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¿Por qué Sánchez dijo a Abascal «yo seré un perro, pero no tengo amo»?

Pedro Sánchez responde a Santiago Abascal tras sus acusaciones sobre Marruecos y convierte el choque parlamentario en una de las frases del día.

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foto oficial de Pedro Sanchez

Resumen

  • Sánchez respondió a Abascal: «Yo seré un perro, pero no tengo amo»
  • Abascal acusó al presidente de estar chantajeado por Marruecos
  • El choque reabrió el pulso político sobre Ceuta, Rabat y Vox

Pedro Sánchez y Santiago Abascal han protagonizado uno de los enfrentamientos más ásperos de la primera sesión de control al Gobierno tras el verano. El líder de Vox acusó al presidente de estar «chantajeado» por Marruecos y de tener comprometida su libertad política ante Rabat. Sánchez negó la acusación y respondió con una frase destinada, inevitablemente, a sobrevivir al resto del debate: «Yo seré un perro, pero no tengo amo».

El choque se produjo este miércoles, 9 de septiembre, en el Congreso de los Diputados y tuvo como telón de fondo la crisis de Ceuta y la relación del Ejecutivo con Marruecos. Abascal sostuvo que Sánchez actúa condicionado por el país vecino e insinuó que Rabat dispondría de información comprometedora sobre su familia y su Gobierno. No aportó pruebas que acreditaran ese supuesto chantaje. El presidente convirtió entonces la acusación en un contraataque político y señaló al propio líder de Vox por sus afinidades internacionales.

Abascal acusa a Sánchez de estar chantajeado por Marruecos

La pregunta de Santiago Abascal entró directamente por la puerta grande de la confrontación. El dirigente de Vox preguntó a Sánchez si Marruecos lo estaba chantajeando debido a la información que supuestamente tendría sobre «la corrupción de su familia y de su Gobierno» y acto seguido dio por válida su propia tesis.

El líder de Vox fue más lejos. Afirmó que, bajo esas circunstancias, el Gobierno español estaría políticamente subordinado a Rabat y volvió a vincular la actuación del Ejecutivo con las aspiraciones marroquíes sobre Ceuta y Melilla. El argumento encaja con una línea política que Vox ha endurecido durante la reciente crisis migratoria en la ciudad autónoma, pero una cosa es la acusación parlamentaria y otra, bastante distinta, que existan pruebas públicas de ese chantaje.

Abascal también dibujó un escenario mucho más amplio, hablando de una España sometida a intereses extranjeros y advirtiendo incluso de una posible conversión del país en una suerte de «protectorado» marroquí. El volumen retórico subía. El de las evidencias, bastante menos.

Sánchez devuelve el golpe con Estados Unidos e Israel

Pedro Sánchez respondió desplazando el foco. Frente a la imagen de un presidente supuestamente sujeto a Marruecos, acusó a Abascal de ser él quien lleva «una correa al cuello», en referencia a la proximidad política de Vox con determinados intereses de Estados Unidos e Israel.

El presidente sostuvo que Abascal «aplaude los aranceles de unos y los genocidios de otros» y defendió que su Ejecutivo no acepta el chantaje de ningún partido, país ni poder. Fue entonces cuando llegó la frase que hizo saltar el contador político de las redes sociales.

«Usted me ha llamado autócrata, dictador, incluso me llaman perro», vino a recordar Sánchez antes de rematar: «A diferencia de usted, yo seré un perro, pero no tengo amo». Abascal decidió no utilizar los segundos de réplica que todavía tenía disponibles.

El origen político de la palabra «perro»

La expresión no aparece de la nada. «Perro Sánchez» lleva años circulando como insulto contra el presidente del Gobierno en manifestaciones, redes sociales y actos políticos. Sánchez terminó apropiándose parcialmente del término durante anteriores campañas electorales, una técnica bastante vieja en política: cuando un adversario convierte una palabra en arma, asumirla puede desactivar parte de su carga.

Esta vez la pirueta fue distinta. No intentó negar el calificativo, sino darle la vuelta. El «perro» dejó de funcionar como insulto y pasó a convertirse en una declaración de independencia: podrá llamársele así, vino a decir Sánchez, pero no obedecería a ningún dueño extranjero.

El mecanismo retórico es sencillo y eficaz. Aceptar la premisa para destruir la conclusión. Y, de paso, devolver la acusación a quien la formula.

La crisis de Ceuta alimenta el enfrentamiento

Debajo de la frase ingeniosa hay un asunto mucho menos ligero. La relación entre España y Marruecos se ha convertido otra vez en uno de los grandes campos de batalla de la política nacional después de la grave crisis migratoria en Ceuta.

PP y Vox han endurecido sus reproches al Gobierno y sostienen que Rabat tuvo responsabilidad en los acontecimientos. Sánchez, por su parte, ha defendido que el Ejecutivo actuará si aparecen pruebas concluyentes contra Marruecos, pero ha rechazado presentar como hechos demostrados las acusaciones que la oposición considera evidentes.

La sesión de control reflejó esa fractura. Alberto Núñez Feijóo también acusó a Sánchez de no ser políticamente libre frente al Gobierno marroquí y reclamó explicaciones sobre su respuesta ante Ceuta. El presidente evitó asumir esa tesis y aseguró que habrá elecciones generales en 2027, llegando incluso a pronosticar una nueva victoria frente al PP.

La temperatura política, en cualquier caso, tiene poco de septiembre otoñal. Marruecos, inmigración, soberanía nacional, elecciones y corrupción volvieron a mezclarse durante unos minutos en el hemiciclo. Un cóctel que en el Congreso español rara vez se sirve con hielo.

Sánchez presenta a Vox como una amenaza política

El enfrentamiento tampoco se quedó en las relaciones internacionales. Sánchez volvió a situar a Vox como una formación que, a su juicio, representa una amenaza para España y Europa, mientras Abascal insistió en presentar al Gobierno como rehén de intereses ajenos a los españoles.

Aquí aparece una de las líneas maestras de la próxima batalla electoral. El PSOE intenta convertir el posible crecimiento de Vox y su capacidad para condicionar al PP en uno de sus grandes argumentos de movilización. Vox, en sentido contrario, busca presentar a Sánchez como un presidente sostenido por pactos internos y dependencias externas que habrían reducido su margen político.

Son dos fotografías opuestas del mismo país. En una, el riesgo está en la derecha radical. En la otra, en un Gobierno supuestamente sometido a fuerzas extranjeras y a sus socios parlamentarios. Entre ambas imágenes discurre buena parte de la legislatura.

Una frase que retrata el tono de la legislatura

La réplica de Pedro Sánchez a Santiago Abascal funciona porque concentra en unas pocas palabras buena parte del clima político español: acusaciones personales, política exterior, Marruecos y Vox, con una campaña electoral que todavía no ha comenzado oficialmente pero que se escucha al fondo, como un tren aproximándose.

Sánchez consiguió transformar un calificativo utilizado durante años contra él en una respuesta dirigida a Abascal. Eso no resuelve las dudas sobre la relación con Marruecos, ni explica por sí solo lo ocurrido en Ceuta, ni demuestra quién acierta en la batalla política. Pero sí explica perfectamente cómo se libra esa batalla.

En el Congreso muchas veces sobreviven menos los discursos que una frase. Esta vez fueron nueve palabras: «Yo seré un perro, pero no tengo amo». Y durante unas horas, al menos, todo lo demás quedó detrás.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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