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Economía

¿Por qué sube el Ibex 35 mientras la Fed amenaza con subir los tipos?

El Ibex 35 reconquista los 20.000 puntos aunque la Fed endurece el tono y los bonos vuelven a tensar las expectativas sobre tipos y Euríbor.

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Ibex 35 tras el giro de Trump

El mercado ha recibido este viernes 28 de agosto una de esas noticias que parecen contradictorias hasta que se mira debajo del capó. El Ibex 35 ha recuperado la zona de los 20.000 puntos, las grandes bolsas europeas han mantenido el tono positivo y Wall Street ha evitado, de momento, una sacudida seria. Al mismo tiempo, la Reserva Federal de Estados Unidos acaba de lanzar su señal más clara en meses: una nueva subida de los tipos de interés vuelve a estar sobre la mesa.

El protagonista es Kevin Warsh. En su primer gran discurso como presidente de la Reserva Federal en el simposio de Jackson Hole, Warsh reconoció la fortaleza de la economía estadounidense, pero dejó bastante menos espacio para el optimismo cuando habló de los precios. Las últimas cifras de inflación han sido mejores, sí, pero no suficientes para demostrar que la tendencia de fondo esté regresando con la velocidad necesaria al objetivo del 2%. Su mensaje, traducido del dialecto habitual de los bancos centrales, fue bastante reconocible: si la inflación no cede, la Fed tendrá trabajo que hacer. Los mercados entendieron perfectamente la insinuación.

La primera reacción apareció donde suelen empezar de verdad estas historias: no tanto en las pantallas luminosas de Wall Street como en el mercado de deuda. La rentabilidad del bono estadounidense a dos años, muy sensible a las expectativas sobre los tipos oficiales, subió hasta aproximadamente el 4,29%, su nivel más alto en un mes. El bono a diez años rondaba el 4,68% y el de 30 años se mantenía alrededor del 5,17%. No hubo terremoto, pero sí ese crujido de madera que hace mirar al techo.

La Fed cambia el tono y septiembre vuelve al calendario

Warsh no anunció que vaya a subir los tipos. Esa distinción importa. Lo que hizo fue recordar que la Reserva Federal no considera vencida la batalla contra la inflación y que está dispuesta a endurecer otra vez su política monetaria si los datos obligan.

El tipo oficial estadounidense permanece en un rango del 3,50% al 3,75% después de que la Fed decidiera mantenerlo sin cambios el 29 de julio. Aquella decisión ya dejó una pista que el mercado no podía ignorar: tres miembros del Comité Federal de Mercado Abierto votaron entonces a favor de elevar los tipos en un cuarto de punto. La reunión terminó con nueve votos por mantenerlos y tres por subirlos, una división considerable para una institución que suele intentar que las costuras no se vean demasiado.

La próxima cita está fijada para los días 15 y 16 de septiembre. Después de las palabras de Warsh en Jackson Hole, los operadores han aumentado sus apuestas por una posible subida en esa reunión. No significa que esté decidida; significa algo más mundano y, para los mercados, casi igual de importante: el escenario ha dejado de parecer improbable.

Warsh quiere, además, cambiar la relación de dependencia que se había creado entre la Fed y los inversores. Ha criticado el exceso de forward guidance, esa costumbre de los bancos centrales de explicar con bastante antelación qué pretenden hacer. A su juicio, demasiadas pistas pueden terminar convirtiéndose en compromisos y, de paso, producir una especie de sala de espejos: el mercado mira a la Fed, la Fed mira al mercado y todos terminan observando el reflejo del vecino.

El problema no está solo en los tipos oficiales

Hay otra cifra que explica por qué los mercados llevan semanas mirando los bonos estadounidenses con cierta incomodidad. El rendimiento del Treasury a 30 años llegó a superar el 5,3% a mediados de agosto, alcanzando niveles que no se veían desde 2007. El 18 de agosto tocó aproximadamente el 5,33%, mientras el mercado intentaba digerir inflación, petróleo, déficit público y una gigantesca necesidad de financiación del Tesoro estadounidense.

