Economía
¿Dónde se hacen más horas extra sin pagar en España? Madrid lidera
Madrid lidera las horas extra sin pagar en España: casi 700.000 cada semana y un 55% del total. El mapa laboral deja un retrato muy incómodo.

Madrid encabeza el mapa español de las horas extra no pagadas con una diferencia difícil de disimular: el 55% de todas las horas extraordinarias realizadas semanalmente en la comunidad no reciben salario ni compensación en descanso. Son unas 696.179 horas a la semana y afectan a más de 183.000 trabajadores. Ninguna otra comunidad alcanza ese porcentaje ni ese volumen absoluto.
El problema, sin embargo, rebasa con mucho la M-30. En España se realizan de media 2,54 millones de horas extraordinarias sin remunerar cada semana, repartidas entre unas 436.000 personas asalariadas. Traducidas a dinero y empleo, equivalen a un coste laboral de 3.378 millones de euros al año y al trabajo de unos 68.000 puestos a jornada completa. El informe de CCOO utiliza la media de los últimos cuatro trimestres disponibles, con información actualizada hasta el segundo trimestre de 2026.
Conviene precisar qué está midiendo el mapa porque la diferencia importa. Ese 55% madrileño no significa que más de la mitad de los trabajadores de Madrid hagan horas gratis. Significa que, entre todas las horas extraordinarias realizadas, más de la mitad no se pagan ni se compensan con descanso. En el conjunto del país ocurre con aproximadamente el 40%: de 6,43 millones de horas extra semanales, 2,54 millones quedan sin contraprestación.
Madrid convierte las horas extra sin pagar en una anomalía nacional
La fotografía territorial tiene un centro muy oscuro. Después del 55% de Madrid aparecen País Vasco, con un 48,7%, y La Rioja, con un 45,6%. Cataluña se sitúa en el 38,9%, pero su tamaño laboral hace que acumule unas 452.000 horas no remuneradas cada semana. La Comunidad Valenciana ronda las 307.000, con un 32,8% de sus horas extraordinarias sin pagar.
En el otro extremo aparece Canarias, con un 16,28%, seguida entre las comunidades con menor proporción por Aragón. Baleares registra unas 58.400 horas extraordinarias no pagadas cada semana, cerca del 31,9% del total, mientras Andalucía suma alrededor de 221.000, un 32,6%. No existe, pues, una sencilla división entre territorios ricos y pobres, industriales y turísticos, norte y sur. El mapa tiene otra geometría.
Y ahí surge una de las partes más llamativas del informe: las cifras más elevadas no aparecen necesariamente donde abundan los empleos asociados tradicionalmente con la precariedad. Las horas que se esfuman del reloj y de la nómina tienen una presencia considerable en oficinas, despachos, bancos, consultoras y empresas tecnológicas. La explotación laboral también puede llevar portátil corporativo y camisa perfectamente planchada.
El efecto sede y los trabajos de cuello blanco
CCOO relaciona el caso madrileño con la concentración de servicios financieros, actividades profesionales, tecnología, auditoría, información y comunicaciones. Madrid alberga sedes centrales, grandes grupos empresariales y una masa especialmente elevada de empleos cualificados en los que prolongar la jornada puede acabar convirtiéndose en una especie de peaje informal para ascender.
Los datos que maneja el sindicato son especialmente duros en determinados sectores madrileños. Información y comunicaciones concentra alrededor del 11% de las horas extraordinarias de la región y las actividades profesionales otro 10%; dentro de esas ramas, el 89% y el 79%, respectivamente, de las horas extra realizadas no se remuneran, de acuerdo con los datos recogidos por el análisis publicado.
Aquí funciona una forma de presión menos visible que una orden escrita. Quedarse. Estar disponible. Contestar ese correo de las 20:47. Demostrar compromiso. Quien se marcha cuando acaba su horario puede acabar siendo visto como alguien poco entregado, aunque lo verdaderamente extravagante sea considerar falta de compromiso cumplir exactamente el contrato firmado.
No es una hipótesis completamente nueva. En 2022, la Inspección de Trabajo puso el foco sobre las denominadas Big Four —Deloitte, PwC, EY y KPMG— tras investigar horarios y registros de jornada. El procedimiento terminó con sanciones por un total de 1,4 millones de euros a las cuatro compañías, en un sector donde habían salido a la luz jornadas que podían alcanzar las 12 horas.
España trabaja 2,54 millones de horas gratis cada semana
La dimensión nacional permite entender que no estamos ante unos cuantos minutos perdidos al apagar el ordenador. Unos 924.000 asalariados realizan horas extra durante una semana media en España, aproximadamente el 5% de la población asalariada. De ellos, 436.000 —el 47,1% de quienes hacen horas extraordinarias— realizan tiempo de trabajo por el que no reciben ni salario ni descanso compensatorio. En total representan alrededor del 2,3% de los asalariados.
Cada trabajador afectado acumula de media 5,8 horas sin pagar a la semana. No es un rato suelto: equivale aproximadamente a tres cuartas partes de otra jornada laboral añadida cada semana. El cálculo económico de CCOO sitúa el coste laboral no abonado en unos 148 euros semanales por persona, que ascienden a 7.696 euros anuales entre salario y cotizaciones.
