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¿Por qué miembros de Núcleo Nacional entrenaban con armas en Ucrania?

Las imágenes de miembros de Núcleo Nacional con armas en Ucrania reavivan la inquietud por la formación militar de extremistas y su posible regreso.

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soldado con rifle y ojos abiertos en una ventana

Resumen

  • Vídeos muestran a miembros de Núcleo Nacional entrenando con armas en Ucrania
  • No consta que hayan combatido ni que formen parte del Ejército ucraniano
  • El caso reaviva la preocupación por radicales que regresan con formación militar

Varios vídeos difundidos el 8 de septiembre muestran a miembros de Núcleo Nacional entrenando y disparando armas de fuego en Ucrania durante una visita realizada en las últimas semanas. Las grabaciones los sitúan participando en actividades de instrucción militar en un país que continúa en guerra tras la invasión rusa iniciada en 2022. Hasta el momento no hay constancia pública de que esas personas hayan participado directamente en combates ni de que formen parte oficialmente de una unidad del Ejército ucraniano.

Ese matiz importa. Mucho. Las imágenes acreditan acceso a armas y entrenamiento, pero no permiten saltar alegremente de ahí a una película completa sobre mercenarios, combatientes extranjeros o respaldo institucional. Tampoco consta públicamente una explicación de las autoridades españolas sobre la situación de los integrantes del grupo o sobre las eventuales implicaciones de su regreso a España. Lo que sí existe es una preocupación conocida en Europa: que personas vinculadas a movimientos extremistas utilicen conflictos armados para adquirir experiencia militar real que después pueda acompañarlas de vuelta a casa.

Los vídeos muestran entrenamiento con armas en Ucrania

Las grabaciones filtradas presentan a integrantes de Núcleo Nacional manejando armas de fuego y realizando prácticas militares. No estamos, por tanto, ante una fotografía turística junto a un blindado oxidado o una visita de curiosos a Kiev. Hay armas, disparos e instrucción. Y ocurre en un escenario bélico donde la diferencia entre una actividad recreativa, una sesión de entrenamiento y una preparación verdaderamente operativa puede resultar bastante menos decorativa de lo que parece en una pantalla de móvil.

La información difundida vincula el episodio con el fenómeno denominado turismo de guerra, una etiqueta amplia que engloba desde visitantes atraídos por escenarios de conflicto hasta extranjeros que buscan aproximarse a unidades militares, redes ideológicas o ambientes donde pueden recibir formación. Ucrania, por las dimensiones de la guerra y por la llegada de voluntarios de numerosos países desde 2022, se ha convertido inevitablemente en uno de los grandes puntos de encuentro de ese universo.

Eso no significa que cualquier extranjero que viaje al país sea un extremista, como tampoco que todo extranjero que haya combatido junto a Ucrania pertenezca a la ultraderecha. Meterlos a todos en el mismo saco sería cómodo, pero falso. La preocupación de seguridad aparece cuando coinciden militancia extremista, entrenamiento militar y posible retorno al país de origen.

Quiénes son Núcleo Nacional y por qué están bajo vigilancia

Núcleo Nacional lleva tiempo en el radar de las fuerzas de seguridad españolas. La organización ha sido descrita como un grupo de ultraderecha juvenil y vinculada públicamente con posiciones nacionalsocialistas, discursos sobre la llamada teoría del reemplazo, propuestas de “remigración” y mensajes radicalmente contrarios a la inmigración. En abril de 2025, la Guardia Civil abrió una investigación después de que difundiera un vídeo que llamaba a una “defensa activa” de las calles y a combatir lo que denominaba una invasión migratoria.

Su evolución política tampoco ha sido menor. El 10 de febrero de 2026 quedó inscrito en el Registro de Partidos Políticos un partido denominado Noviembre Nacional, con sede en Valladolid, el mismo logotipo de Núcleo Nacional y Enrique Lemus como presidente. La transformación resulta significativa: un movimiento nacido y desarrollado en buena medida entre redes sociales, movilizaciones callejeras y estética radical pasó a buscar también presencia dentro de las estructuras electorales.

De la propaganda callejera al contacto con las armas

El episodio ucraniano adquiere otra dimensión al observar acontecimientos anteriores. En mayo de 2026, la Policía Nacional detuvo en Madrid a cinco presuntos miembros de Núcleo Nacional durante una concentración no comunicada en Lavapiés. Entre los objetos intervenidos había puños americanos, navajas karambit y espráis de defensa personal no homologados. No existe información que permita identificar a aquellos detenidos con las personas que aparecen entrenándose en Ucrania, de modo que ambas historias no deben mezclarse como si fueran una sola.

Pero el contexto explica la inquietud. Una organización con antecedentes de movilización radical, miembros investigados o detenidos en distintos episodios y un discurso político construido alrededor del enfrentamiento aparece ahora asociada a imágenes de personas de su entorno recibiendo entrenamiento con armas de fuego en una guerra europea. El dato es relevante por sí mismo, sin necesidad de adornarlo.

El riesgo no está en una fotografía, sino en lo aprendido

Manejar un arma en un campo de tiro no convierte automáticamente a nadie en combatiente. Tampoco constituye por sí solo la prueba de un delito en España. La cuestión que interesa a los especialistas en extremismo violento es otra: qué conocimientos se adquieren, con quién se establecen contactos y qué ocurre cuando una persona radicalizada regresa a su entorno habitual.

La guerra, dicho sin solemnidades innecesarias, enseña cosas que no aparecen en un foro de Telegram. Familiaridad con armas, disciplina de grupo, tácticas básicas, redes internacionales, logística, contactos personales. Cuando ese aprendizaje se incorpora a movimientos que ya glorifican la confrontación política o racial, la combinación merece algo más de atención que un encogimiento de hombros.

