Economía
¿Cuánto ganó Amancio Ortega con REN y por qué vendió ahora a Portugal?
Ortega sale de REN tras vender su 13,7% al Estado portugués por 380 millones, una operación que devuelve a Lisboa al capital de la energética.

Resumen
- Ortega vende su 13,7% de REN a Portugal por unos 380 millones
- Entró en 2021 con un 12% adquirido por cerca de 188,5 millones
- Portugal vuelve al capital de REN, pero no toma el control de la empresa
Amancio Ortega ha salido por completo de REN, la compañía que gestiona las grandes redes de electricidad y gas de Portugal. Su vehículo inversor, Pontegadea, ha vendido al Estado portugués el 13,7% del capital por una operación valorada en torno a 380 millones de euros. El movimiento se acordó el 14 de agosto de 2026 y quedó consumado a comienzos de septiembre, una vez recibido el visto bueno del Tribunal de Cuentas portugués.
La cifra tiene más recorrido del que parece. Ortega entró en REN en julio de 2021 comprando aproximadamente un 12% por unos 188-190 millones de euros. Después elevó la participación hasta el 13,7%. Cinco años más tarde abandona completamente la empresa y varios cálculos sitúan la plusvalía alrededor de los 208 millones de euros, aunque esa cifra necesita una precisión importante: no basta con restar aquellos 190 millones iniciales a los 380 actuales, porque Pontegadea compró acciones adicionales posteriormente y el coste exacto de ese incremento del 1,7% no se ha hecho público.
Una venta de 380 millones que Portugal llevaba tiempo buscando
La operación mueve 91.723.676 acciones de REN desde Pontegadea hacia Parpública, el holding íntegramente estatal con el que Portugal administra algunas de sus participaciones empresariales. Para Ortega significa quedarse con un 0% de la energética. Para Lisboa, justo lo contrario: regresar como accionista relevante de una compañía de la que había salido durante las privatizaciones realizadas entre 2012 y 2014.
No estamos hablando de una eléctrica cualquiera. REN —Redes Energéticas Nacionais— administra infraestructuras esenciales para transportar electricidad y gas natural por Portugal. Dicho de otra forma, una parte de las arterias por las que circula la energía del país. En tiempos tranquilos pueden parecer tuberías, cables y balances; cuando llega una crisis energética o un apagón, de repente todo el mundo recuerda que esas tuberías y esos cables también son política de Estado.
El precio resulta especialmente significativo. Cuando se anunció el acuerdo, el 13,7% de REN tenía un valor bursátil cercano a 325 millones de euros. Los aproximadamente 380 millones pactados suponen unos 55 millones más, equivalentes a una prima próxima al 17%. Portugal no compró precisamente en las rebajas.
Cuánto pagó Amancio Ortega cuando entró en REN
Pontegadea aterrizó en el accionariado de REN en julio de 2021, cuando adquirió alrededor del 12% que estaba en manos de Mazoon, una sociedad vinculada a Oman Oil. Aquella operación se valoró entonces en aproximadamente 188,5 millones de euros, aunque algunas estimaciones redondearon el desembolso hasta los 190 millones.
Ortega se convirtió así en el segundo gran accionista del operador energético portugués. La lógica cuadraba con el giro que Pontegadea estaba dando a una cartera históricamente marcada por el ladrillo. El fundador de Inditex había comenzado a colocar una parte de sus enormes dividendos en negocios capaces de producir ingresos previsibles durante muchos años: redes eléctricas, gasoductos, energías renovables, telecomunicaciones, aparcamientos, puertos… activos poco dados a las piruetas y bastante aficionados a generar caja.
Del 12% al 13,7% antes de vender
La fotografía cambió a finales de 2025. Pontegadea elevó su posición desde aproximadamente el 12% hasta el 13,7%, movimiento conocido públicamente en enero de 2026. Pasó de unos 80,1 millones de acciones a los más de 91,7 millones de títulos vendidos finalmente a Parpública.
Aquí conviene no hacer contabilidad con servilleta de bar. El precio desembolsado por Pontegadea para adquirir ese 1,7% adicional no ha quedado detallado públicamente. Por eso, aunque se ha manejado una plusvalía próxima a 208 millones de euros, el beneficio de la inversión no puede reconstruirse de forma rigurosa tomando únicamente los 188 o 190 millones pagados en 2021.
Hay otro elemento que suele perderse en estas cuentas: REN ha repartido dividendos durante los años en los que Pontegadea estuvo en su capital. La rentabilidad económica de una inversión semejante no se mide solamente por cuánto costaron las acciones y por cuánto se venden después. También está todo lo cobrado mientras uno permanece sentado a la mesa.
Por qué vende Pontegadea precisamente ahora
No consta que Pontegadea haya presentado la venta como una retirada estratégica del sector energético. El detonante conocido está al otro lado de la frontera: el Gobierno portugués quería volver a REN y buscaba una participación suficientemente grande como para convertirse de inmediato en accionista de referencia.
