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¿Por qué Margarita Robles contradice a Marlaska por el CNI en Ceuta?

Robles asegura que el CNI avisó antes de la crisis de Ceuta; Marlaska lo niega. El choque de versiones abre una seria brecha en el Gobierno.

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Margarita Robles

La crisis de Ceuta ha abierto una grieta incómoda dentro del Gobierno: Margarita Robles sostiene que el CNI sí trasladó una alerta el 29 de julio, un día antes de la entrada masiva desde Marruecos, mientras Fernando Grande-Marlaska mantiene que Interior no recibió ningún informe capaz de anticipar lo que iba a ocurrir. Las dos versiones no son idénticas y, por más esfuerzos semánticos que se hagan, tampoco encajan con facilidad.

El núcleo del problema está ahí. Robles no ha dicho simplemente que los servicios secretos vigilaban la frontera —algo bastante obvio—, sino que funcionarios del Centro Nacional de Inteligencia destinados en Ceuta trasladaron a la Delegación del Gobierno la existencia de una convocatoria para intentar entrar a nado al día siguiente. Marlaska, por su parte, insiste en que no existió ningún informe que permitiera prever una entrada de semejantes dimensiones. Y la propia Delegación del Gobierno ha negado haber recibido una advertencia que anticipase lo sucedido el 30 de julio.

Robles puso una fecha concreta al aviso del CNI

La ministra de Defensa dejó poco espacio para las interpretaciones durante su comparecencia en el Congreso. Según explicó, el 29 de julio los agentes del CNI en Ceuta comunicaron la existencia de una convocatoria difundida en redes sociales para intentar acceder a la ciudad a nado aprovechando las circunstancias del día siguiente. Robles defendió además el trabajo de los servicios de inteligencia, cuya actuación, recordó, no siempre queda plasmada en documentos que puedan hacerse públicos.

Ese matiz importa. En inteligencia, una información puede circular de forma verbal, incorporarse a intercambios operativos o formar parte de una evaluación sin convertirse necesariamente en ese solemne papel con membrete que en política termina convirtiéndose en la frontera entre «yo avisé» y «a mí no me avisaron».

Marlaska ha construido precisamente ahí su defensa. El ministro sostiene que no recibió un informe previo que alertara de una entrada masiva como la registrada los días 30 y 31 de julio y añade que, si Interior hubiera dispuesto de información capaz de anticipar algo semejante, habría activado medidas extraordinarias, especialmente después del precedente de Ceuta de mayo de 2021.

La Delegación del Gobierno introdujo todavía otra pieza en el puzle. Reconoce que existían datos sobre un incremento previo de las llegadas por mar, pero sostiene que no recibió una comunicación que permitiera prever el episodio del día 30. Es decir: había señales, había movimiento, había información. Lo que sigue en discusión es qué grado de precisión alcanzó esa información y quién la recibió exactamente.

El Gobierno se inclina por la versión de Marlaska

La posición política del Ejecutivo se ha ido definiendo durante las últimas horas y Robles ha quedado bastante aislada en esta discusión. Félix Bolaños ha afirmado que no existió información previa y precisa sobre la magnitud de lo que acabaría sucediendo en Ceuta. Ángel Víctor Torres, encargado del mando único para gestionar la crisis, también ha respaldado la tesis de Interior: no hubo, según él, una comunicación que advirtiera de la llegada de decenas de miles de personas.

Aquí aparece una sutileza que Moncloa intenta utilizar para coser la herida. Una cosa sería saber que circulaban convocatorias para cruzar la frontera o que aumentaban las entradas a nado; otra, disponer de inteligencia suficiente para prever la dimensión extraordinaria que alcanzaría el movimiento.

Patxi López, portavoz socialista en el Congreso, ha llevado esa interpretación hasta una fórmula casi de física cuántica gubernamental: las versiones de Robles y Marlaska, sostiene, podrían ser ciertas simultáneamente. El CNI pudo advertir de movimientos o convocatorias sin conocer la magnitud posterior de la entrada.

Puede ser. Pero esa explicación no elimina completamente la contradicción. La desplaza.

Aviso, informe y alerta: tres palabras que pesan mucho

El asunto depende cada vez más del significado que se atribuya a palabras aparentemente sencillas. Robles habla de información compartida y de una comunicación concreta el 29 de julio. Marlaska habla de la inexistencia de un informe capaz de anticipar la entrada masiva. La Delegación afirma que no recibió una advertencia sobre lo que iba a suceder. Y otros ministros prefieren subrayar que nadie anticipó la escala del episodio.

No son exactamente la misma afirmación.

Resulta perfectamente posible, al menos en teoría, que existiera una alerta sobre una convocatoria y que aquella alerta no pronosticara que decenas de miles de personas aprovecharían una frontera desbordada. También sería posible que la información hubiera circulado entre determinados servicios sin alcanzar a quienes debían tomar decisiones políticas. Y podría haber ocurrido algo todavía más corriente en cualquier gran administración: que una señal considerada menor antes de la crisis pareciera tremendamente importante después.

Lo que todavía no puede afirmarse con los datos públicos es que Robles o Marlaska estén mintiendo deliberadamente. Para establecerlo habría que conocer el contenido exacto de las comunicaciones del CNI, sus destinatarios, la hora en que se produjeron y la valoración operativa que recibieron. Buena parte de ese material está protegido por el régimen de secretos oficiales.

