Síguenos

Salud

¿Cómo lograron volver a caminar cuatro jóvenes paralizados en Italia?

Cuatro jóvenes con lesión medular completa consiguen caminar con andador mediante un neuroestimulador controlado con pequeños movimientos del torso

Foto del avatar

Publicado

el

joven vuelve a caminar

Resumen

  • Cuatro jóvenes con lesión medular completa han vuelto a caminar con andador
  • El sistema usa pequeños movimientos del torso para modular la neuroestimulación
  • Tras cuatro meses de rehabilitación, uno recorrió 132 metros sin parar

Cuatro jóvenes con una lesión completa y crónica de la médula espinal, incapaces de contraer voluntariamente los músculos de las piernas, han conseguido ponerse de pie y volver a caminar con un andador gracias a una técnica de neuroestimulación desarrollada en Italia. El avance tiene algo llamativo por su sencillez: para decidir cuándo dar el paso utilizan pequeños movimientos voluntarios del tronco.

No han recuperado el control muscular de las piernas. Esa diferencia es esencial. El movimiento de las extremidades inferiores sigue siendo producido por un estimulador eléctrico implantado junto a la médula, mientras el paciente utiliza el torso como una especie de mando biológico que modifica la respuesta del dispositivo. Tras cuatro meses de rehabilitación intensiva, los cuatro participantes pudieron caminar sin ayuda manual ni sistemas externos que sostuvieran su peso.

Un pequeño movimiento del tronco basta para iniciar el paso

La técnica ha sido desarrollada por investigadores del laboratorio MINE de neuroprótesis modulares implantables, nacido de la colaboración entre la Universidad Vita-Salute San Raffaele de Milán y la Escuela Superior Sant’Anna de Pisa y situado en el hospital IRCCS San Raffaele.

El estudio, publicado el 7 de septiembre de 2026 en la revista científica Med, de Cell Press, analizó a tres hombres y una mujer menores de 35 años. Todos eran italianos: dos procedían de Lombardía, uno de Las Marcas y otro de Umbría. Presentaban lesiones traumáticas torácicas crónicas situadas entre las vértebras T4 y T7, clasificadas como AIS A o B y consideradas funcionalmente completas desde el punto de vista motor.

Es decir, antes del tratamiento ninguno podía ordenar voluntariamente a los músculos de las piernas que se contrajeran.

Ahí aparece el hallazgo. Los investigadores comprobaron que una pequeña extensión voluntaria del torso, de unos nueve grados de media, podía cambiar la respuesta provocada por la estimulación eléctrica. No hace falta mover medio cuerpo ni ejecutar un gesto aparatoso; es una inclinación discreta que, integrada en el movimiento, permite participar en la generación de cada paso.

El cuerpo funciona como parte del mando

Cuando la estimulación eléctrica epidural actúa sobre determinadas estructuras nerviosas puede producir respuestas distintas. Una favorece la extensión de la pierna, necesaria para mantenerse erguido y soportar el peso. Otra desencadena la flexión coordinada de cadera, rodilla y tobillo, justo lo que hace falta para adelantar la extremidad.

Los científicos descubrieron que el movimiento del tronco podía provocar el cambio entre ambos patrones. Bautizaron el mecanismo como trunk-mediated control, TMC, que puede traducirse como control mediado por el tronco.

Su hipótesis es que esa ligera modificación de la postura altera momentáneamente la posición relativa de la médula, las raíces nerviosas y los electrodos implantados. Un desplazamiento minúsculo, casi invisible desde fuera, cambia la manera en que la corriente eléctrica alcanza las estructuras nerviosas.

Ni implante cerebral ni algoritmo que decida el paso

Una de las particularidades de esta aproximación es lo que no necesita. No utiliza implantes en el cerebro, tampoco sensores externos colocados sobre el cuerpo ni sistemas informáticos que tengan que interpretar previamente la actividad cerebral para decidir cuándo mover la pierna.

El movimiento voluntario que todavía conserva la persona —el del tronco— se convierte directamente en parte de la interfaz. Simplificando mucho: el torso da la orden y la estimulación mueve la pierna.

Esto distingue el método de algunas neuroprótesis experimentales más complejas basadas en interfaces cerebro-máquina. No significa que una tecnología sea automáticamente superior a otra. Sí abre, sin embargo, una vía interesante: aprovechar una función motora que el paciente conserva en vez de intentar reconstruir todo el circuito de control desde el cerebro mediante sensores, procesadores y decodificación digital.

De no poder caminar a recorrer 132 metros

Los resultados funcionales son el dato más potente del experimento. Después de la implantación del estimulador y de aproximadamente cuatro meses de entrenamiento intensivo, los cuatro participantes lograron mantenerse de pie y caminar utilizando un andador, sin asistencia manual de otra persona y sin sistemas destinados a descargar parte de su peso corporal.

Uno de ellos recorrió 132 metros durante 42 minutos seguidos, incluso en el exterior. Los cuatro consiguieron enfrentarse a curvas, pendientes y superficies irregulares, condiciones bastante más cercanas a la vida cotidiana que caminar unos metros sobre una cinta perfectamente plana en un laboratorio.

Tres participantes pudieron, además, mantenerse erguidos sujetándose al andador con una sola mano, dejando libre la otra para realizar actividades sencillas.

La evolución también quedó reflejada en la escala WISCI II, empleada para valorar la capacidad de marcha después de una lesión medular. Los cuatro pasaron de una puntuación de 0 a 9. El cero indicaba que no podían mantenerse de pie ni caminar; el nivel alcanzado refleja ya una marcha asistida con dispositivos de apoyo.