Los 3.378 millones anuales requieren, eso sí, una lectura precisa. No son 3.378 millones de euros de salario neto que deberían entrar directamente en cuentas bancarias de trabajadores. El cálculo expresa coste laboral no abonado e incorpora salario bruto y cotizaciones sociales; el sindicato añade también el perjuicio asociado a los menores ingresos públicos derivados de ese trabajo que permanece fuera de la remuneración normal.
Visto desde el empleo, el volumen resulta todavía más tangible. Todas las horas extraordinarias realizadas en España equivaldrían aproximadamente a 171.000 empleos a jornada completa; solo las que quedan sin remunerar representan unos 68.000. Es como si una ciudad mediana entera fuese a trabajar cada mañana y, simplemente, no existiera en la nómina.
Educación concentra casi una de cada cinco horas no pagadas
El tópico de que las horas gratis pertenecen casi exclusivamente a la hostelería tampoco encaja con las cifras. Educación concentra el 19,5% de todas las horas extraordinarias no remuneradas del país. Después aparecen la industria manufacturera, con un 9,9%; las actividades profesionales, científicas y técnicas, con un 9,8%; la hostelería, con un 8,9%; el comercio, con un 8,5%, y la Administración pública y defensa, con un 6,9%.
Si se observa qué proporción de asalariados de cada sector soporta estas jornadas adicionales sin compensación, las finanzas y los seguros aparecen arriba, con un 6,5% de sus empleados afectados. Educación alcanza el 5,2%; edición, radiodifusión y producción de contenidos, el 4,9%; las actividades profesionales y científicas, el 4,4%; telecomunicaciones, informática y consultoría tecnológica, el 4,1%.
Hay otra manera de mirar el problema: cuántas horas pierde quien ya ha caído dentro de esa dinámica. En edición y producción de contenidos, las personas afectadas realizan de media 8,5 horas extraordinarias no pagadas cada semana. En hostelería son 7,5; en transporte y almacenamiento, siete; en actividades profesionales y científicas, 6,9; en educación, 6,7. Ya no hablamos de quedarse veinte minutos porque una reunión se alargó. Hablamos, en determinados casos, prácticamente de regalar otra jornada.
Qué dice la ley sobre una hora extra que no aparece en la nómina
Una hora extraordinaria no tiene necesariamente que cobrarse en dinero. El Estatuto de los Trabajadores permite que se pague o se compense mediante descanso retribuido, según lo establecido por convenio colectivo o contrato. Si no existe pacto específico, las horas extraordinarias deben compensarse con descanso dentro de los cuatro meses siguientes. Cuando se pagan, su valor no puede ser inferior al de una hora ordinaria.
La norma general establece también un límite de 80 horas extraordinarias al año, con las excepciones previstas para determinados supuestos, y señala que su realización es voluntaria salvo que haya sido pactada. Por eso hablar de horas «no pagadas» exige distinguir entre una hora que no figura en la nómina porque será compensada legalmente con descanso y una hora que sencillamente desaparece. El estudio de CCOO se refiere a estas últimas: trabajo extraordinario sin salario ni descanso compensatorio.
El registro horario debería dejar rastro
Desde 2019 las empresas están obligadas a garantizar un registro diario de jornada que recoja la hora concreta de inicio y finalización de cada trabajador. Esos registros deben conservarse durante cuatro años y permanecer disponibles para empleados, representantes laborales e Inspección de Trabajo. Los incumplimientos de las reglas sobre jornada, horas extraordinarias y registro están tipificados como infracciones graves en la legislación laboral.
El mecanismo parecía sencillo sobre el papel: si el tiempo queda registrado, resulta más difícil que se evapore. La realidad es menos limpia. El propio informe de CCOO sostiene que las horas extraordinarias sin contraprestación siguen siendo una práctica extendida pese al registro obligatorio de jornada. No basta con tener reloj si el reloj acaba adaptándose a la cultura de la empresa.
También conviene despejar otra confusión frecuente. La reducción general de la jornada máxima a 37,5 horas semanales no llegó a incorporarse al Estatuto después de que el Congreso devolviera al Gobierno el proyecto de ley en septiembre de 2025. La legislación general mantiene como referencia una duración máxima ordinaria de 40 horas semanales de promedio anual, sin perjuicio de que numerosos convenios colectivos establezcan jornadas inferiores.
El tiempo trabajado también tiene precio
El mapa de las horas extras no pagadas retrata algo más incómodo que una simple clasificación autonómica. Madrid sobresale, sí, pero la práctica atraviesa buena parte del mercado laboral español y alcanza tanto a empleos modestos como a profesiones muy cualificadas. Cambian los despachos, los uniformes y los salarios; el mecanismo se parece bastante: la jornada termina sobre el papel y continúa en la vida real.
Las cifras tampoco describen necesariamente empresas donde alguien ordena expresamente trabajar gratis. A menudo la frontera es más gris: objetivos difíciles de cumplir dentro del horario, plantillas reducidas, expectativas de disponibilidad permanente, promoción profesional vinculada a quedarse más tiempo. Esa hora adicional termina pareciendo voluntaria hasta que marcharse a su hora empieza a tener consecuencias.
Y ahí el mapa adquiere su sentido. Una hora de trabajo no pierde su valor porque ocurra después de las seis, porque se haga desde casa o porque quien la realiza lleve corbata en lugar de delantal. España genera cada semana millones de horas que aparecen en la producción y desaparecen de la remuneración. Madrid simplemente ha colocado una cifra especialmente grande sobre algo que, lejos de ser una rareza local, continúa extendido por todo el país.

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