Economía
¿Qué hará España con el oro depositado en la Reserva Federal de EE UU?
España debe decidir qué hacer con el oro que guarda en la Fed, una reserva estratégica que vuelve al centro del debate por la geopolítica mundial

Resumen
- España conserva 281,6 toneladas de oro y parte sigue custodiada en la Fed
- Repatriar ese metal reduciría riesgo exterior, pero restaría liquidez operativa
- Países Bajos y Alemania reabren un debate que España ya no puede ignorar
España tiene que decidir qué hacer con la parte de sus reservas de oro custodiada en la Reserva Federal de Nueva York. El país posee en total unas 281,6 toneladas, pero el Banco de España no publica cuánto metal corresponde exactamente a cada cámara acorazada. Se sabe que la mayor parte permanece en Madrid y que otra porción está distribuida entre Nueva York, Londres y Basilea. Precisamente ese oro situado en Estados Unidos es el que vuelve a colocar sobre la mesa un dilema que parecía bastante técnico y que, de pronto, se ha vuelto geopolítico.
Las alternativas son claras aunque ninguna resulte gratuita: dejar el oro en la Fed, traer parte a España o redistribuirlo hacia otros centros financieros, especialmente Londres. Mantenerlo en Nueva York ofrece seguridad, liquidez y facilidad para operar en uno de los grandes mercados del planeta; repatriarlo daría más control físico directo sobre una reserva estratégica. Entre ambos extremos aparece una tercera vía: repartir mejor el riesgo, justo lo que están haciendo otros bancos centrales europeos.
El asunto ha ganado peso después de que Países Bajos decidiera reorganizar una parte relevante de sus reservas. El banco central neerlandés trasladó durante 2026 unas 86 toneladas desde Estados Unidos y Canadá hacia Londres, argumentando la necesidad de mejorar la capacidad de utilizar el oro en una crisis y equilibrar su distribución geográfica. No es exactamente una huida de Norteamérica, pero tampoco un gesto inocente. Cuando un banco central mueve decenas de toneladas de oro, rara vez lo hace por cambiar el paisaje.
Por qué preocupa el oro español guardado en Estados Unidos
La cuestión de fondo no consiste en dudar de que el oro depositado en Nueva York siga siendo español. Lo es. La Reserva Federal actúa como custodio del metal, no como propietaria. El problema es más sutil: cualquier activo situado físicamente en otro país queda sometido, llegado un escenario extremo, a la jurisdicción y al entorno político de ese Estado.
Durante décadas esa circunstancia apenas inquietó a los grandes bancos centrales occidentales. Estados Unidos era el centro financiero de referencia, el dólar dominaba las reservas mundiales y guardar oro en Manhattan ofrecía una combinación formidable de seguridad, prestigio y capacidad de negociación. Para un país europeo resultaba perfectamente razonable tener lingotes al otro lado del Atlántico.
La geopolítica ha estropeado un poco aquella placidez. La congelación de activos rusos después de la invasión de Ucrania mostró de forma muy gráfica que las reservas exteriores también pueden convertirse en instrumentos de presión. No significa que exista un riesgo inmediato de que Washington bloquee el oro español; España y Estados Unidos son aliados y un episodio semejante sería extraordinario. Pero el precedente ha cambiado la manera de calcular riesgos.
Las crecientes tensiones comerciales, las guerras, el deterioro de algunas relaciones entre aliados y la búsqueda europea de una mayor autonomía estratégica han devuelto la ubicación física del oro al debate. El lingote puede ser idéntico en Madrid o Nueva York. Jurídica y políticamente, el lugar donde descansa no es exactamente lo mismo.
Países Bajos acaba de mover ficha
El movimiento neerlandés resulta especialmente interesante para España porque no consistió simplemente en meter el oro en camiones blindados y llevarlo de vuelta a casa. Países Bajos buscó una distribución más equilibrada y aumentó el peso de Londres como centro de custodia, precisamente por su enorme mercado de oro físico y por la facilidad para negociar el metal en situaciones excepcionales.
Tras la operación, las reservas neerlandesas quedaron mucho más repartidas entre su propio territorio, Reino Unido, Estados Unidos y Canadá. La filosofía es sencilla: no poner todos los lingotes bajo una sola jurisdicción. En circunstancias normales parece una precaución casi aburrida. Las reservas de los bancos centrales, sin embargo, están diseñadas precisamente para esos días en los que las circunstancias dejan de ser normales.
