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¿Quiénes son Los Tiguerones y por qué EE.UU. los declara terroristas?

Los Tiguerones entran en la lista terrorista de EE.UU. Su origen, líderes y delitos explican el nuevo cerco internacional sobre la banda ecuatoriana.

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Resumen

  • EE.UU. incluye a Los Tiguerones en su lista de organizaciones terroristas
  • La banda nació en el entorno carcelario y ganó fuerza en Esmeraldas
  • La medida endurece el cerco financiero y penal sobre su estructura

Los Tiguerones son una de las organizaciones criminales más violentas de Ecuador, nacida alrededor del sistema penitenciario y convertida después en una pieza relevante del narcotráfico, la extorsión y las luchas por el control territorial. Estados Unidos la ha designado como Organización Terrorista Extranjera y como Terrorista Global Especialmente Designado, dos categorías que elevan considerablemente la presión sobre la banda y sobre quienes colaboren con ella.

La decisión fue anunciada el 9 de septiembre de 2026 por el secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, durante su visita a Quito. Los Tiguerones se convierten así en la cuarta gran estructura criminal ecuatoriana señalada de esta forma por Washington, después de Los Choneros, Los Lobos y Chone Killers. No es simplemente un cambio de etiqueta: tiene consecuencias financieras, penales y migratorias y complica el acceso de la organización a redes vinculadas al sistema estadounidense.

El movimiento encaja en una relación cada vez más estrecha entre Estados Unidos y el Gobierno de Daniel Noboa en materia de seguridad. Ecuador lleva años intentando contener una mutación criminal que desbordó las cárceles, saltó a las calles y convirtió barrios enteros en territorios disputados por grupos armados. Los Tiguerones son uno de los nombres más reconocibles de ese mapa.

De una cárcel ecuatoriana a una poderosa organización criminal

La historia de la banda está ligada a la Penitenciaría del Litoral, el enorme complejo carcelario de Guayaquil que durante años funcionó como algo más que una prisión. Entre pabellones, controles debilitados y redes de corrupción, las organizaciones criminales consolidaron jerarquías, movieron contrabando y construyeron alianzas que luego trasladarían fuera de los muros.

El principal dirigente de Los Tiguerones es William Joffre Alcívar Bautista, conocido como Negro Willy o Comandante Willy. Antes de convertirse en cabecilla criminal había trabajado como guía penitenciario y estableció vínculos con Jorge Luis Zambrano, alias Rasquiña o JL, histórico líder de Los Choneros.

A partir de aquella relación comenzó a tomar forma una facción que acabó desarrollando identidad propia. Los Tiguerones fueron extendiendo su influencia hacia Esmeraldas, provincia costera fronteriza con Colombia, y hacia zonas de Guayaquil. El núcleo familiar de Willy tuvo también un papel relevante, especialmente sus hermanos Álex Iván Alcívar, alias Ronco, y Luis Ernesto Alcívar, alias Puya.

El asesinato de Rasquiña en diciembre de 2020 alteró por completo el equilibrio criminal ecuatoriano. La estructura de Los Choneros comenzó a fragmentarse y antiguos subordinados se transformaron en rivales. Los Tiguerones se independizaron y pasaron a competir por cárceles, barrios y rutas de narcotráfico junto a grupos como Los Lobos y Chone Killers. En ese mundo las alianzas no son precisamente matrimonios para toda la vida: cambian cuando cambia el negocio.

Esmeraldas y Guayaquil, dos territorios decisivos

Esmeraldas se convirtió en uno de los grandes bastiones de la organización. Su ubicación junto a Colombia y su salida al Pacífico ofrecen condiciones atractivas para las redes dedicadas al transporte de cocaína. Ecuador está situado entre Colombia y Perú, grandes productores mundiales de esta droga, y sus puertos se han convertido en puntos estratégicos para enviar cargamentos hacia Norteamérica y Europa.

Los Tiguerones crecieron dentro de ese ecosistema y diversificaron sus actividades. Las autoridades los relacionan con narcotráfico, tráfico de armas, extorsiones, asesinatos por encargo, atentados con explosivos, blanqueo de capitales y otras economías ilegales. Estados Unidos sostiene también que la organización ha colaborado con estructuras mexicanas en operaciones relacionadas con el movimiento internacional de drogas.

