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¿Por qué La Monumental puede castigar a los coches de F1 en Madring?
La curva 12 del Madring combina 550 metros, un peralte del 24% y seis segundos de apoyo: una prueba inédita para coches, pilotos e ingenieros de F1

Resumen
- La Monumental mide 550 metros y alcanza un peralte máximo del 24%
- Los Fórmula 1 pasarán unos seis segundos bajo fuertes cargas sostenidas
- Su diseño puede condicionar suspensiones, altura, neumáticos y aerodinámica
Madrid ha querido que su nuevo circuito de Fórmula 1 tenga una curva imposible de confundir con cualquier otra. Y la ha construido. La Monumental, la curva 12 del Madring, mide oficialmente 547,82 metros —550 metros redondeando—, tiene 12 metros de anchura y alcanza un peralte del 24%. Los monoplazas permanecerán aproximadamente seis segundos girando sobre esa enorme herradura de asfalto antes de salir por encima de los 300 km/h.
Es, probablemente, el punto que determinará buena parte de la personalidad del nuevo Gran Premio de España. También concentra una de las mayores incógnitas del estreno de Madrid en la F1: cómo soportarán los coches actuales una curva tan larga bajo carga lateral y vertical sostenida. La expresión “car killer” ha empezado a circular después de los primeros ensayos, aunque todavía no existe base suficiente para afirmar que La Monumental vaya a destrozar monoplazas de Fórmula 1. Carlos Sainz, después de probar el trazado en simulador, ha sido bastante más prudente.
Por qué La Monumental es una curva tan diferente
El aspecto más llamativo no es únicamente el peralte. Curvas inclinadas hay otras en el Mundial y algunas son incluso más pronunciadas. Zandvoort, por ejemplo, alcanza alrededor de 18 grados en sus zonas más características. Lo peculiar de Madrid es la combinación de inclinación, longitud, velocidad y tiempo de apoyo.
Conviene aclarar un detalle que puede provocar confusión: cuando Madring habla de un peralte del 24% no está diciendo que la pista tenga 24 grados de inclinación. Expresado como pendiente, un 24% corresponde aproximadamente a 13,5 grados. No parece tan marciano escrito así, hasta que se añade el resto de la ecuación: más de medio kilómetro describiendo una curva semicircular y varios segundos manteniendo el coche sometido a una carga prácticamente continua.
El diseño incluso prepara deliberadamente el terreno. Las curvas 10 y 11 forman una chicane destinada a reducir la velocidad antes de entrar en La Monumental y permitir que los pilotos puedan afrontar la zona peraltada a fondo o muy cerca del límite, según las condiciones y la puesta a punto finalmente utilizada.
Después llega la salida. Y ahí vuelve el asunto serio. El proyecto calcula que los coches superarán los 300 km/h antes de la curva 13, donde tendrán que frenar hasta unos 140 km/h para negociar un giro lento de casi 84 grados. No es simplemente una atracción arquitectónica pensada para quedar estupenda en televisión. Afecta a la configuración del coche antes, durante y después del viraje.
Seis segundos que pueden condicionar todo el reglaje
Para un Fórmula 1, seis segundos pueden ser una eternidad. La suspensión permanece comprimida, los neumáticos trabajan bajo una carga elevada y el fondo del monoplaza se acerca al asfalto mientras las fuerzas empujan coche y piloto hacia el exterior. Ese apoyo prolongado es uno de los elementos que convierte a La Monumental en algo más que una curva vistosa.
James Vowles, responsable de Williams, ha señalado precisamente las fuerzas G sostenidas detectadas en las simulaciones. Sus cálculos hablan de aproximadamente cuatro segundos y medio especialmente intensos dentro de la zona peraltada, una cifra compatible con los cerca de seis segundos que la organización estima para atravesar el conjunto de la curva.
Aquí aparece uno de los quebraderos de cabeza para los ingenieros. Un coche demasiado bajo puede ganar rendimiento aerodinámico en otras partes del circuito, pero sufrir más cuando la compresión aumenta en La Monumental. Levantarlo ofrece mayor margen frente al asfalto, aunque normalmente tiene un precio en prestaciones. La típica manta que se estira de un lado y deja los pies al aire por el otro.
Y los Fórmula 1 de 2026, aunque diferentes de los de la generación anterior, siguen siendo máquinas extremadamente sensibles a la altura, el movimiento de las suspensiones y el funcionamiento del suelo.
Los test de Fórmula 3 encendieron la alarma, pero con matices
La palabra “car killer” no apareció por generación espontánea. Los entrenamientos de Fórmula 3 celebrados en Madring a finales de agosto dejaron 19 banderas rojas en dos jornadas, nueve el primer día y diez el segundo. Varios coches tocaron los muros y la pista mostró desde el principio que perdona poco.
También hubo Fórmula 3 que rozaron el asfalto en la entrada y la salida de La Monumental debido a la fuerte compresión. Esa imagen explica buena parte de la inquietud. Con un coche pegado al suelo, la geometría del trazado deja de ser un simple dibujo sobre Google Maps: pasa directamente por las suspensiones, el fondo y la espalda del piloto.
Pero hay un detalle importante que rebaja bastante el dramatismo. Los incidentes de aquellos test no se concentraron en La Monumental. Los contactos relevantes se produjeron en otras curvas del Madring, especialmente en zonas donde los muros están próximos y cualquier error de cálculo termina en hormigón.
