Naturaleza
Por qué el lince ibérico ha empezado a trepar 12 metros para devorar crías de milano negro en Doñana
El felino más amenazado de Europa trepa 12 metros para vaciar nidos. La culpa no es suya: es del conejo que ya no está.

Resumen
- Un estudio del CSIC publicado en Nature documenta que el lince ibérico trepa hasta 12 metros para devorar polluelos de milano negro en Doñana.
- La causa es doble: la enfermedad hemorrágica del conejo hundió la presa principal del felino desde 2013 y la sequía eliminó las alternativas.
- En 2018 los linces acabaron con casi la mitad de las crías de milano del área de estudio; las rapaces supervivientes abandonan el parque.
El felino más amenazado de Europa, la joya de la conservación española, el animal que pasó de menos de cien ejemplares a más de dos mil gracias a uno de los programas de recuperación más exitosos del continente, ha empezado a hacer algo que nadie había visto en tres décadas de seguimiento: trepar doce metros por un árbol para vaciar nidos de aves rapaces. Y no lo hace por gusto.
Un estudio de la Estación Biológica de Doñana (EBD-CSIC), publicado en la revista Nature, documenta una reacción en cadena en el Parque Nacional que empieza con una enfermedad, pasa por una sequía y termina con los milanos negros exiliándose del espacio protegido. Es, en palabras del propio trabajo, una «carrera armamentística» entre dos depredadores que durante décadas habían convivido sin problemas comiendo del mismo plato: el conejo.
¿Qué ha cambiado en Doñana para que dos depredadores se declaren la guerra?
La respuesta corta tiene fecha: 2013. Ese año la enfermedad hemorrágica del conejo provocó un desplome de las poblaciones de conejo en el parque. Y el conejo no es una presa más para el lince ibérico: entre el 90% y el 95% de su dieta depende de él. Sin conejo, el felino se queda sin menú.
El equipo de Fabrizio Sergio, investigador de la EBD-CSIC y primer autor del estudio, analizó 1.624 nidos de milano negro entre 1993 y 2023 en un sector de diez kilómetros cuadrados del Parque Nacional. El contraste entre épocas es brutal:
- Los linces apenas depredaron el 1% de los nidos de milano
- Ambas especies compartían dieta a base de conejos abundantes
- Treinta años de seguimiento sin un solo episodio comparable
- Depredación intensa de polluelos solo en años de sequía
- En 2018 cayó casi la mitad de las crías de milano del área
- Los adultos atacados emigran y abandonan el territorio
El segundo ingrediente es el agua. En años secos, la marisma se retira y con ella los patos, la presa alternativa habitual del lince cuando escasea el conejo. Sin conejo y sin patos, al felino no le queda margen:
«Durante los años de sequía, las principales presas alternativas del lince, como son los patos, también son muy escasas, y los linces se ven abocados a alimentarse de todo lo que encuentren, incluso cuando ello requiere trepar 12 metros para alcanzar un nido de milano y depredar a los polluelos» — Fabrizio Sergio, EBD-CSIC.
Los investigadores descartan expresamente que se trate de un cambio de comportamiento «caprichoso». Es hambre estructural, agravada por el cambio climático: los episodios de sequía prolongada que antes eran excepcionales ahora marcan el ritmo del ecosistema. Y hay un detalle temporal revelador: la depredación intensa no se distribuye de forma uniforme desde 2013, sino que se concentra en los años de escasez hídrica. Cuando llueve y la marisma funciona, el lince vuelve a lo suyo y los nidos de milano recuperan la calma. El conflicto, por tanto, es intermitente: late al compás de la sequía.
¿Cómo caza un lince los polluelos de un ave rapaz?
La imagen contradice todo lo que creemos saber sobre el animal. El lince ibérico (Lynx pardinus) es un cazador terrestre, especialista en acechar conejos entre la maleza. No es un trepador nato como su primo euroasiático. Pero doce metros de pino no son un límite cuando el hambre manda, y los nidos de milano negro —con polluelos inmóviles, ruidosos y sin defensa— son una despensa colgada del árbol.
Que un felino de apenas quince kilos asalte nidos a esa altura dice mucho de la presión alimentaria a la que está sometida la población de Doñana. En otros parques donde el conejo aguanta —Sierra Morena, los Montes de Toledo— no se ha documentado nada parecido. El comportamiento no es de especie: es de lugar y de momento. Donde falta el conejo y el agua, el lince improvisa.
El patrón observado por el equipo añade un matiz todavía más interesante. Los linces atacaban con mayor frecuencia los nidos bajo los cuales encontraban restos de conejo. Es decir, los milanos que competían con el felino por la misma presa acababan pagándolo doblemente: primero perdían el alimento disputado y después las crías.
¿Por qué los milanos prefieren exiliarse antes que pelear?
El milano negro (Milvus migrans) es una rapaz migradora, oportunista y adaptable: come carroña, pequeños vertebrados, restos de pesca y, cuando toca, conejos. Frente a un depredador que le vacía los nidos, su respuesta no es la defensa sino la huida. El estudio detectó que los adultos cuyos nidos habían sufrido depredación mostraban mayor probabilidad de cambiar de territorio y emigrar a otros lugares. Una contramedida evasiva que funciona a corto plazo para el ave, pero que a escala de población vacía el parque: cada pareja que se marcha es un nido menos el año siguiente.
Las consecuencias van más allá del parque. El éxito reproductivo de por vida de estas aves se reduce, la población local se dispersa y Doñana pierde una pieza de su red trófica. Y hay un efecto colateral inesperado, de los que tanto gustan a los ecólogos: con menos milanos cazando en la zona, el mochuelo europeo sale beneficiado y sus poblaciones van al alza al tener un voraz enemigo menos.
¿Quién gana y quién pierde cuando se rompe un ecosistema?
La lectura fácil —el lince malo que se come los pajaritos— no resiste dos minutos de análisis. El lince ibérico es una especie protegida cuya recuperación ha costado décadas de esfuerzo y millones de euros; su problema no es de conducta, es de despensa. La enfermedad hemorrágica del conejo llegó asociada a la actividad humana, y la sequía crónica de Doñana tiene firma climática y agrícola: el acuífero del parque lleva años sobreexplotado y las marismas cada vez se inundan menos.
- ✓Recuperar las poblaciones de conejo es la medida estructural: sin presa principal no hay lince posible, da igual cuántos ejemplares se críen en cautividad.
- ✓Restaurar la marisma devolvería los patos y con ellos la válvula de escape natural del felino en años malos.
- ✓Vigilar el conflicto permite anticipar años de riesgo: los datos muestran que la depredación se dispara en sequías concretas, no en cualquier temporada.
El caso de Doñana es un laboratorio incómodo de lo que viene: ecosistemas enteros reordenándose a golpes de sequía y enfermedad, con las especies protegidas empujadas a comportamientos que nadie diseñó. Queda una pregunta abierta que el estudio no responde del todo: si los milanos siguen exiliándose año tras año, ¿volverán alguna vez a los nidos que dejaron, o el parque se quedará sin su rapaz más común? La respuesta dependerá de algo tan poco poético como el agua que seamos capaces de devolverle a la marisma.












