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¿Quiénes son los hutíes y por qué tomar Perim amenaza Bab el-Mandeb?

Los hutíes alcanzan Perim y refuerzan su presión sobre Bab el-Mandeb, mientras su poder militar y el apoyo iraní inquietan a toda la región.

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el jefe de los houties

Resumen

  • Los hutíes han llegado a Perim, en pleno estrecho de Bab el-Mandeb
  • Su avance acerca misiles y drones a una ruta vital para comercio y petróleo
  • Irán es su gran apoyo exterior, aunque Ansar Allah mantiene intereses propios

Los hutíes de Yemen han alcanzado uno de los puntos geográficos más sensibles del planeta. Las fuerzas del movimiento Ansar Allah llegaron este viernes 11 de septiembre a la estratégica isla de Perim, Mayun en árabe, situada en pleno estrecho de Bab el-Mandeb, después de que tropas vinculadas al Gobierno yemení reconocido internacionalmente se retiraran. También tomaron Dhubab, en la costa continental, tras conquistar Moca y avanzar por las islas Hanish.

Eso no significa que los hutíes hayan cerrado el estrecho ni que puedan decidir a voluntad qué barco atraviesa sus aguas. Significa algo quizá más incómodo: están mucho mejor situados para amenazar, vigilar y encarecer la navegación por una de las grandes arterias comerciales del mundo.

Detrás de ese avance no hay una pequeña guerrilla con fusiles y sandalias, una imagen que hace años dejó de describir la realidad. Los hutíes son un movimiento político, religioso y militar yemení, de raíces zaidíes, que controla Saná y buena parte del noroeste del país. Algunas estimaciones han situado su estructura movilizada alrededor de los 350.000 hombres, aunque eso no equivale a 350.000 soldados profesionales disponibles simultáneamente.

Poseen misiles balísticos y de crucero, drones de ataque, sistemas antibuque, radares, defensas aéreas y vehículos navales no tripulados. Irán es su principal apoyo exterior y fuentes regionales han atribuido a la Guardia Revolucionaria iraní asesoramiento en la reciente ofensiva. Teherán rechaza dirigirlos como una fuerza subordinada y los propios hutíes niegan ser simples peones iraníes. La realidad, como casi siempre en Oriente Próximo, cabe mal en una etiqueta.

Perim convierte Bab el-Mandeb en una amenaza inmediata

En un mapa grande, Perim parece poca cosa. Es una isla árida situada entre Yemen y la costa africana. Sobre el mar, sin embargo, ocupa una posición formidable: divide Bab el-Mandeb en dos canales y se encuentra justamente en la entrada meridional del mar Rojo, el camino que lleva hacia el canal de Suez y, de ahí, al Mediterráneo.

Bab el-Mandeb tiene aproximadamente 29 kilómetros de anchura en su parte más estrecha. Por allí circulan mercancías entre Asia y Europa, productos petrolíferos y cargamentos vinculados al sistema Suez-SUMED. Las estimaciones recientes situaban el tránsito de crudo y líquidos petrolíferos por el estrecho en unos 8,1 millones de barriles diarios durante el segundo trimestre de 2026.

El cuello de botella del sur del mar Rojo no es una carretera cualquiera. Es una de esas puertas estrechas por las que pasa una parte sorprendentemente grande de la economía mundial. Y su importancia ha aumentado mientras el estrecho de Ormuz, al otro lado de la península arábiga, sufría una fuerte reducción del tráfico por la guerra entre Irán y Estados Unidos.

Arabia Saudí había intentado compensar ese riesgo trasladando petróleo hacia el oeste mediante su oleoducto East-West, para exportarlo desde el mar Rojo sin depender de Ormuz. Esa alternativa también ha sufrido ataques. Imágenes de satélite verificadas mostraron humo en las inmediaciones del oleoducto saudí y se informó de una interrupción temporal de su funcionamiento.

La oferta saudí de crudo cayó en agosto hasta unos seis millones de barriles diarios, el nivel más bajo en más de tres décadas, mientras el petróleo volvía a superar los 100 dólares por barril. Cuando Ormuz falla y Bab el-Mandeb tiembla al mismo tiempo, el mercado energético mundial se queda con pocas salidas cómodas.