Ese movimiento importa mucho más de lo que puede sugerir un decimal. Los bonos del Tesoro son la regla con la que se miden buena parte de los costes financieros mundiales. Cuando sus rentabilidades suben, se encarecen las hipotecas estadounidenses, la deuda corporativa y la financiación de nuevos proyectos. Y ocurre otra cosa: las acciones tienen que competir con bonos que vuelven a ofrecer rendimientos atractivos.

Durante años, con tipos casi inexistentes, comprar renta variable era en parte una elección y en parte una resignación. Ahora un bono soberano estadounidense a largo plazo pagando más del 5% cambia las matemáticas. El dinero vuelve a tener precio. Qué extravagancia.

El Ibex 35 recupera los 20.000 y desafía el ruido

En Madrid la fotografía ha sido bastante distinta. Después de caer un 0,93% el jueves y terminar en 19.881,6 puntos, el Ibex abrió este viernes con una subida próxima al 0,7% y recuperó rápidamente los 20.000 puntos. Durante la sesión se movió alrededor de esa referencia, con avances superiores al 0,5% en distintos momentos de la jornada.

No es una cifra meramente decorativa. El índice español acumula una subida cercana al 15% en 2026 y continúa relativamente cerca de los máximos alcanzados durante agosto. Bancos, eléctricas y varias compañías industriales han proporcionado al selectivo una estructura bastante distinta de la de los índices estadounidenses, mucho más condicionados por las gigantes tecnológicas.

En las primeras horas del viernes destacaban valores como Puig, Santander, Endesa, BBVA, Iberdrola e Indra. El mercado español volvía a apoyarse precisamente en algunos sectores que pueden beneficiarse de un entorno de tipos relativamente elevados, especialmente la banca, siempre que la economía continúe creciendo y el crédito no se deteriore.

Europa también mostró un tono positivo. París y Fráncfort avanzaban antes del discurso de Jackson Hole, mientras Londres registraba ganancias más discretas. De momento, el mensaje duro de Warsh no ha provocado una estampida. Algo bastante coherente: los mercados llevan semanas preparándose para la posibilidad de que la fiesta de los recortes de tipos haya terminado antes de lo previsto.

Wall Street aguanta, pero la tecnología tiene una cuenta pendiente

Estados Unidos llegaba a Jackson Hole con las bolsas muy cerca de sus máximos y con la inteligencia artificial ejerciendo otra vez de combustible. El jueves, el Nasdaq ganó alrededor de un 1,6%, el S&P 500 avanzó aproximadamente un 0,7% y el Dow Jones alrededor de un 0,2%. Nvidia volvió a desempeñar el papel de locomotora después de unos resultados que impulsaron sus acciones cerca de un 9%.

Warsh reconoce esa fortaleza. En su discurso destacó que la inversión empresarial estadounidense en equipos y activos intangibles crece alrededor de un 9% interanual y atribuyó más de la mitad del aumento de la inversión de este año al despliegue relacionado con la inteligencia artificial. También señaló que los beneficios de las compañías del S&P 500 han crecido más de un 20% durante el último año.

Precisamente ahí aparece la contradicción. Una economía fuerte permite a las empresas ganar más dinero, pero también concede a la Fed margen para mantener los tipos altos. Para las compañías tecnológicas con valoraciones exigentes, un aumento de los rendimientos de los bonos no resulta especialmente agradable: cuanto mayor es el tipo utilizado para valorar sus beneficios futuros, menor tiende a ser el valor actual de esos beneficios.

No significa que una rentabilidad del Treasury al 5% vaya a derribar automáticamente al Nasdaq. Los mercados no funcionan con botones de encendido y apagado. Pero sí cambia la comparación. Una empresa que cotiza a múltiplos elevados debe justificar mucho mejor su precio cuando el inversor puede encontrar rentabilidad en deuda pública sin asumir el mismo riesgo empresarial.

