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¿De qué murió Emma Bonino? Qué se sabe de su muerte a los 78 años
Emma Bonino fallece a los 78 años tras una crisis respiratoria. Su muerte cierra medio siglo de luchas políticas, civiles y europeístas en Italia.

Foto: World Economic Forum / Youssef Meftah / Wikimedia Commons — Flickr, imagen editada digitalmente, CC BY-SA 2.0.
Resumen
- Emma Bonino ha muerto a los 78 años tras una grave crisis respiratoria
- No se ha comunicado una causa médica definitiva de su fallecimiento
- Su legado abarca medio siglo de política, derechos civiles y europeísmo
Emma Bonino ha muerto este viernes, 11 de septiembre de 2026, a los 78 años. El fallecimiento de la histórica dirigente radical italiana ha sido comunicado por +Europa, el partido que contribuyó a fundar y del que fue durante años una de sus grandes referencias públicas. Su muerte llega después de varios días especialmente delicados por un grave empeoramiento de su función respiratoria que había obligado a hospitalizarla en Roma.
Por el momento, no se ha comunicado oficialmente una causa médica concreta de la muerte. Lo que sí está confirmado es la secuencia de los últimos días: Bonino sufrió el lunes 7 de septiembre una crisis respiratoria, fue trasladada en código rojo al hospital Santo Spirito de Roma e ingresó en cuidados intensivos. Permaneció consciente y vigilada estrechamente por los médicos. El jueves salió de la UCI y fue trasladada a una estructura privada, aunque su situación seguía siendo considerada delicada. Apenas un día después se ha conocido su fallecimiento.
Emma Bonino muere tras varios días de problemas respiratorios
La evolución había dado alguna señal aparentemente favorable. Durante su ingreso en el Santo Spirito, los partes médicos indicaban que Bonino permanecía lúcida y consciente, con parámetros cardiocirculatorios y respiratorios que permitían mantener cierta estabilidad dentro de un cuadro serio.
Tras una consulta entre su médico Claudio Santini y los especialistas del hospital romano, se decidió que abandonara la terapia intensiva. El traslado se produjo el jueves 10 de septiembre. La familia pidió entonces máxima discreción sobre el centro privado en el que continuaría recibiendo asistencia.
No era, sin embargo, una recuperación completa. El último parte seguía utilizando una palabra bastante menos tranquilizadora que cualquier alta hospitalaria: “delicada”. La salida de la UCI respondía a una decisión médica sobre el tipo de cuidados que necesitaba, no a que los problemas hubieran desaparecido.
Qué se sabe de la causa de la muerte de Emma Bonino
Conviene separar aquí los hechos de las conjeturas, algo especialmente importante durante las primeras horas de una noticia de esta magnitud. Bonino había sido ingresada por una crisis respiratoria y un empeoramiento de su función pulmonar, pero hasta el momento de anunciarse su fallecimiento +Europa no había detallado una causa clínica definitiva.
Tampoco existe base para afirmar que su muerte se debiera a una recaída del cáncer que padeció durante años. Bonino hizo público en 2015 que le habían diagnosticado un microcitoma en el pulmón izquierdo, un cáncer pulmonar de células pequeñas que requirió un largo tratamiento. En octubre de 2023 anunció que, después de ocho años, había superado la enfermedad.
Después sufrió otros problemas de salud. En octubre de 2024 tuvo que ser hospitalizada por dificultades respiratorias. Volvió a ingresar a finales de 2025 por una insuficiencia respiratoria; entonces los médicos descartaron una recidiva del tumor y atribuyeron aquel episodio a otro problema clínico.
Por eso, con la información disponible este 11 de septiembre, lo riguroso es decir que Emma Bonino murió después de una grave crisis respiratoria, sin convertir esa cronología en un diagnóstico que sus médicos o su familia no habían hecho público.
Del aborto clandestino a la primera línea de los derechos civiles
Emma Bonino había nacido el 9 de marzo de 1948 en Bra, una localidad de la provincia piamontesa de Cuneo. Su biografía política resulta difícil de separar de la historia de los derechos civiles en la Italia contemporánea.
Se incorporó al Partido Radical en 1975, en los años en los que Marco Pannella convirtió una formación pequeña en una extraordinaria máquina de agitación política, referendos, campañas públicas y desobediencia civil. Bonino encontró allí su sitio. O, mejor dicho, se lo fabricó.
Participó en la creación del Centro de Información sobre Esterilización y Aborto y se implicó directamente en la lucha para cambiar una legislación que empujaba a miles de mujeres italianas hacia el aborto clandestino. Aquella militancia llegó a costarle un arresto.
En 1976, con solo 28 años, entró por primera vez en la Cámara de Diputados. Desde entonces su nombre apareció una y otra vez en las grandes discusiones italianas sobre aborto, derechos reproductivos, objeción de conciencia, drogas, laicidad del Estado o libertad individual.
No fue una política especialmente cómoda. Ni pretendió serlo. En un país donde la Democracia Cristiana, el Partido Comunista y sus enormes aparatos ocupaban casi todo el tablero, los radicales italianos jugaban desde los márgenes y obligaban a mirar allí donde las instituciones preferían bajar la persiana.
Una radical dentro de las instituciones
La paradoja acompañó a Bonino durante medio siglo: una dirigente nacida políticamente en la desobediencia terminó ocupando algunas de las instituciones más importantes de Italia y Europa.
Fue diputada en numerosas legislaturas, eurodiputada y senadora. Entre 2008 y 2013 ejerció como vicepresidenta del Senado italiano. Antes, durante el segundo Gobierno de Romano Prodi, había sido ministra de Comercio Internacional y responsable de Políticas Europeas.
