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¿Qué se sabe de los españoles tras la tragedia de Nepal y el Tíbet?

Dos españoles siguen desaparecidos en Nepal y otro figura en la lista tibetana, mientras miles de personas continúan sin localizar tras la tragedia.

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desaparecidos tras el alud de Nepal y Tibet

Resumen

  • Dos españoles siguen desaparecidos en Nepal tras la riada
  • China incluye a un español entre los extranjeros sin localizar en Tíbet
  • No está confirmado que los registros de Nepal y China sean personas distintas

Los últimos datos disponibles mantienen a dos ciudadanos españoles desaparecidos en Nepal después de la devastadora riada del 26 de agosto. Otros tres españoles que inicialmente generaron preocupación han podido ser contactados y, según las informaciones oficiales, no se encontraban en la zona directamente golpeada por la catástrofe. El balance sigue abierto y exige una cautela elemental: aparecer entre los desaparecidos significa, en muchos casos, que las autoridades todavía no han logrado establecer contacto, no que exista una confirmación de fallecimiento.

Hay, además, otro dato especialmente delicado. Las autoridades chinas incluyeron a un ciudadano español entre los 261 extranjeros que continúan sin localizar en el área tibetana de Gyirong. Esa relación corresponde a un registro distinto del elaborado en Nepal y no se ha aclarado públicamente si existe algún solapamiento entre ambos sistemas de identificación. Dicho de manera sencilla: con la información disponible no resulta riguroso afirmar que haya tres españoles diferentes desaparecidos entre Nepal y Tíbet.

Lo confirmado es que Nepal mantiene dos casos españoles abiertos y que China ha comunicado otro registro de nacionalidad española en su lado de la frontera. Hasta que se crucen definitivamente las listas, cualquier suma automática puede llevar a una conclusión equivocada. En una catástrofe que ha borrado carreteras, antenas, hoteles y controles fronterizos, incluso contar personas se ha convertido en una tarea endiabladamente difícil.

Más de 800 extranjeros siguen sin localizar entre Nepal y Tíbet

La magnitud del desastre desborda ampliamente el caso español. El último balance disponible situaba en 1.204 los fallecidos en Nepal y en 4.216 las personas desaparecidas, mientras que en el Tíbet las autoridades chinas contabilizaban 21 muertos y 541 personas todavía sin localizar. En conjunto, el balance alcanzaba al menos 1.225 muertos y 4.757 desaparecidos en los dos lados de una frontera que sobre el mapa parece una raya fina y, sobre el terreno, es una sucesión de gargantas, precipicios, ríos violentos y carreteras que sencillamente dejaron de existir.

Entre los desaparecidos de Nepal figuran al menos 583 extranjeros. En territorio tibetano, otros 261 ciudadanos extranjeros permanecen sin localizar según el recuento comunicado por China. Las dos cifras no deberían sumarse alegremente para construir un balance internacional definitivo: los movimientos de turistas por el paso fronterizo, las listas confeccionadas por organismos diferentes y la posibilidad de que algunas personas fueran desplazadas de una zona a otra obligan a manejar los números con cuidado.

La tragedia golpeó, además, una zona especialmente internacional. Gyirong es uno de los grandes puntos de paso entre Nepal y el Tíbet y forma parte de rutas utilizadas por turistas, montañeros, peregrinos, trabajadores de proyectos hidroeléctricos y viajeros que se dirigen hacia lugares como el monte Kailash. No era una carretera perdida con cuatro vehículos. Había gente procedente de medio mundo transitando por un corredor estrecho del Himalaya cuando llegó la masa de agua, hielo, barro y roca.

Un español figura también en la lista tibetana

China publicó el primer desglose detallado de extranjeros desaparecidos en Gyirong. Entre los 261 ciudadanos extranjeros de 23 países figuraban 104 nepalíes, 49 indios, 33 letones, 18 estadounidenses y 15 británicos. También aparecían seis canadienses, seis australianos, cuatro sudafricanos y grupos menores procedentes de Alemania, Rusia, Malasia, Francia, Irlanda, Estonia, Países Bajos y Nueva Zelanda.

