de su actividad económica y puso a prueba la capacidad de respuesta de las instituciones.

Su propio Gobierno reconocería después que la crisis del SARS había supuesto una prueba extraordinariamente severa y que la Administración había tenido que revisar su manera de gobernar y relacionarse con la población.

El problema para Tung era acumulativo. No se trataba solo de una crisis sanitaria ni exclusivamente de una recesión. Se extendía la percepción de que el Ejecutivo estaba cada vez más distante de una parte importante de la sociedad hongkonesa, precisamente cuando empezaban a aflorar debates mucho más profundos sobre autonomía, libertades políticas y relación con Pekín.

Y entonces llegó el artículo 23.

La protesta de 2003 que marcó su mandato

La Ley Básica de Hong Kong establece en su artículo 23 que la región debe aprobar legislación propia para proteger la seguridad nacional. El Gobierno de Tung intentó hacerlo en 2003 mediante una controvertida norma contra delitos como la traición, la subversión o la sedición.

La reacción fue enorme.

El 1 de julio de 2003, sexto aniversario de la devolución, cientos de miles de personas salieron a las calles. Los organizadores cifraron la participación en más de medio millón; la Policía contabilizó 350.000 antes de que la manifestación alcanzara su punto máximo. Fue una de las mayores movilizaciones celebradas en Hong Kong desde las protestas relacionadas con Tiananmén de 1989.

Para una parte de la población, el proyecto amenazaba las libertades civiles y podía alterar el delicado equilibrio prometido por “un país, dos sistemas”. Para el Gobierno, legislar sobre seguridad nacional constituía una obligación constitucional. Dos interpretaciones difícilmente compatibles compartiendo unas calles abarrotadas de manifestantes.

Tung introdujo modificaciones inicialmente, pero la presión política siguió creciendo. En septiembre de 2003, su Ejecutivo terminó retirando el proyecto de ley, oficialmente para ampliar la consulta pública y concentrarse en la recuperación económica.

La historia añadiría después una considerable posdata. Hong Kong quedó sometido en 2020 a una ley de seguridad nacional promulgada por Pekín y, en marzo de 2024, el Legislativo hongkonés aprobó finalmente su propia normativa vinculada al artículo 23. Aquello que había contribuido a hundir políticamente a Tung dos décadas antes acabó entrando en vigor bajo un escenario institucional completamente distinto.

Una segunda elección sin rival y una salida anticipada

Tung había obtenido un segundo mandato en 2002 de una forma bastante peculiar vista desde una democracia parlamentaria occidental: fue elegido sin oposición, al ser el único candidato válidamente nominado. Su candidatura recibió el respaldo de 714 miembros del Comité Electoral.

No completaría ese segundo mandato.

En marzo de 2005 anunció su dimisión alegando problemas de salud después de casi ocho años al frente de Hong Kong. Tung explicó que las largas jornadas de trabajo habían deteriorado progresivamente su estado físico y negó que Pekín hubiera exigido su salida. Las dudas políticas, sin embargo, nunca desaparecieron por completo.

Donald Tsang terminó sucediéndolo.

Después del Gobierno: influencia entre China y Estados Unidos

Retirarse de la jefatura del Ejecutivo no significó desaparecer. Tung pasó a ocupar una vicepresidencia de la Conferencia Consultiva Política del Pueblo Chino, uno de los principales órganos consultivos del sistema político chino, y mantuvo durante años capacidad de influencia entre bastidores.

También cultivó conexiones internacionales poco habituales. Su familia mantenía relaciones de décadas con la familia Bush y Tung trató tanto con George H. W. Bush como con George W. Bush. Cuando Xi Jinping viajó a Estados Unidos en 2012, poco antes de convertirse en máximo dirigente chino, Tung estuvo entre las figuras que lo acompañaron.

Ese perfil de intermediario encajaba bastante bien con su biografía: formado en Occidente, empresario internacional y, al mismo tiempo, dirigente firmemente alineado con Pekín. Durante sus últimos años respaldó las grandes reformas políticas impulsadas por China en Hong Kong, incluida la legislación de seguridad nacional y los cambios electorales posteriores.

Tras conocerse su muerte, el actual jefe del Ejecutivo hongkonés, John Lee, destacó su papel durante la devolución de 1997, su gestión de la crisis financiera asiática y su apuesta por reforzar las relaciones económicas con la China continental. Pekín lo ha presentado como una figura fundamental en la aplicación del modelo “un país, dos sistemas”.

El hombre que estrenó el Hong Kong bajo soberanía china

La figura de Tung Chee-hwa resulta difícil de encerrar en una sola etiqueta. Para el establishment chino fue uno de los responsables de garantizar una transición histórica sin ruptura institucional. Para numerosos hongkoneses, su Gobierno quedó asociado también a errores económicos, dificultades de gestión y una creciente tensión entre autonomía local y poder central.

Ambas cosas pueden ser ciertas al mismo tiempo. Ahí está precisamente la complejidad.

Tung recibió en 1997 una ciudad próspera, extraordinariamente abierta al comercio y todavía marcada por más de siglo y medio de dominio británico. Debía convertirla en una región china sin desmontar aquello que la hacía distinta. Apenas comenzó, se encontró con una crisis financiera; después llegaron problemas sanitarios, una vivienda en caída libre y una batalla política alrededor de las libertades civiles.

Su mandato terminó en 2005, pero muchos de los debates que lo atravesaron no terminaron con él. Vivienda, integración económica con China continental, seguridad nacional, democracia y autonomía siguieron definiendo la política hongkonesa durante las dos décadas siguientes.

Por eso su muerte no supone únicamente la desaparición del primer jefe del Ejecutivo del Hong Kong poscolonial. Se va también una de las figuras que encarnaron aquel extraño momento de 1997 en el que una ciudad cambió de soberanía intentando que, al menos durante un tiempo, casi todo lo demás permaneciera en su sitio.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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