Actualidad
¿Está en venta el castillo de Mohamed VI en Francia con 71 hectáreas?
El castillo de Mohamed VI en Betz, con 71 hectáreas cerca de París, vuelve al foco por una supuesta venta que Marruecos desmintió oficialmente.

Resumen
- El castillo de Betz ocupa unas 71 hectáreas a una hora de París
- La familia real marroquí posee la finca desde tiempos de Hassan II
- La supuesta venta fue desmentida oficialmente y sigue sin confirmarse
El castillo de Betz, una de las propiedades más conocidas de Mohamed VI en Francia, vuelve a estar bajo los focos. La finca ocupa alrededor de 71 hectáreas en el departamento de Oise, a unos 70 kilómetros al nordeste de París, y pertenece a la familia real marroquí desde comienzos de los años setenta. La cuestión más llamativa, sin embargo, no está detrás de sus muros sino en los despachos: varios medios sostienen que el monarca lo puso en venta, aunque esa operación no está oficialmente confirmada.
La supuesta venta comenzó a circular en febrero de 2026 vinculada a una reorganización del patrimonio inmobiliario de Mohamed VI en Francia. Pero pocos días después llegó un dato bastante menos vistoso y bastante más importante: la Embajada de Marruecos en París negó expresamente que el Château de Betz estuviera a la venta. A 9 de septiembre de 2026 no consta públicamente una confirmación oficial posterior que haya dejado sin efecto aquel desmentido, aunque distintos medios franceses y españoles han seguido presentando la propiedad como disponible en el mercado. Así que, de momento, comprador con las llaves en el bolsillo, ninguno.
Un dominio de 71 hectáreas a las puertas de París
Betz es una pequeña comuna de Oise, en la región histórica de Picardía, suficientemente cerca de París para llegar en aproximadamente una hora y suficientemente lejos para que el ruido de la capital quede reducido a otra vida. Allí se levanta un dominio rodeado de muros, árboles maduros, jardines y construcciones históricas que durante décadas ha servido de refugio privado a la familia real marroquí.
El conjunto ronda las 70 o 71 hectáreas según las referencias históricas. No se trata únicamente de una gran casa con césped alrededor: el terreno incluye zonas boscosas, jardines, dependencias y elementos arquitectónicos anteriores al edificio actual. Algunas descripciones de la finca mencionan incluso un curso de agua, establos y un segundo edificio conocido como Pavillon du Prince, levantado durante la etapa de Hassan II.
Ese tamaño ayuda a entender la escala. Setenta y una hectáreas equivalen aproximadamente a 100 campos de fútbol. En una localidad pequeña, semejante propiedad no es precisamente una casa que pase inadvertida tras un seto de tuyas.
El castillo actual fue levantado en 1913
El edificio que hoy se identifica como castillo de Betz fue reconstruido en 1913, pero el lugar arrastra una historia mucho más antigua. En el siglo XVIII estuvo ligado a María Catalina Brignole-Sale, princesa de Mónaco y esposa de Honorato III, que convirtió aquellos terrenos en un dominio aristocrático con jardines de inspiración inglesa.
De aquella etapa sobrevivieron elementos desperdigados por el parque, casi como decorados de una película que nadie terminó de desmontar. Entre ellos figuran el Templo de la Amistad, una construcción de inspiración neogriega; la capilla del Ermitage, de aspecto neogótico; antiguos restos ornamentales, una hielera, un obelisco y diferentes estructuras concebidas para alimentar el gusto romántico por las ruinas y los paisajes pintorescos.
No es un castillo medieval intacto llegado milagrosamente hasta el siglo XXI. Es algo más extraño y quizá más interesante: un paisaje nobiliario reconstruido, transformado y reinterpretado durante generaciones.
Hassan II convirtió Betz en residencia de la familia real marroquí
La relación marroquí con el castillo comenzó a principios de la década de 1970. Las referencias históricas sitúan la adquisición por Hassan II en 1971 o 1972; desde entonces, Betz quedó estrechamente relacionado con la monarquía alauí. El padre de Mohamed VI buscaba allí una residencia francesa alejada de hoteles, fotógrafos y ceremonias oficiales.
Tras la muerte de Hassan II en 1999, la propiedad pasó a Mohamed VI. Durante años el actual rey utilizó Betz en sus estancias privadas en Francia, acompañado de personal de seguridad y servicio. Su llegada era difícil de ocultar en un pueblo pequeño: movimiento de vehículos, empleados, vigilancia y una actividad comercial que, de repente, cambiaba de escala.
