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¿Era ruso el dron que casi golpeó el avión de Zelenski en Moldavia?
Zelenski salió de Moldavia en un avión que casi fue alcanzado por un dron. La incursión de un Shahed ruso alimenta las sospechas sobre su origen.

Créditos: President.gov.ua, CC BY 4.0, vía Wikimedia Commons.
Resumen
- El avión de Zelenski casi fue alcanzado por un dron al despegar de Moldavia
- Støre no identificó el aparato ni dijo a qué distancia pasó del avión
- Ese día un Shahed ruso violó el espacio aéreo de Moldavia y Rumanía
El avión que transportaba al presidente de Ucrania, Volodímir Zelenski, estuvo a punto de ser alcanzado por un dron cuando se disponía a despegar de Moldavia rumbo a Noruega el martes 8 de septiembre. El episodio fue revelado un día después por el primer ministro noruego, Jonas Gahr Støre, quien aseguró que la aeronave presidencial fue “casi alcanzada” justo antes del despegue. Zelenski completó el trayecto y llegó a Oslo sin sufrir daños.
La cuestión más delicada sigue abierta: no está confirmado que el dron que se acercó al avión fuese ruso. Støre no explicó de dónde procedía la información, no identificó el modelo del aparato y tampoco precisó a qué distancia pasó. La sospecha nace de una coincidencia difícil de ignorar: ese mismo 8 de septiembre, un dron tipo Shahed vinculado a Rusia atravesó espacio aéreo de Moldavia y Rumanía durante una nueva oleada de ataques contra Ucrania.
El avión de Zelenski estuvo a punto de ser alcanzado al despegar
La información salió a la luz el miércoles 9 de septiembre en Noruega. Støre relató que el presidente ucraniano había vivido un comienzo especialmente peligroso en su viaje hacia Oslo y afirmó que su avión estuvo a punto de ser alcanzado por un dron mientras se preparaba para abandonar Moldavia. La frase fue breve, pero su alcance no lo es precisamente: hablamos del avión de un jefe de Estado en guerra, durante una de las fases más vulnerables de cualquier vuelo.
El primer ministro noruego no aportó detalles técnicos. No se conoce públicamente la distancia exacta entre el dron y la aeronave, la altura a la que se produjo el cruce, la trayectoria del dispositivo ni si los pilotos tuvieron que realizar alguna maniobra evasiva. Tampoco se ha informado de daños. El avión aterrizó finalmente en el aeropuerto de Gardermoen, cerca de Oslo, donde Zelenski tenía previsto participar en actos oficiales y mantener conversaciones políticas.
Zelenski viajó a Noruega para asistir a los funerales del rey Harald V y reunirse con las autoridades noruegas. Støre había anunciado además conversaciones centradas en la defensa aérea de Ucrania, uno de los asuntos más urgentes para Kiev ante la creciente utilización rusa de misiles y drones de largo alcance. El contraste resulta difícil de pasar por alto: Zelenski viajaba precisamente para hablar de protección aérea cuando su avión quedó expuesto a un incidente con un dron.
¿Era un dron ruso?
Con los datos conocidos, atribuir directamente el episodio a Moscú sería adelantarse a las pruebas. Støre habló de “un dron”, no de un dron ruso, y tampoco aseguró que existiera una intención deliberada de acercarse al avión presidencial. Esa diferencia importa. Una cosa es un aparato que entra en una zona aérea peligrosa o se desvía de su ruta; otra muy distinta sería una operación diseñada para atacar al presidente ucraniano.
No se ha informado de que el dron persiguiera al avión, modificara su trayectoria para interceptarlo o tratara de bloquear el despegue. Tampoco existe, por ahora, una atribución oficial del incidente a las Fuerzas Armadas rusas. En un conflicto donde cada frase cruza fronteras más rápido que algunos misiles, presentar una sospecha como un hecho convertiría una noticia seria en otra cosa.
Eso no significa que la hipótesis rusa carezca de fundamento. El mismo día se produjo una incursión de un Shahed sobre Moldavia y Rumanía, en plena campaña rusa de ataques aéreos contra Ucrania. La proximidad temporal y geográfica obliga a mirar ambos sucesos juntos. Lo que todavía falta es demostrar que el aparato detectado sobre ambos países fue exactamente el mismo que pasó cerca del avión de Zelenski.
Un Shahed cruzó Moldavia y Rumanía ese mismo día
Durante la tarde del martes 8 de septiembre, las autoridades moldavas detectaron un aparato identificado como dron tipo Shahed que penetró ilegalmente en su espacio aéreo. El dispositivo atravesó territorio moldavo, pasó posteriormente por espacio aéreo rumano y regresó después hacia Moldavia. Finalmente cayó en un campo de girasoles cerca de Mihăilenii Vechi, en el distrito de Rîșcani.
El impacto provocó varios pequeños incendios, aunque no se registraron víctimas. La incursión obligó a movilizar servicios de emergencia y a adoptar medidas de seguridad aérea. También se activaron sistemas de alerta en Rumanía y despegaron cazas destinados a la vigilancia del espacio aéreo. No era, pues, una presencia simbólica en el radar: el dron recorrió una distancia considerable y atravesó fronteras internacionales.
