Historia
Cova Dones: la cueva valenciana que sirvió de templo durante 24.000 años
Un lago subterráneo sagrado, 200 cálices de la Edad del Hierro y ofrendas romanas a la fertilidad: Cova Dones acumula 24.000 años de rituales ininterrumpidos.

Resumen
- Cova Dones, un cañón calizo a 64 km de Valencia, acumula evidencias de uso ritual durante al menos 24.000 años: posiblemente el lugar sagrado recurrente más antiguo del mundo.
- Los hallazgos van desde arte rupestre paleolítico y estructuras de estalactitas rotas hasta 200 cálices de la Edad del Hierro y ofrendas romanas vinculadas a rituales femeninos de salud y fertilidad.
- Se han identificado más de 120 inscripciones y 80 símbolos abstractos; solo unas pocas se han traducido. El lago subterráneo fue casi con seguridad considerado sagrado.
Imagina un lugar de culto que lleve en activo 24.000 años. Las iglesias más antiguas que conocemos no llegan a los 2.000; las sinagogas y los templos hindúes supervivientes, menos aún. Ahora multiplica por diez esa antigüedad y métela en una cueva: paredes pintadas por cazadores paleolíticos, cálices ceremoniales de la Edad del Hierro, anillos romanos ofrecidos a una diosa y un lago subterráneo que todo el mundo, durante milenios, pareció considerar sagrado. Ese lugar existe, está a 64 kilómetros al suroeste de Valencia y se llama Cova Dones.
Un equipo internacional de arqueólogos, codirigido por Aitor Ruiz Redondo, profesor de las universidades de Zaragoza y Southampton, acaba de presentar el conjunto de evidencias que sitúan a esta caverna entre los sitios culturales más importantes del planeta. Y la pregunta que flota sobre cada hallazgo es la misma: ¿por qué esta cueva, una y otra vez, durante veinticuatro milenios?
Qué han encontrado exactamente los arqueólogos
La lista de Cova Dones parece el catálogo de un museo imposible. Cada época dejó su capa, y ninguna borró la anterior:
- ✓Arte rupestre paleolítico de hace unos 24.000 años, y de nuevo hace 16.000, creado con fines rituales en las paredes.
- ✓Estructuras construidas con estalactitas y estalagmitas rotas a propósito: círculos, plataformas, senderos e incluso pequeñas escaleras, posiblemente de hace 24.000 años o más.
- ✓Un colgante de piedra perforada del Paleolítico, colocado deliberadamente frente a un panel pintado: una ofrenda, posiblemente al espíritu del lugar, de un animal o de un antepasado.
- ✓Unos 200 cálices de cerámica de la Edad del Hierro (siglos V-III a.C.), probablemente usados en ceremonias.
- ✓Ofrendas romanas: un brazalete, dos anillos y varios husos de hilar, hallados el año pasado en un santuario del interior.
- ✓Más de 80 símbolos abstractos —rectángulos, líneas rectas y onduladas— cuyo significado sigue siendo un misterio.
24.000 años de rituales, capa a capa
Lo excepcional de Cova Dones no es ningún hallazgo aislado —cada uno de ellos, por separado, ya sería notable—, sino la continuidad. La cronología reconstruida por el equipo dibuja una devoción obstinada que atraviesa toda la prehistoria y desemboca en la historia documentada:
- 1Hace ~24.000 años: comunidades de la Edad de Piedra crean las primeras pinturas rituales y construyen las estructuras de estalactitas rotas. Es la capa más antigua, y quizá la más desconcertante: ¿quién rompe a propósito una formación que tardó milenios en crecer?
- 2Hace ~16.000 años: una nueva generación de artistas paleolíticos vuelve a pintar las paredes. La cueva sigue siendo especial.
- 3Entre 7.500 y 3.500 años atrás: pueblos del Neolítico y la Edad del Bronce utilizan la cavidad, aunque se desconoce con qué propósito exacto.
- 4Siglos V-III a.C.: la Edad del Hierro deja los 200 cálices de cerámica. La función religiosa ya es explícita.
