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Economía

¿Por qué Japón gastó 82.930 millones para defender el yen del dólar?

Japón movilizó 82.930 millones de euros para frenar la caída del yen frente al dólar, una intervención récord que sacudió el mercado mundial.

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muchos yenes

Japón ha movilizado una cantidad difícil de ignorar incluso para los estándares de los grandes mercados financieros: 15,3993 billones de yenes, unos 82.930 millones de euros, para sostener su moneda frente al dólar entre el 30 de julio y el 26 de agosto. Es la mayor intervención mensual de compra de yenes registrada por las autoridades japonesas.

La razón está en un gráfico bastante incómodo para Tokio. El yen llegó a acercarse a 164 unidades por dólar, una cotización que no se veía desde hacía casi cuatro décadas. Una moneda débil puede ayudar a determinados exportadores, pero cuando la caída se vuelve demasiado rápida empieza a tener la elegancia económica de una gotera sobre la cama: encarece las importaciones, golpea a los hogares y alimenta la inflación. Japón, que depende enormemente del exterior para conseguir energía, tiene bastante más que perder que un simple número bonito en las pantallas de los operadores.

Japón bate un récord para frenar la caída del yen

El Ministerio de Finanzas japonés confirmó el 28 de agosto que las operaciones realizadas durante el periodo comprendido entre el 30 de julio y el 26 de agosto alcanzaron exactamente 15,3993 billones de yenes. La conversión sitúa la cifra alrededor de los 82.930 millones de euros; en dólares, ronda los 96.500 millones.

No se conoce todavía cómo se repartió cada yen de esa gigantesca intervención entre los distintos días. El Gobierno publica primero la cantidad agregada y posteriormente ofrece el desglose diario. Ese detalle debería conocerse con los datos trimestrales, previsiblemente a comienzos de noviembre. Sí está acreditado que hubo actuaciones especialmente importantes los días 30 y 31 de julio, cuando la moneda japonesa se encontraba cerca de sus mínimos de cuatro décadas.

Y aquí apareció un elemento poco habitual: Estados Unidos participó en una acción coordinada con Japón, mientras Corea del Sur sincronizó también una intervención para comprar wones. En los mercados de divisas, donde cada jornada circulan cantidades astronómicas, la coordinación internacional tiene una utilidad adicional: no solo aporta dinero, también manda un aviso. No siempre funciona, claro. Los mercados tienen esa mala costumbre de no obedecer comunicados.

Las estimaciones elaboradas a partir de los movimientos registrados en las cuentas del Banco de Japón apuntan a que únicamente la intervención del 30 de julio pudo alcanzar hasta 9,6 billones de yenes. De confirmarse cuando se publique el desglose definitivo, pulverizaría el anterior récord diario japonés.

Del entorno de 164 a 155 yenes por dólar

El golpe produjo un efecto inmediato. El dólar, que rondaba los 163 yenes, cayó hasta aproximadamente 155,20 yenes el 3 de agosto. Dicho de otra manera: la moneda japonesa recuperó terreno con violencia en cuestión de días.

Después perdió parte de ese impulso. Desde el 10 de agosto el cambio se ha mantenido aproximadamente en la zona de 159-160 yenes por dólar, una pista bastante elocuente sobre las limitaciones de estas operaciones.

Japón consiguió apartar al yen del precipicio de 164. No consiguió, de momento, cambiar por completo la dirección del mercado.

Qué significa realmente que Japón haya gastado 82.930 millones

Conviene hacer una precisión porque la palabra “gastar” puede engañar. No estamos ante 82.930 millones de euros enviados a una especie de agujero presupuestario ni ante un paquete de ayudas públicas.

Cuando Japón quiere combatir una caída excesiva de su moneda, el Ministerio de Finanzas ordena una intervención cambiaria. El Banco de Japón actúa como su agente en el mercado. Para sostener el yen, las autoridades pueden vender activos denominados en dólares procedentes de sus reservas y utilizar esos fondos para comprar yenes. Aumenta así artificialmente la demanda de la moneda japonesa con la intención de elevar su precio.