El aparato formaba parte del tipo de drones que Rusia utiliza de manera recurrente contra Ucrania. Los Shahed, de origen iraní y empleados posteriormente en variantes producidas o adaptadas por Rusia, se han convertido en una pieza habitual de los ataques nocturnos sobre ciudades e infraestructuras ucranianas. Son relativamente baratos, pueden volar a larga distancia y obligan a consumir costosos recursos de defensa aérea.
La coincidencia no demuestra que fuese el mismo aparato
El punto esencial está precisamente ahí. Que un Shahed ruso atravesara Moldavia el mismo día en que un dron pasó peligrosamente cerca del avión de Zelenski no demuestra por sí solo que fueran el mismo dispositivo. Para establecer esa conexión harían falta datos sobre horarios exactos, posiciones, rutas de vuelo y registros de radar que, de momento, no se han hecho públicos.
Tampoco se ha confirmado que existiera un intento deliberado de atacar al presidente ucraniano. Hablar de un intento ruso de derribar a Zelenski supondría atribuir intención, autoría y objetivo a un episodio sobre el que todavía faltan piezas básicas. La gravedad potencial es enorme, precisamente por eso conviene no rellenar esos huecos con intuiciones.
Existe además otra posibilidad menos espectacular, aunque igualmente preocupante: que el incidente sea consecuencia del desbordamiento aéreo de la guerra. Desde el inicio de la invasión rusa, drones, fragmentos y proyectiles han penetrado en distintas ocasiones en territorios vecinos de Ucrania. Moldavia y Rumanía, pegadas a las rutas utilizadas durante los ataques contra el sur ucraniano, viven especialmente expuestas a ese riesgo.
Por qué Zelenski estaba volando desde Moldavia
Los desplazamientos internacionales del presidente ucraniano se realizan bajo protocolos de seguridad excepcionales. El espacio aéreo civil de Ucrania permanece condicionado por la guerra, de modo que numerosos viajes oficiales combinan trayectos terrestres con salidas aéreas desde países vecinos. Las rutas y horarios, además, suelen manejarse con discreción hasta que el presidente se encuentra en un lugar seguro.
Moldavia constituye una de esas posibles vías de salida por su proximidad con Ucrania, aunque esa cercanía también supone un problema evidente. El país ha sufrido repetidamente las consecuencias indirectas de los ataques rusos y mantiene una posición geográfica especialmente frágil, entre Ucrania y Rumanía y con la región separatista de Transnistria dentro de sus fronteras internacionalmente reconocidas.
El viaje a Noruega tenía también una dimensión militar. Zelenski había previsto abordar cuestiones relacionadas con la defensa aérea ucraniana y con la iniciativa europea Freyja, destinada al desarrollo de capacidades antibalísticas. La protección frente a drones y misiles se ha convertido en una prioridad estructural para Kiev, no solo en el frente sino también alrededor de ciudades, instalaciones energéticas y rutas estratégicas.
Un incidente grave con demasiadas piezas todavía fuera del radar
El simple hecho de que un dron pueda aproximarse a un avión durante el despegue representa un riesgo de seguridad considerable. En esa fase, una aeronave vuela a baja altura, incrementa rápidamente su velocidad y dispone de menos margen para reaccionar ante un objeto inesperado. Incluso un aparato relativamente pequeño puede ocasionar daños graves si impacta contra motores, superficies de control o fuselaje.
Pero determinar si se trató de una amenaza deliberada exige mucho más. Habría que conocer la ruta programada del dispositivo, su sistema de navegación, la posición exacta respecto al avión y la posibilidad de que hubiese recibido instrucciones para aproximarse a él. Ninguno de esos elementos ha sido confirmado públicamente en relación con el vuelo de Zelenski.
También permanece sin aclarar cómo conoció Støre el episodio. El primer ministro noruego no reveló su fuente, aunque por el contexto cabe pensar que la información procedía de personas relacionadas con el viaje o con su seguridad. Lo único que puede darse por firme es su declaración: el avión estuvo “casi” alcanzado por un dron cuando se disponía a despegar de Moldavia.
La sospecha rusa existe, la prueba definitiva todavía no
A 9 de septiembre de 2026, los hechos permiten dibujar un cuadro inquietante pero todavía incompleto. Zelenski salió de Moldavia en un avión que, según el primer ministro noruego, estuvo a punto de ser alcanzado por un dron. Ese mismo día, un Shahed utilizado por Rusia violó el espacio aéreo de Moldavia y Rumanía y acabó estrellándose de nuevo en territorio moldavo.
Lo que no puede afirmarse todavía es que aquel Shahed fuese exactamente el dispositivo que pasó cerca del avión presidencial, ni que Rusia hubiera preparado una operación para atacar a Zelenski. La coincidencia temporal alimenta las sospechas, pero faltan registros y datos técnicos capaces de unir ambos episodios sin dejar espacio a la duda.
La diferencia es enorme. Un dron ruso perdido, desviado o fuera de su ruta sobre Moldavia ya constituye una peligrosa extensión de la guerra más allá de las fronteras ucranianas. Un aparato enviado deliberadamente contra el avión de Zelenski supondría algo mucho más serio: un intento de atacar al presidente de Ucrania durante un desplazamiento internacional. Esa segunda historia, por el momento, sigue siendo una hipótesis y no un hecho probado.

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