Precisamente por eso PP y otros grupos han pedido que la directora del CNI, Esperanza Casteleiro, explique lo sucedido en la Comisión de Secretos Oficiales del Congreso. Izquierda Unida ya había solicitado también su comparecencia para aclarar qué informes fueron elaborados antes de la entrada masiva.

Qué responsabilidad tiene realmente la directora del CNI

La polémica ha terminado colocando a Casteleiro en el centro de una pregunta que va más allá del enfrentamiento entre dos ministros: si los agentes detectaron una amenaza relevante para Ceuta, importa saber hasta dónde llegó esa información dentro del Estado.

La ley reguladora del CNI establece que el organismo debe facilitar al presidente del Gobierno y al Gobierno información y análisis destinados, entre otras cosas, a prevenir amenazas contra la independencia o la integridad territorial de España. El Centro está adscrito orgánicamente al Ministerio de Defensa y su director tiene rango de secretario de Estado.

Eso explica por qué la controversia no puede liquidarse como una pelea personal entre Robles y Marlaska. Si existía una inteligencia suficientemente concreta sobre una amenaza extraordinaria, la cuestión relevante sería saber cómo fue evaluada y qué canales se utilizaron para hacerla llegar a las autoridades competentes. La legislación prevé precisamente mecanismos de coordinación entre el CNI, los servicios de información de Policía y Guardia Civil y otros órganos del Estado.

Pero de ahí a atribuir automáticamente una responsabilidad a la directora del CNI hay un trecho considerable. Detectar una convocatoria no equivale necesariamente a prever una crisis de esa magnitud. Tampoco basta con demostrar que un agente habló con otro funcionario: habría que conocer la calidad de la información, su grado de fiabilidad y la evaluación que se hizo entonces, no después, cuando todo parece evidente mirando por el retrovisor.

Ese es precisamente el dato que falta.

Ceuta convierte una crisis fronteriza en una crisis política

Mientras los ministerios discuten sobre quién recibió qué, Ceuta continúa soportando las consecuencias de la entrada masiva del 30 y 31 de julio. El Gobierno ha declarado la situación de interés para la seguridad nacional, ha creado un mando único bajo Ángel Víctor Torres y ha movilizado recursos policiales, militares y de acogida. Persisten, sin embargo, miles de personas pendientes de identificación, devolución, protección internacional o acogida, además de una situación especialmente delicada con los menores.

La gestión también se ha visto enturbiada por discrepancias en las cifras. Interior tuvo que reconocer problemas informáticos que provocaron duplicidades en el recuento de menores, hasta situar posteriormente la cifra depurada alrededor de 1.500 identificados, mientras fuentes de Ceuta manejaban estimaciones superiores.

Todo ello ha convertido lo ocurrido en algo más que una crisis migratoria. Hay una cuestión de seguridad fronteriza, otra humanitaria y una tercera institucional: determinar por qué el Estado no logró anticipar suficientemente una situación que, según Robles, había dejado señales visibles en redes sociales y había sido objeto de seguimiento por los servicios de inteligencia.

La oposición ha aprovechado la fractura. Alberto Núñez Feijóo ha reclamado que la Comisión de Secretos Oficiales esclarezca el «desbarajuste de versiones», mientras el PP ha llegado a plantear un careo político entre Robles y Marlaska. El Gobierno rechaza que exista una incompatibilidad esencial entre ambas versiones y trata de concentrar la discusión en una idea: nadie anticipó la verdadera dimensión de la entrada.

Marlaska llega al Congreso con la contradicción todavía abierta

La mañana de este viernes 28 de agosto añade un nuevo episodio. Marlaska tiene prevista su comparecencia en la Comisión de Interior del Congreso a partir de las 9:00 horas, donde deberá explicar la actuación de su departamento y, previsiblemente, volverá a ser interrogado sobre las afirmaciones de Robles. José Manuel Albares y Elma Saiz también comparecerán durante la jornada, mientras Pedro Sánchez tiene previsto dar explicaciones en el Congreso el próximo 3 de septiembre.

Sánchez preside además este viernes una nueva reunión del comité especializado encargado de la crisis de Ceuta, con una amplia representación ministerial. El Ejecutivo intenta así proyectar una imagen de coordinación precisamente cuando la controversia sobre el CNI ha expuesto lo contrario: distintos departamentos describiendo de manera diferente las horas anteriores a uno de los episodios fronterizos más graves vividos por España en los últimos años.

La verdad depende de qué información circuló el 29 de julio

La respuesta definitiva no está, de momento, en una frase de Robles ni en otra de Marlaska. Está en qué información produjo el CNI el 29 de julio, a quién se entregó y qué decía exactamente. Hasta conocer esos datos, es posible discutir durante horas sobre la diferencia entre un aviso, una alerta y un informe. La burocracia tiene estas pequeñas maravillas lingüísticas.

Pero para Ceuta la discusión es bastante menos abstracta. Si existió una señal suficientemente clara y no llegó a quien debía actuar, falló la transmisión. Si llegó y fue minusvalorada, falló la evaluación. Y si no existía inteligencia capaz de anticipar la magnitud de lo ocurrido, entonces queda otra cuestión incómoda sobre la mesa: cómo pudo crecer semejante movimiento junto a una de las fronteras más sensibles de España sin que el sistema detectara a tiempo lo que estaba a punto de suceder.

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Fundador de DonPorqué y curioso empedernido. Escribe sobre tecnología, viajes, gastronomía, cultura y todo lo que le genera una pregunta con un buen «¿por qué?» detrás. En su tiempo libre es aficionado a los casinos online y aprovecha esa experiencia para compartir análisis y recomendaciones sobre el sector del iGaming.