Economía
¿Por qué cae tanto el dólar en Colombia? BanRep explica las razones
El dólar cae con fuerza en Colombia: BanRep apunta a capital extranjero, tasas altas y menor riesgo como motores de la revaluación del peso.

El dólar está cayendo con fuerza en Colombia porque al mercado están entrando más divisas, el peso ofrece una rentabilidad muy atractiva frente a otras monedas y los inversores internacionales han mejorado su percepción sobre el país. Hay, además, un ingrediente menos intuitivo: el elevado déficit fiscal colombiano obliga a buscar financiación y parte de ese dinero llega desde el exterior, se cambia a pesos y termina empujando el dólar hacia abajo.
La explicación del Banco de la República desmonta, de paso, la idea más cómoda: no se trata simplemente de un dólar débil en el mundo. Durante 2026, el peso colombiano se ha apreciado más de un 18% frente a la moneda estadounidense, pero también ha ganado terreno frente al euro y se ha fortalecido respecto a monedas latinoamericanas como las de Chile o Perú. Dicho de otro modo: aquí está pasando algo específicamente colombiano.
La magnitud del movimiento impresiona. Leonardo Villar, gerente general del Banco de la República, señaló durante la Convención Bancaria celebrada en Cartagena que el mercado había cerrado el 25 de agosto cerca de 3.090 pesos por dólar, más de un 18% por debajo del nivel registrado al comenzar el año. La TRM vigente el 27 de agosto quedó en 3.118,24 pesos por dólar.
No es una oscilación menor ni una de esas curvas que entusiasman durante unas horas a quienes miran gráficos con tres pantallas encendidas. El movimiento tiene consecuencias sobre la inflación, las importaciones y las exportaciones, pero también sobre la industria y la capacidad de muchas empresas colombianas para competir fuera del país.
BanRep descarta una explicación fácil: no es solo un dólar débil
En otros episodios de apreciación del peso bastaba con mirar hacia Washington. Cuando el dólar se debilitaba internacionalmente, monedas emergentes como el peso colombiano ganaban terreno casi por arrastre. Esta vez, esa explicación se queda corta.
BanRep subraya que durante 2026 el peso ha avanzado también frente al euro y otras monedas regionales. Esa comparación es importante porque permite separar dos movimientos diferentes: que el dólar pierda valor en todo el planeta y que sea el propio peso colombiano el que se esté fortaleciendo de una manera excepcional.
El banco central ya había detectado durante el segundo trimestre un comportamiento mejor del peso frente a varias divisas comparables. Entre los factores señalados aparecían una menor percepción de riesgo, unos diferenciales de tipos de interés todavía atractivos y, en determinados momentos, el comportamiento favorable del petróleo.
Pero el análisis más reciente va bastante más lejos. Villar relaciona la apreciación con el funcionamiento interno de la economía colombiana y, en particular, con una combinación peculiar: déficit público elevado, financiación exterior, tipos altos y nuevas entradas de capital.
La economía, de vez en cuando, tiene estas bromas pesadas. Un problema fiscal que en otras circunstancias podría hacer desconfiar a los inversores y hundir una moneda puede producir temporalmente el efecto contrario cuando el país todavía conserva acceso holgado a los mercados financieros.
El déficit fiscal también puede hacer caer el dólar
A primera vista parece contradictorio. Un Estado que gasta mucho más de lo que ingresa suele asociarse con mayor riesgo, más deuda y una moneda potencialmente más débil. BanRep plantea que, en la situación actual colombiana, está funcionando también otro mecanismo.
Colombia mantiene un historial que le permite seguir obteniendo financiación. El Gobierno puede colocar deuda en mercados internacionales y los inversores extranjeros también pueden comprar títulos públicos denominados en pesos. Para hacerlo necesitan introducir capital en el país y cambiar sus dólares por moneda colombiana.
Ahí aparece la mecánica que está presionando la cotización: entran dólares, aumenta su oferta en el mercado cambiario y crece simultáneamente la demanda de pesos. Cuando abundan los dólares disponibles y hay compradores de moneda local, hacen falta menos pesos para comprar cada dólar.