No es correr por un parque. Ni caminar con normalidad por una acera llena de gente. Pero para personas que partían de una ausencia completa de movimiento voluntario en las piernas, la distancia entre ambos escenarios es enorme.

La rehabilitación resulta tan importante como el implante

El neuroestimulador, por sí solo, no explica el resultado. Los pacientes siguieron un programa diario, progresivo e individualizado de rehabilitación destinado a enseñarles a utilizar la estimulación hasta convertir respuestas musculares provocadas eléctricamente en movimientos funcionales.

Primero llegaron los ejercicios de control del tronco y activación de las extremidades mediante neuroestimulación. Después, mantenerse de pie. Luego trasladar el peso de una pierna a otra. Finalmente, caminar con el andador.

Ese entrenamiento es importante también para entender dónde se encuentra realmente esta tecnología. El estimulador utilizado está disponible comercialmente, algo que reduce una de las barreras habituales de las tecnologías experimentales, pero eso no significa que una persona con paraplejia pueda acudir a cualquier hospital, recibir un implante y salir caminando unos días después.

Hace falta cirugía, programación personalizada del dispositivo, selección adecuada del paciente y una rehabilitación prolongada y especializada. El propio ensayo clínico en el que participaron estas cuatro personas ha cerrado esta fase de reclutamiento.

Caminar de nuevo no significa que la médula esté curada

Aquí conviene enfriar una palabra que suele aparecer muy deprisa cuando una investigación de este tipo salta a los titulares: curación.

Los cuatro pacientes siguen sin poder contraer voluntariamente los músculos de las piernas. La lesión medular no ha desaparecido y el estudio no demuestra una regeneración de las conexiones nerviosas destruidas. Las piernas se mueven porque reciben la estimulación eléctrica adecuada; el movimiento conservado del torso permite modular esa estimulación y participar en el control del paso.

Pietro Mortini, neurocirujano del San Raffaele y uno de los responsables del trabajo, ha insistido precisamente en esa diferencia. Lo novedoso no es haber recuperado la capacidad voluntaria perdida, sino utilizar una función todavía disponible para controlar los efectos de la estimulación.

También es pronto para saber hasta dónde podrá llegar la técnica. Cuatro pacientes constituyen una prueba de viabilidad, no una demostración de eficacia generalizable a todas las personas con una lesión medular completa. Harán falta estudios con grupos mayores, seguimiento prolongado y una evaluación detallada de qué tipos de lesión responden mejor.

Durante esta primera experiencia no se observaron episodios adversos relacionados con disautonomía asociados a la estimulación, un dato favorable pero todavía limitado por el reducido tamaño de la muestra.

Una investigación que llevaba varios años avanzando

El resultado no apareció de la nada. El grupo italiano lleva años trabajando con estimulación epidural de la médula.

En 2023 implantó un neuroestimulador a una paciente que llevaba cinco años sin caminar tras una lesión medular incompleta. Después del tratamiento y la rehabilitación consiguió mantenerse erguida y caminar utilizando un andador. En 2025 llegaron resultados en otros dos pacientes con lesiones incompletas, que conservaban cierto movimiento voluntario de las piernas y mejoraron su fuerza, su control motor y su capacidad para caminar.

El salto de 2026 es distinto. Esta vez los investigadores seleccionaron a personas con lesiones consideradas motoramente completas, sin contracciones voluntarias visibles de los músculos de las extremidades inferiores en el momento del implante.

El trabajo reúne investigación clínica y bioingeniería desarrollada entre Milán y Pisa, con participación de investigadores vinculados también a instituciones suizas. Entre sus financiadores figuran la Universidad Vita-Salute San Raffaele, Boston Scientific, la Fundación Cariplo, la Fundación Bertarelli, fondos europeos NextGenerationEU y el Ministerio italiano de Universidad e Investigación.

Un avance real, todavía lejos de ser una cura

Hay una imagen sencilla que resume lo ocurrido: una persona mueve apenas el torso y, unas décimas después, una pierna que no puede controlar voluntariamente inicia el paso. El cuerpo se convierte en parte de la tecnología. No porque la máquina haya reparado la médula, sino porque los investigadores han encontrado otra manera de comunicarse con los circuitos nerviosos que permanecen accesibles.

Esa distinción evita vender ciencia ficción donde todavía hay medicina experimental. Los cuatro jóvenes no han recuperado una marcha normal ni pueden caminar sin dispositivos de apoyo. Pero han pasado de no poder utilizar voluntariamente sus piernas para desplazarse a ponerse de pie, recorrer distancias y desenvolverse sobre superficies reales mediante un sistema que ellos mismos ayudan a controlar.

Son cuatro casos. Muy pocos para hablar de una terapia establecida, suficientes para demostrar que la idea funciona en seres humanos. Y quizá ahí esté lo más interesante: frente a tecnologías cada vez más sofisticadas que intentan leer directamente el cerebro, esta investigación italiana ha encontrado el interruptor en un lugar bastante más humilde. Un movimiento del torso de apenas unos grados.

Newsletter

Fundador de DonPorqué y curioso empedernido. Escribe sobre tecnología, viajes, gastronomía, cultura y todo lo que le genera una pregunta con un buen «¿por qué?» detrás. En su tiempo libre es aficionado a los casinos online y aprovecha esa experiencia para compartir análisis y recomendaciones sobre el sector del iGaming.