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¿Qué esconde la granja cripto clandestina que investigan en México?

Una granja de criptomonedas con cientos de equipos fue hallada en Puebla. Las autoridades investigan robo eléctrico y posible lavado de dinero.

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pasillo cripto farm en mexico

Resumen

  • Hallan en Puebla una granja cripto clandestina con cerca de 300 GPU
  • Investigan si la instalación robaba electricidad de una presa cercana
  • No hay un cartel identificado, pero se analiza un posible esquema de lavado

Una construcción discreta, una carretera de grava casi vacía y un zumbido mecánico que se escuchaba entre las montañas. En Tlaola, en el estado mexicano de Puebla, las autoridades han descubierto una instalación clandestina con cerca de 300 equipos informáticos especializados que presuntamente se utilizaban para minar criptomonedas. La investigación intenta determinar ahora algo bastante más serio: si los activos digitales generados allí servían para dar apariencia legal a dinero procedente de actividades ilícitas.

Por el momento no existe una atribución oficial de la granja a un cartel concreto. Ese matiz importa. Lo confirmado es que las autoridades intervinieron el inmueble y encontraron una infraestructura eléctrica y tecnológica difícil de confundir con el ordenador de un aficionado: aproximadamente 300 GPU, 80 terminales de media tensión y ocho antenas de internet satelital, además de equipamiento destinado a mantener en marcha la instalación.

La instalación es, además, la cuarta granja de características similares localizada desde principios de 2025 en esta zona de la Sierra Norte de Puebla. La coincidencia geográfica, la enorme demanda energética y la posibilidad de que se estuviera obteniendo electricidad de manera irregular han colocado estas explotaciones en el radar de las autoridades mexicanas. Un viejo problema —el dinero del crimen organizado— con maquinaria bastante más nueva.

Una granja de criptomonedas escondida entre las montañas

El lugar elegido tenía ciertas ventajas. La Sierra Norte de Puebla combina bosques espesos, pequeñas comunidades dispersas y carreteras poco transitadas. La instalación se encontraba aproximadamente a dos kilómetros del núcleo habitado más próximo, aunque vecinos de la zona aseguraron que el ruido constante de las máquinas llegaba a escucharse desde alrededor de un kilómetro.

No hablamos de ordenadores domésticos ejecutando un programa durante la noche. La minería de criptomonedas exige equipos trabajando prácticamente sin descanso, refrigeración y un suministro eléctrico estable. Ese consumo deja huella. Mucha. Y precisamente el gasto de electricidad fue uno de los indicios que hicieron especialmente llamativa una instalación de estas dimensiones en una zona rural.

Cerca de 300 GPU funcionando al mismo tiempo

Las GPU, unidades de procesamiento gráfico, son componentes capaces de realizar enormes cantidades de cálculos en paralelo. Aunque nacieron asociadas principalmente al procesamiento gráfico, durante años han tenido distintos usos dentro de la minería de activos digitales.

En Tlaola estaban acompañadas por decenas de conexiones de media tensión y comunicaciones vía satélite. Esa combinación apunta a una instalación concebida para funcionar con cierta autonomía en un entorno alejado de las grandes redes urbanas. No es exactamente montar tres ordenadores en un garaje y esperar a que salga un bitcoin.

Las autoridades mexicanas mantienen bajo custodia tanto el inmueble como los equipos mientras continúa la investigación. Uno de los puntos fundamentales será determinar quién controlaba la infraestructura y qué destino tenían los activos digitales obtenidos mediante la actividad de minería. Ese último tramo será decisivo para saber si existió realmente una operación de lavado de dinero.

El factor que puede cambiarlo todo: la electricidad

Minar criptomonedas tiene un problema elemental: cuesta dinero producirlas. Los ordenadores consumen grandes cantidades de energía mientras compiten por ejecutar los cálculos necesarios para validar operaciones y obtener recompensas digitales. La electricidad es uno de los principales costes de cualquier explotación minera de este tipo.

Las estimaciones internacionales sobre minería de bitcoin muestran hasta qué punto la factura energética condiciona la rentabilidad. El coste de producir una unidad depende del precio de la electricidad, la eficiencia de los equipos, la dificultad de la red y otros factores. Cuando el bitcoin alcanza cotizaciones elevadas, disponer de energía extraordinariamente barata puede transformar por completo las cuentas.

Ahí aparece la gran incógnita de Puebla. Las autoridades investigan si la instalación obtenía electricidad de infraestructuras vinculadas a una presa hidroeléctrica cercana sin asumir su coste real. Si se confirmara el robo de energía, desaparecería de un plumazo buena parte del principal gasto de la operación. Para cualquier minería clandestina, las matemáticas cambian radicalmente cuando alguien más paga la factura.

El bitcoin se movía este 12 de septiembre alrededor de los 78.000 dólares, aunque su precio cambia continuamente. Con semejante valor de mercado, eliminar de manera ilícita buena parte del gasto eléctrico podría convertir incluso una infraestructura relativamente modesta para los estándares internacionales en una fuente considerable de activos digitales.

