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Economía

¿Qué ocurrió en Arcelor Gijón tras la explosión de su horno alto A?

Una explosión en el horno alto A de ArcelorMittal en Gijón obligó a detener la instalación. No hubo heridos y el rearranque se prevé para el sábado.

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hornos acelor en gijon

Foto: Borvan53 / Wikimedia Commons — Trabajo propio, CC BY-SA 4.0.

Resumen

  • Una explosión obligó a detener el horno alto A de ArcelorMittal en Gijón
  • No hubo heridos pese a que unas 50 personas trabajaban en la instalación
  • La empresa prevé reactivar el horno el sábado 12 tras completar las reparaciones

Una fuerte explosión en el horno alto A de ArcelorMittal en Gijón obligó a detener de emergencia la instalación, pero el accidente terminó sin heridos. El suceso se produjo el miércoles 9 de septiembre en la factoría de Veriña y afectó a la plataforma de toberas. La compañía atribuye provisionalmente el episodio a una vaporización súbita, mientras continúa examinando qué la provocó exactamente.

El balance pudo ser bastante peor. En el horno trabajaban alrededor de 50 personas, aunque ninguna se encontraba en el punto concreto alcanzado por la explosión. Los daños materiales han sido calificados como limitados y, tras las primeras inspecciones y reparaciones, ArcelorMittal confía en poder rearrancar el horno A el sábado 12 de septiembre. El horno alto B, entretanto, continúa funcionando con normalidad.

Una explosión en una de las zonas más sensibles del horno

El accidente se produjo en torno a las 9:30 horas. La detonación se localizó en el entorno de la plataforma de toberas, una parte esencial del horno alto: por estas conducciones se introduce el aire caliente necesario para alimentar el proceso de combustión y mantener las temperaturas extremas con las que se fabrica el arrabio.

Según la explicación facilitada por la empresa, se produjo una vaporización repentina en un elemento estructural de esa plataforma. En las primeras horas aparecieron distintas referencias a una posible liberación de vapor o gas, pero la investigación todavía debe determinar el origen técnico preciso del incidente. Conviene separar ambas cosas: una es la descripción inicial del fenómeno y otra, bastante más complicada, saber por qué ocurrió.

La sacudida fue suficientemente importante como para activar el protocolo de parada del horno. No se registraron daños personales y tampoco se han comunicado desperfectos de gran envergadura. Aun así, en una instalación de este tamaño, hablar de daños “limitados” no convierte una explosión en una anécdota industrial. El estruendo sigue siendo el estruendo.

Unos 50 trabajadores estaban en la instalación

En el momento del accidente había aproximadamente medio centenar de trabajadores desarrollando su actividad en el horno alto A. La circunstancia decisiva fue que ninguno estaba situado en el lugar directamente afectado cuando se produjo la explosión.

Ahí está la parte inquietante del episodio. No hubo víctimas, pero no porque una detonación dentro de un horno alto sea inocua. Simplemente, el punto afectado estaba libre de personal en ese momento. De ahí que entre trabajadores y representantes sindicales haya quedado la sensación de que las consecuencias podrían haber sido muy distintas con apenas otro reparto de personas y tareas dentro de la instalación.

La secuencia posterior fue inmediata: parada de emergencia, aislamiento del área, comprobaciones técnicas y evaluación de los elementos dañados. Primero la seguridad; después, la producción. En una siderurgia no hay demasiado margen para invertir ese orden.

ArcelorMittal prevé arrancar de nuevo el horno el sábado

La primera estimación hablaba de una parada de entre 24 y 48 horas, sujeta al resultado de las inspecciones. La previsión se ha concretado este jueves: ArcelorMittal trabaja para volver a poner en marcha el horno alto A alrededor del sábado 12 de septiembre, una vez terminadas las reparaciones y realizadas las comprobaciones necesarias.