Con un caso cada uno figuraban ciudadanos de España, Portugal, Lituania, Finlandia, Ucrania, Hungría y Kazajistán, entre otros países. Pekín señaló que las representaciones diplomáticas correspondientes habían sido informadas. La presencia de un español en ese registro es precisamente la que impide cerrar todavía una cifra única y absolutamente segura sobre los nacionales afectados en ambos lados de la frontera.

Aquí aparece una de las dificultades fundamentales para interpretar las cifras. China indicó también que, después de las comprobaciones efectuadas en Gyirong, no quedaban turistas extranjeros físicamente varados en el condado. Eso no significa que las 261 personas hubieran aparecido. Significa que no se habían localizado grupos esperando una evacuación en los lugares revisados. Son cosas muy distintas.

España mantiene abiertas las gestiones consulares

En el caso de los ciudadanos españoles, el seguimiento implica varias representaciones diplomáticas por la propia geografía del desastre: la Embajada de España en Nueva Delhi, competente para Nepal, el Consulado Honorario de España en el país y el Consulado General en Pekín por lo ocurrido en territorio chino.

El Ministerio de Asuntos Exteriores mantiene especial atención sobre varias de las áreas castigadas por las inundaciones, entre ellas Rasuwa, Nuwakot, Dhading, Gorkha y Chitwan. Las comunicaciones y los desplazamientos siguen condicionados por daños en carreteras, puentes y redes básicas, de modo que la localización de viajeros puede retrasarse incluso cuando estos se encuentran a salvo.

No se han difundido públicamente detalles personales sobre los dos españoles desaparecidos que permanecen en el registro nepalí ni sobre la persona de nacionalidad española incluida en la relación tibetana. Esa ausencia de información no es extraña en una operación en la que todavía se están cruzando listas de hoteles, agencias turísticas, permisos de viaje, controles fronterizos y comunicaciones consulares.

India, Estados Unidos y Reino Unido, entre los países más afectados

La dimensión extranjera empezó a quedar clara pocas horas después de la riada. En las primeras relaciones de Nepal aparecieron viajeros de más de 30 nacionalidades. Los últimos registros mantienen cientos de extranjeros incomunicados o desaparecidos, con ciudadanos de India, Estados Unidos, Malasia, Reino Unido, Australia, Canadá y numerosos países europeos entre los afectados.

Ese matiz importa. Una lista de personas sin contacto elaborada en las primeras horas de una catástrofe no equivale a una lista cerrada de víctimas. Carreteras cortadas, redes móviles destruidas, electricidad interrumpida y evacuaciones improvisadas hicieron que numerosos viajeros permanecieran durante días sin poder comunicarse. Algunos reaparecieron después. Otros siguen sin hacerlo.

Nepal había logrado rescatar a casi 12.000 personas mientras más de 21.000 efectivos participaban en las operaciones. Las cifras de desaparecidos han subido y bajado durante toda la semana porque la recuperación de las telecomunicaciones permite incorporar denuncias nuevas y, al mismo tiempo, retirar nombres de personas localizadas. No es una contabilidad limpia. Todavía menos en un desastre de esta escala.

Por qué resulta tan difícil encontrar a los desaparecidos

La riada no dejó simplemente pueblos inundados. Arrancó carreteras, puentes y edificios, golpeó proyectos hidroeléctricos y desplazó enormes cantidades de sedimentos a lo largo de los ríos. Muchos cuerpos han aparecido lejos de los lugares donde fueron sorprendidas las víctimas, arrastrados por una corriente capaz de mover rocas, vehículos y estructuras enteras.

En Nepal, una parte especialmente compleja de las búsquedas se concentra en túneles de centrales hidroeléctricas, donde cientos de trabajadores quedaron aislados. Los equipos han utilizado excavadoras, cámaras y sistemas de suministro de oxígeno mientras retiran capas de barro y escombros. En algunos puntos avanzar unos metros exige horas. La montaña, después de la riada, se ha convertido en una mezcla de hormigón roto, lodo endurecido y pasadizos bloqueados.

