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¿Qué dijo Nacho Abad sobre el puesto 487 de PISA y por qué es falso?

Nacho Abad afirmó que España ocupaba el puesto 487 de PISA. La cifra es imposible y reabre el debate sobre otros errores y polémicas televisivas.

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los bulos de Nacho Abad

Resumen

  • Nacho Abad afirmó que España ocupaba el puesto 487 del informe PISA
  • PISA 2025 evaluó a 91 países y economías, por lo que ese puesto no existe
  • Otros episodios sobre piñas, hantavirus y Marruecos requieren matices

Nacho Abad ha vuelto a quedar en el centro de una tormenta televisiva después de que se viralizara un fragmento en el que, al comentar los resultados educativos españoles, afirma que “España ocupa el puesto 487 del ranking mundial” en el informe PISA. El problema es bastante elemental: PISA 2025 ha evaluado a estudiantes de 91 países y economías. No existe, por tanto, un puesto 487 en el que España pueda caer, aunque el sistema educativo decidiera excavar un sótano debajo de la clasificación.

El dato es falso. Otra cuestión, bastante distinta, es determinar si estamos ante un lapsus, una confusión entre puestos y puntuaciones o una afirmación difundida sin comprobar. No hay elementos suficientes para atribuir una invención consciente. Y hay otro detalle que tampoco salva la frase: España obtuvo 477 puntos en ciencias, 451 en lectura y 457 en matemáticas, de manera que 487 tampoco coincide con la nota española de esta edición.

Qué dijo Nacho Abad sobre el informe PISA y dónde está el error

El corte que ha circulado por redes sociales es muy breve, pero la frase es inequívoca: España ocuparía el puesto 487 del ranking mundial. La cifra empezó inmediatamente a provocar burlas porque el propio universo estadístico de PISA hace imposible semejante clasificación.

La edición de 2025, cuyos primeros resultados fueron publicados por la OCDE el 8 de septiembre de 2026, reunió a más de 760.000 alumnos de 15 años pertenecientes a 91 países y economías. España participó con 29.967 estudiantes de 956 centros, una muestra representativa de unos 459.800 jóvenes.

Hay, además, una segunda simplificación. Hablar de “el ranking PISA” como si fuese una clasificación única del primero al último tampoco describe demasiado bien el informe. PISA mide distintos ámbitos —ciencias, matemáticas, lectura y, esta vez, también resolución computacional de problemas— y las comparaciones dependen de cada competencia, de las diferencias estadísticas entre puntuaciones y de las condiciones de la muestra.

Del puesto 487 a los 477 puntos: una confusión posible, pero insuficiente

La explicación más benévola sería pensar que Abad mezcló una puntuación con una posición. PISA utiliza escalas de varios centenares de puntos y es muy fácil encontrar cifras próximas a 487 cuando se consultan resultados internacionales o autonómicos.

Pero tampoco encaja limpiamente. España registró 477 puntos en ciencias, materia principal de la edición; 451 en lectura y 457 en matemáticas. En resolución computacional de problemas alcanzó 499. El famoso 487 no es, por tanto, la puntuación nacional de PISA 2025 trasladada accidentalmente al casillero de una clasificación.

Eso no convierte automáticamente el episodio en una mentira deliberada. Conviene no deformar una falsedad mientras se intenta desmontar otra. Lo demostrable es más sencillo: la afirmación emitida es objetivamente incorrecta y debería ser corregida como tal.

España sale mal en PISA sin necesidad de inventar un puesto 487

La ironía del episodio es que los resultados reales de España ya son suficientemente preocupantes. No hacía falta adornarlos con un número imposible.

España obtuvo sus resultados más bajos o entre los más bajos de toda su serie histórica en las tres competencias tradicionales. Los estudiantes españoles quedaron por debajo de la media de la OCDE en ciencias, lectura y matemáticas, con un deterioro especialmente fuerte en comprensión lectora y cálculo respecto a 2022.

En lectura, España ha pasado de 474 puntos en 2022 a 451 en 2025. En matemáticas, de 473 a 457. En ciencias, la bajada ha sido menor, hasta 477 puntos. Son descensos que hablan de dificultades reales para comprender textos, razonar con información compleja y aplicar conocimientos; bastante más relevante que transformar una puntuación de tres cifras en un puesto fantasma.

