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¿Prince vuelve? Las diez canciones inéditas que salen de su bóveda

Prince vuelve a sonar con Timeless, un álbum póstumo que reúne diez grabaciones de su bóveda y recorre casi cuatro décadas de música inédita.

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portada de Timless de Prince

Prince murió, sí. El 21 de abril de 2016, a los 57 años, víctima de una sobredosis accidental de fentanilo. Pero hay artistas cuya muerte plantea un problema bastante peculiar: dejan tanto material detrás que su discografía continúa creciendo cuando ellos ya no están. Diez años después, la voz de Minneapolis vuelve a aparecer por la puerta principal.

El 28 de agosto de 2026 se publicó Timeless, un nuevo álbum póstumo de Prince construido con diez grabaciones raras o inéditas procedentes de su célebre archivo. No son restos de una única sesión ni las piezas de un disco abandonado. El recorrido comienza en 1977, cuando Prince todavía era un adolescente prodigioso empeñado en tocar prácticamente todo lo que encontraba dentro de un estudio, y termina en 2016, apenas unas semanas antes de su muerte.

Ahí está lo realmente interesante. Timeless atraviesa casi cuatro décadas y funciona como una especie de túnel del tiempo: el joven músico de Minneapolis, el creador torrencial de los años 80, el Prince de Paisley Park, el experimentador que parecía incapaz de cerrar el grifo y, finalmente, el intérprete casi desnudo ante un piano. Diez cortes. Diez momentos. Una carrera entera observada por las rendijas de una bóveda.

Prince vuelve con un disco que recorre toda su carrera

El Prince Estate, responsable de administrar el legado del músico, ha publicado el proyecto junto a Legacy Recordings, el sello de catálogo de Sony Music. Es la primera recopilación póstuma de Prince concebida expresamente para cruzar las grandes etapas de su trayectoria en un solo álbum.

No se ha ordenado buscando una sucesión de posibles éxitos ni intentando fabricar artificialmente un nuevo Purple Rain. Las canciones avanzan cronológicamente. Esa decisión importa: permite escuchar cómo cambia la producción, cómo se ensancha el sonido y cómo determinadas obsesiones —el funk, el sexo, la espiritualidad, las relaciones sentimentales, la libertad creativa— regresan una y otra vez con trajes distintos.

El álbum abre con “I Am You”, grabada en el estudio Sound 80 de Minneapolis en 1977. Prince aún no había publicado su primer LP, For You, que llegaría en 1978. En el otro extremo aparece una interpretación en directo de “How Come U Don’t Call Me Anymore?”, registrada el 4 de marzo de 2016 en el Oracle Arena de Oakland durante su gira Piano & A Microphone. Moriría siete semanas después.

Entre ambos puntos caben casi 40 años de música. Casi una vida.

Las diez canciones de Timeless, desde 1977 hasta 2016

(Puedes escucharlas todas dándole al play y haciendo clic en las flechas para pasar de canción en canción)

Después de “I Am You” llega “Tick Tick Bang”, fechada en 1981, una grabación temprana de una composición que Prince retomaría años después. Continúa “Heaven”, de 1985, en pleno periodo de imaginación psicodélica posterior al estallido de Purple Rain, y “I Wonder”, registrada en 1989.

La década siguiente aparece representada por “With This Tear”, de 1991, y “Stone”, de 1995. El primer título tiene una historia especialmente curiosa: Prince escribió la canción que posteriormente grabaría Céline Dion para su álbum homónimo de 1992. Escuchar al propio Prince permite regresar al origen de una pieza que durante décadas estuvo asociada principalmente a otra voz.

El viaje continúa con “Calabama”, de 2003; “The Guilty Ones”, grabada en 2007; “Bestest Friend”, de 2012; y desemboca en aquella actuación de Oakland de 2016. El arco temporal es enorme y, precisamente por eso, el álbum tiene algo de álbum familiar abierto sobre una mesa: la misma persona, pero nunca exactamente el mismo músico.

No es un puñado de descartes colocado al azar dentro de una carpeta con una fotografía bonita. La secuencia busca que el oyente perciba el paso del tiempo. Cambian los teclados, las baterías, la textura de las voces, la tecnología. Lo que permanece es esa forma tan particular de Prince de tratar una canción como si todavía estuviera caliente entre las manos.

El conjunto dura alrededor de 42 minutos. Está disponible en plataformas digitales y también se ha editado en CD, vinilo negro y una edición limitada en vinilo de mármol púrpura. La mezcla y masterización han corrido a cargo de Chris James, antiguo ingeniero de Prince y colaborador en trabajos como HITnRUN Phase Two, Art Official Age y Plectrumelectrum.

No todo lo “inédito” significa exactamente lo mismo

Aquí conviene limpiar un pequeño charco semántico. Cuando se anuncia que aparecen diez canciones inéditas de Prince, uno puede imaginar diez composiciones absolutamente desconocidas que nadie había escuchado jamás. La realidad es algo más interesante —y menos publicitaria—: “inédito” no significa siempre “desconocido”.

