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¿Cómo burló Dalton Trumbo el veto de Hollywood con 13 identidades?

La historia de Dalton Trumbo, el guionista de la lista negra que siguió trabajando bajo nombres falsos y terminó ganando dos Oscar en la sombra.

Publicado

el

Dalton Tumbo en 1947

Foto: Autor desconocido / Wikimedia Commons — dominio público.

Resumen

  • Dalton Trumbo siguió escribiendo pese a la lista negra de Hollywood
  • Usó al menos 13 identidades y ganó dos Oscar mientras seguía vetado
  • Espartaco y Éxodo devolvieron su verdadero nombre a los créditos en 1960

Hollywood prohibió que su nombre apareciera en las películas, pero Dalton Trumbo siguió escribiéndolas. El célebre guionista recurrió durante los años de la lista negra a seudónimos, intermediarios y compañeros que figuraban oficialmente como autores de trabajos que en realidad habían salido de su máquina de escribir. Se le atribuye el uso de al menos 13 identidades para esquivar el veto, una vida profesional clandestina que produjo decenas de guiones y una paradoja casi perfecta: ganó dos Oscar cuando, sobre el papel, apenas podía trabajar.

Los dos casos más extraordinarios fueron Vacaciones en Roma y El bravo (The Brave One). La primera obtuvo el Oscar por su historia mientras Trumbo permanecía oculto detrás de otro escritor; la segunda ganó con el misterioso Robert Rich como supuesto autor. Robert Rich no estaba enfermo ni demasiado ocupado para acudir a recoger la estatuilla. Sencillamente, no existía. Era uno de los nombres utilizados por Trumbo para continuar trabajando mientras Hollywood fingía que él había desaparecido.

Trece nombres para un escritor borrado de los créditos

La historia ha recuperado una especial actualidad al cumplirse medio siglo de la muerte de Trumbo, ocurrida el 10 de septiembre de 1976. Cincuenta años después, su caso sigue siendo uno de los retratos más incómodos de la industria estadounidense: una maquinaria capaz de condenar públicamente a un escritor y, al mismo tiempo, seguir comprándole historias por la puerta de atrás.

Trumbo había sido uno de los guionistas mejor pagados de Hollywood. Durante los años cuarenta trabajó en películas como Kitty Foyle y Thirty Seconds Over Tokyo y llegó a situarse entre los profesionales más cotizados de su oficio. Todo cambió en 1947, cuando fue llamado a comparecer ante el Comité de Actividades Antiamericanas de la Cámara de Representantes, el famoso HUAC, en plena ofensiva contra la supuesta influencia comunista en la industria cultural estadounidense.

Trumbo había pertenecido al Partido Comunista estadounidense. No era precisamente un secreto. Lo que se negó a hacer fue responder ante el comité sobre sus ideas y, sobre todo, colaborar con una investigación que exigía identificar afinidades políticas y señalar a otros profesionales. Él y otros nueve cineastas acabaron formando el grupo conocido como los Diez de Hollywood.

Aquello tenía poco de discusión académica sobre ideología. Las carreras estaban en juego.

De los Diez de Hollywood a una prisión federal

Los diez fueron acusados de desacato al Congreso. Trumbo agotó sus recursos judiciales y en 1950 terminó entrando en una prisión federal de Kentucky, donde permaneció casi un año. Al salir se encontró con algo quizá más duradero que la propia condena: los estudios se negaban a contratarlo. Su apellido se había convertido en material radiactivo.

La llamada lista negra de Hollywood no funcionaba como una sentencia dictada por un tribunal que prohibiera formalmente escribir películas. Era más sutil y, en ciertos aspectos, más eficaz. Los grandes estudios acordaron no emplear a determinadas personas vinculadas o sospechosas de estar vinculadas al comunismo mientras no se retractaran o cooperasen. El resultado práctico era claro: sin contrato, sin crédito y, para muchos, sin carrera.

Trumbo vendió su casa y trasladó a su familia a México. Allí comenzó otra vida profesional. No abandonó el cine; lo escribió desde la clandestinidad.

La lista negra: un castigo privado con efectos públicos

El sistema tenía su propia ingeniería. Un guionista podía escribir una película y entregarla mediante otra persona, conocida como front, que prestaba su nombre. O podía utilizar un seudónimo. Los productores independientes obtenían así escritores de primer nivel a precios mucho más bajos, mientras todos procuraban que los grandes estudios y las organizaciones profesionales mirasen hacia otro lado.

En ese mercado paralelo, Trumbo trabajó con una productividad formidable. Diversos recuentos sitúan en torno a 30 los guiones escritos bajo seudónimo o sin reconocimiento público durante aquellos años. No todos pueden reconstruirse con idéntica seguridad porque, precisamente, el sistema estaba concebido para borrar rastros. Con el paso de las décadas se han corregido numerosos créditos correspondientes a películas realizadas durante la época de las listas negras.

Y había algo casi grotesco en la situación. Antes del veto, Trumbo podía cobrar decenas de miles de dólares por un guion. Durante la clandestinidad tuvo que aceptar cantidades muy inferiores. Hollywood no quería su nombre, pero seguía encontrando bastante útiles sus palabras.

