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¿Qué pasa en el Fossar de les Moreres antes de la Diada en Barcelona?

Los Mossos separan a Aliança Catalana y a colectivos antifascistas en un Fossar de les Moreres convertido en símbolo de la división independentista.

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el Fossar de les Moreres

Foto: 1997 / Wikimedia Commons — Trabajo propio, “Visca la terra!”, CC BY-SA 3.0.

Resumen

  • Los Mossos separan dos concentraciones enfrentadas en el Fossar
  • No constan incidentes graves pese a los insultos y la tensión
  • El choque refleja la fractura creciente dentro del independentismo

El Fossar de les Moreres se ha convertido este jueves 10 de septiembre en uno de los puntos de mayor tensión política de Barcelona en la víspera de la Diada. Aliança Catalana y organizaciones de la izquierda independentista vinculadas al entorno de la CUP han convocado actos prácticamente consecutivos en este enclave del Born, obligando a los Mossos d’Esquadra a desplegar un amplio dispositivo para mantener separados a los dos grupos. A primera hora de la tarde, pese al intercambio de insultos y consignas, no se habían registrado incidentes graves.

La formación de Sílvia Orriols había fijado su concentración a las 17.00 horas y unas 400 personas ocuparon inicialmente el Fossar. La movilización contraria estaba prevista media hora después. Entre unas y otras quedaron los agentes, las barreras y una imagen bastante expresiva del momento que vive el independentismo catalán: dos sectores que comparten la reivindicación nacional pero que se observan desde posiciones ideológicas casi irreconciliables. Los Mossos cortaron los accesos al entorno y dejaron como entrada controlada la calle de l’Espaseria; algunos comercios cercanos optaron por bajar las persianas.

Los Mossos blindan el Fossar para separar las concentraciones

El dispositivo policial ha condicionado desde el principio la tarde en el Born. El objetivo era bastante concreto: impedir el contacto entre los seguidores de Aliança Catalana, partido independentista situado en la extrema derecha, y los activistas movilizados contra su presencia, procedentes de organizaciones de la izquierda independentista y del espacio político próximo a la CUP.

No era una precaución decorativa. En años anteriores ya se habían producido episodios de tensión en este mismo escenario y, para 2026, colectivos como Arran, Alerta Solidària y el Sindicat d’Estudiants dels Països Catalans habían llamado a movilizarse contra el acto de Aliança Catalana. La convocatoria se presentaba como antifascista y antirracista y aspiraba abiertamente a impedir que el partido de Orriols normalizara su presencia en uno de los lugares con mayor carga simbólica del independentismo.

Sílvia Orriols llega arropada por cientos de simpatizantes

Orriols llegó al entorno del Fossar poco antes de las 17.00 horas, rodeada de seguidores y bajo una importante presencia policial. La dirigente recorrió también calles próximas y saludó a responsables de varios establecimientos. Su formación terminó prolongando el acto más de lo previsto debido a la llegada tardía de grupos procedentes de Lleida, mientras al otro lado del cordón policial aumentaba la concentración contraria.

Ahí estaba buena parte de la tensión: no tanto en un enfrentamiento físico, que los Mossos trataron de hacer imposible, como en la disputa por el propio espacio. Hubo consignas, insultos cruzados y nervios. Y persianas echadas. La política, cuando obliga a una tienda del Born a cerrar antes de tiempo por prudencia, deja de ser únicamente una discusión de hemiciclo.

Dos independentismos frente a frente en el mismo símbolo

Lo ocurrido tiene una lectura que va bastante más allá de una concentración callejera. Aliança Catalana intenta consolidarse como actor propio dentro del independentismo, pero lo hace desde un discurso identitario y especialmente duro contra la inmigración que provoca un rechazo frontal en buena parte de la izquierda soberanista.

Para Arran y otras organizaciones próximas a la CUP, permitir que Aliança convierta el Fossar en escenario habitual de sus actos supondría cederle un símbolo histórico que consideran incompatible con su proyecto político. Para el partido de Orriols, precisamente lo contrario: acudir allí sirve para reivindicar que también forma parte del espacio independentista y que nadie puede decidir quién tiene derecho a ocuparlo. De ahí que unos metros de piedra en Ciutat Vella hayan terminado adquiriendo el valor de una frontera política.