Es, por tanto, una operación financiera con reservas del Estado, no un gasto corriente comparable al presupuesto de sanidad, infraestructuras o pensiones.

El Ministerio decide y el Banco de Japón ejecuta

Otra distinción que suele perderse en los titulares: la decisión de intervenir no corresponde autónomamente al Banco de Japón. La autoridad legal pertenece al Ministerio de Finanzas. El banco central recibe las instrucciones y ejecuta las compras y ventas en los mercados.

Esto separa la intervención cambiaria de la política monetaria convencional. El Banco de Japón puede modificar los tipos de interés para influir sobre inflación, crédito y actividad económica; el Gobierno, mientras tanto, puede utilizar sus reservas para atacar directamente movimientos considerados excesivos en el mercado de divisas.

Ambas herramientas terminan encontrándose en el mismo lugar: el precio del yen.

Por qué el yen se ha debilitado tanto frente al dólar

El problema no nació durante una mala mañana de julio. Japón arrastra desde hace años una peculiaridad monetaria: sus tipos de interés han permanecido muy por debajo de los de otras grandes economías.

Aunque el Banco de Japón ha comenzado a abandonar aquella era casi extraterrestre de tipos nulos o negativos, el proceso está siendo gradual. Su tipo de referencia se encuentra en el 1%, mientras los rendimientos disponibles en otros mercados continúan siendo atractivos para el capital internacional.

Ahí entra en escena el famoso carry trade. El nombre suena más misterioso de lo que es. Un inversor obtiene financiación barata en yenes y coloca ese dinero en activos que ofrecen una rentabilidad mayor en otra moneda. Mientras esa diferencia de intereses resulte rentable, existe un incentivo para vender yenes y comprar dólares u otras divisas.

Miles de operaciones de ese tipo, multiplicadas por fondos, bancos e inversores de medio planeta, ejercen presión sobre la moneda japonesa.

A esto se han sumado incertidumbres fiscales internas, el comportamiento de los mercados de deuda y el elevado coste de la energía. La combinación ha convertido al yen en una especie de termómetro donde aparecen, todos juntos, varios de los dolores de cabeza económicos de Japón.

Una moneda barata no siempre es una buena noticia para Japón

Durante décadas se repitió una idea sencilla: yen débil, exportadores felices. Toyota, Sony y otros grandes grupos japoneses venden buena parte de sus productos fuera del país, de manera que los ingresos obtenidos en dólares o euros valen más cuando se convierten a una moneda doméstica barata.

La economía real, por desgracia, tiene más piezas. Japón importa prácticamente toda la energía que consume y alrededor del 95% de sus compras energéticas de Oriente Medio dependen de mercados internacionales donde el dólar sigue mandando. Petróleo, gas y otras materias primas se encarecen en términos de yenes incluso aunque su precio internacional apenas se mueva.

Ese incremento acaba recorriendo la economía. Primero aparece en las cuentas de las compañías energéticas y manufactureras; después, en transporte, electricidad, alimentación o productos importados. Finalmente llega al supermercado, la factura doméstica y el bolsillo. La depreciación del yen deja así de ser una cuestión para operadores financieros y se convierte en algo mucho más cotidiano.

La inflación subyacente de Tokio, uno de los indicadores seguidos de cerca antes de conocer las cifras nacionales, avanzó en agosto, mientras una medida que excluye alimentos frescos y energía alcanzó el 2%. El Banco de Japón observa precisamente ese tipo de presiones para decidir hasta dónde puede y debe elevar los tipos de interés.

De ahí la aparente paradoja. Japón lleva décadas intentando escapar de la deflación y conseguir una inflación estable. Pero existe una diferencia considerable entre lograr aumentos de precios impulsados por salarios y demanda interna, y recibir inflación importada porque la divisa compra cada vez menos petróleo, gas o alimentos.

