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¿Hasta dónde llegarán los hutíes tras conquistar Mocha y Zuqar en el mar Rojo?

Los hutíes avanzan por Mocha y Zuqar hacia Bab el Mandeb, mientras aumenta la presión militar sobre una ruta esencial entre Asia, Europa y el Golfo.

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hutíes tras conquistar Mocha y Zuqar

Resumen

  • Los hutíes han tomado Mocha y aseguran controlar también la isla de Zuqar
  • El avance acerca el frente a Bab el Mandeb, paso vital del comercio mundial
  • Las fuerzas gubernamentales se repliegan hacia Dhubab, junto al estrecho

Los hutíes han conquistado la ciudad portuaria de Mocha y, según una fuente militar yemení, también se han hecho con la isla de Zuqar, dos posiciones del sur del mar Rojo que alteran de golpe el mapa de la guerra en Yemen. El movimiento empuja a los rebeldes respaldados por Irán hacia Bab el Mandeb, el estrecho que conecta el mar Rojo con el golfo de Adén y constituye una de las grandes arterias del comercio marítimo mundial.

La secuencia importa más que cada conquista aislada. Mocha se encuentra a unos 70 kilómetros al norte de Bab el Mandeb; Zuqar, frente a la costa yemení, forma parte del sistema de islas que domina los accesos meridionales del mar Rojo. Al mismo tiempo, las fuerzas gubernamentales y sus aliados se están desplazando hacia Dhubab, situada directamente sobre el estrecho y frente a la isla de Perim. Los hutíes no controlan todavía Bab el Mandeb, pero el frente se ha acercado de forma muy significativa.

La entrada en Mocha fue acompañada, según testigos sobre el terreno, por combatientes que coreaban “muerte a América, muerte a Israel”, una de las consignas históricas del movimiento hutí. La ofensiva sobre Zuqar se habría producido después de ataques con misiles y un desembarco de combatientes desde varias embarcaciones.

Mocha cae y cambia el equilibrio en la costa yemení

Mocha no es únicamente un nombre asociado al café. Durante siglos fue uno de los grandes puertos comerciales del mar Rojo y hoy conserva un valor bastante menos romántico: su posición militar en la costa occidental de Yemen, justo en el corredor que desciende hacia Bab el Mandeb.

Los hutíes se hicieron con la ciudad tras días de intensos combates contra las fuerzas vinculadas al Gobierno reconocido internacionalmente. Su pérdida supone uno de los movimientos territoriales más relevantes desde que la tregua auspiciada por Naciones Unidas en 2022 congeló buena parte de las grandes líneas del frente yemení.

Mocha había quedado bajo la influencia de las fuerzas de Tarek Saleh, sobrino del expresidente Ali Abdullah Saleh y uno de los principales dirigentes militares enfrentados a los hutíes en la costa occidental. Saleh ha ordenado establecer un centro de mando alternativo en una posición considerada más segura, otro indicio de que sus unidades están retrocediendo hacia el sur.

No parece, por tanto, una simple incursión destinada a durar unas horas. Los hutíes están intentando redibujar el frente costero y obligar a sus adversarios a replegarse hacia la última franja de terreno próxima al estrecho. Y ese repliegue tiene un nombre: Dhubab.

Dhubab aparece como la siguiente pieza del tablero

Las fuerzas del Gobierno yemení y sus aliados están concentrándose en Dhubab, localidad costera situada directamente sobre Bab el Mandeb y frente a Perim. El control de ambos puntos resulta esencial para dominar físicamente el entorno inmediato del estrecho, donde la costa yemení se aproxima al Cuerno de África.

Ahí está el verdadero salto estratégico de la ofensiva. La caída de Mocha acerca el frente a Dhubab; la presión sobre las islas introduce al mismo tiempo una dimensión marítima. Tierra y mar empiezan a converger alrededor de un corredor de apenas unas decenas de kilómetros.