Su cargo institucional más visible en Italia llegó en abril de 2013, cuando Enrico Letta la nombró ministra de Asuntos Exteriores. Permaneció al frente de la diplomacia italiana hasta febrero de 2014.
Bonino nunca encajó del todo en el molde tradicional de los grandes partidos. Liberal en unas materias, radicalmente libertaria en otras, profundamente europeísta y partidaria de una integración política mucho mayor dentro de la Unión Europea, su mapa ideológico cruzaba fronteras que en la política italiana suelen presentarse como muros.
Eso tuvo un precio electoral. También una ventaja: durante décadas pudo defender posiciones políticas poco convencionales que no dependían demasiado del viento de cada legislatura.
Europa, los derechos humanos y la pena de muerte
Su dimensión internacional fue probablemente tan importante como su carrera italiana. En 1979 entró por primera vez en el Parlamento Europeo y posteriormente desarrolló buena parte de su actividad política en Bruselas.
En la década de 1990 fue nombrada comisaria europea, con competencias que incluyeron pesca, política de consumidores y ayuda humanitaria. No entendió el cargo como un despacho confortable. Viajó a zonas de conflicto y utilizó su posición para denunciar la respuesta internacional ante algunas de las grandes crisis humanitarias de la época, desde los Balcanes hasta Ruanda.
También participó durante años en las campañas para crear una Corte Penal Internacional, combatir las mutilaciones genitales femeninas y conseguir una moratoria mundial sobre la pena de muerte. Fue una de las impulsoras de organizaciones dedicadas a la defensa internacional de los derechos humanos.
Ahí estaba quizá la Bonino más reconocible: una mujer de baja estatura, voz inconfundible y una obstinación bastante poco diplomática defendiendo que los derechos humanos no podían detenerse en una frontera porque un Gobierno considerase incómodo hablar de ellos.
Su europeísmo siguió intacto cuando esa palabra empezó a cotizar bastante menos en las urnas. En 2017 participó en la creación de +Europa, una formación liberal, federalista y europeísta con la que volvió al Senado en las elecciones de 2018.
El cáncer de pulmón que anunció en 2015
Emma Bonino tampoco escondió su enfermedad. En enero de 2015 comunicó públicamente que los médicos habían detectado un tumor localizado en su pulmón izquierdo. Explicó que tendría que someterse a quimioterapia y reorganizar su vida alrededor del tratamiento, pero dejó claro que no pensaba abandonar la política.
El diagnóstico era un cáncer pulmonar de células pequeñas o microcitoma, una enfermedad agresiva. Los tratamientos se prolongaron durante años. Los turbantes que comenzó a utilizar durante la quimioterapia terminaron convirtiéndose, de manera casi involuntaria, en una imagen asociada a aquella etapa.
En octubre de 2023 dio una noticia largamente esperada: afirmó que el tumor había desaparecido después de ocho años de tratamiento. Su salud, pese a ello, continuó siendo frágil y los problemas respiratorios obligaron posteriormente a varios ingresos hospitalarios.
Uno de ellos ocurrió a finales de 2025. Fue trasladada de urgencia al Santo Spirito y posteriormente al San Filippo Neri de Roma. Los médicos descartaron entonces que el episodio fuese consecuencia de una recidiva oncológica. Tras aproximadamente una semana regresó a casa.
Este septiembre la historia se repitió, pero con otro desenlace.
Una figura que desbordó a su propio partido
Reducir a Emma Bonino a su currículo institucional sería explicar bastante poco. Durante casi medio siglo fue una de esas figuras que provocaban adhesiones intensas y rechazos igualmente intensos, algo bastante lógico cuando se pasa la vida entrando en asuntos sobre los que una sociedad preferiría no discutir. Los derechos civiles fueron siempre una de sus grandes trincheras.
Fue feminista cuando la palabra aún llevaba aparejada una considerable factura política. Defendió el derecho al aborto cuando en Italia hacerlo podía acabar ante un juez. Combatió la pena de muerte fuera de Europa, pidió tribunales internacionales para perseguir crímenes de guerra y defendió una Europa federal cuando buena parte de la política nacional regresaba hacia las fronteras.
También cometió errores, perdió elecciones, sufrió fracturas internas y tuvo una relación turbulenta con Marco Pannella, compañero de décadas de militancia radical. No construyó una gran organización alrededor de su figura ni dejó un partido capaz de competir con las principales fuerzas italianas. Su influencia fue de otra naturaleza.
Hay políticos que cambian gobiernos. Otros modifican el vocabulario con el que un país discute sus problemas. Bonino perteneció sobre todo a la segunda especie.
La huella de una política incómoda
La muerte de Emma Bonino hace desaparecer de golpe a una de las últimas protagonistas de aquella generación radical que entendía la política casi como un ejercicio físico: manifestaciones, huelgas de hambre, recogidas de firmas, referendos, tribunales, radios, parlamentos. Mucha calle y poca solemnidad.
Su trayectoria recorrió cinco décadas de historia italiana, desde las batallas por el aborto de los años setenta hasta la discusión contemporánea sobre el futuro de la Unión Europea. Entre medias hubo ministerios, Bruselas, guerras, derrotas electorales, un cáncer y una capacidad poco común para regresar al debate público.
Sus adversarios no tuvieron pocas razones para discutir con ella; sus seguidores tampoco dejaron de discutir entre ellos. Era parte del paisaje radical. Pero resulta mucho más difícil discutir una evidencia: Emma Bonino ayudó a colocar los derechos civiles, la libertad individual y los derechos humanos en el centro de debates que durante años parecían destinados a permanecer en los márgenes.
Ha muerto a los 78 años después de una última crisis respiratoria. La causa médica definitiva no había sido detallada en el momento de comunicarse el fallecimiento. Queda, en cambio, bastante claro el tamaño político de la ausencia.