Eso no significa que Los Tiguerones sean un cartel continental al estilo clásico. Su fuerza reside más bien en el control local del territorio: barrios, rutas, puntos de almacenamiento, redes logísticas y hombres armados capaces de proteger cargamentos o imponer reglas mediante la violencia. En la gran maquinaria del narcotráfico, cada engranaje tiene su función. Este es uno de los más ásperos.

El asalto a TC Televisión que vio medio mundo

El episodio que convirtió el nombre de Los Tiguerones en una referencia internacional ocurrió el 9 de enero de 2024. Un grupo de hombres armados y encapuchados irrumpió en los estudios de TC Televisión, en Guayaquil, mientras el canal emitía en directo.

Las imágenes dieron la vuelta al mundo: trabajadores tumbados en el suelo, armas largas, amenazas y una emisión televisiva transformada de repente en escenario de terror. Algunos atacantes realizaron con las manos una señal en forma de W, asociada por los investigadores con el alias de Willy. Durante unos minutos, la crisis de seguridad de Ecuador dejó de ser una estadística y apareció en las pantallas, cruda, sin montaje.

Aquel ataque coincidió con una jornada de enorme tensión, con motines en cárceles, secuestros de funcionarios y ataques simultáneos en diferentes puntos del país. El presidente Daniel Noboa declaró entonces la existencia de un “conflicto armado interno” y calificó a varias organizaciones criminales como terroristas.

La Fiscalía ecuatoriana vinculó a William Alcívar con el caso de TC Televisión. Diez procesados fueron condenados a 13 años de prisión por terrorismo, mientras el procedimiento contra Negro Willy quedó condicionado por su situación fuera del país. El dirigente había sido detenido en España en octubre de 2024 junto a su hermano Ronco, en una operación realizada en Tarragona.

La extradición, sin embargo, terminó chocando con las garantías exigidas por la Justicia española sobre las condiciones penitenciarias que afrontaría en Ecuador. Negro Willy quedó en libertad en España después de que el proceso no se materializara dentro de los plazos previstos, y Ecuador abrió la puerta a intentar nuevamente su entrega. A septiembre de 2026 continuaba siendo una de las figuras más buscadas por las autoridades ecuatorianas.

Qué supone que Estados Unidos declare terroristas a Los Tiguerones

Washington ha incluido a Los Tiguerones como Foreign Terrorist Organization, la categoría estadounidense de Organización Terrorista Extranjera, y como Terrorista Global Especialmente Designado. La combinación amplía el margen de actuación contra la estructura y contra determinadas personas o entidades relacionadas con ella.

En términos prácticos, la medida permite bloquear bienes y activos sometidos a jurisdicción estadounidense, restringir operaciones financieras y perseguir determinadas formas de apoyo material a la organización. Y ahí está uno de los puntos sensibles: una banda puede moverse entre dinero en efectivo, testaferros y negocios pantalla, pero el sistema financiero internacional acaba rozando con frecuencia bancos, dólares o intermediarios vinculados a Estados Unidos.

La designación terrorista, pese a la contundencia del término, no constituye por sí sola una autorización automática para realizar ataques militares. Tiene efectos jurídicos y sancionadores concretos, mientras cualquier eventual operación armada dependería de otras bases legales y decisiones políticas. Conviene separar ambas cosas; la retórica suele correr bastante más deprisa que el derecho.

Marco Rubio justificó la decisión señalando la implicación de la banda en el tráfico de drogas y la violencia contra civiles, policías y periodistas. El secretario de Estado ha defendido una política más agresiva contra las estructuras que Washington engloba bajo el concepto de narcoterrorismo, especialmente aquellas con capacidad territorial y conexiones transnacionales.

Noboa y Washington estrechan su cooperación contra las bandas

La inclusión de Los Tiguerones en la lista estadounidense llega en pleno acercamiento entre Daniel Noboa y la Administración de Donald Trump. Ecuador ha convertido la seguridad y la lucha contra el narcotráfico en uno de los grandes ejes de su política exterior, después de años marcados por una escalada de asesinatos, extorsiones y enfrentamientos entre bandas.