Por qué el Fossar de les Moreres tiene tanta importancia

El lugar ayuda a entender el tamaño de la disputa. El Fossar de les Moreres está junto a la basílica de Santa Maria del Mar, en el barrio de la Ribera, y corresponde a la antigua zona de enterramiento de la parroquia. Durante el sitio de Barcelona de 1713-1714 fue utilizado para sepultar a defensores muertos durante los combates. En 1999 fue declarado bien cultural de interés nacional, en la categoría de lugar histórico.

Su relación con la Diada nace precisamente de esa memoria de 1714. Con el paso del tiempo, el Fossar dejó de ser simplemente una plaza histórica para convertirse en uno de los grandes escenarios simbólicos del nacionalismo y el independentismo catalanes. El pebetero instalado en el lugar mantiene una llama encendida y recuerda a quienes murieron durante el sitio de Barcelona. Es memoria, monumento y política, todo metido en unos pocos metros cuadrados.

Por eso la pelea sobre quién puede hacerse visible allí tiene un peso particular. Un mitin en cualquier otra plaza sería un mitin. En el Fossar, cada bandera y cada ofrenda se leen también como una reclamación de legitimidad histórica.

La fractura independentista sale a la calle antes de la Diada

La escena de este 10 de septiembre retrata un cambio más profundo. Durante buena parte de los años del procés, las diferencias entre las distintas familias independentistas convivían con una idea movilizadora común. Esa unidad hace tiempo que se resquebrajó, y la irrupción de Aliança Catalana ha añadido una división que ya no gira únicamente alrededor de ritmos, estrategias o relaciones con el Estado.

Ahora existe también una fractura ideológica especialmente áspera. La izquierda independentista considera incompatible su proyecto con las posiciones de Aliança en materia de inmigración e identidad; la formación de Orriols, mientras tanto, busca presentarse como una alternativa al independentismo tradicional y llega a esta Diada fortalecida por expectativas electorales al alza. Los últimos sondeos del Centre d’Estudis d’Opinió apuntan precisamente a un crecimiento del partido.

El contraste con años anteriores resulta visible incluso en las cifras del Fossar. En 2025 Aliança Catalana congregó alrededor de 300 personas en su acto y los Mossos ya tuvieron que impedir que miembros de Arran accedieran al espacio para evitar enfrentamientos. Este año la movilización ha vuelto a crecer y la protesta contraria se había preparado con meses de antelación. Ya no parece un episodio puntual. La disputa se está haciendo estructural.

Una Diada marcada también por quién ocupa los símbolos

Hasta primera hora de la tarde, el enorme despliegue de los Mossos había logrado evitar que la confrontación política terminara en una confrontación física. Los dos bloques permanecían separados y los principales incidentes se limitaban a los enfrentamientos verbales. En una jornada diseñada precisamente para prevenir choques, eso no es un detalle menor.

Pero el Fossar de les Moreres ha dejado una fotografía política difícil de pasar por alto. La víspera de la Diada ya no enfrenta solamente proyectos distintos sobre el futuro de Cataluña; enfrenta también a independentistas que discuten sobre quién representa a Cataluña, quién puede reivindicar determinados símbolos y hasta dónde llega la frontera ideológica dentro del propio soberanismo.

El Fossar nació como cementerio, se convirtió en lugar de memoria y este 10 de septiembre ha acabado ejerciendo otra función: la de espejo. Y el reflejo que devuelve es el de un independentismo profundamente dividido, con Aliança Catalana ganando presencia y una izquierda independentista decidida a disputarle cada palmo de terreno político y simbólico.

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Fundador de DonPorqué y curioso empedernido. Escribe sobre tecnología, viajes, gastronomía, cultura y todo lo que le genera una pregunta con un buen «¿por qué?» detrás. En su tiempo libre es aficionado a los casinos online y aprovecha esa experiencia para compartir análisis y recomendaciones sobre el sector del iGaming.