Alemania siguió años atrás una filosofía parecida. Repatrió cientos de toneladas que estaban en el extranjero y elevó la cantidad custodiada en Fráncfort, aunque mantuvo una parte muy importante en Nueva York y Londres. Es decir, aumentar el control nacional no implica necesariamente vaciar las cámaras extranjeras.
Cuánto oro tiene España y cuánto vale
España conserva aproximadamente 281,6 toneladas de oro, más de nueve millones de onzas troy. Es una cantidad considerable en términos absolutos, aunque bastante menor que la de las grandes potencias europeas. El valor contable del oro monetario español se situaba en agosto de 2026 alrededor de los 34.800 millones de euros, impulsado por la fuerte subida del metal.
El precio del oro ha alcanzado niveles históricamente muy elevados, de modo que una reserva que durante años parecía poco más que una fotografía amarillenta del antiguo sistema monetario vuelve a pesar bastante en el balance. El oro no produce intereses, cierto, pero tiene una propiedad que vuelve a ser apreciada cuando los mercados se ponen nerviosos: no depende de la solvencia de ningún emisor.
Un bono es la deuda de alguien. Un depósito necesita una entidad que responda. Una divisa depende de la política económica y monetaria de un Estado. El oro, en cambio, permanece como un activo físico sin riesgo de contraparte. Es una cualidad bastante primitiva y, paradójicamente, muy sofisticada cuando empiezan a fallar las certezas financieras.
España tiene menos oro que Portugal
La comparación internacional pone las cifras en perspectiva. Estados Unidos mantiene unas 8.133 toneladas, la mayor reserva oficial del planeta. Alemania ronda las 3.350 toneladas, Italia conserva aproximadamente 2.452 y Francia cerca de 2.437.
España está muy por debajo de esos gigantes y aparece aproximadamente alrededor del vigésimo puesto mundial, dependiendo de la actualización utilizada. Incluso Portugal posee cerca de 383 toneladas, alrededor de cien más que España, pese a tener una economía considerablemente menor. Países Bajos conserva unas 612.
Eso no significa que España tenga pocas reservas por definición. Los bancos centrales siguen políticas distintas y el peso del oro debe observarse dentro del conjunto de activos exteriores. Lo relevante para el debate actual es otra cosa: España dispone de un patrimonio valorado en decenas de miles de millones y una parte está físicamente fuera de sus fronteras.
Por qué España no guarda todo el oro debajo de Cibeles
La parte más famosa de las reservas españolas duerme en Madrid. Bajo la sede del Banco de España, junto a la plaza de Cibeles, se encuentra una cámara acorazada situada a unos 35 metros de profundidad, construida en los años treinta y rodeada desde entonces de una saludable mezcla de ingeniería, leyenda urbana y cine.
Sus galerías siguen custodiando oro y piezas numismáticas. Las gigantescas puertas blindadas, los gruesos muros y el conocido mecanismo que permite inundar determinadas zonas de acceso han convertido la cámara en una pequeña celebridad. Pero guardar todo el oro allí no sería necesariamente lo más útil desde el punto de vista financiero.
Una reserva internacional tiene que estar disponible cuando haga falta. Tener parte del oro en centros como Nueva York o Londres permite venderlo, prestarlo, intercambiarlo o utilizarlo como garantía con mayor rapidez. Los grandes mercados internacionales cuentan con infraestructuras y contrapartes capaces de mover cantidades enormes sin necesidad de transportar cada lingote físicamente.
Londres es especialmente importante porque continúa siendo uno de los principales mercados mundiales de oro físico negociable. Basilea, sede del Banco de Pagos Internacionales, también forma parte desde hace décadas de la red utilizada por bancos centrales para gestionar sus reservas.
De ahí la aparente paradoja. Llevar todo el oro a España maximizaría el control territorial, pero podría reducir parte de su flexibilidad operativa. Dejar demasiado fuera aumenta, en cambio, la exposición a decisiones tomadas en jurisdicciones extranjeras. El dilema no se resuelve con patriotismo de cámara acorazada ni con fe ciega en los mercados: es un problema de equilibrio.
De dónde viene todo el oro que conserva España
Las actuales reservas españolas tienen una historia accidentada. Antes de la Guerra Civil, el Banco de España acumulaba cerca de 700 toneladas de oro. Durante el conflicto se utilizó una parte enorme de aquel patrimonio para financiar compras exteriores y material militar.
Entre julio de 1936 y enero de 1937 se vendieron en París alrededor de 194 toneladas de oro bruto. A ello se sumó el famoso episodio del llamado oro de Moscú: unas 510 toneladas brutas, equivalentes a aproximadamente 475 toneladas de oro fino, fueron trasladadas a la Unión Soviética y destinadas posteriormente a financiar gastos vinculados a la guerra.
