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Economía

¿Cuánta comida desperdicia España y qué alimentos acaba tirando más?

España desperdició 1.129,9 millones de kilos o litros de comida en 2025. Los hogares concentran casi todo y frutas y verduras lideran el despilfarro.

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Resumen

  • España desperdició 1.129,9 millones de kilos o litros de comida en 2025
  • El desperdicio bajó un 19,2 % desde 2020, pero subió un 0,4 % en 2025
  • El 97,5 % del desperdicio procede de los hogares y dominan frutas y verduras

España desperdició 1.129,9 millones de kilos o litros de alimentos y bebidas en 2025. Es una cantidad enorme —equivalente a unos 113.000 camiones de diez toneladas—, pero también bastante menor que la registrada cinco años atrás: el desperdicio alimentario ha caído un 19,2 % desde 2020. Frente a 2024, en cambio, prácticamente no hubo avance: aumentó un ligero 0,4 %.

Traducido a una escala más reconocible, cada persona desperdició una media de 24,3 kilos o litros durante el año. De cada 100 kilos o litros comprados terminaron en la basura 3,7, exactamente la misma proporción que el año anterior. España ha aprendido a tirar menos, sí, aunque la fotografía de 2025 muestra también cierto frenazo: después de cuatro años reduciendo el desperdicio, el descenso se ha detenido.

España tira casi un 20 % menos de comida que en 2020

La comparación con 2020 deja el dato más favorable. En cinco años se han evitado aproximadamente 269 millones de kilos o litros de desperdicio, el equivalente a unos 27.000 camiones cargados hasta arriba que nunca llegaron al cubo de la basura.

El ministro de Agricultura, Pesca y Alimentación, Luis Planas, considera que la evolución refleja una mejora sostenida en la gestión de los alimentos. La curva, sin embargo, se aplana en 2025. El país venía encadenando reducciones y prácticamente repite los registros de 2024, con unos 21,73 millones de kilos o litros desperdiciados cada semana.

Ahí está quizá el matiz importante. Haber reducido el despilfarro desde los años de la pandemia es relevante; convertir ese descenso en una tendencia permanente resulta bastante más complicado. Porque una cosa es vaciar menos la nevera en el cubo durante varios años y otra conseguir que nunca vuelva a llenarse esa bolsa de lechugas olvidadas, yogures vencidos y tuppers cuyo contenido acabó adquiriendo una identidad propia.

La mayor parte del desperdicio sigue produciéndose en casa

El problema tiene domicilio conocido. El 97,5 % de todos los alimentos y bebidas desperdiciados procede de los hogares, que desecharon 1.101,8 millones de kilos o litros durante 2025.

La cifra doméstica también es un 19,2 % inferior a la de 2020, aunque subió un 0,4 % respecto al año anterior. Por habitante, el desperdicio dentro de casa quedó en 23,52 kilos o litros, ligeramente por debajo de 2024.

No todo lo que acaba en la basura llega allí de la misma manera. El 77,5 % del volumen doméstico corresponde a productos que ni siquiera llegaron a utilizarse: alimentos comprados que se estropearon, caducaron o simplemente quedaron abandonados en un rincón de la despensa o la nevera. El 22,5 % restante procede de recetas y platos que sí fueron cocinados, pero terminaron sobrando.

Esa diferencia cuenta bastante. El primer grupo habla de compras excesivas, conservación deficiente o planificación mejorable; el segundo, de cantidades cocinadas por encima del consumo real. Dos caminos distintos hacia el mismo cubo.

Frutas y verduras, las grandes víctimas de la nevera

Las frutas y verduras representan el 46 % de los alimentos desperdiciados tal como fueron comprados. Prácticamente uno de cada dos kilos de producto sin utilizar pertenece a este grupo.

Después aparecen los lácteos, con un 13,4 %; las bebidas, con un 6,2 %; el pan fresco, con un 4,9 %; las carnes, con un 3,8 %; sopas, cremas y caldos, con un 3 %; los embutidos, con un 2,7 %, y los pescados, con un 2,3 %.