Dos Oscar ganados mientras Hollywood ocultaba su nombre

El episodio de los Oscar convierte aquella persecución política en una historia que, contada como ficción, probablemente habría parecido demasiado obvia.

En 1953 se estrenó Vacaciones en Roma, dirigida por William Wyler y protagonizada por Audrey Hepburn y Gregory Peck. La película fue un enorme éxito y recibió diez nominaciones al Oscar. La historia original era de Dalton Trumbo, pero su nombre no podía aparecer. El crédito fue atribuido a Ian McLellan Hunter, que actuó como pantalla para el guionista represaliado.

La Academia premió precisamente aquella historia.

Trumbo había ganado un Oscar sin poder figurar como ganador. El hombre estaba borrado; el talento, curiosamente, no.

Vacaciones en Roma y un premio recuperado décadas después

La anomalía tardó casi cuarenta años en quedar corregida por completo. En diciembre de 1992, la Academia decidió modificar oficialmente sus registros y reconocer a Dalton Trumbo como autor de la historia de Vacaciones en Roma. Su viuda recibió la estatuilla de forma póstuma en mayo de 1993.

Todavía resulta más pintoresco lo ocurrido con The Brave One, estrenada en 1956. Trumbo escribió la historia utilizando el nombre Robert Rich. Cuando aquella obra ganó el Oscar en 1957, apareció un pequeño inconveniente: nadie encontraba al ganador.

Era difícil encontrarlo. Robert Rich era una invención.

El verdadero escritor seguía oficialmente vetado. La situación contribuyó a alimentar las sospechas de que detrás de aquel nombre había un autor de la lista negra. La Academia terminó reconociendo formalmente a Trumbo y le entregó la estatuilla correspondiente a The Brave One en 1975, un año antes de su muerte.

Había sucedido algo bastante incómodo para quienes defendían el sistema: el mismo Hollywood que consideraba a un hombre demasiado peligroso para incluirlo en unos créditos había decidido, dos veces, que sus historias estaban entre las mejores del año.

Espartaco y Éxodo rompieron el silencio en 1960

La lista negra comenzó a resquebrajarse a finales de los años cincuenta, pero 1960 fue decisivo para Trumbo.

Otto Preminger anunció públicamente que el guionista escribiría Éxodo. Al mismo tiempo, Kirk Douglas defendió que Trumbo apareciera con su verdadero nombre como guionista de Espartaco, la superproducción protagonizada por el propio Douglas y dirigida por Stanley Kubrick.

Ya no había Robert Rich. Ni intermediario. Ni un apellido prestado colocado sobre el trabajo de otro.

El nombre Dalton Trumbo volvió a una pantalla de cine.

Aquellas decisiones se consideran una parte esencial del derrumbe de la lista negra. El gesto de Kirk Douglas adquirió tal significado que décadas después continuó siendo recordado como uno de los momentos simbólicos de la restitución pública de Trumbo y de otros profesionales perseguidos.

No significó que todo el sistema desapareciera aquella misma noche ni que todas las víctimas recuperasen sus carreras. La persecución había atravesado más de una década y afectado a centenares de profesionales del cine, la televisión, la radio y otros ámbitos culturales. Algunas trayectorias nunca se recompusieron.

Trumbo tuvo una suerte distinta. Regresó abiertamente a su profesión y continuó escribiendo. Su nombre, el mismo que durante años había resultado impronunciable en los despachos de los estudios, terminó convertido en uno de los símbolos más reconocibles de aquella época.

El hombre que Hollywood quiso borrar y no pudo

La tentación de contar la historia de Dalton Trumbo únicamente como una brillante travesura contra Hollywood es comprensible. Trece identidades, guiones clandestinos y Oscar para personas inexistentes: tiene el ritmo de una comedia negra.

Pero debajo había algo bastante menos divertido.

La lista negra alteró vidas, expulsó profesionales del mercado laboral y convirtió las opiniones políticas y las relaciones personales en criterios para decidir quién podía trabajar. Trumbo pudo sortearla porque escribía rápido, tenía contactos, aceptó cobrar mucho menos y encontró productores dispuestos a correr riesgos. Otros no tuvieron esas salidas.

Tampoco fue un personaje sencillo convertido retrospectivamente en estampita. Fue militante comunista durante varios años, un hombre de fuertes convicciones políticas y un polemista formidable. Precisamente ahí reside la dimensión más incómoda del caso: la libertad de expresión tiene sentido cuando protege también ideas que incomodan, no únicamente las que resultan convenientes cuando cambia el clima político.

Su historia tampoco pertenece solo a la Guerra Fría. Habla de algo más reconocible: la distancia que puede existir entre el nombre colocado en una obra y quien realmente la creó, entre la reputación pública y el trabajo que continúa circulando debajo.

Hollywood intentó borrar a Dalton Trumbo de los créditos. Durante años lo consiguió. Lo que no consiguió fue impedir que siguiera escribiendo. Y dos veces, sin saber muy bien cómo admitirlo, terminó entregándole un Oscar.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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