Durante la visita de Rubio se anunció la intención de solicitar al Congreso de Estados Unidos 45 millones de dólares adicionales para apoyar las operaciones ecuatorianas contra el narcotráfico y el crimen organizado. Washington planteó también entregar nuevos medios para reforzar el control marítimo y destinar recursos adicionales a combatir la minería ilegal, el reclutamiento criminal y las finanzas ilícitas.

El problema que intenta contener Noboa tiene dimensiones difíciles de maquillar. Ecuador registró 9.216 muertes violentas en 2025, mientras más de 300.000 personas han abandonado sus hogares en los últimos años por amenazas, extorsiones, asesinatos y disputas territoriales. En determinados sectores de Guayaquil, abrir un pequeño negocio o conservar una vivienda puede implicar convivir con el pago de cuotas exigidas por una banda.

La respuesta del Gobierno ecuatoriano ha incluido una participación creciente de las Fuerzas Armadas en tareas de seguridad y el tratamiento de estas estructuras como actores de un conflicto interno. Sus defensores consideran que el Estado necesitaba herramientas excepcionales frente a organizaciones capaces de controlar cárceles y barrios. Sus críticos advierten de los riesgos para los derechos humanos y reclaman controles más estrictos. La discusión política sigue. La violencia, por desgracia, tampoco se ha tomado vacaciones.

La fragmentación criminal que hizo crecer a Los Tiguerones

El ascenso de Los Tiguerones explica una parte importante de la crisis ecuatoriana. Desarticular una organización criminal no siempre elimina su negocio. A veces lo fragmenta en grupos más pequeños, y cada uno intenta quedarse con un trozo de territorio, una ruta o una cárcel.

Durante años, Los Choneros ocuparon una posición dominante dentro del crimen organizado ecuatoriano. Tras la muerte de Rasquiña, aquella estructura perdió cohesión y surgieron facciones rivales. Los Lobos, Los Tiguerones y Chone Killers ganaron autonomía y comenzaron una competición feroz por los corredores del narcotráfico y el dominio penitenciario.

Esa atomización contribuyó a las masacres carcelarias de 2021 y 2022 y, más tarde, trasladó buena parte de la disputa a las calles. Extorsiones, secuestros, amenazas y asesinatos pasaron a formar parte del día a día de zonas donde distintas células necesitaban demostrar quién mandaba. No hacía falta controlar una provincia entera; bastaba con controlar unas manzanas, cobrar allí y expulsar al rival.

Estados Unidos responde a esa realidad mediante una combinación de sanciones financieras, cooperación policial, apoyo militar y designaciones antiterroristas. Los Tiguerones son ya la cuarta estructura ecuatoriana incluida en ese esquema. El mensaje de Washington es evidente: tratar a determinados grupos criminales no solo como traficantes, sino como amenazas de seguridad con alcance internacional.

Una banda local convertida en problema internacional

Los Tiguerones nacieron en el entorno de una prisión, crecieron bajo la sombra de Los Choneros y terminaron vinculados a algunos de los episodios más graves de la crisis ecuatoriana. El asalto a TC Televisión fue su imagen más espectacular, pero su verdadero poder se mide de manera menos cinematográfica: territorio, dinero, extorsiones, armas y conexiones con el narcotráfico.

La decisión estadounidense eleva el coste de operar para la organización. Congelar activos, perseguir intermediarios o cerrar canales financieros puede dificultar determinados movimientos, aunque desmontar una banda de estas características resulta bastante más complejo que añadir un nombre a una lista. Sus células sobreviven mediante economías informales, alianzas cambiantes y redes locales difíciles de desactivar de un día para otro.

Ahí está el desafío que sigue teniendo Ecuador. Los Tiguerones son una organización concreta, con dirigentes y territorios reconocibles, pero también son el producto de un ecosistema criminal que ha demostrado una enorme capacidad para recomponerse cuando una estructura se rompe. Estados Unidos los considera ya una organización terrorista; la batalla decisiva seguirá librándose en los barrios, las cárceles, los puertos y las rutas donde construyeron su poder.

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Fundador de DonPorqué y curioso empedernido. Escribe sobre tecnología, viajes, gastronomía, cultura y todo lo que le genera una pregunta con un buen «¿por qué?» detrás. En su tiempo libre es aficionado a los casinos online y aprovecha esa experiencia para compartir análisis y recomendaciones sobre el sector del iGaming.