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Economía

¿Qué energéticas ganan más y cuánto pesan en la inflación española?

Los márgenes del refino se disparan mientras el petróleo caro vuelve a empujar el IPC y las grandes energéticas presentan beneficios millonarios.

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Qué energéticas ganan más

Resumen

  • El refino explica el 31% de la subida reciente de los precios empresariales
  • Repsol, Moeve y BP concentran el negocio español directamente afectado
  • El IPC sube con la energía mientras los grandes grupos elevan beneficios

La energía vuelve a estar en el centro de la inflación española, pero esta vez hay un matiz incómodo detrás de la subida del petróleo. No todo se explica por la guerra, la escasez o el estrecho de Ormuz. El refino de petróleo —la actividad que convierte el crudo en gasolina, gasóleo, queroseno y otros productos— explica por sí solo alrededor del 31% del incremento de los precios de venta de las empresas españolas durante el segundo trimestre de 2026, según el análisis realizado sobre los datos del Observatorio de Márgenes Empresariales.

Ese dato no significa, conviene decirlo desde el principio, que Repsol, Iberdrola, Endesa, Naturgy y compañía sean responsables de un tercio exacto del IPC. La realidad es algo menos redonda y bastante más interesante. El 31% corresponde específicamente al sector del refino y se calcula sobre la evolución de los precios de venta de las empresas, un indicador próximo a la inflación pero distinto del IPC que mide el INE. En ese negocio operan principalmente Repsol, Moeve y BP en España.

Mientras tanto, la inflación ha recuperado velocidad. El IPC definitivo de julio fue del 3,6% interanual, una décima más que el 3,5% inicialmente adelantado, y el indicador provisional de agosto apunta al 4,3%. La inflación subyacente, que elimina energía y alimentos frescos, se sitúa bastante más abajo, en el 2,9%. La distancia entre ambas fotografías cuenta bastante de lo que está ocurriendo: la energía está tirando del índice general como una locomotora que vuelve a encontrar pendiente.

El dato que cambia el foco: el refino explica el 31%

El segundo trimestre de 2026 dejó una cifra especialmente reveladora. Los precios de venta de las empresas aumentaron alrededor de un 3,3% respecto al mismo periodo del año anterior y el refino explicó el 31% de esa subida. No es una estimación sobre lo que pagan directamente las familias en el supermercado, sino sobre los precios empresariales que posteriormente recorren la economía.

La razón está en los márgenes. Cuando una refinería compra petróleo y después vende gasolina, diésel o queroseno, no importa únicamente cuánto cuesta el barril. Importa también la diferencia entre ese coste y el precio al que se venden los productos refinados. Esa brecha, el margen de refino, se ha ensanchado con fuerza durante la crisis energética de 2026.

Las guerras en Irán y Ucrania, los problemas de transporte marítimo y las interrupciones en diferentes instalaciones internacionales han reducido la disponibilidad de productos refinados. España, en cambio, conserva una potente capacidad industrial de refino. En otras palabras: cuando falta gasolina o gasóleo en determinados mercados europeos, las instalaciones españolas pueden producir y exportar más. Y a mejores precios.

Las ventas exteriores del sector crecieron con enorme fuerza durante el segundo trimestre, mientras también aumentaban las ventas destinadas al mercado nacional. El margen bruto del refino llegó al entorno del 28,4% sobre las ventas en la media de los últimos cuatro trimestres. El conjunto del sector energético —que incluye también electricidad y comercio de combustibles— alcanzó un margen del 24,5%, máximo de la serie y más del doble del nivel cercano al 11% que se registraba antes de la pandemia.

Quién está detrás del refino español

España cuenta con ocho grandes refinerías activas y aquí el mapa industrial es bastante menos plural de lo que podría sugerir una hilera de logotipos en una carretera. Cinco pertenecen al grupo Repsol, que concentra aproximadamente el 62% de la capacidad española de refino.

Sus complejos están en A Coruña, Bilbao —a través de Petronor—, Tarragona, Puertollano y Cartagena. No son piezas menores. Funcionan como una red industrial interconectada capaz de procesar diferentes tipos de crudo y alterar la producción según cambie la demanda de diésel, gasolina o combustible para aviación.

Repsol, Moeve y BP concentran la actividad

El segundo gran protagonista es Moeve, la antigua Cepsa, con sus instalaciones de Gibraltar-San Roque, en Cádiz, y La Rábida, en Huelva. Su negocio energético reconocía en el primer semestre unos márgenes de refino sólidos y un considerable aumento del resultado operativo. La tercera pieza es BP, que opera la refinería de Castellón.