Más confianza exterior puede reforzar todavía más al peso
La paradoja continúa. La mejora reciente de la percepción sobre Colombia puede intensificar la revaluación.
Villar vinculó parte del movimiento de los últimos meses con las expectativas creadas por los anuncios sobre ajuste fiscal y una política económica más favorable a la inversión privada. Cuando disminuye la sensación de riesgo, los activos colombianos resultan más atractivos y puede entrar más dinero extranjero.
Eso explica por qué la cotización no depende únicamente de si las cuentas públicas están bien o mal, sino de cómo se financian y de lo que los inversores creen que ocurrirá después. El mercado vive tanto de cifras como de expectativas. A veces, incluso más de las segundas.
El mecanismo tiene un límite evidente. Si la confianza en la capacidad de Colombia para pagar su deuda se deteriorase seriamente, la historia sería muy distinta: los capitales podrían salir y el peso perdería valor. BanRep no está diciendo que un gran déficit sea bueno para la moneda. Está explicando por qué, en las condiciones actuales, su financiación puede estar contribuyendo a la revaluación.
Las tasas del 12% mantienen al peso muy atractivo
Hay otro imán considerable: los tipos de interés. La tasa de política monetaria del Banco de la República se mantiene en el 12%, un nivel elevado que responde a una inflación todavía muy superior al objetivo oficial.
Para determinados inversores internacionales, ese diferencial frente a las rentabilidades ofrecidas en economías desarrolladas convierte los activos colombianos en una alternativa interesante. En términos sencillos, pueden traer capital, convertirlo en pesos y buscar una remuneración superior, aunque asumiendo obviamente el riesgo cambiario y financiero asociado.
Ese flujo refuerza directamente la demanda de pesos.
BanRep se encuentra así ante una situación bastante incómoda. Las tasas elevadas ayudan a contener una inflación que rondaba el 6% durante junio y julio, pero al mismo tiempo pueden favorecer entradas de capital que fortalecen todavía más la moneda.
La autoridad monetaria tampoco tiene demasiado margen para bajar los tipos exclusivamente con el propósito de encarecer el dólar. La inflación sigue lejos de la meta del 3% y las expectativas permanecen demasiado altas. Villar recordó que el proceso de convergencia podría prolongarse y que la inflación solo se aproximaría plenamente al objetivo hacia mediados de 2028.
A este cóctel se añade otro factor señalado por el gerente de BanRep: la obligación establecida anteriormente para que los fondos de pensiones trasladen al país una parte relevante de sus inversiones mantenidas en el exterior. Esa repatriación supone vender activos o divisas extranjeras y convertir recursos en pesos, lo que incrementa nuevamente la oferta de dólares y alimenta las expectativas de que esa oferta continuará.
No hay, pues, una palanca mágica. Hay varias fuerzas empujando en la misma dirección.
Un peso fuerte ayuda al consumidor, pero golpea a los exportadores
Para quien compra productos importados, viaja al extranjero o paga bienes y servicios cotizados en dólares, un peso más fuerte puede resultar favorable. Las empresas importadoras necesitan menos moneda nacional para adquirir las mismas mercancías y parte de ese ahorro, cuando llega al precio final, puede traducirse en menores costes para hogares y negocios.
También existe un efecto positivo sobre la inflación. Un dólar más barato reduce el coste en pesos de numerosos bienes importados, materias primas, maquinaria y componentes. BanRep reconoce que la apreciación cambiaria está amortiguando algunas presiones inflacionarias que, de otro modo, podrían haber obligado a aplicar una política monetaria todavía más dura.
La otra cara aparece en las empresas que venden al exterior. Un exportador que factura 1.000 dólares recibe bastante menos pesos cuando el cambio está en torno a 3.100 que cuando superaba ampliamente los 4.000. Sus costes internos, sin embargo, no necesariamente disminuyen.
Ahí empieza el problema de competitividad.
