Naturaleza
Gusanos comehuesos en aguas españolas: tres nuevas especies sin boca ni intestino
Sin boca ni intestino, taladran los huesos con raíces y bacterias. Tres nuevas especies de Osedax viven en aguas de la península ibérica.

Resumen
- Investigadores del CSIC han descrito tres nuevas especies de gusanos comehuesos (Osedax) en aguas de la península ibérica: O. emmae, O. teoi y O. martini.
- Sin boca, sin ano y sin intestino: taladran los huesos con raíces y dejan que bacterias simbióticas digieran por ellos.
- Viven entre 50 y más de 1.200 metros de profundidad y fueron cazados con huesos de vaca y cerdo usados como cebo.
¿Cómo se come un banquete sin boca? Los gusanos del género Osedax llevan veinte años respondiendo a esa pregunta en los fondos marinos, y ahora sabemos que tres de esas respuestas son nuevas para la ciencia y viven aquí al lado: en el Cantábrico, frente a Mazarrón y en el golfo de Cádiz. Investigadores del Museo Nacional de Ciencias Naturales (MNCN) y del Instituto Español de Oceanografía (IEO), ambos del CSIC, acaban de describir tres nuevas especies de gusanos comehuesos en la revista Zoological Journal of the Linnean Society.
Se llaman Osedax emmae, Osedax teoi y Osedax martini, y convierten la península ibérica —hasta ahora un hueco en blanco en el mapa del género— en territorio comanche de estos anélidos sin sistema digestivo.
Qué es un gusano comehuesos y cómo come sin boca
Imagina un animal que ha renunciado a media anatomía. Los Osedax carecen de boca, de ano y de intestino. En su lugar despliegan una estructura parecida a una raíz que penetra en el hueso de los vertebrados muertos que caen al fondo del mar. Dentro de esa raíz alojan comunidades de bacterias simbióticas que descomponen los compuestos orgánicos del interior óseo y les sirven el menú ya digerido.
El género se descubrió hace apenas dos décadas, en 2002, sobre el esqueleto de una ballena gris a casi 3.000 metros de profundidad en el Pacífico, y hasta este trabajo se habían descrito formalmente 34 especies en todos los océanos del planeta. Su especialidad es un recurso tan caprichoso como abundante a escala geológica: los esqueletos de ballenas, peces grandes y otros vertebrados que terminan en el lecho marino. Cuando una ballena muerta se hunde —lo que los biólogos llaman un whale fall—, el banquete dura décadas: primero llegan los tiburones y los cangrejos, después los gusanos, y por último las bacterias que rematan la faena.
La investigadora del MNCN Sergio Taboada, uno de los firmantes del trabajo, reflexiona sobre el fondo de la cuestión: hasta qué punto sigue siendo desconocida la biodiversidad de los fondos marinos, incluso en regiones relativamente estudiadas como las aguas que rodean la península. Tres especies nuevas en nueve puntos de muestreo no invitan precisamente al optimismo sobre lo que sabemos del océano profundo.
Tres especies nuevas: una cantábrica, una murciana y una trotamundos
Cada una tiene su carácter y su domicilio. Estas son las fichas de las tres recién llegadas:
| Especie | Dónde vive | Profundidad | Rasgo distintivo |
|---|---|---|---|
| Osedax emmae | El Cachucho (mar Cantábrico) | ~540 m | Morfología inesperada para su grupo evolutivo; diversidad genética altísima |
| Osedax teoi | Escarpe de Mazarrón (Murcia) | +1.200 m | Una mancha verde jamás vista en el género |
| Osedax martini | Mediterráneo (Blanes, Mazarrón) y golfo de Cádiz | 50–715 m | Primera especie del género con dos morfotipos: manchas negras y rojizas |
Fuente: MNCN-CSIC / IEO-CSIC · Zoological Journal of the Linnean Society (octubre de 2026)
La más viajera es O. martini: detectada años atrás frente a Blanes sin nombre oficial, ahora confirmada en Mazarrón y en dos puntos del golfo de Cádiz (el volcán de fango Anastasya, a 449 metros, y el canal de Cádiz, a 715). Los análisis genéticos no encuentran separación clara entre los ejemplares mediterráneos y los atlánticos pese a los cientos de kilómetros de distancia, lo que sugiere que las larvas viajan con la circulación oceánica profunda entre ambos mares.
