Tecnología
¿Cómo se usó Claude para armas biológicas, espionaje y ciberataques?
Anthropic detectó usos de Claude ligados a investigación biológica de riesgo, armas, espionaje contra Ucrania y campañas de ciberdelincuencia.

Resumen
- Anthropic bloqueó usos de Claude ligados a biología, armas y ciberataques
- Un grupo afín a Midnight Blizzard atacó objetivos ucranianos con IA
- Laboratorios chinos habrían usado Claude para mejorar sus propios modelos
La inteligencia artificial ya no aparece únicamente en despachos, buscadores o aplicaciones capaces de escribir un correo en segundos. Anthropic ha detectado y bloqueado usos de Claude vinculados con investigación biológica de alto riesgo, desarrollo de armamento, espionaje contra Ucrania y operaciones de ciberdelincuencia, según su último informe de inteligencia sobre amenazas. Al mismo tiempo, la compañía acusa a varios laboratorios chinos de haber intentado extraer capacidades de sus modelos para entrenar sistemas propios.
El documento, que recoge actividades investigadas y desarticuladas entre diciembre de 2025 y agosto de 2026, dibuja un cambio bastante más profundo que el habitual debate sobre si una IA inventa datos o copia demasiado bien un determinado estilo. Los modelos más avanzados empiezan a desempeñar partes completas de trabajos científicos, militares y ofensivos que antes requerían especialistas humanos. No hacen desaparecer al experto, al menos de momento. Pero abaratan, aceleran y automatizan tareas complejas. Ahí está precisamente el problema.
Anthropic documenta cinco casos relacionados con investigaciones biológicas que podían tener aplicaciones peligrosas, una operación de espionaje cuyo comportamiento considera coherente con el grupo ruso Midnight Blizzard y varios programas dedicados al desarrollo de armas convencionales. También asegura haber desarticulado campañas de siete laboratorios chinos, entre ellos Alibaba, Moonshot, DeepSeek y Xiaomi, destinadas presuntamente a aprovechar Claude para mejorar sus propias inteligencias artificiales.
Hay, sin embargo, una cautela esencial. Anthropic no sostiene que los científicos de los cinco casos biológicos pretendieran fabricar armas y tampoco revela sus instituciones, nacionalidades ni todos los agentes estudiados. Buena parte de este terreno pertenece al incómodo mundo del «doble uso»: conocimientos capaces de contribuir a una vacuna pueden servir también para hacer más peligroso un patógeno. La misma llave abre dos puertas.
De la gripe aviar a investigaciones biológicas de alto riesgo
El apartado más delicado del informe afecta precisamente a la biología. Anthropic asegura haber localizado cinco investigaciones científicas en las que sus modelos se utilizaron de formas que podían contribuir al desarrollo de capacidades relacionadas con armas biológicas.
Uno de esos casos apareció en mayo de 2026. Un investigador situado en una región donde Anthropic no ofrece oficialmente sus servicios utilizó infraestructura informática estadounidense para saltarse las restricciones geográficas y trabajar durante semanas con Claude alrededor de experimentos sobre gripe aviar altamente patógena y adaptación a mamíferos.
Las conversaciones sumaron miles de mensajes. Según la compañía, sus filtros impidieron que el investigador accediera para ese trabajo a los modelos biológicos más potentes, por lo que la asistencia proporcionada quedó fundamentalmente en análisis de datos, planteamiento de estudios y tareas de carácter técnico o administrativo.
Es un matiz importante. Anthropic reconoce que en ese episodio la ayuda adicional ofrecida por Claude fue limitada. No presenta el caso como la historia de una inteligencia artificial diseñando desde cero un patógeno mortal, escenario mucho más espectacular y también mucho menos fiel a los hechos.