Villar destacó que los sectores expuestos a la competencia internacional están soportando simultáneamente la apreciación del peso y una fuerte subida de sus costes laborales. Según sus cálculos, los salarios por hora de los trabajadores de menor cualificación han aumentado alrededor de un 28% medidos en pesos, teniendo en cuenta la subida del salario mínimo y la reducción de la jornada laboral. Convertidos a dólares, ese aumento supera el 50%.
Para la agricultura exportadora, las manufacturas, el turismo o determinadas industrias, semejante combinación puede sentirse como correr cuesta arriba mientras alguien va elevando la pendiente. Ingresos exteriores más pequeños en pesos y costes nacionales crecientes forman una pareja incómoda.
También las empresas colombianas que compiten contra mercancías importadas sufren el cambio. Si los productos extranjeros se abaratan mientras los costes nacionales siguen creciendo, producir dentro del país pierde atractivo relativo. El consumidor disfruta del dólar barato; el fabricante que pelea con una importación asiática, quizá no tanto.
La revaluación real va mucho más allá del precio diario del dólar
El movimiento no aparece únicamente en la cotización nominal que se ve en bancos, casas de cambio o aplicaciones financieras. BanRep observa una caída mucho más profunda de la tasa de cambio real, el indicador que ajusta el tipo de cambio teniendo en cuenta las diferencias de precios entre Colombia y sus socios comerciales.
Según Villar, esta tasa alcanzó un máximo durante el segundo semestre de 2022 y desde entonces ha caído aproximadamente un 33%, hasta situarse en julio de 2026 cerca de mínimos que no se observaban desde hacía unos 15 años.
Ese dato explica por qué la preocupación empresarial va más allá de si el dólar cotiza mañana a 3.080, 3.150 o 3.250 pesos. Lo que está cambiando es la relación de precios entre producir en Colombia y producir fuera.
Una inflación interna elevada, aumentos salariales fuertes y expansión del gasto pueden encarecer los bienes y servicios colombianos frente a los internacionales incluso aunque el banco central intentase alterar temporalmente el tipo de cambio nominal.
Por eso BanRep rechaza la idea de solucionar el problema mediante una política monetaria expansiva destinada simplemente a provocar una depreciación del peso. Generar más inflación para conseguir un dólar nominalmente más caro sería, en esencia, mover las agujas del reloj sin arreglar el mecanismo.
El Banco mantiene su defensa de un régimen de inflación objetivo y cambio flotante: el precio del dólar lo determina fundamentalmente el mercado y la política monetaria debe concentrarse en devolver la inflación hacia el 3%.
El dólar barato revela una economía con tensiones por debajo
Que el dólar caiga no significa automáticamente que la economía colombiana esté más sana, igual que una subida tampoco constituye por sí sola una señal de desastre. El tipo de cambio es el resultado visible de fuerzas que muchas veces tiran en direcciones contradictorias.
El peso se está beneficiando de las entradas de capital, unos tipos de interés elevados, la financiación de la deuda pública, una mejor percepción reciente del riesgo colombiano y la repatriación de recursos procedentes del exterior. La consecuencia inmediata es una moneda local excepcionalmente fuerte y un dólar mucho más barato que al comienzo de 2026.
Pero debajo de esa fortaleza continúan problemas nada pequeños. La inflación sigue aproximadamente duplicando el objetivo del Banco de la República, el déficit fiscal permanece en niveles elevados, las importaciones están creciendo y la balanza comercial se ha deteriorado. Durante el primer semestre, las compras colombianas al exterior aumentaron cerca de un 14% en dólares y el déficit comercial alcanzó 8.248 millones de dólares.
La revaluación ayuda a contener precios y favorece a consumidores e importadores, pero estrecha los márgenes de exportadores y productores nacionales. Es una moneda con dos caras, literalmente.
El verdadero asunto para los próximos meses no estará únicamente en cuántos pesos costará un dólar, sino en si Colombia consigue reducir inflación y déficit público sin provocar un ajuste brusco de los flujos financieros que sostienen al peso. Mientras esos capitales sigan llegando y el diferencial de tipos permanezca atractivo, la presión apreciadora puede continuar. Pero el mercado cambiario nunca firma contratos de permanencia. Y menos en tinta indeleble.

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