Japón ya había intervenido este mismo año

La operación conocida este viernes tampoco es un episodio aislado. Entre finales de abril y comienzos de mayo, las autoridades japonesas ya habían destinado 11,7349 billones de yenes a operaciones de compra de su moneda.

Sumadas las distintas actuaciones de 2026, el volumen de intervención supera los 27 billones de yenes, por encima del anterior récord anual registrado en 2024.

La comparación permite medir la dimensión del problema. En mayo de 2024 Japón movilizó alrededor de 9,78 billones de yenes para defender la moneda. En octubre de 2022 fueron aproximadamente 6,349 billones. El episodio de julio y agosto de 2026 ha llevado esas cifras a otro nivel.

Tokio dispone todavía de una enorme reserva de activos extranjeros, de modo que nadie está hablando de una caja vacía. La cuestión relevante es otra: cuánto dinero hace falta para producir un efecto duradero cuando los factores que debilitan el yen siguen presentes.

Una intervención puede sacudir el mercado durante horas o semanas. Cambiar una tendencia estructural es bastante más difícil.

El próximo movimiento puede llegar desde los tipos de interés

Por eso todas las miradas se desplazan hacia el Banco de Japón. Tras subir el tipo oficial al 1% en junio y mantenerlo sin cambios en julio, el mercado contempla una nueva subida en la reunión del 17 y 18 de septiembre.

Las previsiones de parte de los economistas apuntan a que el banco central podría elevar el tipo hasta el 1,25%, acelerando un endurecimiento monetario que hasta hace poco parecía condenado a moverse con la parsimonia de un tren local japonés: puntual, sí; especialmente veloz, no.

El razonamiento es sencillo. Cuanto mayor sea la rentabilidad de los activos denominados en yenes, menor será el incentivo para pedir prestado en Japón y trasladar el dinero a otros mercados. Reducir la diferencia de tipos con Estados Unidos podría ofrecer un apoyo más persistente a la moneda que una sucesión interminable de compras puntuales.

Washington también observa el asunto con una atención poco habitual. Las autoridades estadounidenses han respaldado los esfuerzos para estabilizar la moneda japonesa y existe interés en evitar que Japón tenga que vender cantidades demasiado grandes de bonos del Tesoro estadounidense para obtener dólares con los que intervenir.

No es un detalle menor. Japón posee una enorme cartera de deuda estadounidense. Una venta masiva para conseguir dólares podría trasladar la tensión desde Tokio hasta el mercado de bonos de Estados Unidos. Nadie quiere apagar un incendio encendiendo otro.

El récord compra tiempo, pero no garantiza un yen fuerte

Los 82.930 millones de euros movilizados muestran hasta dónde está dispuesto a llegar Japón para evitar una depreciación desordenada. La intervención funcionó en su objetivo más inmediato: alejó temporalmente el cambio del entorno de 164 yenes por dólar y recordó a los operadores que apostar contra la moneda japonesa puede tener un coste considerable.

Pero el yen continúa cerca de 160 por dólar. Esa es quizá la cifra más reveladora de todas.

Tokio puede vender dólares, comprar yenes y coordinarse con Washington. Puede sorprender al mercado una mañana cualquiera con decenas de miles de millones. Lo que resulta mucho más complicado es borrar mediante una intervención las diferencias de tipos de interés, la dependencia energética, los riesgos fiscales y los movimientos internacionales de capital que empujan la moneda en dirección contraria.

El récord del periodo entre finales de julio y el 26 de agosto no representa tanto una victoria como una advertencia. Japón ha demostrado que tiene munición para defender el yen. El mercado, de momento, está comprobando cuánto dura el efecto de cada disparo.

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Fundador de DonPorqué y curioso empedernido. Escribe sobre tecnología, viajes, gastronomía, cultura y todo lo que le genera una pregunta con un buen «¿por qué?» detrás. En su tiempo libre es aficionado a los casinos online y aprovecha esa experiencia para compartir análisis y recomendaciones sobre el sector del iGaming.