Por eso la toma de Perim importa bastante más que el tamaño de la isla. Desde posiciones costeras, islas, radares y sistemas móviles de lanzamiento, un actor armado ni siquiera necesita hundir decenas de barcos. Le basta con que las navieras consideren el trayecto demasiado peligroso. Entonces llegan las primas de seguro, los cambios de ruta, los retrasos y los rodeos alrededor del cabo de Buena Esperanza. Miles de kilómetros añadidos por una amenaza instalada en unas cuantas rocas estratégicamente colocadas.

Quiénes son los hutíes y de dónde procede su poder

El nombre oficial del movimiento es Ansar Allah, “Partidarios de Dios”. La denominación “hutíes” procede de la familia que encabezó el movimiento surgido durante la década de 1990 en la provincia septentrional de Saada. Su origen está ligado al zaidismo, una rama del islam chií con una larga historia propia en Yemen y diferencias doctrinales importantes respecto al chiismo duodecimano predominante en Irán.

Ese detalle desmonta una simplificación frecuente. Los hutíes no fueron creados por Irán. Nacieron de dinámicas internas de Yemen: marginación económica del norte, pérdida de influencia de las élites zaidíes, rechazo al Gobierno central, resistencia frente a la influencia saudí y estadounidense y un movimiento de revitalización religiosa que acabó militarizándose.

La organización libró desde 2004 varias guerras contra el Gobierno yemení. Su fundador y dirigente inicial, Hussein Badreddin al-Houthi, murió aquel año durante los combates. El liderazgo pasó progresivamente a su hermano Abdul Malik al-Houthi, que continúa al frente del movimiento.

Tras la caída del presidente Ali Abdullah Saleh durante las revueltas de 2011, los hutíes aprovecharon el vacío político y la debilidad institucional. En 2014 conquistaron Saná, desplazaron al Gobierno reconocido internacionalmente y terminaron provocando la intervención de una coalición dirigida por Arabia Saudí en marzo de 2015.

Más de una década después, y pese a miles de ataques aéreos, bloqueos, ofensivas terrestres y presiones internacionales, mantienen el control de la capital y de extensas zonas del país donde reside una parte considerable de la población yemení. Aquella insurgencia local se convirtió, lentamente y a golpes, en una estructura de poder territorial.

Cuántos combatientes tienen realmente los hutíes

Las cifras requieren cautela. Un informe del Grupo de Expertos de Naciones Unidas recogió una estimación que elevaba la fuerza hutí desde unos 30.000 hombres en 2015 y 220.000 en 2022 hasta alrededor de 350.000 efectivos en 2024. La propia ONU señaló las dificultades para verificar independientemente todo el volumen de las incorporaciones.

Parte de esa cifra incluye movilizados, fuerzas tribales, reservistas y personal con distintos grados de preparación, no únicamente unidades profesionales de primera línea. Eso explica una aparente contradicción: es posible hablar a la vez de un núcleo militar mucho menor y de una organización capaz de movilizar varios cientos de miles de personas.

Ansar Allah combina unidades experimentadas, aparatos de seguridad, especialistas en misiles y drones, fuerzas tribales y estructuras de movilización masiva. Su principal ventaja tampoco es la cantidad pura. Los hutíes llevan dos décadas combatiendo en un territorio montañoso que conocen palmo a palmo.

Han desarrollado redes de túneles, almacenes dispersos, plataformas móviles y procedimientos para esconder material. Bombardear un radar o un depósito puede ser relativamente sencillo; destruir una organización capaz de dispersarse, reconstruirse y volver a lanzar resulta bastante menos fotogénico y mucho más difícil.

Misiles, drones y guerra naval: el arsenal de los hutíes

El gran cambio militar ocurrió cuando una insurgencia terrestre adquirió capacidad para golpear a cientos o miles de kilómetros y atacar barcos en movimiento. Ahí dejó de ser únicamente un problema yemení para convertirse en un actor con capacidad de alterar rutas comerciales internacionales.

