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Ciencia

Volar puede ser más barato que nadar: la ciencia reescribe las reglas del movimiento animal

Los buitres baten las alas solo el 0,1% del tiempo. Un estudio en Science demuestra que volar puede gastar menos energía que nadar.

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Resumen

  • Un estudio internacional publicado en Science, con participación del CSIC, demuestra que las aves planeadoras pueden volar con menos coste energético que el de la natación.
  • La clave está en medir en la naturaleza y no en el laboratorio: las corrientes ascendentes aportan «combustible gratuito del cielo» a buitres y cóndores.
  • El trabajo se basa en 17 años de seguimiento GPS de 850 individuos de 38 especies de aves y murciélagos.

«Cuando los animales voladores tienen acceso a los flujos atmosféricos naturales, disponen de combustible gratuito del cielo». La frase es de Emily Shepard, una de las autoras del estudio que acaba de sacudir uno de los dogmas más cómodos de la biología: ese que ordenaba nadar, volar y correr de menor a mayor gasto energético. Según el trabajo, publicado en la revista Science con participación del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), volar puede salir más barato que nadar.

No todas las aves, ni en cualquier circunstancia. Pero los datos son lo bastante sólidos como para que los libros de texto tengan que añadir una nota al pie. Y la firma, entre otras instituciones, la Estación Biológica de Doñana (EBD).

17 años
de seguimiento con GPS y acelerómetros
850
individuos de 38 especies de aves y murciélagos
−79%
de coste de transporte de un planeador frente a un aleteador

Lo que decían los libros de texto (y por qué estaba mal medido)

La clasificación clásica del coste energético animal es de manual: nadar es lo más barato, volar ocupa el puesto intermedio y correr, el más caro. El problema es el origen de esas cifras. Proceden de experimentos en condiciones controladas: peces y focas nadando en tanques, aves en túneles de viento, hámsteres sobre cintas mecánicas.

En un laboratorio no hay térmicas, ni corrientes ascendentes, ni vientos de cola. Y justo ahí estaba el ángulo muerto. Este trabajo es el primero que incorpora de forma explícita la atmósfera como fuente de energía para los animales voladores: el aire deja de ser un simple escenario y pasa a contarse como parte del presupuesto energético del vuelo.

«Nuestro estudio demuestra que aves planeadoras pueden desplazarse con un coste energético incluso inferior al de la natación, considerada hasta ahora la forma más barata de locomoción en vertebrados», explica Ainara Cortés Avizanda, investigadora del CSIC en la Estación Biológica de Doñana.

Cómo se mide el coste de volar sin meter un buitre en un túnel de viento

El equipo, dirigido por el Instituto Max Planck de Comportamiento Animal y la Universidad de Swansea, reunió una base de datos difícil de repetir: 1,4 millones de localizaciones GPS y cerca de 195.000 segmentos de vuelo de 850 animales marcados durante 17 años. A eso sumó cuatro años de registros de radar para incluir a los pequeños pájaros migradores, demasiado ligeros para llevar GPS.

El truco metodológico está en cruzar cada movimiento con los datos atmosféricos —vientos, corrientes ascendentes— y con los acelerómetros, que revelan cuánto tiempo bate las alas cada individuo. De ahí sale la energía consumida por kilómetro recorrido en condiciones reales, no de laboratorio. La clasificación que emerge distingue dos grandes estrategias:

Planeo (buitres, cóndores)
  • Aprovechan térmicas y corrientes ascendentes
  • Aletean solo entre el 0,1% y el 7% del tiempo
  • Coste por kilómetro hasta un 79% menor
  • Dependen del estado de la atmósfera
Aleteo continuo (cisnes, patos)
  • Esfuerzo muscular constante, ~99% del vuelo
  • Gasto energético mucho mayor por kilómetro
  • Vuelan cuando quieren, sin esperar condiciones
  • El viento de cara les penaliza; el de cola ayuda

El cóndor contra el cisne: la misma masa, cinco veces menos energía

El contraste más gráfico del estudio enfrenta a dos gigantes de unos 11 kilos. El cóndor andino (Vultur gryphus) se deja llevar por las corrientes ascendentes y bate las alas apenas el 0,1% del tiempo de vuelo. El cisne trompetero (Cygnus buccinator), de masa similar, aletea durante el 99% del trayecto. Resultado: el cóndor recorre cada kilómetro con apenas una quinta parte de la energía que necesita el cisne.

