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¿Qué pasó en Reino Unido? El fallo de NATS que canceló 1.900 vuelos
Más de 1.900 vuelos fueron cancelados tras una avería de NATS en Reino Unido. El sistema está operativo, pero las aerolíneas aún reajustan rutas.

Foto: Warren Rohner (Flickr) — CC BY-SA 2.0 — vía Wikimedia Commons.
Resumen
- NATS descarta un ciberataque y atribuye el caos a un fallo técnico interno
- Más de 1.900 vuelos fueron cancelados entre el martes y el miércoles
- El sistema vuelve a funcionar, pero siguen retrasos y recolocaciones
El tráfico aéreo británico vuelve a funcionar este miércoles 9 de septiembre, pero la normalidad todavía tiene bastantes agujeros. Una avería informática en el sistema de procesamiento de vuelos de NATS, responsable de buena parte del control aéreo del Reino Unido, provocó el martes una cascada de cancelaciones, retrasos y desvíos que ha dejado más de 1.900 vuelos cancelados entre ambos días y a cientos de miles de viajeros atrapados en una especie de gigantesco dominó aeroportuario.
El dato más importante, y también el que despeja una de las incógnitas que rodeaban el incidente, llegó este miércoles: NATS ha descartado oficialmente un ciberataque. Su director ejecutivo, Martin Rolfe, sostiene que tampoco existen indicios de la intervención de un Estado hostil o de actores externos. El origen apunta, por tanto, a un fallo técnico interno todavía bajo investigación. El sistema está nuevamente operativo; el problema es todo lo que dejó detrás.
El fallo que paralizó los vuelos en Reino Unido
La crisis comenzó el martes 8 de septiembre, poco después de las 13:00, hora británica. A las 13:46, NATS reconoció públicamente la incidencia técnica, que afectaba principalmente al procesamiento de las salidas.
No se cerró formalmente todo el espacio aéreo británico, un matiz importante, pero la capacidad del sistema para gestionar movimientos quedó fuertemente limitada. En aeropuertos con centenares de operaciones diarias, restringir las salidas durante horas produce prácticamente el mismo efecto que poner un tapón en una autopista en hora punta: al principio hay una cola; poco después, el atasco ocupa kilómetros.
El problema estaba en el sistema informático que procesa los datos y planes de vuelo. Los controladores pudieron mantener la seguridad operacional, pero el volumen de aeronaves que podía manejarse cayó drásticamente. NATS insistió desde el comienzo en que la seguridad de los vuelos no estuvo comprometida.
La incidencia técnica no quedó oficialmente resuelta hasta aproximadamente las 19:34, hora británica. Para entonces, el daño operativo estaba hecho. Aviones que debían estar en Londres seguían en París, Madrid o Dublín; tripulaciones habían agotado sus horarios legales de trabajo y miles de pasajeros esperaban frente a pantallas donde el rojo de las cancelaciones empezaba a parecer el color corporativo del día.
Heathrow terminó suspendiendo también las llegadas
El golpe inicial afectó especialmente a las salidas desde Heathrow, Gatwick, Stansted y London City, pero acabó extendiéndose por prácticamente toda la red británica. Mánchester, Birmingham, Luton, Bristol, Edimburgo, Glasgow y Aberdeen registraron también cancelaciones o retrasos.
Heathrow vivió la situación más delicada. Al principio continuaron llegando aviones mientras las salidas permanecían restringidas. Eso tampoco podía durar eternamente: las aeronaves aterrizaban, ocupaban posiciones y no conseguían marcharse.
El aeropuerto acabó suspendiendo las llegadas durante el resto del martes para evitar una saturación todavía mayor. Algunos vuelos fueron desviados hacia otros aeropuertos británicos o europeos mientras las compañías intentaban reorganizar sus operaciones.
La avería cruzó incluso las fronteras del Reino Unido. Eurocontrol reguló tráfico con destino al país y hubo aviones retenidos en aeropuertos europeos para evitar enviar más aeronaves hacia un sistema que apenas tenía margen para recibirlas. También Dublín sufrió decenas de cancelaciones.