El oro que España conserva en 2026 no es, por tanto, una montaña de lingotes que haya permanecido inmóvil desde antes de la República. Después de la guerra hubo que reconstruir las reservas exteriores, y el país fue acumulando oro nuevamente durante las décadas siguientes.
Más tarde ocurrió justamente lo contrario. A finales de 2004, el Banco de España mantenía unas 523,4 toneladas. Entre 2005 y 2007 vendió alrededor de 241,8 toneladas, casi la mitad de aquellas existencias, y dejó la reserva aproximadamente en las 281,6 toneladas que conserva desde entonces.
Las operaciones generaron unos 3.563 millones de euros, que fueron reinvertidos fundamentalmente en activos de renta fija. Las plusvalías rondaron los 2.833 millones. Mirado desde 2026, con el oro disparado, aquella venta puede provocar cierto dolor retrospectivo. Pero juzgar una decisión de hace veinte años utilizando la cotización actual tiene algo de acertar la quiniela el lunes.
Qué puede hacer España con el oro que tiene en la Fed
La opción más sencilla es mantener la situación actual. El oro depositado en la Reserva Federal de Nueva York permanece en un centro financiero excepcionalmente líquido, seguro y preparado para ejecutar operaciones internacionales con rapidez. España conservaría así la misma combinación de custodia nacional y depósitos en el exterior.
La segunda posibilidad consiste en repatriar parte del metal. El Banco de España aumentaría el control físico sobre sus reservas y reduciría la exposición a un escenario extremo en el que la jurisdicción estadounidense pudiera convertirse en un problema. El coste sería perder parte de la comodidad operativa que proporciona tener oro directamente en Nueva York.
La tercera vía probablemente sea la más interesante tras el precedente neerlandés: redistribuir las reservas sin traerlas necesariamente todas a España. Parte del oro podría desplazarse hacia Londres o hacia otros emplazamientos europeos, disminuyendo el peso relativo de Estados Unidos sin renunciar a la liquidez de los grandes mercados internacionales.
Existe asimismo la posibilidad de vender una parte, especialmente después de la enorme revalorización del metal. Eso permitiría materializar plusvalías y reinvertir el dinero en activos remunerados. España ya lo hizo entre 2005 y 2007. El problema es evidente: vender oro reduce precisamente la cobertura que muchos bancos centrales están reforzando ante un mundo más inestable.
También puede emplearse en swaps, operaciones de financiación o como garantía, obteniendo liquidez sin desprenderse necesariamente de las reservas de manera definitiva. Esta capacidad ayuda a entender por qué la ubicación de los lingotes importa tanto: tener oro fácilmente negociable puede resultar más valioso que simplemente contemplarlo dentro de una cámara nacional.
Lo que no puede hacer el Gobierno es tratar esas toneladas como una hucha disponible para pagar pensiones, construir carreteras o reducir impuestos. Las reservas forman parte del balance del Banco de España y del Eurosistema. No son dinero presupuestario libremente utilizable por el Ejecutivo.
El dilema ya no es tener oro, sino decidir dónde duerme
Durante años la discusión europea giró alrededor de una cuestión bastante diferente: para qué conservar toneladas de un metal que no paga intereses y cuyo vínculo directo con las monedas desapareció hace décadas. Esa discusión está envejeciendo deprisa. Los bancos centrales mundiales han vuelto a comprar oro en cantidades extraordinarias y muchos esperan seguir haciéndolo.
Las crisis financieras, la pandemia, las guerras, las sanciones económicas y la fragmentación del comercio internacional han devuelto valor estratégico a un activo que no depende de la promesa de otro país. Al mismo tiempo, esos mismos acontecimientos han colocado bajo sospecha la costumbre de mantener una parte importante de las reservas estratégicas fuera del territorio nacional.
España no afronta una emergencia ni existe indicio de que su oro esté en peligro inmediato en Nueva York. El dilema es menos espectacular y bastante más serio: decidir si una estructura de custodia diseñada para un mundo relativamente estable sigue siendo la adecuada para un escenario internacional más fragmentado.
Las 281,6 toneladas continuarán siendo españolas estén en Madrid, Londres, Basilea o Manhattan. Pero la experiencia de Países Bajos y Alemania recuerda que propiedad, disponibilidad y ubicación no son exactamente la misma cosa. Y ahí está, realmente, el asunto: no cuánto reluce el oro español, sino quién tiene la puerta más cerca cuando llegue el día de necesitarlo.