El Euríbor añade una versión española de la misma historia

Para un hogar español, toda esta discusión sobre Jackson Hole puede parecer una conversación entre señores trajeados a 8.000 kilómetros de distancia. Hasta que llega el recibo del banco.

El Euríbor a 12 meses se situó este 28 de agosto en el 2,956%, mientras la media provisional de agosto ronda el 2,95%. Es casi una décima más que la media de julio, del 2,855%, y alrededor de 0,84 puntos porcentuales por encima del nivel comparable de hace un año.

La política monetaria estadounidense no determina directamente el Euríbor, que depende fundamentalmente de las expectativas sobre el Banco Central Europeo. Pero los grandes mercados de deuda están conectados. Si Estados Unidos mantiene tipos altos durante más tiempo, aumenta la presión sobre los rendimientos globales, el dólar, los flujos de capital y, por extensión, el margen de maniobra de otros bancos centrales.

En Europa también ha cambiado el paisaje. La actividad económica está resistiendo mejor de lo previsto y la inflación continúa siendo suficientemente incómoda como para que el mercado haya empezado a contemplar un escenario que hace un año parecía remoto: que los tipos europeos puedan volver a subir, en lugar de seguir bajando indefinidamente.

Septiembre será el examen de verdad para bolsas y bonos

La jornada de Jackson Hole no resuelve la incógnita. La desplaza unas semanas. La Fed llegará a su reunión de septiembre con una economía que Warsh considera sólida, beneficios empresariales altos, inversión disparada por la inteligencia artificial y una inflación que continúa por encima del objetivo.

Eso explica por qué el presidente de la Reserva Federal puede permitirse un tono duro sin provocar, al menos por ahora, un accidente bursátil. Wall Street no está descontando una recesión, sino la posibilidad de que una economía demasiado resistente obligue a conservar el freno monetario durante más tiempo.

Para el Ibex, la ecuación es algo distinta. Los 20.000 puntos muestran confianza en los beneficios empresariales y en la economía europea, pero una subida persistente de las rentabilidades de la deuda terminaría elevando el coste financiero de empresas y Estados. Los bancos pueden disfrutar durante un tiempo de márgenes mayores; las compañías endeudadas, las inmobiliarias y los hogares hipotecados no necesariamente comparten el entusiasmo.

El verdadero indicador durante las próximas semanas quizá no esté, por tanto, en los titulares sobre máximos bursátiles. Estará en la curva de bonos: qué ocurre con el Treasury a dos años, si el 30 años vuelve hacia los máximos del 5,3% y cómo responde la deuda europea. Ahí se decide buena parte del precio del dinero antes de que los bancos centrales levanten siquiera la mano.

El mercado descubre de nuevo que el dinero cuesta dinero

La bolsa española puede seguir sobre los 20.000 puntos y Wall Street puede continuar rozando máximos mientras la Fed amenaza con endurecer su política. No hay contradicción inmediata. Las empresas todavía ganan dinero, la economía estadounidense conserva fuerza y la inteligencia artificial sostiene unas expectativas de inversión excepcionales.

Pero la era del dinero barato ya no es el paisaje de fondo. Los bonos estadounidenses a largo plazo han regresado a rendimientos propios de hace casi dos décadas, el Euríbor vuelve a acercarse al 3% y la Reserva Federal acaba de recordar que una subida de tipos no pertenece al museo de 2022.

Durante meses, las bolsas aprendieron a celebrar casi cualquier dato porque podía justificar un recorte de tipos. Ahora deberán acostumbrarse a algo menos cómodo: una economía demasiado fuerte también puede tener factura. Y, como suele ocurrir en los mercados, el camarero termina apareciendo justo cuando la mesa empieza a animarse.

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Fundador de DonPorqué y curioso empedernido. Escribe sobre tecnología, viajes, gastronomía, cultura y todo lo que le genera una pregunta con un buen «¿por qué?» detrás. En su tiempo libre es aficionado a los casinos online y aprovecha esa experiencia para compartir análisis y recomendaciones sobre el sector del iGaming.