Salud
¿Cómo logra Vyjuvek cerrar heridas en pacientes con piel de mariposa?
El caso de Leo muestra cómo Vyjuvek puede cerrar heridas persistentes de la piel de mariposa y reducir una carga diaria marcada por las curas

Resumen
- Vyjuvek está cerrando cerca del 70 % de las heridas de Leo
- Algunas lesiones llevaban abiertas hasta una década antes del tratamiento
- La terapia génica actúa sobre el defecto que debilita la piel
Tres meses han bastado para que la rutina de Leo, un niño sevillano de 12 años con epidermólisis bullosa distrófica, empiece a parecerse un poco menos a una carrera interminable entre heridas, apósitos e infecciones. Su madre asegura que alrededor del 70 % de sus heridas se están cerrando desde que comenzó a recibir Vyjuvek, la primera terapia génica tópica autorizada en Europa para tratar las lesiones provocadas por esta forma de piel de mariposa. Algunas llevaban abiertas muchos años.
El cambio es importante, pero conviene colocar cada palabra en su sitio. Vyjuvek no cura definitivamente la piel de mariposa ni corrige de forma permanente todas las consecuencias de la enfermedad. Lo que hace es actuar directamente sobre las heridas mediante terapia génica y favorecer que la piel vuelva a producir una proteína esencial para mantenerse unida. Los resultados observados en Leo tampoco llegan solos: los ensayos clínicos muestran tasas de cicatrización muy superiores a las obtenidas con placebo.
El cambio de Leo tras comenzar el tratamiento con Vyjuvek
Leo empezó a acceder a Vyjuvek, cuyo principio activo es beremagén geperpavec, a finales de abril mediante un mecanismo extraordinario habilitado en Andalucía. La terapia todavía no dispone de una financiación generalizada dentro del Sistema Nacional de Salud, de modo que el acceso depende por ahora de vías especiales abiertas para determinados pacientes.
Su madre, Lidia Soria, describe una transformación que se entiende mejor mirando el calendario doméstico que cualquier gráfico. Durante años las curas diarias han marcado buena parte de la vida de la familia. Heridas que volvían a abrirse, riesgo constante de infección, cremas, vendajes. Una especie de reloj sanitario que nunca se apagaba.
Tras aproximadamente tres meses con el tratamiento, sostiene que casi siete de cada diez heridas están cerrándose y que algunas lesiones que llevaban hasta una década abiertas han empezado finalmente a cicatrizar. También afirma que las infecciones prácticamente han desaparecido durante este periodo y que el niño ha ganado movilidad, ánimo y calidad de vida. Son datos de la experiencia concreta de Leo, no resultados de un ensayo clínico; esa diferencia importa. Mucho.
Una enfermera de DEBRA Piel de Mariposa relató otro detalle pequeño y enorme a la vez: después del cierre de una herida que llevaba años abierta, Leo pudo prescindir del apósito en aquella zona y sentir directamente el aire sobre la piel. Para una persona sin la enfermedad parece una nimiedad. Para quien vive permanentemente vendado, no lo es.
Qué hace exactamente Vyjuvek en las heridas
La epidermólisis bullosa distrófica está relacionada con mutaciones en el gen COL7A1, encargado de proporcionar las instrucciones para fabricar colágeno tipo VII. Esta proteína forma unas estructuras de anclaje fundamentales para mantener correctamente unidas las distintas capas de la piel. Cuando falla, un roce que para cualquiera sería irrelevante puede provocar ampollas, erosiones y heridas dolorosas.
Vyjuvek intenta intervenir precisamente ahí, bastante más cerca del origen biológico del problema que las curas tradicionales.
Una terapia génica que se aplica sobre la piel
El medicamento utiliza un virus del herpes simple tipo 1 modificado, incapaz de replicarse, como vehículo para transportar copias funcionales del gen COL7A1 hasta las células de la herida. Dicho de forma menos aparatosa: el virus funciona como un mensajero al que se le ha quitado buena parte de aquello que lo convierte en virus y se le ha encargado llevar instrucciones genéticas útiles.
Una vez aplicado, puede actuar sobre queratinocitos y fibroblastos y permitir que esas células produzcan colágeno VII, favoreciendo la formación de las fibrillas que ayudan a mantener la estructura de la piel.
Hay, sin embargo, una frontera clara. El vector utilizado no se integra permanentemente en el ADN de las células. Conforme estas se renuevan, la expresión del gen introducido disminuye. El efecto no es eterno y el tratamiento debe repetirse; la pauta autorizada contempla la aplicación semanal sobre las heridas, respetando una dosis máxima.
Los ensayos respaldan el llamativo 70 % de cicatrización
La experiencia de Leo resulta especialmente interesante porque su porcentaje de mejoría se mueve cerca de lo observado durante el desarrollo clínico de Vyjuvek.
En el ensayo de fase III GEM-3 participaron 31 pacientes con epidermólisis bullosa distrófica. A los tres meses, aproximadamente el 71 % de las heridas tratadas con Vyjuvek habían alcanzado la cicatrización completa, frente a alrededor del 20 % de las heridas tratadas con placebo. A los seis meses, el cierre completo se observó en el 67 % frente al 22 %, respectivamente.
