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¿Cómo usa China cuarzo nacional para fabricar DRAM y depender menos?

China homologa cuarzo nacional para fabricar DRAM y da otro paso hacia la autosuficiencia, pero aún conserva dependencias críticas en la cadena.

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Foto: Chrihern / Wikimedia Commons — Trabajo propio, dominio público.

Resumen

  • China homologa cuarzo nacional para procesos de memoria DRAM
  • Pacific Quartz supera la validación, pero aún no suministra a gran escala
  • El país mantiene dependencias críticas en obleas y litografía avanzada

China acaba de retirar otra pequeña piedra del muro que todavía separa a su industria de semiconductores de una verdadera autosuficiencia. Jiangsu Pacific Quartz ha conseguido que productos de cuarzo de alta pureza fabricados a partir de materia prima propia superen la homologación de un fabricante chino capaz de producir memoria DRAM sobre obleas de 300 milímetros. No parece el avance más vistoso del mundo del chip —no hay nanómetros de récord ni una nueva GPU que enseñar en una vitrina—, pero toca uno de esos materiales discretos sin los que una fábrica multimillonaria simplemente se detiene.

Conviene poner la noticia en su sitio. China no ha eliminado su dependencia extranjera del cuarzo crítico para fabricar semiconductores, ni puede producir todavía toda la cadena de una oblea avanzada con materias primas nacionales. Lo conseguido es más concreto: una empresa china ha demostrado que su cuarzo purificado localmente cumple los requisitos necesarios para determinados componentes que trabajan dentro de las líneas de producción de DRAM. La propia Pacific Quartz ha advertido, además, de que superar la certificación no equivale a suministrar a gran escala.

China nacionaliza otra pieza de la fabricación de chips

Pacific Quartz no aparece de repente en este negocio. La compañía, fundada en 1992 y cotizada en la Bolsa de Shanghái desde 2014, lleva años fabricando arena de cuarzo de alta pureza, tubos, barras, lingotes, placas y otros componentes utilizados en semiconductores, fibra óptica y energía fotovoltaica. Su historial industrial incluye certificaciones para aplicaciones relacionadas con fabricantes de equipos como Tokyo Electron y Lam Research, dos nombres fundamentales en las fábricas modernas de chips.

El salto reciente consiste en haber llevado esa capacidad un poco más arriba en la cadena. Una serie de productos de cuarzo de alta pureza para tubos de horno, elaborados con arena producida y purificada por la propia Pacific Quartz, ha pasado la evaluación de un fabricante chino de memorias DRAM con producción a gran escala. El cliente no ha sido identificado públicamente.

Las miradas apuntan a ChangXin Memory Technologies, CXMT, el principal fabricante chino de DRAM, aunque por ahora debe tratarse como una atribución probable y no como una confirmación oficial. CXMT se ha convertido en uno de los pilares de la política china para reducir la dependencia tecnológica exterior y en 2025 alcanzó aproximadamente un 7,7 % del mercado mundial de DRAM, situándose como cuarto productor global, por detrás de Samsung, SK Hynix y Micron.

Por qué un simple tubo de cuarzo importa tanto

La palabra «cuarzo» puede evocar una piedra decorativa, una encimera o una tienda esotérica. En una fábrica de semiconductores el paisaje es bastante menos bucólico. Allí se emplea sílice extremadamente pura para fabricar tubos, soportes de obleas, cámaras, placas y otras piezas capaces de soportar temperaturas elevadísimas sin liberar contaminantes.

Pacific Quartz declara contenidos de dióxido de silicio del 99,995 % al 99,999 %, niveles que suelen expresarse como 4N5 y 5N. En fabricación electrónica, ese puñado de decimales es todo menos ornamental. Una concentración diminuta de hierro, sodio, aluminio u otros elementos puede contaminar una oblea, modificar propiedades eléctricas, provocar defectos microscópicos y reducir el número de chips aprovechables al final del proceso.

Los tubos de cuarzo aparecen, por ejemplo, en procesos de oxidación, difusión y tratamientos térmicos. Las obleas entran y salen de ellos durante etapas en las que temperatura, atmósfera y contaminación deben controlarse casi con obsesión. En una fábrica que procesa miles de obleas, una impureza diminuta acaba teniendo una traducción muy tangible: menos rendimiento industrial y más dinero tirado a la basura.

Ahí está el interés de la homologación. No significa que China haya inventado una nueva manera de fabricar DRAM; significa que puede sustituir otro consumible extranjero por uno producido dentro del país y, de paso, hacer más resistente su cadena de suministro.

El gran agujero sigue estando antes de fabricar el chip

Hay, sin embargo, una diferencia enorme entre producir cuarzo suficientemente limpio para ciertas piezas de una máquina y disponer del material necesario para fabricar las propias obleas de silicio sobre las que se construyen los transistores.

Antes de que una oblea de 300 mm llegue a una planta de DRAM debe existir un lingote de silicio monocristalino prácticamente perfecto. Uno de los métodos fundamentales para obtenerlo es el proceso Czochralski, en el que silicio extremadamente puro se funde dentro de un crisol de cuarzo y después se hace crecer lentamente un único cristal. De ese cilindro se cortarán más tarde las finísimas obleas.

Es un momento delicadísimo. El crisol está en contacto con silicio fundido a alta temperatura y cualquier contaminante puede incorporarse al cristal. No basta, por tanto, con presumir de muchos nueves tras la coma: hay que controlar concentraciones minúsculas de elementos concretos y conseguir que el material mantenga ese comportamiento de forma repetible durante la producción industrial.