La conexión con el crimen organizado aún debe probarse

La existencia de la granja está acreditada. Su eventual utilización para lavar dinero procedente de actividades ilícitas forma parte de la investigación. Lo que todavía no está demostrado públicamente es quién estaba detrás de ella y si pertenecía a una organización narcotraficante determinada.

Especialistas mexicanos en seguridad consideran que una infraestructura de este tipo requiere conocimientos técnicos, inversión y capacidad logística suficientes para hacer plausible la participación de una organización con recursos. Pero plausible no significa probado. La investigación permanece abierta y ningún cartel concreto ha sido identificado públicamente como propietario de la granja.

La diferencia no es pequeña. Una cosa es que los grupos criminales mexicanos estén utilizando criptomonedas cada vez con mayor frecuencia y otra, bastante distinta, atribuirles automáticamente cualquier instalación clandestina encontrada junto a una presa. Por ahora, la pista del posible lavado existe; el responsable último sigue siendo una incógnita.

Por qué las criptomonedas atraen al crimen organizado

Las organizaciones criminales llevan décadas intentando resolver el mismo problema: transformar ganancias ilícitas en dinero que pueda circular sin levantar sospechas. Antes fueron negocios con mucho efectivo, sociedades pantalla, propiedades o cuentas controladas mediante terceros. Las criptomonedas añaden otra herramienta al repertorio.

No son, pese a cierta caricatura popular, dinero mágicamente invisible. Las operaciones realizadas en muchas cadenas de bloques quedan registradas y pueden seguirse mediante herramientas especializadas. Precisamente por eso investigadores y empresas de análisis han mejorado notablemente su capacidad para rastrear movimientos entre carteras digitales, plataformas de intercambio y servicios utilizados para ocultar el origen de los fondos.

El volumen asociado al delito, con todo, está creciendo. Las estimaciones de análisis de blockchain señalan que las direcciones identificadas como ilícitas recibieron alrededor de 154.000 millones de dólares durante 2025, frente a unos 59.000 millones un año antes. Una parte importante del aumento estuvo relacionada con operaciones vinculadas a la evasión de sanciones internacionales.

La cifra necesita contexto. Las transacciones ilícitas identificadas continúan representando una porción pequeña del conjunto de la actividad mundial con criptomonedas. El crecimiento del delito digital es real; presentar todo el ecosistema cripto como una gigantesca lavandería también sería realismo mágico.

De esconder billetes a producir activos digitales

Una granja clandestina abre una posibilidad diferente al simple envío de criptomonedas compradas previamente. Si una organización controla la instalación y obtiene electricidad a un coste mínimo —o directamente robada— puede producir activos digitales con una estructura de costes anormalmente baja.

El esquema no vuelve invisible el dinero. Tampoco garantiza que pueda introducirse impunemente en el sistema financiero. Para convertir las criptomonedas en moneda convencional o gastarlas a gran escala suelen aparecer intermediarios, plataformas, cuentas o movimientos que proporcionan nuevos puntos de investigación.

Pero la tecnología permite operar lejos de una sucursal bancaria, mover valor internacionalmente y montar infraestructuras en lugares remotos. En ese paisaje encaja especialmente bien una instalación escondida entre montañas, conectada por internet satelital y situada cerca de una fuente de electricidad abundante.

No es un fenómeno exclusivamente mexicano. Operaciones ilegales de minería y casos relacionados con robo de electricidad han sido descubiertos también en Brasil, Estados Unidos y varios países del sudeste asiático. Lo singular de Puebla es la repetición: cuatro instalaciones similares localizadas en el área desde comienzos de 2025 han llevado a las autoridades a examinar la posibilidad de que existan más explotaciones ocultas.

La montaña deja una pista difícil de ocultar

A primera vista, una nave perdida entre árboles y montañas parece el escondite perfecto. Para una granja de criptomonedas tiene un inconveniente casi poético: cientos de máquinas encendidas día y noche necesitan electricidad y hacen ruido. Mucho silencio alrededor termina haciendo más audible el motor.

La investigación de Tlaola deberá establecer de dónde procedía exactamente la energía, quién financiaba los equipos y dónde acababan los activos digitales generados. Esas respuestas permitirán distinguir entre una operación irregular de minería y una estructura financiera vinculada directamente al crimen organizado.

Lo encontrado ya dibuja, en cualquier caso, una evolución significativa. El negocio criminal mexicano no se limita necesariamente al fajo de billetes escondido bajo el suelo ni a la cuenta bancaria con testaferro. También puede haber servidores, antenas satelitales y máquinas calculando sin descanso en mitad del bosque. Cambia la tecnología; el objetivo, si las sospechas se confirman, sigue siendo bastante antiguo: convertir dinero difícil de explicar en riqueza aparentemente limpia.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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