El arsenal hutí incluye varias familias de misiles balísticos, misiles de crucero, proyectiles antibuque y drones de largo alcance. Entre los sistemas exhibidos o empleados durante los últimos años figuran los Hatem, Burkan y Asif, los misiles de crucero Quds y drones de las familias Sammad y Qasef.

Algunas de estas armas son de origen iraní, otras muestran una clara relación con diseños iraníes y otras son ensambladas o modificadas dentro de Yemen. También disponen de radares costeros, sistemas antiaéreos, minas y embarcaciones no tripuladas capaces de aproximarse a un objetivo cargadas de explosivos.

Para el tráfico mercante, esa mezcla resulta especialmente desagradable. Un petrolero gigantesco, lento y muy visible se enfrenta a armas comparativamente baratas que pueden llegar desde tierra, mar o aire. La asimetría es brutal: un dron de coste limitado puede obligar a proteger un barco y una carga que valen cientos de millones.

En julio de 2025, fuerzas yemeníes interceptaron un cargamento de más de 750 toneladas de material militar destinado a los hutíes. El envío incluía componentes para misiles de crucero, armas antibuque y antiaéreas, ojivas, sistemas de guiado, motores para drones, radares y equipos de comunicaciones.

Eso no significa que cada cohete disparado desde Yemen llegue terminado en una caja enviada desde Teherán. La organización ha desarrollado una capacidad propia de ensamblaje y adaptación, alimentada por componentes importados, conocimiento acumulado y años de ingeniería militar. Ahí reside otro problema: destruir existencias no equivale necesariamente a destruir el conocimiento necesario para producirlas.

Quién arma y entrena a los hutíes

El patrocinador exterior decisivo es Irán. Estados Unidos y organismos internacionales llevan años señalando transferencias de armamento, tecnología, componentes, conocimientos y entrenamiento. Diversas interceptaciones marítimas han documentado material iraní dirigido hacia Yemen, mientras Teherán sostiene públicamente que Ansar Allah toma sus propias decisiones.

La relación se ha hecho más estrecha con el tiempo. La Fuerza Quds de la Guardia Revolucionaria, especializada en trabajar con organizaciones aliadas fuera de Irán, ha sido vinculada al asesoramiento militar hutí. Hezbollah también ha sido señalado como transmisor de conocimientos, particularmente en ámbitos relacionados con misiles y drones.

Un informe de expertos de Naciones Unidas indicó que especialistas de Hezbollah en misiles y aeronaves no tripuladas permanecían en territorio controlado por los hutíes asesorando sus operaciones. Fuentes iraníes, regionales y del Gobierno yemení han atribuido además a miembros de la Guardia Revolucionaria un papel de asesoramiento en el reciente avance por la costa del mar Rojo.

La diferencia importa. Mandar un fusil es apoyo. Enseñar a mantener un misil, programar un dron, seleccionar un blanco, coordinar inteligencia y diseñar una ofensiva supone transferir capacidad militar, algo mucho más difícil de eliminar mediante bombardeos puntuales.

Los hutíes, aun así, conservan autonomía política. Son aliados de Irán, pero no encajan perfectamente en el molde de una fuerza que obedece automáticamente cada orden de Teherán. Su movimiento precede a esa alianza, su base social es yemení y sus dirigentes persiguen intereses propios. Ni siquiera comparten exactamente la misma tradición religiosa.

La relación funciona porque durante años sus intereses han coincidido. Irán obtiene una poderosa herramienta de presión sobre Arabia Saudí, Israel y Estados Unidos; Ansar Allah recibe armas, conocimientos, financiación y una profundidad regional que difícilmente habría conseguido en solitario.

Bab el-Mandeb, la palanca con la que los hutíes quieren negociar

Los aliados naturales de Ansar Allah se encuentran dentro del llamado “Eje de la Resistencia” articulado alrededor de Irán. Ahí aparecen Hezbollah en Líbano, diversas milicias chiíes iraquíes y vínculos políticos y operativos con otras organizaciones enfrentadas a Israel. Los dirigentes hutíes han presentado reiteradamente sus operaciones contra Israel y el tráfico marítimo como apoyo a los palestinos.

Pero reducir sus objetivos a Gaza sería quedarse con media película. Dentro de Yemen quieren consolidar el poder político y militar conquistado desde 2014, asegurarse una posición dominante en cualquier futura negociación nacional y obtener garantías económicas y de seguridad.