Eso apunta, al menos con la información disponible, a que la explosión no habría causado daños estructurales graves capaces de mantener paralizada la instalación durante un periodo prolongado. La empresa está reparando las zonas afectadas mientras prepara simultáneamente las operaciones necesarias para el rearranque.

No significa que baste con pulsar un botón. Un horno alto es una instalación de funcionamiento continuo y enorme inercia térmica. Detenerlo, estabilizarlo y volver a levantar su régimen de producción exige controlar temperaturas, presiones, alimentación y numerosas variables de seguridad. Son auténticas catedrales industriales, solo que el altar trabaja a más de mil grados.

El horno alto B continúa funcionando

La factoría gijonesa dispone de dos altos hornos, el A y el B, y el segundo ha continuado operativo con normalidad. Esto reduce el impacto de la parada y evita que el accidente implique automáticamente la detención completa de la cabecera siderúrgica de Veriña.

Ambas instalaciones son fundamentales en el proceso tradicional de producción. En ellas se obtiene el arrabio, hierro líquido con un elevado contenido de carbono que posteriormente pasa por otras fases hasta convertirse en acero.

Por eso una incidencia en un alto horno nunca es un asunto menor desde el punto de vista productivo. Es una de las piezas que están al principio de toda la cadena siderúrgica; cuando se detiene, el resto de la fábrica tiene que acomodarse a ese paréntesis.

El accidente llega durante la transformación de la planta de Gijón

La explosión se produce, además, en un momento particularmente delicado para ArcelorMittal Asturias. La siderúrgica está inmersa en la transformación de sus procesos para reducir emisiones y avanzar hacia una producción con menor huella de carbono.

En Gijón se encuentra en fase avanzada el proyecto del nuevo horno eléctrico, llamado a desempeñar un papel importante en esa transición. Su entrada en servicio estaba prevista inicialmente para el segundo semestre de 2026, aunque la compañía todavía no ha comunicado una fecha definitiva para su puesta en funcionamiento.

Durante ese tránsito, los altos hornos tradicionales continúan siendo esenciales. La paradoja industrial resulta bastante evidente: mientras se construye el sistema destinado a sustituir parte de la siderurgia clásica, las grandes instalaciones que llevan décadas produciendo acero tienen que seguir trabajando de forma fiable. Viejo y nuevo conviven durante un tiempo, y no precisamente en silencio.

La investigación deberá aclarar por qué se produjo la vaporización

La cuestión pendiente es el origen exacto de la explosión. ArcelorMittal mantiene abierta la investigación y las informaciones conocidas hasta el momento permiten identificar dónde se produjo el fenómeno y su naturaleza inicial, pero no establecer todavía toda la cadena causal.

Determinarla resulta especialmente importante porque una vaporización súbita puede estar vinculada a distintos factores en un entorno sometido a temperaturas extremas. Será el análisis técnico de la estructura dañada, de las condiciones del horno y de lo ocurrido inmediatamente antes de la detonación el que permita reconstruir el episodio sin convertir hipótesis tempranas en certezas.

Lo comprobado es más sencillo: hubo una explosión en la plataforma de toberas del horno alto A de Veriña, la instalación se paró, no hubo heridos y el horno B permaneció en funcionamiento. Los desperfectos son reparables según las primeras evaluaciones y la siderúrgica prepara el regreso a la actividad.

Un accidente sin víctimas que pudo tener otro desenlace

El horno alto A debería volver a rugir en cuestión de días si se cumple el calendario previsto por ArcelorMittal. Quedará entonces la investigación técnica, menos visible que una explosión pero probablemente más importante: saber qué falló y evitar que vuelva a ocurrir.

Esta vez la combinación de protocolos y, también, de fortuna dejó el balance en cero heridos. En una fábrica donde toneladas de materiales se transforman entre fuego, presión, gases y metal líquido, esa cifra es la noticia verdaderamente importante. Los daños se reparan. Que nadie estuviera justo allí cuando todo saltó, bastante menos controlable.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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