Historia
Mil muertos bajo la calle Hilera: la necrópolis romana que nadie esperaba en Málaga
Las obras del metro de Málaga han destapado 984 tumbas romanas con más de mil individuos. Una necrópolis que nadie esperaba encontrar ahí.

Resumen
- Las obras del metro de Málaga han destapado 984 complejos funerarios con restos de más de mil individuos en unos 400 metros de la calle Hilera.
- Los enterramientos datan de los siglos II al IV después de Cristo y obligan a redibujar el mapa de la antigua Malaca romana.
- Los restos irán al Museo de Málaga y las tumbas más singulares se expondrán junto a la estación de Guadalmedina; la excavación seguirá al menos hasta 2027.
Iba a ser un tramo más de túnel. La ampliación del suburbano de Málaga hacia el Hospital Civil avanzaba por la calle Hilera, una de las vías más transitadas de la ciudad, cuando las excavadoras empezaron a tropezar con algo que no estaba en ningún plano: tumbas. Primero unas pocas. Después decenas. Y cuando los arqueólogos quisieron darse cuenta, bajo el asfalto había aparecido un cementerio romano entero, con más de mil personas enterradas hace unos 1.800 años, exactamente donde nadie esperaba encontrarlas.
El hallazgo, confirmado y ampliado durante este octubre de 2026, se ha convertido en uno de los grandes episodios arqueológicos del año en España. Y plantea una pregunta incómoda y fascinante a la vez: ¿cómo puede una ciudad enterra a sus muertos durante siglos y olvidarse después de dónde estaban?
Un cementerio donde no debía haber nada
La sorpresa no es solo el tamaño: es la ubicación. Hasta hace poco, los especialistas daban por hecho que buena parte de este sector de Málaga se había ganado al mar durante la época islámica. Si eso era cierto, no tenía ningún sentido encontrar una necrópolis romana de estas dimensiones bajo la calle Hilera: habría estado, literalmente, bajo el agua. La propia Junta de Andalucía confirmó en diciembre de 2025 que no existían referencias históricas ni documentales de un cementerio en ese emplazamiento.
Pero las excavaciones han cambiado el panorama, y con él la interpretación del paisaje. Los investigadores plantean ahora que por allí pasaba una antigua vía de salida de la ciudad hacia la costa. Y eso encaja a la perfección con la costumbre funeraria romana: los enterramientos se situaban fuera de los núcleos habitados, alineados junto a los caminos que conectaban las poblaciones con otros territorios. Los muertos acompañaban a los viajeros. Si la hipótesis se confirma, las tumbas no solo contarán cómo enterraba Malaca a los suyos: permitirán reconstruir la organización urbana de la ciudad romana y hasta dónde se extendía realmente su territorio.
De 274 tumbas a casi mil en diez meses
La dimensión del hallazgo ha crecido a un ritmo que los propios arqueólogos reconocen como excepcional. Vale la pena seguir la cronología, porque cuenta cómo una obra pública se convierte en excavación de urgencia.
- 1Primeros trabajos: las obras de ampliación del metro hacia el Hospital Civil topan con estructuras funerarias no catalogadas en la calle Hilera.
- 2Diciembre de 2025: se han identificado 274 enterramientos. La Junta confirma que no había ninguna referencia documental del cementerio y encarga investigar en profundidad.
- 3Octubre de 2026: los últimos recuentos elevan la cifra a 984 complejos funerarios con restos de más de mil individuos a lo largo de unos 400 metros.
- 4Próximos meses: el tramo arqueológico aún afectado se ha reducido de 406 a unos 250 metros, pero la intervención se prolongará al menos hasta los primeros meses de 2027.
- 5Después: parte de los restos se trasladará a los depósitos del Museo de Málaga para su conservación y estudio; los enterramientos mejor preservados se destinarán a un futuro espacio expositivo junto a la estación de Guadalmedina.
Cómo despedían a sus muertos los romanos de Malaca
Más allá del número, lo que hace valiosa la necrópolis es su diversidad. Los siglos II al IV después de Cristo fueron justo el periodo en que el Imperio romano transitó de la cremación a la inhumación como práctica dominante, y un cementerio usado durante tanto tiempo captura esa transición. Las tumbas documentadas revelan distintas formas de despedirse: estructuras de tegulas, fosas simples, ajuares funerarios de diferente riqueza. Cada enterramiento es una cápsula del tiempo con información sobre estatus social, origen y creencias.
Y hay una dimensión científica que rara vez aparece en las crónicas de obras públicas: más de mil individuos excavados con metodología moderna permiten estudios de antropología física, dieta y enfermedades a una escala que pocos yacimientos españoles pueden ofrecer. Lo que para los ingenieros es un retraso de calendario, para los historiadores es una muestra estadística de la población de Malaca como no se había tenido nunca.
«No existían referencias históricas o documentales de un cementerio en este emplazamiento». La confirmación de la Junta de Andalucía en diciembre de 2025 resume por qué el hallazgo obligó a reescribir la historia urbana de la ciudad.
¿Y el metro? Convivir con mil años bajo los raíles
La pregunta que se hace cualquier malagueño que espere el suburbano: ¿esto va a retrasar mi metro? La respuesta honesta es sí, en parte. Los trabajos han obligado a reorganizar la construcción del tramo y la excavación sigue activa en los sectores pendientes de estudio. Pero la decisión de fondo de la Consejería de Cultura es reveladora: ni tapar y correr, ni paralizar la ciudad. Se documentan las tumbas, se protegen las estructuras de mayor interés patrimonial y se integran en el proyecto.
El modelo tiene precedente en la propia estación de Guadalmedina, donde ya se conservan vestigios de otras etapas de la historia local. Málaga se suma así al club de ciudades europeas cuyo transporte del siglo XXI convive literalmente con sus muertos del siglo II: de las estaciones-museo de Atenas a los hallazgos del metro de Sevilla y de Roma.
Al final, la calle Hilera ha devuelto algo más que huesos. Ha corregido un error de siglos en el mapa de la ciudad —esa zona que todos creían ganada al mar— y ha recordado una verdad incómoda y hermosa: vivimos encima de la historia, y a veces hace falta una excavadora para que la historia vuelva a hablar. Cuando el metro llegue al Hospital Civil, los pasajeros cruzarán en dos minutos lo que a los romanos les costó una vida entera recorrer. Y bajo sus pies, en la futura sala de Guadalmedina, mil vecinos de la antigua Malaca seguirán contando cómo se despedía esta ciudad hace 1.800 años.












