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Economía

¿Por qué Trump presiona a las petroleras ante la crisis del diésel?

El diésel se encarece, Trump presiona a las petroleras y el crudo supera los 100 dólares, elevando la presión sobre transporte e inflación global.

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pozo petroleo atardecer

Resumen

  • El diésel estadounidense ronda niveles récord y Trump presiona al sector
  • El cuello de botella está en las refinerías, no solo en extraer más crudo
  • España también acusa la subida: transporte, campo e inflación quedan expuestos

Donald Trump ha metido presión a la industria petrolera estadounidense ante un problema que empieza a desbordar las gasolineras: el precio del diésel se ha disparado hasta niveles récord en Estados Unidos, mientras el petróleo vuelve a superar la barrera psicológica de los 100 dólares por barril. La inquietud va bastante más lejos que llenar el depósito. El gasóleo mueve camiones, maquinaria agrícola, obras, fábricas y buena parte de la cadena logística mundial. Cuando se encarece, acaba viajando en silencio dentro del precio de casi todo.

La Casa Blanca reunió el 1 de septiembre a representantes de refinadoras y distribuidores de combustible para estudiar cómo elevar la producción estadounidense de gasolina y diésel y aumentar la capacidad de refino. No se trató simplemente de pedir que se extrajera más petróleo: ahí está precisamente el problema. Puede haber crudo disponible y, al mismo tiempo, faltar diésel, porque entre una cosa y otra están las refinerías, cuya capacidad mundial atraviesa uno de sus momentos más tensos de los últimos años.

Trump aprieta a las petroleras mientras el diésel bate récords

La reunión llegó después de semanas de presión sobre los precios energéticos. Trump pidió a los ejecutivos del sector medidas para aumentar la producción nacional de combustibles, inversiones adicionales y más capacidad para procesar petróleo. También se abordaron cambios regulatorios y una posible aceleración de permisos.

La petición tiene una lógica política bastante transparente. Trump llegó a la Casa Blanca prometiendo energía abundante y barata, pero la guerra con Irán y las alteraciones de los mercados internacionales han puesto esa promesa contra las cuerdas. El diésel estadounidense ronda los 6 dólares por galón, un máximo histórico, mientras la gasolina también se mantiene en niveles excepcionalmente elevados. Con las elecciones legislativas de noviembre cada vez más cerca, el surtidor se ha convertido en un incómodo marcador electoral.

El problema es menos sencillo de lo que parece desde un despacho presidencial. Una refinería no aparece por decreto ni puede funcionar indefinidamente por encima de su capacidad física. Estados Unidos mantiene sus instalaciones trabajando a niveles muy altos y construir grandes complejos nuevos exige miles de millones, permisos y años. De ahí que buena parte del debate se centre en ampliar o modernizar instalaciones existentes, no en levantar mañana otra refinería junto a la autopista.

El verdadero cuello de botella está en las refinerías

Aquí está la pieza que explica buena parte de la llamada crisis mundial del diésel. El petróleo crudo es la materia prima; el gasóleo es un producto refinado. No son intercambiables.

Las guerras en Oriente Próximo y Ucrania han golpeado instalaciones, rutas marítimas y capacidad de procesamiento. Según estimaciones del sector, alrededor de 4 millones de barriles diarios de diésel procedentes de Rusia y Oriente Próximo han desaparecido o quedado comprometidos respecto a los flujos habituales. Las existencias mundiales han ido cayendo y los márgenes de refino del diésel se han disparado.

Por eso el precio del gasóleo puede subir incluso más deprisa que el propio barril de petróleo. Es una diferencia importante: aumentar la extracción estadounidense ayuda, sí, pero no resuelve automáticamente una escasez de productos refinados.

Mucho petróleo no significa necesariamente mucho combustible

Hay otro ingrediente. El mercado necesita determinados tipos de crudo, especialmente calidades medias y pesadas que varias refinerías están diseñadas para procesar. Sustituirlas por petróleo ligero no siempre resulta sencillo ni eficiente.

La Administración Trump también pretende que las refinerías estadounidenses procesen más crudo venezolano, tras los últimos acuerdos impulsados por Washington. Pero adaptar suministros y elevar el rendimiento de las plantas tiene límites industriales bastante poco sensibles al calendario político. El petróleo puede cambiar de dueño en una firma; transformarlo en millones de litros de combustible requiere otra cosa.

Oriente Próximo vuelve a colocar al petróleo sobre los 100 dólares

La presión se ha intensificado este 9 de septiembre. El Brent volvió a superar los 100 dólares por barril, por primera vez desde julio, después de una nueva escalada militar entre Estados Unidos e Irán y de ataques contra infraestructuras y buques vinculados al transporte energético en Oriente Próximo.

