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Economía

¿Por qué cae la producción saudí a mínimos que no se veían desde 1990?

Arabia Saudí declara su menor producción de petróleo desde 1990, con el Brent por encima de 100 dólares y nuevas tensiones en Oriente Próximo

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la producción de crudo saudí

Resumen

  • Arabia Saudí declaró 6,238 millones de barriles diarios en agosto
  • Es su nivel de producción comunicado más bajo desde 1990
  • El Brent supera los 100 dólares entre problemas de exportación y guerra

Arabia Saudí ha comunicado a la OPEP que su producción de crudo cayó en agosto hasta 6,238 millones de barriles diarios, el nivel más bajo declarado por el reino desde 1990. El descenso es enorme: supone alrededor de 1,9 millones de barriles diarios menos respecto al mes anterior y llega en un momento especialmente delicado para las rutas energéticas de Oriente Próximo.

La consecuencia se ha dejado sentir en los mercados. El barril de Brent llegó a superar los 107 dólares antes de corregir parte de la subida, pero continúa por encima de la barrera psicológica de los 100 dólares. No se trata únicamente de cuánto petróleo permanece bajo el desierto saudí —que sigue siendo muchísimo—, sino de algo bastante más inmediato: cuánto puede extraerse, transportarse y venderse cuando las principales salidas marítimas de la región sufren una presión creciente.

Arabia Saudí produce 6,238 millones de barriles diarios

La cifra comunicada directamente por Riad a la secretaría de la OPEP es particularmente llamativa porque devuelve la producción saudí a niveles asociados a otro tiempo. En 1990, la invasión iraquí de Kuwait estaba transformando el Golfo Pérsico en uno de los grandes escenarios geopolíticos de finales del siglo XX.

Más de tres décadas después, el petróleo vuelve a encontrarse atrapado entre conflictos militares, rutas marítimas inseguras y ataques contra infraestructuras. La comparación histórica resulta inevitable, aunque las causas de ambos episodios sean distintas.

La producción saudí había comenzado a recuperarse después de las fuertes alteraciones sufridas durante el conflicto regional. Esa recuperación se interrumpió bruscamente en agosto. Los datos preliminares de seguimiento de petroleros indican que las exportaciones de crudo también cayeron aproximadamente un tercio, hasta situarse alrededor de los 3 millones de barriles diarios.

La OPEP maneja dos cifras muy diferentes

Hay, sin embargo, una precisión importante. La OPEP no trabaja únicamente con los números remitidos por cada gobierno. También utiliza estimaciones de consultoras, agencias especializadas y otras denominadas fuentes secundarias. Esas mediciones calculan que Arabia Saudí produjo en agosto unos 7,276 millones de barriles diarios, bastante más que los 6,238 millones declarados directamente por Riad.

La diferencia supera el millón de barriles diarios y no es precisamente una nota al pie. Refleja distintos métodos de medición y obliga a leer con cautela una caída que, aun así, encuentra respaldo en el acusado descenso de las exportaciones saudíes.

Ese desplome tampoco significa que los grandes yacimientos del reino se estén agotando ni que Arabia Saudí haya perdido de repente millones de barriles de capacidad. El problema tiene mucho más que ver con las restricciones operativas y comerciales causadas por la inestabilidad regional y las dificultades para sacar el crudo hacia los mercados internacionales.

Arabia Saudí conserva una de las mayores capacidades petroleras del planeta y mantiene un papel central dentro de la OPEP+. Lo excepcional es que el país que durante décadas ha funcionado como una especie de amortiguador del mercado mundial también esté teniendo dificultades para colocar sus barriles. Tener petróleo bajo el suelo sirve de bastante poco cuando embarcarlo empieza a convertirse en una operación de alto riesgo.

Riad podría estar utilizando petróleo almacenado

Hay otro número especialmente revelador. Arabia Saudí comunicó a la OPEP que durante agosto suministró al mercado aproximadamente 7,122 millones de barriles diarios, pese a haber declarado una producción de solo 6,238 millones.

La aparente contradicción tiene una explicación bastante terrenal: el suministro al mercado puede incluir petróleo extraído previamente y almacenado. La diferencia entre ambas cifras sugiere que el reino habría utilizado parte de sus inventarios para sostener las entregas mientras la producción efectiva permanecía deprimida.

No sería algo extraordinario en sí mismo. Los inventarios existen precisamente para amortiguar perturbaciones temporales. La inquietud aparece cuando esas alteraciones se prolongan. Un depósito permite ganar tiempo; no puede producir barriles indefinidamente.

Ormuz y Bab el Mandeb vuelven al centro del mercado

Uno de los grandes cuellos de botella continúa siendo el estrecho de Ormuz, la estrecha franja marítima situada entre Irán y Omán por donde tradicionalmente ha circulado una enorme cantidad del petróleo exportado desde el Golfo Pérsico.

La guerra y los enfrentamientos en la región han reducido el tráfico habitual y elevado el riesgo para petroleros, navieras y aseguradoras. El mercado del crudo tiene una peculiaridad bastante antipática: puede encarecerse mucho antes de que desaparezcan físicamente los barriles. Basta con que compradores y operadores teman una futura interrupción del suministro.

