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Ciencia

¿Dónde será más difícil vivir en España en 2050 por el calor extremo?

España se encamina a veranos más largos, noches más cálidas y más calor extremo, pero la NASA no declara inhabitables Madrid, Valencia o Andalucía

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difícil vivir en España en 2050

Resumen

  • La NASA no declara inhabitables Madrid, Valencia ni Andalucía en 2050
  • España sufrirá más olas de calor, noches tórridas y estrés térmico
  • El sur, el centro y el Mediterráneo afrontan una presión climática mayor

La advertencia lleva tiempo circulando con una formulación inquietante: Madrid, la Comunidad Valenciana y Andalucía podrían convertirse en lugares donde resulte muy difícil vivir hacia 2050 por el aumento del calor extremo. La realidad científica es seria, pero algo menos cinematográfica. La NASA no ha declarado que esas tres zonas españolas vayan a ser “inhabitables” dentro de unas décadas.

Lo que sí sostienen las investigaciones climáticas es que España afrontará veranos más largos, olas de calor más frecuentes y episodios extremos más intensos, especialmente en áreas del sur, el centro peninsular y el Mediterráneo. Y el presente empieza a parecerse demasiado a algunas de aquellas proyecciones: el verano de 2026 ha sido el más cálido registrado en España desde 1961 y la AEMET contabilizó 61 días bajo condiciones de ola de calor en la Península y Baleares, un récord absoluto.

Qué ha dicho realmente la NASA sobre el calor extremo

El origen de buena parte de estos titulares está en un artículo publicado por NASA Science en 2022 bajo el título Too Hot to Handle: How Climate Change May Make Some Places Too Hot to Live. El trabajo se ocupa de una variable menos conocida que la temperatura convencional: la temperatura de bulbo húmedo, que combina calor y humedad para medir hasta qué punto el organismo puede refrigerarse mediante el sudor.

Aquí está el detalle que cambia bastante la historia. El documento de la NASA no identifica Madrid, Andalucía ni la Comunidad Valenciana entre las regiones que podrían superar regularmente el límite extremo estudiado hacia 2050. Las áreas que señala expresamente como especialmente vulnerables son el sur de Asia, el golfo Pérsico y el mar Rojo alrededor de mediados de siglo. Para aproximadamente 2070 incorpora el este de China, partes del sudeste asiático y Brasil.

España, por tanto, no aparece en esa enumeración. Eso no significa que nuestro país tenga una especie de paraguas climático. Significa algo bastante más sencillo: una cosa es sufrir calor extremo durante periodos cada vez mayores y otra afirmar que una región será literalmente inhabitable.

El límite de 35 grados que no significa 35 grados normales

La cifra de 35 ºC ha provocado parte de la confusión. No se refiere a que una ciudad alcance 35 grados en un termómetro corriente. Si así fuera, Córdoba habría solicitado hace tiempo el traslado administrativo a Noruega.

Hablamos de 35 ºC de temperatura de bulbo húmedo, una combinación brutal de temperatura elevada y humedad. Cuando el aire contiene tanta humedad que el sudor apenas puede evaporarse, el cuerpo pierde su principal mecanismo natural de refrigeración. Ahí está el verdadero peligro: no tanto el número que marca el termómetro, sino la dificultad del organismo para expulsar calor.

La NASA recoge el umbral clásico según el cual una temperatura de bulbo húmedo cercana a 35 ºC mantenida durante varias horas puede superar la capacidad humana de disipar calor, incluso estando a la sombra y con agua disponible. También subraya algo importante: pueden producirse enfermedades graves e incluso muertes con valores considerablemente inferiores.

De dónde salen Madrid, Valencia y Andalucía

Hay otro documento que se ha mezclado frecuentemente con el estudio de NASA Science. Se llama The Future We Don’t Want y fue elaborado en 2018 por la Urban Climate Change Research Network, dentro de un proyecto junto con C40 Cities, Global Covenant of Mayors y Acclimatise.

El informe figura también en el catálogo científico del Goddard Institute for Space Studies de la NASA y entre sus autores hay investigadores vinculados a la agencia, pero no es correcto reducirlo a una supuesta sentencia de la NASA sobre tres comunidades autónomas españolas. El estudio analiza cómo el cambio climático puede afectar a las ciudades del planeta y calcula que hacia 2050 más de 970 ciudades y unos 1.600 millones de personas podrían quedar expuestos regularmente a temperaturas extremadamente altas.

De esa cartografía y de posteriores reinterpretaciones han salido referencias a Madrid y distintos puntos del litoral mediterráneo y Andalucía. El salto problemático llega después: pasar de “mayor exposición al calor extremo” a “aquí no se podrá vivir”. Entre ambas frases cabe prácticamente una ciudad entera.

Las zonas españolas que afrontan más presión por el calor

Aunque no exista un mapa oficial de la NASA condenando tres comunidades españolas, el patrón climático general sí permite identificar territorios particularmente sensibles. Andalucía combina temperaturas estivales muy elevadas, sequías, presión sobre los recursos hídricos y grandes áreas donde el trabajo al aire libre puede volverse mucho más difícil durante ciertas horas.

El valle del Guadalquivir ya conoce jornadas por encima de 40 ºC que hace unas décadas resultaban bastante menos frecuentes. El problema, además, no termina cuando baja el sol: las viviendas acumulan calor y las temperaturas nocturnas elevadas reducen las horas de recuperación del organismo.

