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Historia

¿Quién fue Juan Mari Feliu, montañero, escritor y referente abertzale?

Juan Mari Feliu fue montañero, escritor, antifranquista y militante abertzale. Su trayectoria unió expediciones, cárcel, libros y política vasca.

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Juan Mari Feliu

Foto: Txikillana — trabajo propio, CC BY-SA 4.0 — vía Wikimedia Commons.

Resumen

  • Juan Mari Feliu fue montañero, escritor y referente abertzale navarro
  • Fue encarcelado por la ikurriña y vivió más de seis años exiliado
  • Dejó más de 40 libros y una huella decisiva en el senderismo navarro

Juan Mari Feliu Dord, una de las figuras históricas del montañismo navarro, falleció el 4 de septiembre de 2026 tras una vida difícil de encerrar en una sola etiqueta. Fue alpinista, espeleólogo, impulsor del senderismo, dirigente federativo, escritor y divulgador. También militante antifranquista y nacionalista vasco, con una trayectoria política que atravesó varias décadas y organizaciones, desde EGI y el PNV hasta EA y el espacio de Bildu. Había nacido en Pamplona en 1942.

Su biografía explica por qué su muerte ha tenido eco bastante más allá del círculo de la montaña. Feliu participó en el récord mundial de profundidad alcanzado en 1966 en la sima de San Martín, viajó un año después a los Andes, presidió en dos etapas la Federación Navarra de Montaña, trabajó durante años en la organización del senderismo español y dejó más de 40 libros, guías, topoguías y centenares de artículos. Al mismo tiempo, sufrió cárcel durante el franquismo, vivió más de seis años exiliado en Francia y terminó participando en la política municipal de Huarte. Las informaciones publicadas sobre su fallecimiento no han detallado una causa concreta de la muerte.

De Pamplona a la montaña: una afición que se convirtió en vida

Feliu empezó a frecuentar la montaña cuando era casi un niño, acompañado inicialmente por su hermano mayor y vinculado a Oberena. Después llegó el Club Deportivo Navarra y una generación en la que salir al monte significaba algo bastante distinto de comprar unas zapatillas técnicas, consultar el GPS y confiar en que haya cobertura. Había mapas de papel, orientación, aprendizaje entre compañeros y bastantes más posibilidades de equivocarse de collado.

La familia Feliu estuvo profundamente ligada a aquella cultura montañera. Juan Mari practicó escalada, alta montaña, espeleología y esquí nórdico, y en 1966 formó parte del equipo que participó en el récord mundial de profundidad de la sima de San Martín, en el macizo de Larra. Era una época de exploración casi artesanal, cuando determinadas cavidades y cordilleras conservaban todavía grandes zonas apenas conocidas.

Un año después llegó uno de los episodios que acabaría fundiendo para siempre sus dos grandes mundos: montaña y política. En 1967 participó en una expedición a los Andes peruanos que alcanzó varias cumbres hasta entonces vírgenes. Feliu llevaba consigo una ikurriña y el grupo se fotografió con ella en la montaña. Aquella imagen, aparentemente una fotografía de expedición, adquirió bajo la dictadura franquista un significado político bastante menos inocente.

La ikurriña de los Andes y la cárcel franquista

Cuando las autoridades conocieron las imágenes, comenzaron interrogatorios y detenciones. Feliu asumió la responsabilidad de la acción y acabó encarcelado. La contradicción tenía algo de esperpento histórico: una expedición recibida inicialmente por sus logros deportivos terminó bajo sospecha porque una ikurriña había aparecido a miles de metros de altitud.

No fue un episodio aislado. En 1968 volvió a ser detenido después de colocar una ikurriña en Urbasa. Su militancia antifranquista estaba ya plenamente asentada y, en 1970, emprendió el camino del exilio en Francia, donde permaneció durante más de seis años antes de regresar definitivamente a Navarra en 1977.

Ese compromiso tenía raíces tempranas. Feliu había participado en Eusko Basterra y formó parte de la dirección de EGI, las juventudes del PNV, así como del Napar Buru Batzar clandestino. Durante su etapa en Lapurdi participó también en proyectos culturales y editoriales, entre ellos las librerías-imprenta Mugalde y Axular. La defensa de la cultura vasca, el euskera y el nacionalismo vasco —lo abertzale, en el sentido político del término— quedó así entrelazada con su biografía personal.

Un dirigente que convirtió los senderos en infraestructura

Reducir a Feliu a las grandes ascensiones sería quedarse con la postal y perder el paisaje. Una parte decisiva de su carrera estuvo en algo aparentemente menos épico: organizar senderos, federaciones y caminos para que otros pudieran recorrerlos.