También hay matices. PISA no examina a “todos los alumnos españoles”, sino a una muestra estadística de estudiantes de 15 años, y no mide todo aquello que cabe bajo la palabra educación. No puntúa creatividad, formación humanística, convivencia, conocimientos históricos o capacidad artística. Evalúa competencias determinadas mediante una metodología internacional común. Aun así, la tendencia española es mala y minimizarla sería tan poco serio como inflarla.

El propio informe muestra que en España solo el 2 % alcanza los niveles más altos en lectura y el 4 % lo hace en matemáticas. Al mismo tiempo, alrededor de un tercio no llega al nivel mínimo establecido en esas materias. Aquí está la noticia educativa de fondo. El 487 solo introduce ruido en una fotografía que ya venía desenfocada.

Las piñas y el incendio: otro choque por una afirmación televisiva

El episodio de PISA no aparece aislado. Durante los últimos meses, Nacho Abad se ha visto envuelto en varias discusiones en directo por datos presentados en sus programas. Una de las más sonadas llegó a finales de julio, durante el debate sobre los incendios forestales y las restricciones que supuestamente impedirían a los ciudadanos limpiar el monte o recoger productos forestales.

En una discusión de En boca de todos, el político Pablo Fernández rechazó la afirmación de que no se pudiera recoger una piña y acusó directamente a Abad de haber utilizado la noche anterior, en Código 10, una noticia de 2011 sobre una multa por recoger piñas presentándola como si fuese actual.

Abad negó esa interpretación y respondió airadamente que había incluido un “complemento circunstancial de tiempo”. También exigió a Fernández que no volviese a llamarle “bulero” y acabó reprochándole que ejerciera de árbitro de la verdad en el plató.

Más allá de la bronca —televisión, volumen alto, varios hablando a la vez—, la legislación actual permite comprobar algo bastante concreto. En montes y zonas arboladas de Castilla y León no gestionados por la Administración autonómica, recoger piña abierta y hasta cinco kilos de piña cerrada no requiere autorización ni declaración responsable, sin perjuicio de otras normas que puedan afectar a lugares o situaciones concretas.

Eso tampoco significa que cualquiera pueda llevarse cualquier producto forestal de cualquier monte. Los terrenos públicos, determinados aprovechamientos comerciales, los espacios protegidos y otras situaciones pueden estar sometidos a condiciones diferentes. La realidad jurídica es menos agradecida para un rótulo de televisión: ni está siempre prohibido coger una piña ni se puede coger todo sin permiso. Depende.

Por eso aquel enfrentamiento tiene dos planos. Está documentada la acusación de haber recuperado una noticia antigua, y también la negativa de Abad a que se hubiese ocultado su fecha. Sin disponer de la pieza completa emitida en Código 10 y de su contexto exacto, ir un paso más allá y afirmar que presentó deliberadamente como actual un caso de 2011 sería exceder lo que puede probarse.

El hantavirus: cuando una rectificación en directo no equivale a un bulo

Otro vídeo muy compartido procede del brote de hantavirus Andes relacionado con el crucero MV Hondius en mayo. El inmunólogo Alfredo Corell entró en directo en En boca de todos y corrigió varias informaciones que se estaban manejando en la mesa.

Uno de los puntos de fricción fue el caso de una tripulante de cabina que presentaba síntomas después de haber viajado en un avión relacionado con una de las personas afectadas. Abad alegó que la prensa había informado sobre el asunto; Corell insistió en que el contagio aún no estaba confirmado y pronunció una frase bastante incómoda para cualquier plató: las prisas de la televisión pueden ir contra la información.

Aquella intervención se ha incorporado después a recopilaciones de supuestos “bulos de Nacho Abad”, pero aquí conviene frenar. La ciencia del brote cambió rápidamente a medida que avanzó la investigación. La Organización Mundial de la Salud confirmó posteriormente que se trataba del virus Andes, precisamente el único hantavirus conocido capaz de una transmisión limitada entre personas.