Ucrania y el problema de los extremistas extranjeros

Desde el comienzo de la invasión rusa a gran escala, miles de extranjeros han viajado a Ucrania por motivos muy distintos: combatir, realizar labores humanitarias, ejercer como periodistas, colaborar con organizaciones civiles o simplemente conocer de cerca el conflicto. Dentro de ese flujo mucho mayor también se han movido individuos vinculados a corrientes extremistas, tanto favorables a Ucrania como partidarios de Rusia.

Este último detalle evita una simplificación particularmente útil para la propaganda. La presencia de ultraderechistas extranjeros en territorio ucraniano no demuestra que Ucrania sea un Estado neonazi ni que sus instituciones promuevan esas ideologías. Los estudios sobre combatientes extranjeros han documentado precisamente un fenómeno más complejo, con radicales desplazándose hacia distintos bandos y pequeños grupos intentando aprovechar la guerra para obtener contactos, entrenamiento o prestigio dentro de sus respectivas subculturas políticas.

La guerra funciona, para determinados círculos, como una especie de imán ideológico y militar. Allí pueden encontrarse personas que de otro modo permanecerían separadas por miles de kilómetros, intercambiar experiencias y regresar después a Francia, Alemania, España o cualquier otro país europeo. No hace falta imaginar una gran conspiración internacional. A veces basta algo mucho más sencillo: individuos radicalizados con Telegram, un billete de avión y acceso a una red de contactos.

Europa teme especialmente el regreso de radicales entrenados

La preocupación no nace con estos vídeos. Las estructuras europeas dedicadas a prevenir la radicalización llevan años estudiando el fenómeno de los extranjeros que participan en la guerra de Ucrania y, especialmente, el retorno de personas con antecedentes de extremismo violento. El riesgo señalado no se limita a que hayan disparado un fusil; incluye las conexiones personales creadas durante su estancia, el conocimiento adquirido y la posibilidad de trasladarlo posteriormente a movimientos extremistas nacionales.

Las instituciones europeas han incorporado este fenómeno a sus trabajos sobre combatientes extranjeros y radicalización. Las fuerzas policiales europeas también realizan seguimiento de extremistas violentos que viajan a zonas de conflicto, así como de sus comunicaciones, financiación y posibles procesos de reclutamiento. No significa que todo viajero sea investigado como terrorista. Significa algo bastante más sobrio: los servicios de seguridad consideran que existe un riesgo que merece vigilancia.

Y ahí está probablemente la cuestión más incómoda que dejan las grabaciones de Núcleo Nacional. No tanto qué pose hicieron ante una cámara, sino qué aprendieron, quién facilitó el entrenamiento y qué relaciones establecieron durante el viaje.

Lo que las imágenes todavía no demuestran

Conviene fijar los límites de la información conocida porque las guerras producen propaganda casi con la misma eficacia con la que producen ruinas. Las grabaciones difundidas permiten afirmar que integrantes de Núcleo Nacional estuvieron en Ucrania y realizaron entrenamiento con armas de fuego. No permiten afirmar, con la información pública disponible, que hayan luchado en el frente, matado a alguien, recibido instrucción del Estado ucraniano o ingresado formalmente en sus Fuerzas Armadas.

Tampoco hay datos públicos suficientes para saber cuánto duró la instrucción, qué tipo de armas utilizaron exactamente, en qué instalación se desarrolló, quién organizó las prácticas o cuál era su finalidad última. Son cuestiones relevantes, pero convertir interrogantes en hechos sería regalar a la desinformación el trabajo hecho.

Sí sabemos, en cambio, que Núcleo Nacional forma parte de un ecosistema político que las fuerzas de seguridad españolas monitorizan dentro de la ultraderecha juvenil, que algunos de sus integrantes han protagonizado investigaciones y detenciones y que la organización dispone desde febrero de una vía política formal mediante Noviembre Nacional. Ese historial convierte las imágenes ucranianas en algo más que otra exhibición estética de radicalismo para redes sociales.

Cuando quienes juegan a la guerra vuelven a casa

Europa aprendió durante las últimas décadas que los conflictos extranjeros pueden convertirse en escuelas inesperadas para radicales nacionales. No todos los que viajan regresan más violentos ni todos los que reciben entrenamiento emplearán después lo aprendido. Generalizar sería absurdo. Ignorarlo también.

Los vídeos de miembros de Núcleo Nacional en Ucrania colocan precisamente esa incómoda zona gris bajo el foco: militantes políticos radicales accediendo a formación armada en una guerra real. Falta saber qué alcance tuvo esa formación, quién la facilitó y qué recorrido tendrán esos conocimientos una vez de vuelta en España.

La fotografía política, mientras tanto, es bastante nítida. Núcleo Nacional ya no es únicamente un pequeño grupo que agita manifestaciones o reparte propaganda en internet. Su entorno ha dado el salto a la política partidista y algunos de sus miembros han viajado a un escenario bélico donde aparecen disparando armas. La democracia puede tolerar ideas profundamente desagradables; esa es, precisamente, una de sus diferencias con los movimientos que sueñan con destruirla. Pero tolerar no significa mirar hacia otro lado cuando radicalización política y capacitación militar empiezan a compartir encuadre.

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Fundador de DonPorqué y curioso empedernido. Escribe sobre tecnología, viajes, gastronomía, cultura y todo lo que le genera una pregunta con un buen «¿por qué?» detrás. En su tiempo libre es aficionado a los casinos online y aprovecha esa experiencia para compartir análisis y recomendaciones sobre el sector del iGaming.