Más de 1.900 vuelos cancelados y una cifra todavía en movimiento
La dimensión exacta varía ligeramente dependiendo del sistema de seguimiento utilizado. No es una contradicción extraña: unas estadísticas contabilizan vuelos programados en aeropuertos británicos, otras operaciones completas y otras actualizan las cancelaciones en momentos distintos del día.
El recuento de la empresa especializada Cirium situó en más de 1.750 los vuelos cancelados durante el martes 8 de septiembre. De unos 5.800 servicios previstos, fueron anuladas aproximadamente 902 salidas y 860 llegadas. Para hacerse una idea de la anomalía, en una jornada normal el porcentaje de cancelaciones suele moverse alrededor del 1% o el 2%.
A primeras horas de este miércoles ya figuraban otras 153 cancelaciones, 55 correspondientes a salidas y 98 a llegadas. El acumulado superaba así los 1.900 vuelos, y los recuentos posteriores continuaban aumentando a medida que las aerolíneas reajustaban sus programas.
Flightradar24 utilizó una metodología algo diferente y contabilizó alrededor de 1.300 cancelaciones durante el martes, además de más de 170 vuelos inicialmente retirados de la programación del miércoles. Lo esencial no cambia: se trata de uno de los mayores episodios recientes de interrupción del transporte aéreo británico.
Y las cifras siguieron moviéndose durante la mañana. British Airways había cancelado más de 190 vuelos este miércoles, buena muestra de que arreglar el ordenador no significa, por arte de magia, colocar cada avión y cada tripulación en el aeropuerto donde deberían estar.
Ryanair asegura que alrededor de 150.000 pasajeros de la compañía resultaron afectados y que tuvo que cancelar más de 200 vuelos. Algunos viajeros soportaron retrasos de hasta ocho horas.
British Airways confirmó aproximadamente un centenar de vuelos cancelados o desviados inicialmente durante la jornada del martes, con decenas de miles de clientes afectados. EasyJet sufrió asimismo centenares de alteraciones en una red especialmente expuesta al tráfico entre Reino Unido y el continente europeo.
El resultado se vio en las terminales: viajeros durmiendo junto a maletas, colas frente a los mostradores, pasajeros encerrados durante horas en aeronaves que finalmente no despegaron y familias buscando alojamiento después de perder conexiones. Una avería informática puede parecer abstracta hasta que hay que encontrar una cama a medianoche a varios cientos de kilómetros de casa.
NATS descarta un ciberataque: qué se sabe de la causa
La principal novedad de este miércoles llegó de boca de Martin Rolfe, director ejecutivo de NATS. Después de las primeras comprobaciones técnicas, la empresa considera descartado que la avería fuese causada por un ataque informático.
Tampoco hay indicios, según la información disponible, de sabotaje o participación de actores extranjeros o Estados hostiles. Esa posibilidad había adquirido inevitablemente peso durante las primeras horas por tratarse de una infraestructura nacional crítica y por la magnitud de la interrupción.
Rolfe fue bastante más prudente al explicar qué ocurrió realmente. NATS sabe que el problema se produjo dentro de su sistema de procesamiento de vuelos, pero la investigación técnica todavía debe determinar qué elemento concreto falló y por qué los mecanismos de contingencia no evitaron semejante impacto.
El ejecutivo ha señalado que aparentemente se trataría de un fallo distinto de los incidentes anteriores y llegó a describirlo como un comportamiento que la compañía no había visto durante sus aproximadamente 50 años de actividad. Es una explicación relevante, aunque no precisamente tranquilizadora: que una avería sea inédita no hace más cómodo dormir sobre la moqueta de Heathrow.
NATS ha anunciado una investigación completa. La Autoridad de Aviación Civil británica espera recibir un informe detallado para decidir si son necesarias nuevas medidas sobre la fiabilidad y resiliencia del sistema.
Cómo está la situación este 9 de septiembre
Los vuelos han vuelto a operar en Reino Unido. El fallo técnico está solucionado y el sistema de NATS funciona normalmente, según la compañía. Heathrow, Gatwick, Stansted y Luton han recuperado sus operaciones, igual que el resto de los principales aeropuertos.
