Historia
El primer neandertal de Navarra: una mano de 46.000 años con ADN conservado
Seis huesos de una mano derecha y ADN excepcional: Abauntz rellena el hueco neandertal del Pirineo occidental.

Resumen
- La cueva de Abauntz (Navarra) ha entregado los primeros restos de neandertal identificados en la comunidad: seis huesos de la mano derecha de un varón adulto de hace unos 46.000 años.
- La conservación del ADN es excepcional: permitirá estudiar parentesco, organización social e historia evolutiva de los últimos neandertales europeos.
- El hallazgo rellena un vacío en el registro fósil del Pirineo occidental, corredor natural entre la península ibérica y Europa.
Durante décadas, el mapa de los neandertales ibéricos tuvo una mancha sospechosa justo encima de Pamplona. Herramientas de piedra por todas partes, industrias musterienses a un lado y otro de los Pirineos, pero ni un solo hueso que dijera «aquí vivieron». Esa mancha, Navarra, dejó de existir esta semana: un equipo internacional ha presentado en Arraitz los primeros restos de neandertal identificados en la comunidad foral, hallados en la cueva de Abauntz y datados en unos 46.000 años.
No es un cráneo ni un esqueleto completo. Son seis fragmentos óseos, entre ellos tres metacarpianos y una falange de una mano derecha. Pero en paleoantropología, a veces, una mano vale más que mil hachas de sílex: tiene ADN conservado.
Seis huesos de una mano que nadie había visto
Los restos aparecieron en campañas anteriores del proyecto que excava Abauntz desde 2022, dirigido por Andion Arteaga (Universidad de Varsovia, asociada al IPHES-CERCA) y Mikel Arlegi (IPHES-CERCA y Musée de l’Homme de París). El conjunto incluye tres metacarpianos y una falange media de la mano derecha de un individuo adulto, más otros dos fragmentos que los análisis de proteínas confirmaron como humanos.
Algunos huesos conservan mordeduras de carnívoros, una pista forense de primer orden: sugiere qué ocurrió con el cuerpo tras la muerte y cómo acabaron los huesos dentro de la cavidad. El contexto arqueológico acompaña: herramientas de piedra y restos de animales con marcas de procesamiento y consumo por parte de los grupos humanos que ocuparon la cueva.
«Por primera vez disponemos de restos humanos que nos permiten identificar directamente la presencia de neandertales en Navarra —explica Arteaga—. Este descubrimiento llena un vacío importante en el registro paleoantropológico del Pirineo occidental.»
Cómo se sabe que era neandertal (y que era un hombre)
Aquí es donde el hallazgo pasa de curioso a extraordinario. Identificar seis fragmentos óseos de hace decenas de milenios exige un arsenal analítico que el equipo ha combinado de principio a fin:
- 1Paleoproteómica: el análisis de proteínas del hueso confirmó que los fragmentos dudosos eran humanos y no de fauna.
- 2Genética: los estudios de ADN antiguo, en colaboración con el Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva de Leipzig, determinaron que el individuo era un neandertal de sexo masculino.
- 3Carbono-14 directo: la datación sobre los propios fósiles los sitúa entre 44.000 y 49.000 años, con la Universidad de Viena como socia.
- 4Contexto estratigráfico: la posición de los huesos junto a industria lítica musteriense y fauna procesada cierra la atribución.
«El hecho de haber podido recuperar ADN antiguo y obtener dataciones directas de los fósiles es especialmente relevante —destaca Arlegi—. Esta combinación nos proporciona una base excepcional para estudiar las características biológicas de este individuo y profundizar en las relaciones entre las poblaciones neandertales que ocuparon esta parte de Europa.»
Un corredor entre dos mundos: por qué importa tanto Abauntz
La cueva está en Arraitz-Orkin, en el valle de Ultzama, a media hora larga de Pamplona, sobre un corredor natural que conecta la península ibérica con el resto del continente. Si los neandertales se movían entre Iberia y Europa —y las herramientas sugieren que lo hacían—, alguien tenía que pasar por ahí. Hasta ahora solo había piedras que lo insinuaban; desde este lunes hay huesos que lo prueban, con datación directa y secuencia genética. El Pirineo occidental deja de ser un territorio inferido para convertirse en un territorio habitado con nombre y apellidos.
Abauntz no es nueva en los libros de historia. Su secuencia estratigráfica documenta cerca de 50.000 años de presencia humana, desde las ocupaciones neandertales hasta época romana, pasando por el Neolítico y la Edad de los Metales. Y allí mismo apareció una de las joyas de la prehistoria europea: el llamado Mapa de Abauntz, un bloque magdaleniense de hace unos 13.600 años cuyos grabados se interpretan como una de las representaciones cartográficas más antiguas de Europa occidental.
| Época | Antigüedad aprox. | Huella en Abauntz |
|---|---|---|
| Paleolítico medio (neandertales) | 44.000–49.000 años | Los seis huesos de la mano + industria lítica |
| Magdaleniense (Homo sapiens) | ~13.600 años | El «Mapa de Abauntz», grabado sobre bloque de caliza |
| Neolítico y Edad de los Metales | 10.000–2.500 años | Ocupaciones sucesivas documentadas en la secuencia |
| Época romana | ~2.000 años | Último capítulo de la secuencia arqueológica |
Fuente: proyecto arqueológico de la cueva de Abauntz · Gobierno de Navarra (octubre de 2026)
Los últimos neandertales antes del apagón
La fecha del individuo importa tanto como el lugar. Hace 46.000 años, los neandertales aún ocupaban buena parte de Europa, pero les quedaba poco: la especie desaparecería del continente hace unos 40.000 años, en pleno proceso de expansión del Homo sapiens. Los huesos de Abauntz pertenecen, por tanto, a una de las últimas generaciones de neandertales europeos.
Eso abre la puerta a las grandes preguntas sin respuesta: ¿quiénes eran estos neandertales del Pirineo? ¿Estaban emparentados con los de El Sidrón, en Asturias, o con los del suroeste francés? ¿Hubo contacto con los sapiens que ya entraban por el corredor? Los análisis genéticos continúan y el equipo confía en que el ADN de Abauntz ayude a reconstruir la demografía de una especie en retirada.
La comparación con El Sidrón no es casual. El yacimiento asturiano, con una docena de individuos neandertales de una misma familia, es el gran referente ibérico del ADN antiguo y permitió estudiar relaciones de parentesco, dieta e incluso características como el pelirrojo. Abauntz aspira a jugar un papel parecido para el Pirineo occidental: no por cantidad de restos, sino por la calidad de su conservación en un punto estratégico del mapa.
Queda también la incógnita de la convivencia. Hace 46.000 años los Homo sapiens ya asomaban por el suroeste de Europa, y el corredor del valle de Ultzama era justo una de las rutas por las que podían moverse unos y otros. Si hubo encuentro, intercambio o desplazamiento en esa frontera pirenaica es algo que los próximos análisis genéticos podrían empezar a sugerir. Como resume Arlegi, el hallazgo «científicamente, a nivel internacional, va a permitir comprender mucho mejor cómo se extinguieron y cómo se produjo el solapamiento y reemplazo en Europa con el Homo sapiens».
La excavación sigue en marcha este mismo otoño, con una nueva campaña en la cavidad. Mientras tanto, la presentación oficial del hallazgo reunió el lunes en la Casa del Concejo de Arraitz a la presidenta de Navarra, María Chivite, y a buena parte del equipo. Una mano derecha de 46.000 años acaba de saludar a la historia de Navarra. Y la ha reescrito.