Otro expediente investigado estaba relacionado con trabajos de ganancia de función sobre el virus chikungunya. La ganancia de función engloba experimentos destinados a modificar características de un organismo; puede servir para comprender mejor una enfermedad, pero determinadas modificaciones también pueden aumentar riesgos como la transmisibilidad o la evasión inmunitaria.
En aquel caso, una plataforma intermediaria habría sorteado los bloqueos regionales para atender a virólogos relacionados con instituciones civiles y militares. Cuando Claude rechazaba determinadas peticiones sensibles, el sistema podía redirigirlas hacia modelos de otras compañías con restricciones más permisivas.
El problema del doble uso científico
Aquí se abre una de las grietas más difíciles de cerrar con un simple filtro automático. Investigar cómo consigue un virus adaptarse mejor a un mamífero puede permitir anticipar una futura pandemia. Exactamente ese conocimiento puede utilizarse, bajo otras intenciones, para intentar provocar artificialmente la misma adaptación. Es el delicado terreno del doble uso científico.
Anthropic también describe otros trabajos relacionados con ortopoxvirus, toxinas y determinadas moléculas con efectos paralizantes o analgésicos. En algunos casos había programas respaldados por estructuras estatales, aunque la empresa evita identificar países e instituciones.
La compañía insiste en que no atribuye automáticamente una intención criminal a los investigadores. De hecho, algunos podrían haber trabajado dentro de programas científicos legítimos sin conocer objetivos superiores de la organización que financiaba su actividad.
Ese detalle evita convertir el informe en una película de laboratorio clandestino. Pero no elimina el riesgo. Lo que inquieta a Anthropic es comprobar que actores vinculados con proyectos sensibles están intentando acceder de forma deliberada a modelos estadounidenses avanzados, incluso burlando restricciones territoriales y controles de seguridad.
Claude también apareció en misiles, drones y sistemas de guiado
El informe se aleja después del laboratorio y entra en un terreno bastante menos ambiguo. Anthropic asegura haber investigado seis operaciones relacionadas con armas convencionales: tres vinculadas con China, dos con Rusia y otra localizada en Yemen.
Los modelos fueron empleados para desarrollar o perfeccionar software relacionado con sistemas militares, además de apoyar tareas de inteligencia y adquisición de componentes. Aparecen misiles, drones armados, sistemas de control, simulaciones y otros proyectos de ingeniería.
Uno de los episodios más significativos corresponde a una célula situada en el norte de Yemen que trabajaba, según Anthropic, en tres programas de armamento: un cohete guiado, un misil balístico de varias etapas y otra familia de misiles que contemplaba incluso una variante con vehículo planeador hipersónico.
Los operadores llegaron a utilizar varias instancias de Claude como si fueran un pequeño equipo de ingeniería. Una escribía código, otra investigaba y otra revisaba el trabajo generado por la primera. No es ciencia ficción de robots reunidos alrededor de una mesa; es algo bastante más mundano y por eso quizá más relevante: software multiplicando capacidad técnica.
Anthropic asegura que sus sistemas bloquearon numerosas peticiones, pero no todas. Los usuarios fragmentaban el proyecto entre distintas conversaciones y ocultaban el propósito final de determinadas tareas para evitar que una única sesión revelara el conjunto.
No existe constancia, según la empresa, de que aquella célula consiguiera desplegar un sistema plenamente operativo. Sí habría realizado una prueba real de un cohete guiado que aparentemente fracasó. Horas después, los operadores volvieron a Claude para analizar el fallo.
La frontera cambia deprisa. Jacob Klein, responsable de inteligencia sobre amenazas de Anthropic, lo resumió al comparar las capacidades actuales con las de hace apenas un año: tareas como optimizar un dron o determinado software para un misil están ahora mucho más al alcance de los modelos.
Un grupo vinculado a Rusia automatizó ataques contra Ucrania
El segundo gran frente del informe está en la ciberguerra. Anthropic describe una operación de espionaje que atacó objetivos militares, gubernamentales y diplomáticos de Ucrania y otros países europeos, además de personas relacionadas con la política exterior estadounidense.