A esa tensión se ha añadido el frente de Yemen. Los hutíes, respaldados por Irán, han intensificado sus operaciones y han atacado objetivos e infraestructuras saudíes. Varias instalaciones energéticas han sufrido daños y decenas de personas han resultado heridas durante esta nueva escalada.

La toma del estratégico puerto yemení de Moca vuelve a colocar bajo presión el tráfico próximo al estrecho de Bab el Mandeb, otra arteria fundamental entre el océano Índico, el mar Rojo y el canal de Suez. Arabia Saudí se encuentra así con problemas en dos de las grandes puertas marítimas de su petróleo: una al este y otra al oeste.

El petróleo vuelve a instalarse por encima de 100 dólares

El mercado reaccionó con rapidez. El Brent superó los 107 dólares por barril durante la escalada antes de retroceder, aunque se ha mantenido claramente por encima de los 100 dólares. El movimiento refleja una mezcla incómoda de escasez potencial, mayores costes logísticos y miedo a nuevas interrupciones.

Detrás no está únicamente Arabia Saudí. Las dificultades para transportar crudo a través del Golfo, las restricciones sobre las exportaciones iraníes y los ataques contra buques están alterando el funcionamiento normal del mercado. Cada viaje puede resultar más caro de asegurar, tardar más o exigir rutas alternativas.

La paradoja es evidente. La OPEP+ llevaba meses debatiendo cómo devolver barriles al mercado después de años de recortes voluntarios. El grupo había aumentado progresivamente sus objetivos de producción y el 6 de septiembre decidió mantener para octubre los niveles previstos para septiembre.

Sobre el papel hay cuotas, objetivos y capacidad. En el mar, la situación es bastante menos ordenada. Una decisión de la OPEP+ puede fijar el número de barriles que un país pretende producir, pero no garantiza que esos barriles logren llegar al comprador si una guerra altera puertos, oleoductos y corredores marítimos.

Por qué el desplome saudí importa también a Europa

El petróleo funciona como una enorme cinta transportadora que atraviesa prácticamente toda la economía. Cuando sube el crudo, el primer impacto suele aparecer en gasolina, diésel, queroseno y transporte. Después comienza a filtrarse hacia mercancías, agricultura, industria y logística.

Europa es especialmente sensible porque importa buena parte de la energía que consume. España dispone de una red de refino diversificada y puede comprar petróleo a numerosos proveedores, pero eso no la aísla del precio internacional del Brent, que actúa como referencia para buena parte del mercado europeo.

Un barril situado persistentemente por encima de los 100 dólares puede alimentar otra vez la inflación energética. No hace falta que el precio permanezca en máximos históricos: basta con que la energía siga cara durante semanas para empezar a trasladarse a costes empresariales, transporte y determinados precios de consumo.

También aumenta la presión sobre la aviación y el transporte por carretera. Ese es el verdadero riesgo económico: no tanto una sesión espectacular en las pantallas de los mercados como varias semanas o meses de petróleo caro extendiéndose lentamente por la economía real.

El problema no está bajo tierra, sino alrededor del petróleo

Durante décadas, Arabia Saudí ha ocupado una posición excepcional en el sistema energético mundial. Muchos productores extraen prácticamente todo lo que pueden; Riad, en cambio, ha conservado históricamente una importante capacidad de producción disponible que podía movilizar cuando faltaba oferta en otros lugares.

De ahí que cualquier problema saudí genere más nerviosismo que una interrupción equivalente en otro país. El mercado no solo pierde barriles: empieza también a preguntarse con qué facilidad podrían sustituirse esos barriles si la crisis se prolonga.

La situación evidencia igualmente los límites de la OPEP+. El grupo puede cambiar cuotas, aplazar aumentos o prometer estabilidad, pero tiene mucha menos capacidad para controlar una guerra, proteger todos los petroleros o impedir que drones y misiles alcancen infraestructuras energéticas. La geopolítica ha vuelto a sentarse en la mesa y, como acostumbra, no presta demasiada atención a los calendarios de producción.

Los 6,238 millones de barriles diarios declarados por Arabia Saudí son una fotografía extraordinaria, aunque no una sentencia sobre el futuro de sus reservas. El reino no ha regresado tecnológicamente a 1990 ni sus gigantescos campos petrolíferos han desaparecido de repente.

Lo que sí ha regresado es un riesgo muy reconocible: el del Golfo convertido otra vez en un escenario donde una decisión militar puede viajar medio mundo transformada en unos céntimos más por litro. La producción saudí se encuentra en su nivel declarado más bajo desde 1990, las exportaciones han sufrido una fuerte caída, Riad parece haber recurrido parcialmente a sus inventarios de crudo y el Brent permanece por encima de los 100 dólares.

Arabia Saudí conserva el petróleo. El problema, esta vez, es conseguir que salga del desierto, llegue al barco y alcance su destino.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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