En su disputa con Arabia Saudí reclaman, entre otros asuntos, el levantamiento de restricciones, soluciones para los salarios públicos en las zonas bajo su control y compensaciones relacionadas con la guerra. A escala regional buscan proyectarse como un actor capaz de enfrentarse a Arabia Saudí, Estados Unidos e Israel, no simplemente como una facción encerrada en las montañas de Saada.

En septiembre de 2026 hay, además, un objetivo mucho más tangible: convertir Bab el-Mandeb en una palanca de presión. El portavoz militar Yahya Saree sostiene que la navegación continúa siendo segura salvo para los buques saudíes sometidos al bloqueo anunciado por el movimiento. En navegación comercial, sin embargo, cuenta tanto la intención declarada como la capacidad de causar daño.

Una naviera que transporta cientos de millones de euros en mercancías no necesita esperar a descubrir si un misil estaba dirigido exactamente contra su barco. La simple posibilidad de un ataque puede bastar para modificar itinerarios, elevar seguros y reducir el tráfico.

La captura de Perim tampoco convierte automáticamente a los hutíes en dueños absolutos del estrecho. La costa africana sigue fuera de su control territorial, las aguas tienen dimensión internacional y Estados Unidos y otras potencias mantienen una enorme superioridad naval. Dominar no es lo mismo que cerrar.

Lo que Ansar Allah sí ha demostrado es que puede elevar suficientemente el riesgo como para modificar rutas comerciales enteras. Ese es precisamente el peligro de una organización de este tipo. No necesita derrotar a una flota estadounidense en una batalla naval clásica, algo completamente fuera de proporción. Necesita esconder lanzadores entre montañas, conservar suficientes drones y misiles, detectar algunos objetivos y mantener a las compañías de seguros mirando nerviosamente el mapa.

Arabia Saudí busca frenar una ofensiva que cambia el mapa

Arabia Saudí entiende perfectamente esa diferencia. El príncipe heredero Mohammed bin Salman pidió a Donald Trump ayuda militar estadounidense contra los hutíes durante al menos dos conversaciones, según fuentes conocedoras de esos contactos.

Washington no aceptó por el momento intervenir directamente y ofreció cooperación de inteligencia y ayuda para la selección de objetivos. Mientras tanto, las fuerzas yemeníes respaldadas por Riad preparan una contraofensiva destinada a recuperar los territorios perdidos durante el rápido avance hutí por el litoral del mar Rojo.

El resultado provisional es un escenario particularmente incómodo: una guerra yemení que vuelve a moverse, Arabia Saudí bajo presión, Irán ganando profundidad estratégica y dos estrechos fundamentales para la energía mundial amenazados simultáneamente, Ormuz al este y Bab el-Mandeb al oeste.

Una isla pequeña en una guerra demasiado grande

Durante años los hutíes fueron tratados fuera de Oriente Próximo como una pieza secundaria de una guerra olvidada. Esa descripción ya no sirve. Controlan territorio, cuentan con una extensa estructura de movilización, poseen combatientes experimentados, misiles, drones y posiciones frente a una de las rutas marítimas más importantes del planeta.

Perim apenas ocupa una mancha sobre el mapa, pero su ubicación multiplica su importancia. Si los hutíes consiguen conservarla y consolidar posiciones en la costa próxima, aumentará su capacidad para presionar Bab el-Mandeb incluso sin cerrarlo físicamente.

Ahí está el verdadero alcance de la ofensiva. La amenaza no consiste únicamente en conquistar una isla ni en plantar una bandera. Consiste en situar un arsenal de misiles, drones y sistemas navales cerca de un corredor por el que pasan petróleo, mercancías y los intereses de medio mundo. Perim es diminuta; el problema que representa, bastante menos.

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Fundador de DonPorqué y curioso empedernido. Escribe sobre tecnología, viajes, gastronomía, cultura y todo lo que le genera una pregunta con un buen «¿por qué?» detrás. En su tiempo libre es aficionado a los casinos online y aprovecha esa experiencia para compartir análisis y recomendaciones sobre el sector del iGaming.