Los buitres son el caso de estudio estelar. Las siete especies analizadas acumularon 128.000 días de vuelo y más de 4,3 millones de kilómetros recorridos —el equivalente a más de cien vueltas a la Tierra— prácticamente a costa del aire caliente que sube. En estas especies, cuanto mayor es el cuerpo, mejor: las aves grandes aprovechan mejor las térmicas y necesitan batir menos.

📌 Dato clave: «Aves planeadoras, como el cóndor andino, logran costes de transporte hasta un 79% menores que aves de masa similar que vuelan mediante aleteo continuo, como el cisne trompetero», detalla José Antonio Donázar, investigador del CSIC en la EBD.

El tamaño manda: por qué ser grande ayuda a volar gratis

La intuición dice lo contrario: un animal más pesado debería gastar más energía por kilómetro. Y en el aleteo puro, así es. Pero entre las planeadoras la relación se invierte. Cuanto mayor es el ave, mejor explota las corrientes ascendentes: las alas largas permiten ganar altura con menos giros dentro de la térmica y la relación entre superficie alar y masa juega a favor del planeo largo.

El cóndor andino es el ejemplo de manual, pero el estudio también midió buitres leonados, alimoches y otras especies carroñeras que los lectores reconocerán de los cielos peninsulares. Todas comparten el mismo truco: localizar la columna de aire caliente, espiralar dentro de ella hasta ganar cientos de metros y salir planeando en línea recta hasta la siguiente. Un motor térmico invisible, alimentado por el sol que calienta el suelo, que ellas llevan explotando millones de años.

Los datos del trabajo permiten cuantificar esa ventaja por primera vez a escala global: los buitres analizados aletearon entre el 0,1% y el 7% del tiempo de vuelo. El resto del trayecto fue planeo puro. Ningún avión comercial logra algo parecido; los planeadores humanos, sí, y de hecho la aviación sin motor aprendió de estas aves mucho antes de que la ciencia las midiera con GPS.

La letra pequeña del combustible gratuito

Vivir del aire tiene contrapartidas. Las grandes planeadoras no eligen cuándo volar: necesitan que la atmósfera coopere, lo que las vuelve más vulnerables a los cambios en los patrones de viento y en las corrientes térmicas que trae el cambio climático. Si las térmicas se desplazan o se debilitan, las rutas migratorias y la distribución de estas especies pueden cambiar con ellas. Los investigadores apuntan a que conocer el coste energético real del vuelo permite anticipar qué lugares ofrecerán mejores condiciones en el futuro y qué especies quedarán más expuestas a las alteraciones atmosféricas.

Los aleteadores, más caros de operar, son paradójicamente más flexibles: un cisne despega con lluvia, de noche o con el aire en calma; un cóndor, no siempre. Esa rigidez explica por qué las planeadoras dependen tanto de corredores concretos —valles, laderas orientadas al sol, estrechos como el de Gibraltar en la migración— y por qué proteger esos embudos atmosféricos importa tanto como proteger los nidos.

Para los conservacionistas, el hallazgo es una herramienta nueva: saber qué zonas ofrecen mejores condiciones de vuelo permite predecir movimientos y proteger los «repostajes atmosféricos» de buitres, cigüeñas y compañía. Para el resto, queda una corrección elegante a lo aprendido en bachillerato: la natación ya no es siempre la locomoción más barata de la naturaleza.

Como resume Cortés Avizanda, «la atmósfera no es simplemente el medio donde vuelan las aves y murciélagos, sino un recurso energético esencial que puede determinar cuándo, dónde y cómo se desplazan». El cielo, resulta, también tiene estaciones de servicio. Solo que son invisibles, se mueven con el sol y los buitres llevan millones de años usándolas sin pagar un euro.

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Fundador de DonPorqué y curioso empedernido. Escribe sobre tecnología, viajes, gastronomía, cultura y todo lo que le genera una pregunta con un buen «¿por qué?» detrás. En su tiempo libre es aficionado a los casinos online y aprovecha esa experiencia para compartir análisis y recomendaciones sobre el sector del iGaming.