Síguenos

Actualidad

¿Qué pasó en El Regato? Brutal paliza a un hostelero dentro del bar

Una despedida de soltero en El Regato terminó con un hostelero y un amigo heridos tras impedir que varios invitados entrasen en la barra del local.

Foto del avatar

Publicado

el

Apalean a un hostelero en su bar

Resumen

  • Una despedida de soltero acabó con dos hombres heridos en El Regato
  • El hostelero fue golpeado tras impedir que varios invitados pasaran a la barra
  • Henry fue atendido en Cruces y sufrió cortes, golpes y un dedo roto

Una despedida de soltero terminó el pasado fin de semana con una brutal agresión a un hostelero y a un amigo suyo en El Regato, barrio de Barakaldo, en Bizkaia. Henry, propietario de varios establecimientos de hostelería, asegura que el conflicto comenzó cuando pidió al novio y a varios integrantes del grupo que no entrasen en la zona de la barra, reservada al personal.

La advertencia, algo rutinario en cualquier bar o restaurante, derivó en violencia. Según el relato del hostelero, le agarraron del cuello y comenzaron a golpearle. Su amigo también fue atacado. Lo que hasta entonces debía ser una celebración acabó convertido en una escena de golpes, cristales y dos personas heridas. Una despedida de soltero, sí; aunque a esas alturas la palabra «fiesta» había perdido bastante el sentido.

La petición de no entrar en la barra desató el altercado

Henry es natural de Perú y lleva trece años viviendo en el País Vasco. Regenta un grupo hostelero con negocios en Bilbao y en distintas localidades vizcaínas, entre ellas Barakaldo. En todo ese tiempo, afirma, nunca había sufrido un episodio semejante dentro de uno de sus establecimientos.

El incidente ocurrió en uno de sus negocios de El Regato, una zona de Barakaldo conocida precisamente por su entorno tranquilo y sus establecimientos de restauración. Allí se encontraba celebrando una despedida de soltero un grupo formado por el novio y varios invitados.

El problema surgió cuando algunos de ellos intentaron acceder al interior de la barra. Henry intervino para impedirlo. No era una discusión sobre una copa mal servida ni una cuenta discutida: simplemente pidió que respetasen el espacio reservado a los trabajadores.

A partir de ahí, siempre según la versión del hostelero, la situación se descontroló.

Del forcejeo a una paliza con vasos y botellas

La agresión no quedó en un empujón aislado. Los testimonios publicados sobre el episodio describen golpes y lanzamiento de vasos, con cristales que terminaron provocando heridas a los trabajadores. Uno de los afectados sufrió cortes y tuvo que recibir asistencia médica, mientras que otro necesitó 14 puntos de sutura por una de las lesiones.

Henry relata que fue sujetado por el cuello y golpeado cuando trataba de frenar la entrada de los clientes en la barra. Él y su acompañante acabaron necesitando atención sanitaria. La frontera entre una discusión y una agresión grave se cruzó en cuestión de instantes.

Henry acabó en el Hospital de Cruces

El hostelero fue trasladado al Hospital Universitario de Cruces, donde fue atendido por los daños sufridos. La información publicada posteriormente señala cortes, restos de vidrio incrustados en la piel, un dedo roto y una fuerte inflamación en el rostro como consecuencia de los golpes. Cuatro días después del suceso todavía continuaba recuperándose.

La agresión también ha dejado otro tipo de huella. Tras recibir el alta, Henry decidió marcharse unos días acompañado de su mujer, afectada por lo sucedido. No es difícil entenderlo: abrir un negocio implica asumir horarios interminables, proveedores, facturas y clientes difíciles. Que te apaleen por pedir que nadie invada la barra no suele figurar en el plan de empresa.

Una despedida de soltero que terminó en el hospital

El episodio vuelve a colocar bajo el foco los excesos que pueden rodear algunas celebraciones colectivas cuando el alcohol, la euforia y la sensación de impunidad se mezclan demasiado. Una despedida de soltero no explica por sí sola lo ocurrido ni convierte a quienes participan en ella en responsables de nada; en este caso concreto, lo relevante son las conductas atribuidas a varios integrantes del grupo.

Según las primeras informaciones difundidas, algunos asistentes también habían protestado cuando los trabajadores comenzaron a retirarles las copas y durante el altercado llegaron a arrojar vasos contra el personal. La discusión fue escalando hasta terminar con los dos hombres heridos.

El matiz importa. No fue una pelea entre dos grupos que buscaban enfrentarse ni una discusión surgida en la calle. Los afectados estaban trabajando —o vinculados al establecimiento— y el origen del conflicto fue una intervención para mantener el control dentro del propio local.

El miedo después de los golpes

Henry ha explicado que nunca había vivido algo parecido desde que se instaló en Euskadi. Su deseo tras lo ocurrido es bastante menos épico de lo que quizá esperarían quienes convirtieron una celebración en una batalla improvisada: simplemente espera que los agresores no vuelvan a su establecimiento.

Para un hostelero, el local no es solamente el lugar donde se sirven cafés o se recogen platos. Son horas de trabajo, empleados, clientes habituales, cajas que cuadrar y persianas que hay que volver a levantar al día siguiente. Cuando una agresión ocurre dentro del negocio, la sensación de inseguridad permanece incluso cuando los cristales ya han desaparecido del suelo.

El caso de El Regato resulta especialmente llamativo por la aparente desproporción entre el detonante y la respuesta. Pedir que un cliente no pase detrás de una barra forma parte de las reglas más elementales de cualquier establecimiento. Responder a esa indicación con violencia convierte una incidencia cotidiana en un suceso de mucha mayor gravedad.

Una noche que deja algo más que heridas

Henry continúa recuperándose después de una noche que difícilmente olvidará. Llegó al País Vasco desde Perú hace trece años, levantó su actividad en la hostelería y asegura que jamás había atravesado una situación semejante. El pasado fin de semana bastaron unos minutos para cambiar esa tranquilidad por una agresión.

La celebración terminó con dos hombres heridos, atención hospitalaria y un propietario todavía tratando de asimilar por qué una petición tan sencilla pudo desencadenar semejante reacción. El novio tendría una despedida preparada. Henry, desde luego, también acabó despidiéndose de algo aquella noche: de la idea de que detrás de la barra de su propio negocio estaba a salvo.

Newsletter

Fundador de DonPorqué y curioso empedernido. Escribe sobre tecnología, viajes, gastronomía, cultura y todo lo que le genera una pregunta con un buen «¿por qué?» detrás. En su tiempo libre es aficionado a los casinos online y aprovecha esa experiencia para compartir análisis y recomendaciones sobre el sector del iGaming.