Ahí apareció una combinación difícil de despreciar para cualquier inversor: un comprador decidido, institucional y dispuesto a pagar una prima cercana al 17% sobre el valor bursátil que tenía el paquete cuando se comunicó el acuerdo.
El primer ministro portugués, Luís Montenegro, ha defendido la compra utilizando conceptos bastante menos financieros: seguridad energética, interés nacional y capacidad de influencia sobre las inversiones estratégicas. También ha vinculado la presencia pública en REN con la posibilidad de favorecer costes energéticos más bajos, aunque adquirir el 13,7% de una compañía no implica, por sí solo, que la factura eléctrica vaya a adelgazar.
Para Pontegadea el momento era particularmente favorable. Había entrado cinco años antes, REN se había revalorizado y el comprador ofrecía un precio superior al de mercado. No hace falta buscar un melodrama empresarial donde probablemente hay una decisión bastante clásica: vender un activo cuando alguien está dispuesto a pagar bien por él.
Qué cambia ahora en REN con el regreso del Estado
Portugal vuelve a tener una posición directa en la empresa que controla buena parte de sus infraestructuras energéticas fundamentales. Parpública pasa a poseer el 13,7% de REN y se convierte en uno de sus principales accionistas, ocupando precisamente el espacio que deja Pontegadea.
No significa que REN vuelva a convertirse en una empresa pública. El Gobierno portugués ha rechazado expresamente la idea de una renacionalización. Un 13,7% proporciona peso accionarial, capacidad de voto e influencia corporativa, pero no entrega el control de la sociedad.
La diferencia, aun así, no es decorativa. Portugal vuelve a sentarse directamente en la mesa donde se discuten inversiones de red, grandes infraestructuras y decisiones vinculadas con la seguridad del suministro. En un mercado energético europeo transformado por las renovables, las interconexiones, el almacenamiento y la necesidad de modernizar redes eléctricas, tener una silla puede importar bastante.
State Grid continúa siendo el gran accionista
El movimiento tampoco cambia quién posee la mayor participación individual. La State Grid Corporation of China, a través de su estructura inversora, mantiene aproximadamente el 25% de REN y continúa claramente por delante de Parpública.
La fotografía resulta curiosa. Después de más de una década fuera del capital, el Estado portugués regresa a una infraestructura nacional estratégica en la que el mayor accionista sigue ligado a un gigante estatal chino. Parpública no toma el volante, pero deja de mirar el coche desde la acera.
Eso explica parte del componente político de la operación. Las redes eléctricas europeas ya no se observan únicamente como negocios regulados capaces de pagar dividendos estables. Son también infraestructuras críticas, especialmente después de años de tensiones energéticas, guerras, problemas de suministro y una electrificación creciente de la economía.
Interpretar la salida de REN como una retirada de Amancio Ortega del sector energético sería excesivo. Pontegadea conserva inversiones relevantes en España, entre ellas aproximadamente un 5% de Redeia, operador del sistema eléctrico español, y otro 5% de Enagás, pieza esencial de las infraestructuras gasistas. También ha invertido en proyectos renovables junto a compañías como Repsol.
Su cartera, además, lleva varios años ensanchándose hacia las infraestructuras. Pontegadea ha puesto capital en puertos, logística y otros activos de largo plazo, mientras mantiene un gigantesco patrimonio inmobiliario internacional. El dinero procedente de los dividendos de Inditex entra de manera recurrente y necesita encontrar destino; ese es, en buena medida, el motor de la maquinaria.
REN representa algo distinto: una desinversión relevante dentro de esa estrategia de diversificación. Ortega compra mucho y vende bastante menos. Precisamente por eso esta operación llama la atención.
El perfil de sus inversiones sigue siendo reconocible. Participaciones minoritarias, negocios sólidos, países con seguridad jurídica, activos difíciles de replicar y flujos de caja relativamente previsibles. Pocas aventuras exóticas. Mucha infraestructura que uno puede señalar con el dedo: edificios, cables, gasoductos, parques energéticos, puertos.
Portugal recupera influencia y Ortega convierte la espera en dinero
La historia de REN muestra dos formas muy diferentes de mirar exactamente las mismas acciones. Para Amancio Ortega fueron una inversión financiera e industrial adquirida en 2021 y vendida cinco años después cuando apareció un comprador dispuesto a pagar una prima considerable. Para el Gobierno portugués son una puerta para recuperar presencia en una infraestructura que considera estratégica.
Pontegadea se lleva unos 380 millones de euros y abandona completamente el accionariado. Portugal obtiene el 13,7% y vuelve a tener voz directa dentro de REN. State Grid continúa siendo el primer accionista y la compañía sigue cotizando: no hay nacionalización ni cambio absoluto de mando.
Y queda la cifra que explica buena parte del movimiento. Un paquete que valía alrededor de 325 millones en Bolsa fue comprado por aproximadamente 55 millones más. Para Lisboa, ese sobreprecio compra influencia sobre una red estratégica. Para Ortega, convierte cinco años de inversión en una salida especialmente rentable. Dos maneras de poner precio a los mismos cables.