Timeless reúne grabaciones que permanecían inéditas oficialmente en estas versiones, pero algunos títulos tienen una historia previa. “Tick Tick Bang”, por ejemplo, fue posteriormente reelaborada y terminó apareciendo en otra forma en Graffiti Bridge. “With This Tear” era conocida por la interpretación de Céline Dion. “How Come U Don’t Call Me Anymore?” pertenece desde hace décadas al universo Prince, aunque la actuación concreta incluida en este álbum procede de 2016.

Y existe otro fenómeno inevitable alrededor de su archivo. Algunas grabaciones de Prince han circulado durante años entre coleccionistas mediante copias no oficiales, cintas, filtraciones y bootlegs. Para ese pequeño mundo de seguidores casi arqueólogos, “nunca publicado oficialmente” y “nunca escuchado por nadie” son cosas muy distintas.

Eso no resta interés al lanzamiento. Al contrario. Poder escuchar mezclas y másteres oficiales procedentes de las cintas conservadas en el archivo cambia bastante la experiencia frente a una copia que ha viajado durante décadas de casete en casete, perdiendo brillo por el camino.

The Guilty Ones, la gran novedad que llega con el álbum

El lanzamiento de Timeless está acompañado por “The Guilty Ones”, una grabación realizada el 26 de octubre de 2007 en Paisley Park y publicada también con vídeo musical.

Prince produjo, arregló, compuso e interpretó la canción. En la sesión participaron Marva King y Shelby J. en los coros, Josh Dunham al bajo y Cora Coleman-Dunham en la batería. Ian Boxill, uno de los ingenieros que trabajaron con Prince durante aquellos años, estuvo detrás de la grabación.

El tema sirve además para abrir una ventana hacia una etapa menos mitificada que los años de 1999, Purple Rain o Sign o’ the Times. En 2007 Prince tenía 49 años, controlaba ferozmente su obra, podía llenar escenarios y seguía entrando en Paisley Park para grabar música a una velocidad que explica buena parte de lo que ocurre una década después de su muerte.

Antes de publicar el disco completo, el archivo ya había dejado dos pistas sobre lo que preparaba. “With This Tear” apareció durante 2026 y posteriormente llegó “Stone”, una grabación de 1995. Timeless termina de colocar esas piezas dentro de una cronología mucho más amplia.

La bóveda de Prince sigue siendo una historia dentro de la historia

Hablar de música inédita de Prince obliga inevitablemente a hablar de The Vault, la bóveda que convirtió su obsesión por grabar en una especie de leyenda musical antes incluso de que muriera.

Prince componía de forma compulsiva. Grababa canciones que después descartaba, transformaba, entregaba a otros artistas o simplemente guardaba. Algunas ideas reaparecían años más tarde convertidas en algo diferente; otras dormían. El resultado fue un archivo gigantesco cuya extensión exacta nunca ha dejado de alimentar especulaciones.

Paisley Park era casa, estudio, sala de ensayo, escenario y laboratorio. Tras la muerte del músico, ese universo privado pasó también a convertirse en museo y centro de conservación de su legado. Y ahí surgió una cuestión incómoda que acompañará cada publicación póstuma: hasta dónde debe intervenir un administrador en la obra que un artista decidió no publicar en vida.

No es un debate exclusivo de Prince. Ocurre con Bowie, Hendrix, Michael Jackson, Amy Winehouse y prácticamente cualquier creador que deja grabaciones inéditas. Pero en su caso alcanza otra escala porque produjo una cantidad extraordinaria de material y protegió durante años un control casi obsesivo sobre su música.

La paradoja tiene su punto de ironía. El hombre que pasó media vida enfrentándose a la industria para controlar hasta la última nota depende ahora de administradores, ingenieros y compañías discográficas para decidir qué notas vuelven a escucharse. Hay ironías que ni siquiera Prince habría necesitado escribir.

Diez años después, todavía aparece otro Prince

Timeless llega en el año del décimo aniversario de la muerte de Prince y en un momento de renovada actividad alrededor de su legado. Minneapolis celebró en junio una nueva edición de Prince Celebration, Paisley Park continúa funcionando como lugar de peregrinación para seguidores y Purple Rain prepara además su salto a Broadway.

Pero ninguna exposición, musical o aniversario tiene el mismo poder que escuchar una grabación que permanecía guardada. Una cinta no tiene vitrinas ni discursos: suena, y durante unos minutos el calendario pierde bastante autoridad.

Ahí reside el valor de este disco. No pretende demostrar que Prince estaba a punto de publicar diez obras maestras secretas ni convertir cada cinta encontrada en un clásico perdido. Sería absurdo. Incluso alguien con su talento tenía borradores, descartes y caminos abandonados.

Lo que Timeless permite escuchar es otra cosa: el movimiento continuo de un músico que pasó casi 40 años entrando y saliendo del estudio, probando sonidos, escribiendo y dejando versiones detrás. Desde el muchacho de 1977 hasta el hombre sentado frente al piano en 2016.

La música sigue saliendo cuando el artista ya no puede hacerlo

Prince murió hace diez años. Eso no ha cambiado. Lo sorprendente es que su catálogo todavía puede comportarse como el de un artista en activo: aparecen canciones, se reconstruyen épocas, regresan voces que parecían congeladas. La bóveda sigue abriéndose.

Y cada vez que lo hace, durante unos cuantos minutos vuelve a ocurrir algo raro. Prince está muerto; su música, claramente, todavía no se ha enterado.

Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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