El castillo también estuvo especialmente asociado a Lalla Latifa, viuda de Hassan II y madre de Mohamed VI, fallecida en 2024. Durante años fue considerada una de sus principales residencias fuera de Marruecos. Betz era, más que una pieza ornamental del patrimonio real, una casa familiar.
Un castillo real metido en la vida de un pueblo pequeño
La relación entre la familia real marroquí y Betz dejó huella en el municipio. Hassan II contrató trabajadores de la zona y mantuvo relaciones estrechas con las autoridades locales. La localidad francesa acabó incluso hermanada con Sjirat, ciudad marroquí situada entre Rabat y Casablanca y estrechamente vinculada también a la historia de la familia real.
Durante determinadas visitas, la llegada de la comitiva modificaba durante días el ritmo del pueblo. Antiguas crónicas hablan de personal adicional, compras en comercios locales y dispositivos de seguridad propios de una visita de jefe de Estado. El escenario tiene algo de contraste francés muy puro: una carnicería, una panadería, calles tranquilas… y detrás de una tapia, el rey de Marruecos.
El dominio, eso sí, sigue siendo estrictamente privado. No funciona como los grandes castillos turísticos del valle del Loira y sus jardines no pueden recorrerse comprando una entrada un domingo por la mañana.
La supuesta venta que terminó en un desmentido
La historia reciente resulta algo más enrevesada. En febrero de 2026 comenzaron a publicarse informaciones según las cuales Mohamed VI habría iniciado la venta del castillo dentro de una reestructuración de sus propiedades francesas. No se difundió precio, calendario, comprador ni una agencia inmobiliaria que comercializara públicamente el inmueble.
El 26 de febrero de 2026 llegó el desmentido. La Embajada de Marruecos en Francia aseguró que la residencia denominada Château de Betz no estaba siendo objeto de ninguna venta. Esa versión oficial introdujo una contradicción evidente respecto a las informaciones que ya circulaban sobre una operación inmobiliaria.
La contradicción ha sobrevivido hasta septiembre. Algunas publicaciones recientes vuelven a describir el castillo como puesto en el mercado y aseguran que todavía no habría encontrado comprador, mientras otras mantienen como última referencia oficial la negativa de la representación diplomática marroquí.
Con los datos verificables disponibles, lo prudente es hablar de una venta atribuida a Mohamed VI pero no confirmada oficialmente. Tampoco existe un precio público fiable. En una propiedad de estas características cualquier cifra lanzada sin documentación sería, básicamente, ponerle etiqueta de supermercado a un castillo detrás de un muro.
Mucho más que metros cuadrados
Betz importa porque reúne varias capas poco habituales en una sola finca. Primero fue territorio aristocrático francés; después, escenario asociado a la familia principesca de Mónaco; más tarde llegó Hassan II y terminó formando parte durante más de medio siglo de la historia privada de la monarquía marroquí en Francia.
También representa una manera muy concreta de entender una residencia real: no tanto un palacio destinado a recepciones como un espacio diseñado para desaparecer. Árboles, hectáreas de terreno y distancia. La auténtica extravagancia aquí no está necesariamente en el mármol o en una lámpara gigantesca; es poder comprar silencio a 70 kilómetros de París.
Mohamed VI ha contado durante años con otras residencias en Francia y su patrimonio inmobiliario en el país ha sido objeto de informaciones y reorganizaciones periódicas. Pero el castillo de Betz conserva un peso familiar e histórico diferente, precisamente por haber acompañado a la dinastía desde el reinado de Hassan II.
Betz sigue esperando saber qué ocurrirá tras sus muros
Más de medio siglo después de su llegada a manos marroquíes, el castillo continúa perteneciendo, según la información pública disponible, al entorno patrimonial de Mohamed VI. Tiene alrededor de 71 hectáreas, está situado a aproximadamente una hora de París y conserva construcciones y jardines vinculados a varios siglos de historia francesa.
Sobre su futuro hay bastante menos certeza. La noticia de una venta existe y ha reaparecido en septiembre, pero también existe un desmentido oficial explícito que no puede borrarse de la historia simplemente porque estropee un buen titular. Hasta que aparezca una operación confirmada, un comprador identificable o una nueva comunicación oficial, el castillo de Betz sigue siendo eso: una extraordinaria residencia real francesa rodeada de árboles, privacidad y, últimamente, bastante misterio.












