Historia
El campamento que asedió La Peña del Castro: Roma en guerra contra los cántabros
A 500 metros del castro, con entrada en clavícula y tachuelas legionarias: así era el campamento romano que asedió La Peña del Castro hace 2.000 años.

Resumen
- Investigadores de la Universidad de León han localizado un campamento militar romano de 1,7 hectáreas en La Ercina (León).
- Está a solo 500 metros del castro de La Peña del Castro y sirvió para asediarlo durante las Guerras Cántabras.
- La entrada en clavícula, las tachuelas de calzado militar y el armamento confirman su función: era Roma sitiando a la Edad del Hierro.
Imaginad la escena: montaña oriental leonesa, hace unos 2.000 años. Un destacamento de legionarios levanta en cuestión de días un recinto fortificado a tiro de piedra —literalmente— de un poblado de la Edad del Hierro. No vienen de paso. Vienen a sitiarlo. Desde esa posición controlan el castro y sus accesos, y esperan. Lo que no podían imaginar es que dos milenios después un equipo de la Universidad de León iba a encontrar sus tachuelas, sus armas y el perímetro exacto de su campamento.
Ese hallazgo es real y se presentó el pasado 15 de octubre. Investigadores del grupo de Historia y Arqueología de la Universidad de León (ULE) han sacado a la luz un campamento militar romano de 1,7 hectáreas situado a unos 500 metros de La Peña del Castro, en el municipio de La Ercina. Es la primera vez que en esta zona se conecta arqueológicamente, de forma directa, un campamento romano con un asentamiento indígena atacado durante las Guerras Cántabras.
Una entrada en clavícula delata a Roma
¿Cómo se sabe que el recinto era romano y no, digamos, un castro más grande? Las piedras hablan un idioma muy concreto. El campamento presenta una planta cuadrangular y, sobre todo, una entrada en clavícula: un pasillo de acceso solapado y curvo, una firma arquitectónica característica de los campamentos romanos vinculados a la conquista de la cornisa cantábrica. Su función era defensiva y psicológica —obligaba al atacante a exponer su flanco descubierto mientras forzaba la puerta— y su presencia aquí es casi un acta notarial.
El sistema de fortificación es llamativo para tratarse de un campamento temporal. El perímetro estaba delimitado por una muralla de piedra local de unos 1,5 metros de anchura. Hoy conserva menos de medio metro de altura, pero los investigadores calculan que en su momento alcanzaría aproximadamente el doble. En el interior, los legionarios construyeron una plataforma de tierra de unos doce metros de anchura, acumulando materiales del propio terreno: servía como camino de ronda, reforzaba la muralla y elevaba la superficie del campamento respecto a la ladera.
Y dentro del recinto, huellas de estructuras construidas con materiales perecederos: tiendas, barracones provisionales, instalaciones de campaña. Nada pensado para durar. Todo pensado para ganar una guerra, rápido y sin contemplaciones.
Las Guerras Cántabras: la última frontera de Roma
Para entender qué hacían legionarios acampados frente a un castro leonés hay que rebobinar al final del siglo I a.C. Las Guerras Cántabras (29–19 a.C.) fueron la última gran campaña de conquista de la República-Imperio romano en Hispania: el sometimiento de cántabros y astures, los pueblos independientes de la cornisa norte. Augusto en persona dirigió parte de las operaciones antes de dejar el mando a sus generales, y la guerra fue tan dura que Roma desplegó hasta siete u ocho legiones en la región.
No era una conquista cualquiera. Era el cierre del mapa: sin el norte sometido, Hispania entera quedaba coja. La resistencia cántabra y ástur, apoyada en un terreno de montañas perfectas para la guerrilla, obligó a Roma a una estrategia de asedios, campamentos y calzadas que dejó una huella arqueológica enorme pero, hasta hace poco, mal documentada.
Aquí está el valor del hallazgo de La Ercina: según la ULE, en esta zona existían hasta ahora pocas evidencias que permitieran relacionar campamentos militares con asentamientos de la Edad del Hierro. Este recinto no solo aparece junto a un castro: aparece en la posición exacta desde la que se controlaba el poblado y sus accesos. Es la arqueología del asedio en estado puro, el eslabón que faltaba para reconstruir no solo dónde estuvieron las legiones, sino contra quién y cómo operaron en la montaña leonesa. La conexión directa entre instalación militar y poblado indígena atacado, tan difícil de demostrar en el registro arqueológico, aquí es prácticamente un hecho consumado.
Cómo se excava un sitio de hace 2.000 años
El descubrimiento no salió de un golpe de azadón. Fue un proceso en dos fases, tal y como explicó Eduardo González Gómez de Agüero, codirector de la intervención:
- 1Primavera de 2026 — prospección: los barridos sobre el terreno detectaron la estructura del recinto, aún sin confirmar su naturaleza.
- 2Verano de 2026 — excavación: las zanjas confirmaron el carácter militar: muralla, plataforma, armamento y tachuelas.
- 3Otoño de 2026 — interpretación: el equipo vincula el campamento al asedio de La Peña del Castro y publica los resultados.
Es el método clásico de la arqueología de conflictos: primero se lee el paisaje —¿dónde tendría sentido acampar para controlar un poblado?—, después se excava lo que el paisaje sugiere, y por último los objetos confirman o desmienten la hipótesis. Aquí, las tachuelas dijeron «legión» y la clavícula dijo «Roma». Y conviene recordar que estos recintos de campaña rara vez sobreviven al arado y al tiempo: que se conserve medio metro de muralla y una plataforma intacta convierte a La Ercina en un caso excepcionalmente legible dentro del catálogo de asedios cantábricos, mucho más escaso que el de los grandes campamentos de campaña de Astorga o Palencia.
Qué nos cuenta este campamento de la vida del soldado
Más allá del titular, el recinto abre varias ventanas al día a día de la campaña. La primera: los romanos no improvisaban. Un campamento «temporal» con muralla de metro y medio de anchura y plataforma de ronda de doce metros es una obra de ingeniería planificada, ejecutada por tropas con procedimientos estandarizados en todo el Imperio.
- ✓La posición elevada junto al castro indica misión de vigilancia y cerco, no de tránsito.
- ✓Las estructuras perecederas del interior sugieren ocupación breve: semanas o meses, lo que dura un asedio.
- ✓El armamento fragmentado apunta a combate real en las inmediaciones, no solo a presencia disuasoria.
- ✓La conexión directa campamento-castro convierte La Ercina en un laboratorio para estudiar la conquista del norte.
Cada metro cuadrado de este recinto responde a preguntas que llevamos siglos haciéndonos: ¿cómo sometió Roma a los pueblos del norte?, ¿qué supuso para los cántabros y astures perder aquella guerra?, ¿cuántos campamentos como este duermen aún bajo los brezales de León y Palencia? Las Guerras Cántabras duraron una década y movilizaron a decenas de miles de soldados; la mayoría de sus campamentos de asedio siguen sin aparecer en ningún mapa. La montaña oriental leonesa acaba de entregar una pieza del puzle. Con suerte, las próximas campañas de excavación traerán más. Mientras tanto, en La Ercina ya saben que su pueblo no solo tiene historia: tiene historia con tachuelas de legionario incluidas.