En Tíbet, el problema fue distinto pero igual de brutal: durante días el acceso terrestre al núcleo devastado de Gyirong estuvo prácticamente roto. La reapertura de la carretera nacional G216 ha permitido la entrada de maquinaria pesada en una zona a la que inicialmente solo podían acercarse pequeños equipos, drones y suministros transportados por aire.

Qué ocurrió realmente y cómo avanza la búsqueda

El origen del desastre está relacionado con el colapso de una enorme masa glaciar y rocosa en el Himalaya. El desprendimiento precipitó hielo, piedra y sedimentos hacia la cuenca fluvial y generó una corriente extraordinariamente rápida de agua, barro y escombros que se propagó hacia el sistema del Bhote Koshi y el Trishuli.

Al principio llegó a hablarse de un terremoto porque los instrumentos sísmicos habían registrado una señal. Los análisis posteriores apuntaron a que aquella señal procedía del propio desplome del hielo y la roca. La montaña había producido un ruido sísmico parecido al de un pequeño temblor, una circunstancia que alimentó la confusión durante las primeras horas.

La avenida atravesó el corredor fronterizo y arrasó el área de Rasuwagadhi-Gyirong, una infraestructura esencial para el comercio entre Nepal y China y, al mismo tiempo, paso habitual de viajeros. En algunos lugares se describió una subida del agua de entre 15 y 18 metros sobre el nivel habitual del río. Cuando una pared semejante entra en un valle estrecho cargada de rocas, árboles y restos de edificios, la palabra inundación casi se queda pequeña.

Los científicos estudian hasta qué punto el calentamiento del Himalaya pudo contribuir a desestabilizar el glaciar. Existe una relación conocida entre el aumento de las temperaturas, la pérdida de hielo de montaña y la aparición de laderas y lagos glaciares inestables, aunque atribuir un episodio concreto exclusivamente al cambio climático exige estudios posteriores. La tendencia de fondo, eso sí, resulta difícil de ignorar: el Himalaya está perdiendo hielo y acumulando nuevos riesgos.

Una semana después, el trabajo de rescate ha cambiado. Las primeras horas pertenecían a los helicópteros, las evacuaciones urgentes y las personas que aparecían vivas sobre tejados, laderas o edificios aislados. Con el paso de los días entran en escena tareas mucho más ingratas: excavar túneles, revisar kilómetros de cauce e identificar restos humanos.

Nepal ha tenido que realizar enterramientos temporales de cadáveres todavía sin identificar, conservando muestras de ADN y registros para intentar reconocerlos posteriormente. Esa realidad explica por qué las cifras de muertos y desaparecidos no avanzan al mismo ritmo. Recuperar un cuerpo no significa necesariamente saber de inmediato quién era.

En el lado chino también persiste una considerable zona gris informativa. El acceso al Tíbet está restringido y buena parte de los datos disponibles procede de organismos públicos chinos. Pekín sostiene que las limitaciones en la zona afectada responden también a carreteras destruidas, comunicaciones deficientes y riesgo de desprendimientos. El balance, por eso, continúa siendo provisional.

Dos españoles en Nepal y una incógnita abierta en Tíbet

Para España, la situación puede condensarse sin inflar cifras ni fabricar certezas. Dos españoles siguen desaparecidos en Nepal y otros tres ciudadanos españoles han podido ser contactados. Separadamente, China comunicó que un español figura entre los extranjeros sin localizar en Gyirong, en el Tíbet.

Hasta que las autoridades españolas, nepalesas y chinas terminen de cruzar sus registros, no puede darse por hecho que esos datos correspondan a tres personas diferentes. Tampoco existe confirmación pública de españoles fallecidos. Esa es, por el momento, la frontera entre lo que se conoce y lo que todavía permanece bajo toneladas de incertidumbre.

Mientras tanto continúa la búsqueda de miles de personas, entre ellas cientos de extranjeros. La recuperación de accesos en Tíbet y de las comunicaciones en Nepal permite afinar los registros y retirar nombres cuando alguien consigue contactar. Es un avance pequeño frente a una catástrofe gigantesca, pero decisivo: detrás de cada nombre localizado hay una familia que deja de esperar una llamada imposible.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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