La compañía no identifica al grupo directamente como una unidad rusa concreta, pero considera que sus métodos y objetivos son coherentes con informaciones públicas sobre Midnight Blizzard, actor que las autoridades estadounidenses han relacionado anteriormente con el Servicio de Inteligencia Exterior ruso, el SVR.
Aquí Claude no habría servido únicamente para resolver dudas puntuales. El grupo construyó procesos en los que la inteligencia artificial participaba en múltiples fases, desde la preparación de infraestructura y campañas de phishing hasta el mantenimiento del acceso a sistemas comprometidos y la extracción de información.
También aparecieron técnicas para apropiarse de cuentas de WhatsApp y manipular conexiones de redes Wi-Fi de hoteles utilizadas por determinados objetivos.
Quizá el elemento más revelador sea otro. Los atacantes utilizaron agentes de IA capaces de comprobar si su malware había sido detectado por herramientas de seguridad. Cuando ocurría, el sistema modificaba y reconstruía automáticamente el código para intentar esquivar la nueva detección. Y repetía el ciclo.
Tradicionalmente, una empresa de ciberseguridad descubría una herramienta maliciosa, generaba una firma para reconocerla y obligaba al atacante a invertir tiempo en preparar una variante. La automatización reduce ese coste. La defensa levanta un muro; el software busca otra puerta casi inmediatamente.
Es probablemente uno de los cambios más relevantes que muestra el documento. La persona continúa definiendo objetivos y tomando decisiones, pero una parte creciente de la ejecución queda en manos de agentes autónomos.
Anthropic detectó ese patrón también en actividades relacionadas con presuntos miembros del colectivo ShinyHunters, conocido por robos masivos de datos y campañas de extorsión. Algunos operadores utilizaron IA para acelerar búsquedas de credenciales expuestas, analizar sistemas vulnerables y adaptar ataques a infraestructuras diferentes.
No significa que Claude haya inventado el phishing, el robo de contraseñas o el malware. Todo eso llevaba décadas funcionando razonablemente bien sin inteligencia artificial. Lo nuevo es la escala que permite la IA. Una persona puede encargar al modelo tareas que antes consumían horas de trabajo técnico y repetirlas sobre miles de objetivos.
El viejo consuelo de que un sistema minoritario está relativamente protegido porque pocos atacantes conocen su configuración empieza a tener menos recorrido. Una IA puede estudiar esa rareza con una paciencia que un delincuente difícilmente tendría.
Anthropic acusa a laboratorios chinos de extraer Claude a gran escala
La tercera historia del informe no tiene misiles ni virus, pero toca el nervio de la carrera tecnológica entre Estados Unidos y China. Anthropic afirma haber bloqueado operaciones procedentes de siete laboratorios chinos de inteligencia artificial, incluidos Alibaba, Moonshot, DeepSeek y Xiaomi.
La acusación principal gira alrededor de la denominada destilación de modelos. En términos sencillos, consiste en utilizar las respuestas de un sistema avanzado para enseñar a otro modelo más pequeño o menos costoso a reproducir parte de sus capacidades. La técnica, en sí misma, existe de forma legítima dentro de la industria. La disputa está en cómo se obtienen esos datos y qué permisos existen para utilizarlos.
Según Anthropic, operadores relacionados con Alibaba realizaron la mayor campaña de «destilación ilícita» detectada por la compañía. Entre mayo y julio de 2026 habría observado más de 151 millones de intercambios, con picos cercanos a tres millones diarios y miles de cuentas consideradas fraudulentas.
El objetivo, sostiene Anthropic, era obtener capacidades de razonamiento de sus modelos Opus y aprovechar ese material para mejorar la familia Qwen de Alibaba. La operación se habría apoyado en cuentas creadas con identidades e instrumentos de pago destinados a ocultar el origen real del tráfico.