A finales de mayo, la OMS ya consideraba demostrado que se habían producido contagios entre humanos en aquel brote y mantenía abiertas varias posibles vías de transmisión, incluidas partículas respiratorias. El organismo subrayaba, eso sí, que su comportamiento no era comparable al de virus altamente transmisibles por vía aérea, como el sarampión.

Así que hubo información prematura y correcciones necesarias en directo, pero convertir todo aquel episodio, retrospectivamente, en una mentira cerrada sería incorrecto. A veces la información cambia porque cambian las evidencias. Y distinguir eso de un dato falso es parte del asunto.

La Embajada de Marruecos: qué está probado y qué no

También ha reaparecido en las últimas semanas la presencia de Nacho Abad en una recepción de la Embajada de Marruecos en Madrid celebrada el 30 de julio, coincidiendo con la grave crisis migratoria en Ceuta. Las imágenes mostraban al periodista entre los asistentes y generaron acusaciones en redes debido al tono particularmente crítico que mantuvo posteriormente hacia Rabat.

La asistencia es real. Se trataba de la recepción oficial por el XXVII aniversario de la entronización de Mohamed VI y acudieron, entre otros, Felipe González, el juez Santiago Pedraz y el ministro Luis Planas. Abad estuvo acompañado por su esposa, Bárbara Royo.

También existe un dato que rebaja algunas interpretaciones construidas posteriormente: la convocatoria estaba cerrada desde días antes. Era uno de los actos diplomáticos anuales de la Embajada y no una reunión improvisada a raíz de la entrada masiva en Ceuta.

Abad ha explicado después que acudió como periodista, con intención de localizar y preguntar a miembros del Gobierno presentes en el acto. Se puede discutir la imagen, su oportunidad o la coherencia entre aquella presencia y ciertos discursos posteriores. Lo que no puede demostrarse solo con una fotografía es una relación política con Marruecos, una connivencia con su Gobierno o cualquier otra conclusión de mayor alcance.

Tampoco existe prueba sólida de una operación coordinada de medios para “borrar” la noticia. Que determinadas publicaciones desaparezcan, cambien de dirección, sean modificadas o reciban menos atención no permite por sí mismo atribuir una maniobra de ocultación. En internet abundan las conspiraciones construidas rellenando huecos; suelen funcionar estupendamente hasta que alguien pide documentos.

Entre el error, la desinformación y el espectáculo

El caso del puesto 487 de PISA es el más sencillo porque apenas admite interpretación: ese puesto no existe. PISA 2025 contó con 91 países y economías, y ninguna de las principales puntuaciones españolas fue 487. Si la frase fue un lapsus, merece una rectificación; si procedía de una información mal leída, también. Lo que no sabemos es si existió voluntad de engañar, y atribuírsela sin pruebas sería repetir precisamente el vicio que se pretende denunciar.

El historial reciente deja otros episodios bastante más grises. La polémica de las piñas mezcló una información antigua, normativa forestal compleja y una discusión política de brocha gorda. En el caso del hantavirus hubo datos difundidos demasiado deprisa, pero también una situación científica que evolucionó durante semanas. La recepción de Marruecos ocurrió y Abad estuvo allí, aunque la fotografía no demuestra por sí sola todo lo que después se ha querido colocar encima.

Hay una diferencia elemental entre decir una cosa falsa y fabricar conscientemente una mentira. El primer comportamiento puede comprobarse con documentos; el segundo exige demostrar intención. Usar “bulo” para cualquier error acaba convirtiendo la palabra en una maza que sirve para todos y, precisamente por eso, explica cada vez menos.

Un número imposible que eclipsa el problema real

En el caso que ha desatado la polémica, basta con algo bastante menos grandilocuente. España no está en el puesto 487 del informe PISA. No puede estarlo. Y el estado real de la educación española, con sus peores registros históricos en varias competencias, merece una conversación algo más seria que una cifra imposible lanzada desde un plató.

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Fundador de DonPorqué y curioso empedernido. Escribe sobre tecnología, viajes, gastronomía, cultura y todo lo que le genera una pregunta con un buen «¿por qué?» detrás. En su tiempo libre es aficionado a los casinos online y aprovecha esa experiencia para compartir análisis y recomendaciones sobre el sector del iGaming.