Esas compañías son, por tanto, las que tienen una relación directa con el auge de los márgenes del refino español. Meter automáticamente a Iberdrola, Endesa o Naturgy dentro de ese 31% sería cómodo para un titular y bastante defectuoso para entender la economía. Son gigantes energéticos y también registran beneficios elevados, sí, pero su actividad principal es distinta.

El peso de Repsol resulta especialmente relevante. Sus cinco refinerías españolas permiten que el país no dependa únicamente de importar productos petrolíferos terminados. Esa capacidad es una ventaja estratégica cuando escasea el combustible en Europa; al mismo tiempo, convierte a las refinerías españolas en beneficiarias de una situación internacional en la que la oferta está tensionada. Las dos cosas pueden ser ciertas a la vez. La economía tiene esa desagradable costumbre.

Cuánto ganan las grandes energéticas en 2026

Los resultados publicados durante el verano ofrecen una medida del tamaño del negocio, aunque deben compararse con cuidado. Repsol obtuvo 2.201 millones de euros de beneficio neto entre enero y junio de 2026, frente a los 603 millones del mismo periodo de 2025. Su resultado neto ajustado, que intenta aislar determinados efectos contables y medir mejor la evolución de las actividades ordinarias, alcanzó los 2.711 millones.

Parte de la mejora procede precisamente del negocio industrial. La revalorización de los inventarios por el encarecimiento del petróleo también tuvo un efecto muy importante sobre las cuentas: 823 millones de euros positivos durante el semestre. Es decir, cuando sube bruscamente el crudo, el combustible y el petróleo que ya están almacenados también valen más sobre el papel. Contabilidad y geopolítica tomando café en la misma mesa.

Moeve obtuvo un beneficio neto ajustado de 458 millones de euros durante el primer semestre, un 41% más, mientras su ebitda ajustado alcanzó los 1.178 millones. Solo el negocio energético generó 945 millones de ebitda ajustado, frente a 564 millones un año antes. La propia evolución del grupo muestra el peso de unas tasas elevadas de utilización de sus instalaciones y de unos márgenes de refino sólidos.

Fuera del petróleo puro, las cifras también son grandes. Iberdrola ganó 4.336 millones de euros en el primer semestre de 2026; Endesa, 1.470 millones, un 41% más; y Naturgy, 1.215 millones, con un aumento del 6%. Son resultados de los grupos empresariales y, en algunos casos, incluyen negocios internacionales. No representan lo ganado exclusivamente en España ni permiten atribuirles automáticamente una fracción concreta de la inflación española.

Esta distinción importa. Beneficio neto, ebitda y margen sobre ventas son cosas diferentes. Una empresa puede aumentar beneficios por vender más, por invertir mejor, por recibir ingresos extraordinarios o por tener activos en otros países. El indicador que ha encendido la discusión sobre la inflación es otra cosa: cuánto resultado empresarial queda en relación con las ventas y cómo ha evolucionado mientras aumentaban los precios.

Cómo un barril caro termina apareciendo en el IPC

El petróleo tiene una propiedad económica casi tan relevante como su capacidad energética: se mete en todas partes. Un barril más caro aparece primero en la gasolinera, pero luego se cuela en la furgoneta que lleva fruta al supermercado, en el camión frigorífico, en un vuelo, en la maquinaria agrícola, en determinados productos químicos y en miles de kilómetros de transporte industrial.

Durante las crisis energéticas, el traslado de las subidas del petróleo al precio de los carburantes puede producirse en apenas uno o dos meses. En circunstancias normales, el incremento del coste del crudo acaba trasladándose prácticamente por completo al precio antes de impuestos que paga el automovilista.

Esta vez hay una peculiaridad. Los productos refinados, especialmente el diésel, llegaron a encarecerse más deprisa que la propia materia prima. Es ahí donde entra el margen de refino. No solo sube el petróleo; también aumenta el valor de transformar ese petróleo en el combustible que realmente necesita la economía.

Del surtidor al supermercado

El primer golpe es evidente. Gasolina y gasóleo forman parte del índice de precios y, cuando cuestan más, empujan directamente el IPC. También la electricidad y el gas pueden elevarlo.

Después empieza una cadena menos visible. Transportar una caja de tomates cuesta más. Mover materiales hasta una fábrica cuesta más. El agricultor paga más por utilizar determinada maquinaria, el distribuidor afronta una factura mayor y el comercio recibe finalmente un producto cuyo coste acumulado ha crecido.