Sobre un mapa puede parecer poca cosa. Para un petrolero, un portacontenedores o una naviera que calcula riesgos y primas de seguro, es otro asunto. Unos pocos kilómetros de costa pueden transformarse en una variable económica internacional.

Zuqar añade una posición estratégica en pleno mar Rojo

La segunda gran novedad es la presunta toma de Zuqar, una isla situada en el archipiélago de Hanish, al sur del mar Rojo. Una fuente militar yemení asegura que los hutíes la conquistaron tras ataques con misiles y un asalto realizado con embarcaciones cargadas de combatientes.

La información sobre el control completo de Zuqar dispone por ahora de menos confirmaciones independientes que la caída de Mocha, una diferencia importante. Lo que sí resulta evidente es la intensificación de las operaciones hutíes alrededor de las islas estratégicas de Hanish mientras las fuerzas gubernamentales retroceden hacia el área de Bab el Mandeb.

Zuqar no es especialmente grande ni tiene una población capaz de decidir una guerra, pero su valor está en otro lugar: dónde está. Desde las islas del sur del mar Rojo se pueden observar movimientos navales, instalar sistemas de vigilancia y crear posiciones adelantadas para operaciones militares.

No sería la primera vez que ese pedazo de tierra se convierte en una pieza codiciada. Las islas Hanish han provocado disputas durante décadas precisamente por su ubicación, hasta el punto de que Yemen y Eritrea llegaron a enfrentarse por el archipiélago en los años noventa antes de someter el conflicto territorial a arbitraje internacional.

En la guerra yemení han vuelto a transformarse en posiciones militares. Nada demasiado sorprendente: cuando la geografía dibuja un embudo, cualquier roca situada cerca de su boca adquiere de repente una biografía estratégica.

Bab el Mandeb, la verdadera recompensa de la ofensiva

Bab el Mandeb significa “Puerta de las Lágrimas”. El nombre tiene siglos; la inquietud que provoca en los mercados, en cambio, es perfectamente contemporánea.

El estrecho separa Yemen, en la península arábiga, de Yibuti y Eritrea, en la costa africana. Es la salida meridional del mar Rojo y conecta directamente las rutas del canal de Suez con el golfo de Adén y el océano Índico. Por allí circulan petróleo, combustibles, contenedores y mercancías que enlazan Europa con Asia.

Se trata de una de las rutas fundamentales para el transporte de petróleo y derivados procedentes del Golfo hacia el Mediterráneo, además de un corredor básico para numerosas mercancías que viajan en dirección contraria hacia los grandes mercados asiáticos.

Los hutíes no necesitan apoderarse físicamente de cada metro de agua para generar problemas. Lo demostraron desde finales de 2023 mediante misiles, drones y ataques contra buques en el mar Rojo, operaciones que obligaron a numerosas compañías a desviar barcos alrededor del cabo de Buena Esperanza.

El efecto es sencillo y bastante poco glamuroso: más kilómetros, más combustible, más tiempo y seguros más caros. El recibo termina viajando por toda la economía, aunque el consumidor europeo jamás vea Bab el Mandeb más allá de una línea estrecha dibujada en un mapa.

Por eso la expresión “acercarse al control de Bab el Mandeb” exige cierta precisión. Tomar Mocha y Zuqar no equivale a cerrar el estrecho. Para ejercer un dominio territorial mucho más sólido serían decisivas posiciones todavía más meridionales, como Dhubab y Perim, donde se concentra ahora buena parte de la presión militar.

La amenaza, sin embargo, ha crecido. Y eso basta para que gobiernos, operadores marítimos y mercados energéticos hagan cuentas. En una ruta tan estrecha, la capacidad de amenazar el tráfico puede resultar casi tan relevante como el control territorial puro.

Dos estrechos bajo presión al mismo tiempo

Hay otro elemento que convierte la ofensiva yemení en algo mayor que una batalla local: la crisis coincide con graves perturbaciones en el estrecho de Ormuz, la otra gran garganta marítima de la región.