Spruce Pine, la montaña que sigue dentro de casi todos los chips

Y aquí reaparece un lugar inesperado: Spruce Pine, en Carolina del Norte. Sus yacimientos contienen algunos de los depósitos naturales de cuarzo de mayor pureza conocidos y son la materia prima de productos utilizados para fabricar cuarzo fundido destinado, entre otras aplicaciones, a crisoles para semiconductores.

Las explotaciones de la zona siguen ocupando una posición extraordinaria en este mercado. Sibelco y The Quartz Corp., ambas con operaciones en Spruce Pine, se encuentran entre las compañías capaces de producir a escala económicamente viable algunas de las categorías más exigentes de cuarzo ultrapuro.

Esa concentración convierte una materia prima aparentemente vulgar en un pequeño cuello de botella geológico de la economía digital. Se pueden construir fábricas, formar ingenieros y diseñar memorias; crear durante unos cuantos años otro Spruce Pine resulta algo más complicado. La geología, por una vez, no responde demasiado bien a los planes quinquenales.

Pacific Quartz ha reducido la distancia, pero todavía no ha demostrado una sustitución completa del cuarzo extranjero utilizado en los crisoles más exigentes para crecer silicio semiconductor. De ahí que hablar de autosuficiencia china resulte prematuro.

El avance llega cuando CXMT acelera en memoria DRAM

El movimiento tampoco ocurre aislado. China está destinando enormes recursos a cerrar las brechas que permanecen abiertas en semiconductores, desde materiales y gases hasta maquinaria de litografía, memoria avanzada y equipos de fabricación.

CXMT es uno de los ejemplos más visibles. La compañía china ha aumentado rápidamente su presencia en DRAM y se ha convertido en un competidor que ya no puede despacharse como una curiosidad doméstica. En 2026 cerró además un acuerdo de suministro de memoria para servidores con Tencent por más de 20.000 millones de yuanes, cerca de 3.000 millones de dólares.

Su crecimiento coincide con un mercado en el que la inteligencia artificial ha disparado el valor estratégico de la memoria. La DRAM tradicional continúa siendo imprescindible en ordenadores y servidores, mientras que la HBM, memoria de gran ancho de banda, se ha convertido en una pieza crítica de los aceleradores utilizados para IA.

China sigue rezagada respecto a los líderes surcoreanos y estadounidenses en las versiones más sofisticadas de estas tecnologías, y las restricciones occidentales limitan su acceso a determinados equipos. A comienzos de septiembre seguía existiendo una fuerte dependencia china de sistemas de litografía DUV suministrados por compañías extranjeras y una brecha todavía mayor en EUV, la tecnología más avanzada controlada comercialmente por ASML.

Eso ayuda a entender por qué Pekín persigue incluso sustituciones que, observadas una a una, parecen menores. Un tubo de cuarzo no reemplaza una máquina de litografía; una máquina DUV nacional no resuelve por sí sola la fabricación de chips punteros; una memoria DRAM doméstica tampoco crea una cadena independiente. Pero cuando se suman materiales, equipos, químicos, diseño, encapsulado y fabricación, el mapa cambia poco a poco.

Menos dependencia, no independencia

La homologación de Pacific Quartz importa precisamente por eso. China ha sustituido otra pieza importada potencialmente vulnerable, ha demostrado que puede fabricar cuarzo nacional suficientemente limpio para trabajar directamente en procesos industriales de DRAM y ha ampliado el número de componentes de semiconductor que pueden obtenerse dentro de sus fronteras.

Tiene además una ventaja menos llamativa pero muy práctica. Los componentes de cuarzo son consumibles: sufren ciclos térmicos, contaminación y desgaste y deben sustituirse. Localizar esa producción puede reducir tiempos logísticos, facilitar reparaciones, contener costes y proteger las fábricas frente a posibles restricciones comerciales futuras. En una industria donde detener una línea puede costar fortunas, disponer de proveedores cercanos tiene un valor que no cabe en una simple ficha de pureza.

Pero el verbo correcto sigue siendo avanzar, no llegar. El salto desde tubos y piezas de cuarzo para equipos hasta los crisoles de máxima exigencia utilizados en la fabricación del silicio semiconductor es considerable. Spruce Pine continúa ocupando una posición excepcional y China mantiene dependencias relevantes en litografía y otros equipos críticos.

Una autosuficiencia que se construye grano a grano

La guerra tecnológica entre China y Estados Unidos suele contarse mediante procesadores de IA, sanciones, fábricas gigantescas y máquinas cuyo precio se mide en cientos de millones. Debajo de esa capa espectacular existe otra batalla mucho menos fotogénica: arena, gases, resinas, lentes, químicos, tubos y crisoles.

El cuarzo de Pacific Quartz pertenece a esa segunda guerra industrial. China todavía no controla toda la cadena necesaria para fabricar memoria DRAM sin apoyarse en proveedores extranjeros, pero acaba de demostrar que una parte más puede producirse dentro del país con calidad suficiente para superar una homologación exigente.

No es la autosuficiencia. Tampoco es un detalle menor. En los semiconductores, el dominio tecnológico se parece menos a conquistar una cima que a cerrar centenares de pequeñas fugas en una tubería gigantesca. China acaba de sellar una más; el cuarzo ultrapuro de los crisoles, la litografía avanzada y otros cuellos de botella siguen abiertos.

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Fundador de DonPorqué y curioso empedernido. Escribe sobre tecnología, viajes, gastronomía, cultura y todo lo que le genera una pregunta con un buen «¿por qué?» detrás. En su tiempo libre es aficionado a los casinos online y aprovecha esa experiencia para compartir análisis y recomendaciones sobre el sector del iGaming.