Fue presidente de la Federación Navarra de Deportes de Montaña y Escalada entre 1985 y 1989 y nuevamente entre 1998 y 2001. Entre 1992 y 2005 ejerció como director de senderismo de la Federación Española de Deportes de Montaña y Escalada y desarrolló también responsabilidades vinculadas al ámbito europeo. Su trabajo coincidió con la consolidación del senderismo organizado, que con los años pasó de actividad complementaria a una de las grandes puertas de entrada al mundo federativo.

Ese trabajo quizá sea menos cinematográfico que clavar una bandera en una cumbre andina, pero ha envejecido especialmente bien. Los senderos homologados, la señalización, la documentación de rutas y la coordinación entre clubes, federaciones y administraciones forman parte del paisaje cotidiano del excursionismo. Feliu ayudó a construir esa trastienda. Caminar no era para él solamente deporte: era una manera de conocer el territorio, su historia y los pueblos que lo habitan.

Más de 40 libros y una montaña convertida en archivo

A esa faceta deportiva sumó una producción escrita inusual. Publicó más de 40 obras entre libros, guías y topoguías, además de centenares de colaboraciones periodísticas. Entre sus trabajos figura Montes de Navarra, convertido en referencia para varias generaciones de aficionados. También escribió sobre senderos, pueblos desaparecidos, Pirineos y memoria montañera.

Desde 1963 colaboró con diferentes publicaciones y medios. En Diario de Navarra estuvo ligado desde sus primeros años a la sección Los jueves, montaña, y utilizó en ocasiones seudónimos como Kuluxka. Su producción revela una idea bastante precisa de lo que entendía por montaña: no solo cumbres, desnivel y marcas deportivas, sino geografía, toponimia, memoria oral y cultura.

Su propia casa llegó a parecerse a un pequeño museo. Guardaba fotografías, publicaciones, documentos y objetos acumulados durante décadas. Parte importante de ese material terminó saliendo del ámbito privado: realizó varias donaciones al Archivo Contemporáneo de Navarra, donde su fondo personal quedó incorporado a las colecciones disponibles para investigadores y público. Su memoria, así, no quedó encerrada en un cajón familiar.

Del PNV y EA a Bildu: una larga trayectoria política

El itinerario político de Feliu tampoco fue breve ni lineal. Después de su militancia clandestina en EGI y el PNV, continuó vinculado al nacionalismo vasco durante la democracia, pasó posteriormente por Eusko Alkartasuna y ejerció como concejal en Huarte, localidad en la que se había instalado después del exilio. En sus últimos años estuvo ligado a Bildu y al espacio de EH Bildu.

Su recorrido permite leer también buena parte de la evolución del nacionalismo vasco navarro desde la clandestinidad franquista hasta las instituciones democráticas. Feliu no ocultó aquel pasado. En 2021 publicó Mi vida, entre la montaña y la causa vasca, unas memorias donde reunió precisamente los dos hilos que habían atravesado su existencia y que, en su caso, muchas veces fueron el mismo camino.

Hablar de su actividad política exige, naturalmente, distinguir militancia de consenso. Sus posiciones nacionalistas no fueron ni son compartidas por toda la sociedad navarra. Su condición de antifranquista, en cambio, pertenece a un contexto histórico preciso: actuó políticamente bajo una dictadura que perseguía partidos, símbolos y organizaciones prohibidas. La cárcel por exhibir una ikurriña resume con bastante crudeza aquel tiempo.

El legado de Juan Mari Feliu queda también bajo nuestros pies

El nombre de Juan Mari Feliu permanecerá unido a expediciones, federaciones y libros, pero probablemente su herencia más reconocible sea algo mucho menos solemne: andar para conocer. Durante décadas defendió que el territorio no se comprende del todo desde una carretera ni desde un despacho. Hay que atravesarlo, perder alguna vez el camino, aprender el nombre de un barranco, detenerse en un pueblo y mirar qué queda detrás de la siguiente loma.

Deja el recuerdo del expedicionario de los Andes y del joven que terminó preso por una ikurriña, pero también el del hombre que clasificaba papeles, escribía guías y trabajaba para que un sendero estuviera bien marcado. Montañismo, memoria y política convivieron en él con una rara continuidad. Juan Mari Feliu convirtió la montaña en una forma de leer el país. Y esa huella, precisamente porque discurre por caminos y archivos en vez de limitarse a una estatua, será difícil que desaparezca.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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