- 5Hace ~2.000 años: en época romana, la cueva se consolida como escenario de rituales vinculados a las mujeres, quizá de salud y fertilidad. El santuario con el brazalete, los anillos y los husos pertenece a esta fase.
«Lo que hace tan especial a Cova Dones es que se haya utilizado en repetidas ocasiones con fines rituales o ceremoniales durante al menos 24.000 años. Sus hallazgos del Paleolítico, la prehistoria tardía y la época romana son importantes por sí solos, pero, en conjunto, conforman un patrimonio de extraordinaria relevancia mundial.»
— Aitor Ruiz Redondo, codirector de la investigación
La «Cueva de las Mujeres»: hilos, anillos y fertilidad
El apodo popular del yacimiento no es casualidad. Los objetos romanos recuperados apuntan a ceremonias protagonizadas por mujeres o dedicadas a ellas: los husos son instrumentos para hilar fibras textiles, un trabajo históricamente femenino; el brazalete y los anillos encajan con ofrendas votivas de carácter personal. Los investigadores creen que el santuario albergaba rituales destinados a favorecer la salud y la fertilidad, una práctica común en el mundo romano, donde las aguas y las cavidades subterráneas se asociaban a divinidades ctónicas y sanadoras.
El lago subterráneo refuerza la hipótesis. En casi todas las tradiciones mediterráneas, el agua que brota de la tierra —oculta, constante, aparentemente inagotable— es sagrada. Los investigadores dan por casi seguro que el lago fue venerado desde la antigüedad. Es el mismo patrón que se repite en santuarios rupestres de Grecia, Italia o la propia península ibérica: una cueva, agua y una diosa.
Y luego están las inscripciones. El equipo ha identificado al menos 120, de épocas y alfabetos distintos, pero solo ha logrado traducir unas pocas. Cada una no descifrada es una voz antigua que sigue callada: plegarias, nombres, dedicatorias o fórmulas mágicas escritas en la roca por gente que, hace veinte siglos, bajó a la oscuridad a pedir algo.
Por qué esta cueva y no otra: la geografía de lo sagrado
Cova Dones se abre en lo alto de los escarpados acantilados calizos de un cañón remoto. No está de paso: hay que buscarla, trepar, entrar deliberadamente. La arqueología de las religiones sugiere que ese esfuerzo es parte del rito —el santuario vale lo que cuesta llegar—, y la caliza añade otro ingrediente: es una roca que «crece». Las estalactitas y estalagmitas que los paleolíticos rompieron para construir sus estructuras se forman gota a gota durante milenios; una cueva viva, que cambia sola en la oscuridad, tiene todo el aspecto de lo sobrenatural para una mente prehistórica.
La comparación ayuda a calibrar la magnitud del sitio: una iglesia medieval lleva 800 años en pie y nos parece antigua. Cova Dones lleva treinta veces eso recibiendo visitantes con intenciones rituales. Pocas continuidades culturales documentadas en Europa se le acercan.
Lo que la cueva aún no ha contado
La investigación está lejos de cerrarse. Queda traducir la mayoría de las 120 inscripciones, datar con precisión las estructuras de estalactitas —que podrían ser incluso más antiguas de lo estimado— y entender para qué usaron la cavidad los pueblos neolíticos, el eslabón más flojo de la cadena. Cada campaña añade piezas: el santuario romano con las ofrendas apareció apenas el año pasado.
Mientras tanto, Cova Dones plantea una pregunta incómoda y preciosa a la vez: ¿qué hace que un lugar sea sagrado durante 24.000 años, cuando los dioses que lo habitaron iban cambiando de nombre en cada época? Quizá la respuesta esté en el lago, en la oscuridad o en las paredes que crecen. O quizá, simplemente, en que hubo un tiempo lejano en el que alguien bajó por primera vez, sintió algo que no supo explicar y decidió volver. Y luego lo contaron. Y otros volvieron. Durante veinticuatro milenios seguidos, alguien decidió volver a esa cueva. Averiguar por qué es, ahora, el trabajo de los vivos.