Mientras los hutíes avanzan hacia Bab el Mandeb, el tráfico a través de Ormuz se ha visto sometido a una fuerte tensión en medio del enfrentamiento regional entre Estados Unidos e Irán. Bab el Mandeb mantiene todavía circulación comercial, pero el desplazamiento del frente yemení añade otro foco de incertidumbre a unas rutas energéticas que ya funcionan bajo enorme presión.

Ahí reside una de las mayores preocupaciones. Si Ormuz atraviesa una situación crítica y Bab el Mandeb se deteriora al mismo tiempo, dos de los principales corredores energéticos de Oriente Próximo quedarían sometidos simultáneamente a presión militar.

El mercado del petróleo acusa cualquier alteración seria en estas rutas. La subida de los costes de transporte, el riesgo para los petroleros y las dificultades de navegación terminan incorporándose a las cotizaciones. La conquista de Mocha no explica por sí sola esos movimientos, claro. Sería confundir un incendio con una cerilla concreta. Pero añade combustible geopolítico a un mercado que mira obsesivamente los mapas marítimos.

La ofensiva hutí abre de nuevo la guerra de Yemen

La expansión hacia Mocha y las islas ocurre mientras se deshace la relativa calma mantenida desde 2022. La tregua de Naciones Unidas redujo durante años las grandes operaciones militares, pero nunca produjo un acuerdo político definitivo.

Los hutíes continúan controlando Saná y amplias regiones del norte, además de buena parte de las zonas más pobladas del país. Frente a ellos existe un mosaico bastante más complejo de fuerzas vinculadas al Gobierno reconocido internacionalmente, grupos respaldados por Arabia Saudí y unidades que durante diferentes etapas han recibido apoyo de Emiratos Árabes Unidos.

En las últimas semanas, los enfrentamientos en Taiz y Hodeida han provocado nuevos desplazamientos de población. Tras la entrada hutí en Mocha, cientos de mujeres y niños abandonaron la ciudad rumbo a Lahj y Adén buscando refugio, otra consecuencia de una guerra que suele aparecer en los mapas antes que en los rostros.

La dimensión regional también ha regresado con fuerza. Los hutíes han intensificado los ataques contra Arabia Saudí, mientras los rebeldes denuncian a su vez bombardeos sobre distintas provincias yemeníes. La frontera entre guerra civil y confrontación regional vuelve a desdibujarse.

Todo recuerda demasiado a un conflicto que nunca llegó a terminar. Se congeló, se desplazó, cambió de intensidad. Ahora vuelve a moverse, y lo hace hacia una zona donde cada kilómetro conquistado tiene repercusiones mucho más allá de Yemen.

Mocha y Zuqar acercan la guerra a la Puerta de las Lágrimas

La imagen que deja la ofensiva es mucho más seria que la de una conquista aislada. Mocha ha caído, Zuqar habría quedado también en manos hutíes y las fuerzas gubernamentales están retrocediendo hacia Dhubab, justo frente a Bab el Mandeb. Tres movimientos distintos que apuntan en la misma dirección.

Los hutíes todavía no pueden presentarse como dueños del estrecho. Hay fuerzas yemeníes enfrentadas al movimiento, posiciones estratégicas que permanecen fuera de su control y una presencia naval internacional que convierte cualquier intento de bloqueo completo en una empresa bastante más complicada que plantar una bandera en una ciudad.

Pero el margen se estrecha. Mocha les aporta costa, infraestructura y profundidad territorial. Zuqar, si la conquista queda consolidada, añade una posición insular avanzada. Más al sur quedan Dhubab y Perim, las piezas que permitirían aproximarse de verdad al corazón de Bab el Mandeb.

Y ahí cambia la escala. Lo que sucede en una guerra de la península arábiga deja de caber dentro de las fronteras de Yemen cuando los combatientes alcanzan una ruta por la que circula buena parte del comercio entre Europa y Asia. En Bab el Mandeb la geografía es estrecha; sus consecuencias, no.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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