La evaluación española ofrece cifras prácticamente idénticas y algo más precisas. A los tres meses, el 70,6 % de las heridas tratadas con beremagén geperpavec habían cicatrizado completamente, frente al 19,7 % con placebo. A las 26 semanas, aproximadamente seis meses, fueron el 67,4 % frente al 21,6 %. Las diferencias resultaron estadísticamente significativas.
Hay un dato quizá menos espectacular para un titular, pero particularmente relevante para los pacientes: cerca del 49,7 % de las heridas tratadas permanecieron completamente cerradas en las evaluaciones realizadas tanto a los tres como a los seis meses, frente al 7,1 % con placebo. Es decir, no se observó únicamente una cicatrización fugaz en una fotografía puntual.
Aun reconociendo un beneficio clínico relevante, existen limitaciones. El principal ensayo tuvo pocos participantes, algo bastante habitual en enfermedades ultrarraras, y sigue siendo necesario acumular experiencia para conocer mejor la durabilidad del efecto y la seguridad a largo plazo.
Piel de mariposa: mucho más que heridas visibles
El nombre popular resulta delicado, casi bonito. La enfermedad no lo es. La epidermólisis bullosa engloba un conjunto de trastornos genéticos que provocan una fragilidad extrema de la piel y las mucosas. En la forma distrófica pueden aparecer ampollas y heridas por traumatismos mínimos, junto con cicatrices, dolor, picor, infecciones y problemas de movilidad.
En las formas más graves también pueden verse afectados la boca, el esófago y los ojos, además de otras mucosas. La enfermedad, por tanto, va bastante más allá de aquello que se aprecia a simple vista sobre la piel.
Hasta la llegada de tratamientos más específicos, buena parte de la atención se ha concentrado inevitablemente en contener daños: limpiar heridas, protegerlas con vendajes, controlar el dolor, evitar infecciones y tratar las complicaciones cuando aparecen. Una medicina casi de trinchera, cotidiana y agotadora.
La terapia génica tópica cambia esa lógica porque intenta actuar sobre el defecto molecular responsable de la fragilidad cutánea. No elimina todos los efectos de la enfermedad ni significa que desaparezcan las curas, pero puede conseguir algo que durante años resultaba especialmente difícil: que heridas persistentes lleguen a cerrarse y permanezcan cerradas durante más tiempo.
El tratamiento está autorizado, pero el acceso sigue abierto en España
Vyjuvek cuenta con autorización de comercialización en toda la Unión Europea desde el 23 de abril de 2025 y está indicado para las heridas de pacientes con epidermólisis bullosa distrófica causada por mutaciones en COL7A1, desde el nacimiento. Entre los efectos adversos frecuentes comunicados aparecen el picor y los escalofríos.
España presenta, sin embargo, una paradoja bastante reconocible en la sanidad moderna: disponer de una terapia autorizada y disponer realmente de ella no son exactamente la misma cosa.
La Comisión Interministerial de Precios de los Medicamentos acordó proponer la no inclusión de Vyjuvek en la financiación general del Sistema Nacional de Salud, con el impacto presupuestario entre los elementos considerados. Mientras tanto, algunas comunidades han utilizado mecanismos extraordinarios para facilitar el acceso a determinados pacientes.
El resultado es una situación desigual. Una terapia puede estar aprobada científicamente, tener datos favorables sobre su eficacia y, pese a ello, no encontrarse todavía disponible en condiciones homogéneas para todos los candidatos españoles. Aquí la genética es compleja; la burocracia, a veces, consigue competir con ella.
Una terapia que cambia la herida, aunque no borra la enfermedad
El caso de Leo permite poner rostro a unos porcentajes que, sobre el papel, parecen fríos. Heridas abiertas durante años empiezan a cerrarse, disminuye la carga cotidiana de las curas y aparecen gestos corrientes —moverse mejor, llevar menos apósitos, sentir el aire sobre una zona de la piel— que para estas familias tienen otro tamaño.
No significa que Vyjuvek sea una curación definitiva. La propia evidencia científica obliga a ser más prudentes: es un tratamiento repetido, su efecto puede disminuir con el tiempo y todavía se necesita seguimiento prolongado. Pero tampoco estamos ante una promesa de laboratorio pendiente de demostrar. La cicatrización observada en los ensayos es clínicamente relevante y la experiencia inicial de pacientes españoles comienza a trasladar ese resultado a la vida cotidiana.
Para Leo, tres meses han supuesto que alrededor del 70 % de sus heridas empiecen a cerrarse. Para la epidermólisis bullosa distrófica, una enfermedad acostumbrada durante décadas a tratamientos centrados en soportar sus consecuencias, el cambio es bastante más profundo: por primera vez una terapia génica aplicada directamente sobre la piel está intentando reparar, herida a herida, una parte del defecto que las provoca.