La Comunidad Valenciana añade otro ingrediente: humedad y temperaturas marítimas muy altas. Agosto de 2026 dejó registros de 43,7 ºC en Valencia/Aeropuerto y 42,8 ºC en Valencia, según AEMET. El problema no es solo el pico diurno. Las noches tropicales o tórridas, cuando el cuerpo apenas tiene oportunidad de recuperarse, pesan mucho sobre la salud.

Madrid, por su parte, sufre el efecto de isla de calor urbana, noches calurosas y una enorme superficie construida que acumula energía durante el día y la libera lentamente cuando cae el sol. Una avenida asfaltada, una plaza sin sombra y un parque arbolado pueden pertenecer al mismo código postal y, sin embargo, ofrecer experiencias térmicas radicalmente diferentes.

Valencia y Sevilla pueden tener el mismo calor, pero no el mismo riesgo

Dos ciudades pueden marcar 40 ºC y ofrecer situaciones fisiológicas distintas. En un ambiente seco, el sudor se evapora con mayor facilidad; con una humedad muy elevada, esa pequeña maquinaria biológica empieza a atascarse. Por eso el Mediterráneo español merece una atención especial.

Las elevadas temperaturas costeras pueden favorecer noches muy cálidas y dificultar el enfriamiento nocturno. En 2026 volvió a observarse un fuerte calentamiento del Mediterráneo occidental y su capacidad para reforzar el calor en zonas costeras, sobre todo durante la noche.

No será tanto una frontera donde a un lado “se pueda vivir” y al otro no. El mapa real será más parecido a un mosaico: barrios con vegetación y edificios bien aislados frente a zonas densas, asfaltadas y con viviendas que se convierten en pequeños hornos durante una ola de calor.

España ya está entrando en un clima diferente

El futuro, en este caso, no empieza en 2050. Ya se percibe en los registros térmicos, en las noches que apenas refrescan y en olas de calor que duran más tiempo.

AEMET confirmó este 9 de septiembre que el verano de 2026 alcanzó una temperatura media de 24,5 ºC, 2,4 grados por encima del promedio 1991-2020 y tres décimas más que el anterior récord, establecido apenas un año antes. Aproximadamente dos de cada tres jornadas estivales estuvieron afectadas por condiciones de ola de calor en algún punto de la Península y Baleares.

La tendencia tampoco depende de un verano particularmente feroz. La temperatura media de España ha aumentado alrededor de 1,75 ºC desde 1961, mientras los veranos se han alargado y las olas de calor son más frecuentes, intensas y duraderas. También se observa una expansión de las áreas de clima semiárido y periodos de sequía previsiblemente más largos.

Europa meridional aparece, de hecho, entre las zonas continentales con mayor exposición conjunta a calor, escasez de agua, incendios y pérdidas agrícolas. Resulta especialmente preocupante el estrés térmico para la salud y para quienes trabajan durante horas al aire libre.

Un país más caliente, pero no un desierto humano

Convertir una proyección climática en una fecha de caducidad para Madrid, Valencia o Andalucía resulta tentador para un titular, pero científicamente es demasiado tosco. No existe una previsión de la NASA que establezca que esas comunidades dejarán de ser habitables en 2050.

Lo que está sobre la mesa es más complejo y, precisamente por eso, más importante. Habrá jornadas y lugares donde permanecer muchas horas al aire libre pueda resultar peligroso; viviendas que necesiten mucha más refrigeración; noches en las que descansar sea complicado; ciudades obligadas a multiplicar sombras, árboles y refugios climáticos; agricultura sometida a una presión creciente y una demanda de agua que chocará con recursos más irregulares.

También importará quién pueda protegerse. Un apartamento bien aislado y climatizado no responde al mismo clima que una última planta mal ventilada bajo una cubierta recalentada. El cambio climático no reparte sus golpes por igual, y las diferencias económicas, urbanísticas y sociales pueden agrandar la distancia entre soportar una ola de calor o quedar peligrosamente expuesto a ella.

España en 2050 seguirá siendo habitable. La afirmación contraria no está respaldada por el informe de NASA Science que tantas veces se cita para sostenerla. Madrid, Andalucía y la Comunidad Valenciana sí figuran entre los territorios donde el aumento de las temperaturas, las noches cálidas, la sequía o la combinación de calor y humedad pueden deteriorar considerablemente las condiciones de vida.

Y no hace falta esperar un cuarto de siglo para comprobar la dirección del viaje. El récord de 61 días de ola de calor en 2026, el verano más cálido de la serie española y el calentamiento persistente del Mediterráneo dibujan una imagen bastante nítida.

La cuestión ya no consiste en imaginar ciudades abandonadas bajo un sol de ciencia ficción. Es mucho más cotidiana: calles donde a las cinco de la tarde no se puede caminar sin buscar desesperadamente una sombra, casas que conservan el calor hasta la madrugada y veranos que van comiéndose la primavera y el otoño. Eso es menos espectacular que declarar media España inhabitable. También es bastante más real.

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Fundador de DonPorqué y curioso empedernido. Escribe sobre tecnología, viajes, gastronomía, cultura y todo lo que le genera una pregunta con un buen «¿por qué?» detrás. En su tiempo libre es aficionado a los casinos online y aprovecha esa experiencia para compartir análisis y recomendaciones sobre el sector del iGaming.