Tiene cierta lógica doméstica. Una lata puede esperar meses en la despensa; unas fresas, una bolsa de espinacas o un calabacín tienen mucha menos paciencia. Los alimentos frescos ofrecen un margen estrecho entre estar perfectos y comenzar a deteriorarse, especialmente cuando se compra más de lo que realmente se consume.

También se desperdicia mucha comida después de cocinarla

Cuando se observan las recetas preparadas que terminan desechándose, cambia el reparto. Las legumbres, ensaladas y platos de verduras concentran el 31,3 % del desperdicio de recetas; los platos de carne representan el 13,5 % y las sopas, cremas y purés, otro 11,8 %.

La paradoja es bastante cotidiana: cocinar en casa suele asociarse con un mayor control sobre la alimentación, pero una cazuela demasiado grande puede convertirse fácilmente en varias raciones olvidadas. El desperdicio no siempre nace de una mala compra. A veces empieza con ese inocente «hago un poco más» y termina tres días después mirando un táper con sospecha.

Fuera de casa se desperdicia mucho menos, pero los jóvenes destacan

El volumen generado en bares, restaurantes y otros consumos fuera del hogar es considerablemente menor. En 2025 se desperdiciaron 28,12 millones de kilos o litros, prácticamente lo mismo que en 2024 y un 20,4 % menos que en 2020.

La media se sitúa en unos 0,78 kilos o litros por persona al año. Dentro de ese desperdicio extradoméstico, el 52,6 % corresponde a alimentos. Las hortalizas y verduras representan el 24,6 % y la carne fresca otro 15,5 %.

El perfil por edades deja otra pista. Los menores de 25 años desperdician proporcionalmente más bebidas, mientras que entre los 25 y los 34 años aumenta el desperdicio de comida. El Ministerio considera que las campañas de sensibilización deberán prestar especial atención precisamente a los consumidores más jóvenes.

Planificar lo que entra en la nevera, interpretar correctamente las etiquetas y distinguir entre fecha de caducidad y consumo preferente parecen gestos pequeños. Lo son. Pero multiplicados por millones de hogares dejan de serlo.

Qué cambia con la ley contra el desperdicio alimentario

El escenario de 2025 coincide además con los primeros efectos de la Ley 1/2025 de prevención de las pérdidas y el desperdicio alimentario, que establece una jerarquía para intentar evitar que los excedentes aptos para comer terminen directamente como residuos.

La norma da prioridad a la prevención y, cuando el excedente ya existe, favorece su donación o redistribución para consumo humano antes de otros destinos. En la restauración reconoce también el derecho del cliente a llevarse los alimentos que no haya consumido y obliga a los establecimientos a facilitarlo, con la excepción de servicios como los bufés libres.

Las medidas empresariales obligatorias previstas en el artículo 6 comenzaron a aplicarse un año después de la publicación de la ley, por lo que 2026 será un ejercicio especialmente relevante para observar hasta qué punto la regulación modifica el comportamiento de empresas, distribución y restauración.

Agricultura trabaja también con las comunidades autónomas para homogeneizar los controles y prepara un plan estratégico destinado a medir los resultados de la aplicación de la norma. No basta con tener una ley bien encuadernada: el desperdicio se mide, literalmente, en kilos.

Menos alimentos en la basura, una batalla todavía doméstica

España llega a 2025 con una mejora clara respecto a 2020: casi una quinta parte menos de desperdicio alimentario. El cambio tiene peso y toneladas. Pero los 1.129,9 millones de kilos o litros que todavía se desechan impiden presentar la historia como una victoria completa.

El principal frente continúa dentro de las viviendas. Allí se genera prácticamente todo el desperdicio y allí aparecen los productos más vulnerables: frutas, verduras, lácteos, pan y platos cocinados que compramos con intención de consumir y terminamos descartando.

Después de cuatro años de descensos, 2025 deja una especie de meseta. España tira bastante menos comida que hace cinco años, pero no menos que hace uno. Y esa pequeña diferencia estadística cuenta una historia bastante grande: reducir el desperdicio fue posible; seguir reduciéndolo será la parte difícil.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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