Según Alonso, «es posible que la conectividad de O. martini esté favorecida por la circulación oceánica profunda e intermedia entre el Mediterráneo y el Atlántico, junto con la capacidad de dispersión de las larvas de Osedax». La existencia de hábitats adecuados intermedios —más huesos hundidos de los que imaginamos— podría estar conectando poblaciones muy alejadas geográficamente a lo largo de todo el margen ibérico.
Huesos de vaca como cebo: así se caza a un gusano comehuesos
Para encontrarlos no hicieron falta cañas ni inmersiones a ciegas. El protocolo del IEO es tan rústico como eficaz:
- 1Depositar huesos de vaca y de cerdo en estructuras submarinas llamadas Lander, diseñadas por el IEO.
- 2Repartirlos por nueve puntos del entorno peninsular: El Cachucho, el golfo de Cádiz y el escarpe de Mazarrón, entre otros.
- 3Dejar los dispositivos meses en el fondo y recuperarlos en las campañas oceanográficas de 2022 a 2024, a bordo de los buques Ángeles Alvariño y Ramón Margalef.
- 4Examinar los huesos y estudiar los organismos en el MNCN con análisis morfológicos, filogenéticos (cinco marcadores genéticos) y del microbioma asociado.
«Simplemente mirándolas con la lupa, las tres especies presentan características diferenciadas, un indicio de que se trataba de especies nuevas para la ciencia», explica Teresa Alonso, investigadora del MNCN-CSIC.
El trabajo no se quedó en la lupa. El equipo combinó morfología y filogenia con cinco marcadores genéticos (dos mitocondriales y tres nucleares), estudios de conectividad genética y la caracterización de las comunidades microbianas asociadas mediante secuenciación del ARN ribosómico 16S. Es esa batería completa la que sostiene la descripción formal de las tres especies.
Por qué importan más de lo que parece
Más allá del mérito taxonómico, estos gusanos cumplen un papel ecológico de primer orden: son los recicladores del fondo marino. Convierten un esqueleto abandonado en un comedor comunitario y devuelven nutrientes al sedimento. Sin ellos, los huesos de los grandes vertebrados marinos tardarían muchísimo más en reintegrarse en el ciclo de la materia, y los ecosistemas de las profundidades perderían uno de sus pocos aportes regulares de comida de calidad.
Y explican, de paso, un misterio del registro fósil: por qué apenas aparecen esqueletos de vertebrados completos en los fondos marinos antiguos. Alguien se los estaba comiendo. Los paleontólogos sospechan desde hace años que linajes similares a Osedax pudieron actuar ya en el Mesozoico, y cada especie nueva descrita en aguas actuales ayuda a calibrar esa hipótesis. Lo que hoy devora un hueso de vaca experimental frente a Mazarrón pudo tener primos devorando ictiosaurios hace cien millones de años.
- ✓Sin bacterias a la carta: el microbioma no es exclusivo de cada especie; lo que hay en el ambiente pesa más.
- ✓Núcleo común: cuatro componentes bacterianos aparecen en todas las especies analizadas, incluida la antártica Osedax deceptionensis.
- ✓Gran dispersión: en O. emmae, casi cada individuo analizado tenía una variante genética distinta, señal de una enorme capacidad reproductiva.
- ✓Fondos por explorar: el hallazgo recuerda cuánto desconocemos de la biodiversidad profunda incluso en mares tan estudiados como los ibéricos.
Queda lo más inquietante: si con nueve puntos de muestreo y unos huesos de vaca aparecen tres especies nuevas, cuántas habrá en los fondos que nadie ha mirado todavía. El equipo del MNCN lo deja caer sin decirlo: el océano profundo de la península sigue siendo, en buena parte, territorio sin estrenar. La próxima campaña ya tiene los Lander preparados.