Eso no significa que los horarios hayan recuperado todavía su aspecto habitual. Heathrow continúa registrando cancelaciones y retrasos mientras las aerolíneas recolocan aviones y tripulaciones. Gatwick mantiene una advertencia parecida.
El efecto es fácil de entender. Un avión que debía terminar el martes en Londres puede haber pasado la noche en otro aeropuerto; su tripulación quizá tampoco está donde comienza el siguiente servicio. Ese primer vuelo se cancela o retrasa y arrastra después al segundo, al tercero… Las compañías aéreas trabajan con redes muy ajustadas y una interrupción de varias horas puede necesitar días para desaparecer completamente del horario.
La situación afecta también a conexiones entre Reino Unido y España. Aunque el sistema británico esté restablecido, una aeronave o tripulación desplazada puede alterar posteriormente vuelos desde Alicante, Málaga, Palma, Barcelona o Madrid. Por eso los aeropuertos británicos mantienen la recomendación de comprobar directamente el estado del vuelo con la aerolínea antes de desplazarse a la terminal.
La presión sobre NATS llega al Gobierno británico
La avería ha dejado de ser solamente un problema técnico. Se ha convertido también en un asunto político.
La ministra británica de Transportes, Heidi Alexander, ha citado a Martin Rolfe para exigir explicaciones sobre lo ocurrido y sobre la capacidad de los sistemas de respaldo. Alexander quiere garantías de que las lecciones de esta crisis se traduzcan en cambios reales y tiene previsto abordar el incidente ante el Parlamento.
Ryanair ha ido bastante más lejos. La aerolínea exige directamente la destitución de Rolfe y acusa a NATS de sufrir fallos repetidos sin disponer de sistemas de respaldo suficientemente sólidos. Wizz Air también ha cuestionado públicamente su continuidad al frente de la organización.
Las críticas tienen memoria. En agosto de 2023, otro fallo relacionado con el procesamiento automático de planes de vuelo desencadenó un enorme caos en los aeropuertos británicos y europeos. Más de 700.000 pasajeros acabaron afectados y el coste para las compañías aéreas superó los 100 millones de libras.
En julio de 2025 volvió a producirse una interrupción técnica relacionada con el radar, que afectó durante varias horas a Heathrow y otros aeropuertos. Durante 2026 también se habían registrado incidencias más localizadas.
NATS rechaza la idea de que su infraestructura sea estructuralmente poco fiable. Rolfe defiende que la organización ha invertido más de 1.000 millones de libras en tecnología desde su privatización parcial y mantiene uno de los mejores registros internacionales en seguridad aérea. Nadie discute seriamente el primer objetivo —los aviones estuvieron seguros—, pero la discusión se ha desplazado hacia otro terreno: cuánto puede fallar una infraestructura crítica antes de que la palabra excepcional empiece a gastarse.
El sistema funciona otra vez, el caos todavía no ha terminado
A mediodía de este miércoles, la fotografía es bastante clara. No hubo ciberataque, no existen indicios conocidos de sabotaje y el sistema informático de control aéreo británico vuelve a estar operativo. Lo que todavía falta por conocer es la causa técnica exacta de una avería capaz de poner patas arriba uno de los espacios aéreos más congestionados de Europa.
Las consecuencias, mientras tanto, siguen viajando de aeropuerto en aeropuerto. Más de 1.900 vuelos habían sido cancelados entre el martes y las primeras horas del miércoles, una cifra que continuaba aumentando durante la jornada, mientras las compañías intentaban reconstruir sus horarios. Heathrow y el resto de grandes aeropuertos están abiertos, pero persisten retrasos, anulaciones y cambios de última hora.
La investigación deberá aclarar algo más incómodo que el nombre de una pieza de software averiada: por qué los sistemas de respaldo no consiguieron contener el problema y cómo pudo una incidencia informática propagarse hasta afectar a cientos de miles de viajeros. El ordenador volvió a funcionar en unas horas. Recuperar todo lo que había dejado desordenado está llevando bastante más.