Las empresas señaladas no habían respondido inicialmente a las peticiones de comentarios sobre estas acusaciones. Pekín, por su parte, aseguró no conocer el informe y reiteró que China defiende el desarrollo de la inteligencia artificial con fines beneficiosos, al tiempo que rechazó lo que considera distorsiones y ataques contra el país.
El choque tampoco surge de la nada. Washington había acusado esta misma semana a varias compañías chinas de copiar a escala industrial tecnología de laboratorios estadounidenses mediante técnicas de destilación. China rechazó esas acusaciones y defendió que la destilación es un procedimiento habitual en el desarrollo de inteligencia artificial.
Conversaciones de usuarios que habrían terminado dentro de Claude
Hay otro elemento quizá menos aparatoso que un misil, aunque bastante más cercano a cualquiera que utilice un chatbot. Anthropic acusa a Moonshot y DeepSeek de haber remitido determinadas conversaciones de sus propios usuarios hacia Claude sin informarles de que sus consultas estaban siendo procesadas por el modelo estadounidense.
En el caso de Moonshot, creadora del chatbot Kimi, Anthropic asegura que durante un periodo de diez días fueron redirigidas casi 300.000 peticiones de clientes. Los usuarios creían estar hablando con un modelo de Kimi, mientras determinadas consultas acababan contestadas por Claude.
La empresa sostiene que parte de esos intercambios se guardaba después para utilizar las respuestas como material de entrenamiento. DeepSeek habría empleado un mecanismo parecido para intentar recuperar trazas de razonamiento de los modelos Opus.
Ahí aparece una derivada que excede la propiedad intelectual. Algunas conversaciones contenían nombres, correos electrónicos, información empresarial y credenciales, además de otros datos sensibles. Anthropic afirma haber encontrado información perteneciente a cientos de usuarios y en al menos una docena de idiomas dentro del tráfico asociado a distintos servicios chinos y plataformas intermediarias.
Es un pequeño recordatorio incómodo: detrás de las monumentales guerras comerciales de la IA siguen existiendo personas escribiendo cosas muy corrientes —un problema de programación, unas previsiones empresariales, una contraseña pegada donde no debía— sin saber necesariamente cuántos sistemas terminan leyendo el mensaje.
Una frontera que ya dejó de ser teórica
El informe de Anthropic no demuestra que una inteligencia artificial haya creado una nueva arma biológica, tampoco que los sistemas autónomos hayan sustituido a científicos, espías o ingenieros militares. Dice algo menos cinematográfico y probablemente más importante: esas personas ya están intentando incorporar modelos avanzados a trabajos reales de alto riesgo.
En biología, Claude apareció dentro de investigaciones capaces de producir conocimiento de doble uso. En Yemen, fue empleado para desarrollar software asociado con sistemas de guiado. En el espionaje atribuido por Anthropic a un actor compatible con Midnight Blizzard, la IA automatizó fases enteras de una operación contra objetivos ucranianos y europeos. En China, según las acusaciones de la compañía, algunos de sus mayores competidores intentaron absorber a una escala gigantesca las capacidades del propio Claude.
Anthropic asegura haber cerrado cuentas, reforzado clasificadores, desarticulado redes de acceso y compartido información con autoridades y otras empresas. Pero su propio informe admite el límite de esa carrera: cuando un bloqueo aparece, los usuarios maliciosos cambian de cuenta, fragmentan las conversaciones, utilizan intermediarios o buscan otro modelo.
Durante años, buena parte de la discusión pública sobre inteligencia artificial orbitó alrededor de un futuro hipotético. El informe de septiembre de 2026 introduce una imagen bastante menos abstracta. No hacen falta máquinas conscientes ni androides rebeldes. Basta con modelos cada vez mejores escribiendo código, revisando investigaciones y coordinando tareas para personas que saben perfectamente qué quieren conseguir. Y esa fase, con todas sus zonas grises, ya ha empezado.

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