Ahí aparece el riesgo que señalan los economistas: que una inflación nacida en la energía termine extendiéndose hacia bienes y servicios que aparentemente tienen poco que ver con un barril de Brent.

El ejemplo de los alimentos es especialmente claro. Los precios energéticos afectan al transporte, al almacenamiento refrigerado, a los fertilizantes y a múltiples procesos industriales. No significa que una subida del 10% del gasóleo convierta automáticamente en un 10% más cara una barra de pan. El efecto se reparte, se amortigua, llega con retraso. Pero termina filtrándose.

Por eso resulta significativo que en agosto el IPC general se estime en el 4,3%, mientras la inflación subyacente permanezca en el 2,9%. La diferencia muestra hasta qué punto el actual episodio tiene una fuerte raíz energética, aunque también deja una advertencia: si la energía sigue cara durante meses, parte de esa presión puede acabar trasladándose a la subyacente.

La situación internacional, de momento, no ayuda demasiado. El Brent rondaba los 97-98 dólares por barril el 8 de septiembre y llegó durante la sesión a aproximarse a los 100 dólares. Las tensiones alrededor de Irán y del estrecho de Ormuz continúan afectando al transporte y a las expectativas de suministro. Europa podrá electrificar muchos coches, colocar placas solares y discutir durante horas sobre transición energética; todavía no ha conseguido que una crisis en el Golfo Pérsico deje de aparecer unas semanas después en sus tickets de compra.

El debate va más allá del petróleo porque los márgenes empresariales del conjunto de la economía también se mantienen en niveles elevados. Durante el segundo trimestre se aproximaron a 97.000 millones de euros, mientras el margen bruto sobre ventas se situó alrededor del 12,8% en la media de los últimos cuatro trimestres. Entre 2009 y 2021, esa proporción rondaba el 10,5%.

Los datos muestran además otra brecha. Entre 2018 y 2026, el valor añadido bruto generado por asalariado aumentó un 44% en términos nominales, mientras la remuneración media por trabajador avanzó un 33%. El margen bruto por asalariado, entretanto, creció un 55%.

Aquí empieza una discusión económica y política bastante más amplia que una pelea entre empresas buenas y malas. Las compañías tienen que absorber costes, financiar inversiones y remunerar el capital; también pueden trasladar los encarecimientos a sus clientes. La cuestión que plantean los datos es qué ocurre cuando el precio final aumenta lo suficiente no solo para cubrir un shock externo, sino también para ensanchar los márgenes empresariales.

Eso es precisamente lo que hace singular el episodio del refino. Las empresas están pagando más por determinadas materias primas, pero han conseguido preservar e incluso elevar su rentabilidad mediante precios superiores. El consumidor, en cambio, no dispone de un mecanismo equivalente para proteger su poder adquisitivo. Puede conducir menos, cambiar de gasolinera o protestar delante del surtidor. El camión que abastece un supermercado seguirá necesitando combustible.

La energía vuelve a mandar sobre los precios

La inflación española de 2026 no tiene un único culpable y buscarlo sería reducir una cadena económica compleja a una caricatura. Hay una guerra en Oriente Medio, problemas de oferta mundial, petróleo caro, tráfico limitado por rutas estratégicas y mercados de productos refinados sometidos a una enorme tensión. Todo eso existe.

También existe otro dato: las refinerías españolas están obteniendo márgenes históricamente elevados precisamente durante ese shock y el análisis de los datos calcula que su actividad explica aproximadamente un tercio de la subida reciente de los precios empresariales. España posee una industria de refino potente, capaz de garantizar suministro y exportar cuando otros productores fallan. Esa fortaleza industrial genera seguridad energética y, en circunstancias como las actuales, beneficios extraordinarios.

Repsol y Moeve son las compañías españolas más directamente expuestas a ese fenómeno, junto a la refinería de BP en Castellón. Alrededor aparecen grandes eléctricas y grupos gasistas con resultados igualmente elevados, aunque su contribución a los precios sigue mecanismos distintos.

Al final, el petróleo conserva una vieja habilidad: transformar una crisis situada a miles de kilómetros en algo muy doméstico. Primero mueve los gráficos de los mercados. Después ensancha determinados márgenes. Y un poco más tarde, sin grandes ceremonias, aparece en el depósito del coche, el transporte y la cesta de la compra. El IPC se limita a ponerle número.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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