Carlos Sainz lo explicó sin comprar todavía el titular más espectacular: el calificativo de “car killer” puede aplicarse por ahora a lo sucedido con los F3; con los Fórmula 1, habrá que comprobarlo en pista. Una diferencia bastante sensata. El simulador anticipa problemas, pero no reproduce hasta el último detalle un asfalto recién estrenado, su evolución con goma, la temperatura o la reacción real de un monoplaza cuando entra cargado de combustible.
El verdadero enemigo puede estar debajo del coche
La cuestión interesante quizá no sea si los pilotos podrán superar La Monumental. Naturalmente podrán. El problema consiste en hacerlo durante todo un Gran Premio sin comprometer el coche.
Los equipos deberán encontrar una altura que evite contactos excesivos con el suelo al atravesar el punto de máxima compresión. Si el fondo golpea repetidamente el asfalto puede perder rendimiento, sufrir daños o provocar un desgaste del patín superior al permitido. Y eso ya entra en terreno peligroso desde el punto de vista deportivo: un desgaste fuera del límite reglamentario puede terminar en descalificación.
La configuración de las suspensiones también tendrá peso. Demasiado rígidas y el coche puede resultar nervioso sobre irregularidades y cambios de carga; demasiado blandas y aumentará el movimiento de la plataforma aerodinámica. A ello se suman presiones y temperaturas de neumáticos, reparto de cargas y la trazada escogida por cada piloto.
La Monumental, por tanto, podría influir en el coche incluso cuando el piloto se encuentre a kilómetros de ella. Un reglaje pensado para sobrevivir mejor a la curva 12 puede restar prestaciones en otro sector. Ahí está el verdadero interés técnico del invento madrileño.
Una curva creada para que Madrid tenga una identidad propia
Hay también una razón menos científica detrás de semejante pared de asfalto: Madrid necesitaba una imagen reconocible.
El Madring tiene 5,4 kilómetros y 22 curvas, discurre entre el entorno de IFEMA y Valdebebas y mezcla sectores construidos específicamente para competir con otros integrados en la infraestructura urbana. Pero un circuito nuevo necesita algo más que una sucesión razonablemente entretenida de izquierda, derecha, frenada y recta. Necesita una silueta propia.
Dromo, el estudio dirigido por Jarno Zaffelli que trabajó también en las zonas peraltadas de Zandvoort, diseñó La Monumental precisamente con esa intención. Su forma semicircular recuerda desde arriba a una plaza de toros —de ahí el nombre— y alcanza una altura máxima cercana a 10 metros entre sus diferentes cotas.
El espectáculo también está pensado hacia fuera. Unas 45.000 personas podrán contemplar esta zona, según los datos del circuito. Si funciona como espera la organización, esas gradas tendrán delante uno de esos lugares que la realización televisiva utiliza vuelta tras vuelta porque explican un Gran Premio con una sola imagen.
Es una apuesta deliberada. En una época en la que algunos circuitos modernos terminan pareciéndose entre ellos como terminales de aeropuerto recién inauguradas, Madrid ha decidido construir su propio accidente geográfico.
El primer GP dirá cuánto hay de amenaza y cuánto de espectáculo
La gran incógnita permanecerá abierta hasta que los Fórmula 1 recorran Madring en condiciones reales. Los equipos disponen de simulaciones y Ferrari llegó a rodar previamente durante un filming day, pero ninguno cuenta todavía con la cantidad de datos acumulados durante años que existe en circuitos tradicionales.
Eso convierte los entrenamientos libres del viernes en algo bastante más importante de lo habitual. Habrá que comprobar cómo evoluciona el asfalto nuevo, dónde aparecen los baches bajo carga, cuánto pueden bajar realmente los coches, qué temperaturas alcanzan los neumáticos y si las previsiones del simulador coinciden con lo que ocurre cuando un piloto entra de verdad en La Monumental.
También se verá si permite varias líneas. Un gran peralte abre teóricamente la posibilidad de utilizar trayectorias diferentes y mantener velocidades elevadas, pero la Fórmula 1 tiene una larga tradición de convertir las mejores teorías aerodinámicas en una única trazada óptima de veinte centímetros. La pista decidirá.
Madrid recupera la Fórmula 1 45 años después de la última carrera celebrada en el Jarama, con el Gran Premio previsto del 11 al 13 de septiembre de 2026. El Madring será nuevo para prácticamente todos y La Monumental, todavía más.
El asfalto decidirá si el nombre estaba bien elegido
De momento, llamar “car killer” a La Monumental sería adelantarse a los hechos. Los Fórmula 3 demostraron que Madring puede castigar los errores y que la compresión de la curva 12 merece respeto, pero también dejaron una paradoja interesante: pese a las numerosas banderas rojas, La Monumental no fue el escenario principal de los accidentes.
Lo verdaderamente extraordinario está en otra parte. Madrid ha construido una curva de casi 550 metros cuyo efecto puede obligar a modificar la configuración completa de un Fórmula 1. Un solo viraje condicionando alturas, suspensiones, neumáticos y aerodinámica. Eso sí es poco habitual.
El domingo sabremos cuánto había de simulación y cuánto de realidad. Puede terminar siendo un monstruo mecánico; puede resultar simplemente rapidísima y espectacular. O las dos cosas a la vez. Pero Madrid ya ha conseguido una primera victoria bastante difícil en la Fórmula 1 contemporánea: antes incluso de disputarse su primer Gran Premio, todo el mundo habla de la curva 12.

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