El estrecho de Ormuz continúa siendo el gran nervio expuesto del mercado. Aunque los petroleros siguen atravesándolo, el tráfico permanece muy por debajo de los niveles anteriores al conflicto y algunas exportaciones se realizan mediante rutas y operaciones extraordinarias. Los ataques hutíes contra instalaciones saudíes añaden otro foco de tensión sobre las salidas energéticas del mar Rojo.

La Administración de Información Energética de Estados Unidos calcula que los inventarios mundiales de petróleo han disminuido alrededor de 400 millones de barriles durante 2026. En agosto, la producción de Oriente Próximo fuera de servicio alcanzó unos 6,7 millones de barriles diarios. Su escenario central tampoco contempla una normalización completa de la producción y las exportaciones regionales antes del segundo trimestre de 2027. No parece, precisamente, un pequeño bache de septiembre.

Por qué el diésel puede acabar alimentando otra vez la inflación

La gasolina afecta directamente al conductor particular; el diésel entra por la puerta de atrás de toda la economía. Un tráiler que transporta fruta, una cosechadora, una excavadora, una furgoneta de reparto o determinados generadores consumen gasóleo. Miles de kilómetros después, ese gasto termina incorporado al precio de alimentos, materiales y mercancías.

Por eso los economistas observan con especial atención los precios de los destilados medios, la familia de combustibles a la que pertenecen el diésel y el combustible de calefacción. Una subida prolongada eleva costes logísticos, estrecha los márgenes empresariales y puede trasladarse a la inflación general.

El momento tampoco ayuda. El hemisferio norte se aproxima al invierno, cuando aumenta la demanda de combustibles para calefacción, mientras en áreas agrícolas de Estados Unidos comienza una fase de fuerte consumo de diésel. Al mismo tiempo llegan las habituales paradas de mantenimiento de algunas refinerías. Tres fuerzas tirando de una manta que ya está corta.

España tampoco queda fuera del golpe energético

Aunque el epicentro político de esta historia esté en Washington, la presión llega rápidamente a Europa. En España, el gasóleo A se vendía el 8 de septiembre a una media de 1,809 euros por litro, después de haber vuelto a subir un 2 % en apenas una semana. Llenar un depósito de 55 litros costaba unos 99,5 euros.

La subida se produce incluso después de que desde el 1 de septiembre aumentara la rebaja fiscal aplicada al diésel. Es un detalle revelador: parte del encarecimiento internacional está siendo amortiguado por impuestos temporalmente menores y aun así vuelve a asomar en el surtidor.

Para España, además, el impacto no acaba en el coche particular. Transporte por carretera, agricultura, pesca y distribución son especialmente sensibles al gasóleo. Un encarecimiento persistente puede reaparecer semanas después en el supermercado o en los costes industriales, cuando la noticia inicial sobre el petróleo ya haya desaparecido de las portadas.

Qué puede conseguir realmente Trump con las petroleras

La Casa Blanca dispone de algunas palancas. Puede flexibilizar determinadas normas, acelerar permisos, facilitar ampliaciones de capacidad, modificar requisitos relacionados con combustibles y favorecer la llegada de determinadas clases de crudo a las refinerías estadounidenses.

Pero ninguna de ellas fabrica millones de barriles de diésel de un día para otro. El mercado energético mundial se ha vuelto extraordinariamente dependiente de unas pocas rutas marítimas, grandes instalaciones de refino y reservas que están disminuyendo. Mientras continúen las interrupciones en Oriente Próximo y Rusia y las refinerías trabajen cerca de sus límites, los precios seguirán siendo vulnerables a cualquier ataque, accidente o nueva escalada.

Y existe una paradoja incómoda. Los precios altos incentivan a las compañías a producir más, pero también disparan sus márgenes de beneficio. Pedir a la industria que aumente rápidamente la oferta tiene sentido; esperar que renuncie espontáneamente a una coyuntura extraordinariamente rentable pertenece ya a una rama más optimista de la economía.

El diésel vuelve a marcar el pulso de la economía

La preocupación de Trump tiene una base bastante concreta: el diésel se está convirtiendo en uno de los puntos más frágiles de la economía mundial. No porque vaya a desaparecer de las estaciones de servicio mañana, sino porque la combinación de inventarios bajos, refinerías tensionadas, guerras, rutas marítimas inseguras y demanda estacional deja muy poco margen para absorber otro golpe.

La reunión con la industria puede aliviar algunos obstáculos internos de Estados Unidos, pero la solución principal está fuera de los despachos de Washington. Mientras el suministro de Oriente Próximo continúe perturbado y la capacidad mundial de refino siga limitada, el diésel conservará esa desagradable capacidad de transformar una crisis energética en otra cosa más cotidiana: camiones más caros, alimentos más caros, transporte más caro y, finalmente, más inflación. El surtidor es apenas el lugar donde primero se ve.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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