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¿Por qué Irán ataca una base de EE.UU. y buques petroleros en Ormuz?

Irán lanza misiles contra Jordania y asegura haber atacado diez buques en Ormuz tras la destrucción de cinco petroleros iraníes por parte de EE.UU.

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Guardias Revolucionarias iraníes

Foto: Mohammad Sadegh HeydariCC BY 4.0 — vía Wikimedia Commons.

Resumen

  • Irán lanzó 20 misiles contra Jordania y 18 fueron interceptados
  • Teherán afirma haber atacado diez buques en el estrecho de Ormuz
  • El Brent vuelve a rozar los 100 dólares por el riesgo en el Golfo

Irán ha elevado otro peldaño la confrontación con Estados Unidos. Las Guardias Revolucionarias iraníes aseguran haber lanzado misiles balísticos contra una base utilizada por fuerzas estadounidenses cerca de Al Azraq, en Jordania, y haber atacado diez barcos que trataban de atravesar el estrecho de Ormuz: dos buques estadounidenses y ocho petroleros.

La ofensiva llega como represalia por los ataques estadounidenses del martes contra cinco petroleros iraníes. La secuencia es cada vez más difícil de separar en episodios independientes: Teherán ataca posiciones o unidades estadounidenses, Washington responde contra activos iraníes e Irán vuelve a golpear. La consecuencia inmediata está mucho más allá del terreno militar. Ormuz vuelve a convertirse en el punto donde una guerra regional puede acabar pasando factura en las gasolineras de medio mundo.

Irán lanza 20 misiles contra Jordania

El ataque más delicado se produjo sobre territorio jordano. Según las Fuerzas Armadas de Jordania, 20 misiles balísticos fueron lanzados desde Irán hacia el país durante la madrugada del 9 de septiembre. Las defensas aéreas jordanas interceptaron y destruyeron 18; los otros dos cayeron en zonas despobladas.

No hubo víctimas, de acuerdo con las autoridades jordanas. Equipos especializados fueron enviados posteriormente a las áreas donde aparecieron fragmentos de los proyectiles interceptados.

Las Guardias Revolucionarias sostienen que su objetivo era una instalación próxima a Al Azraq utilizada por fuerzas estadounidenses y aseguran haber provocado daños importantes. Washington ofrece una versión bastante distinta: un funcionario estadounidense indicó que el ataque no había resultado efectivo y que todo el personal militar de EE.UU. estaba localizado.

Es una diferencia sustancial. Por ahora existe confirmación independiente del lanzamiento de los misiles y de las interceptaciones jordanas, pero no de los daños reivindicados por Teherán.

Jordania queda así atrapada otra vez en una posición especialmente incómoda. Es aliado de Washington, alberga presencia militar estadounidense y, al mismo tiempo, necesita evitar que su territorio se convierta en otro frente permanente de la guerra. Cuando los misiles cruzan esa frontera, la neutralidad geográfica deja de existir aunque la diplomacia siga intentando conservarla.

Diez barcos atacados en el estrecho de Ormuz

La otra parte de la represalia iraní se trasladó al mar. Las Guardias Revolucionarias afirmaron que sus fuerzas atacaron diez embarcaciones, dos estadounidenses y ocho petroleros, mientras trataban de atravesar una zona del estrecho de Ormuz que Irán considera prohibida e insegura.

La afirmación procede de las propias autoridades iraníes y el alcance exacto de los daños en los buques no había podido verificarse inmediatamente de forma independiente. Ese matiz importa. En una guerra, la primera víctima suele ser la precisión y cada bando presenta sus operaciones con un entusiasmo que rara vez coincide al milímetro con lo ocurrido sobre el terreno.

Lo que sí está constatado es el desplome del tráfico marítimo visible en la zona. Los datos preliminares de seguimiento indican que el martes únicamente seis buques de mercancías atravesaron Ormuz, frente a nueve el día anterior y una media de doce durante los diez días anteriores.

El estrecho que convierte un ataque local en un problema mundial

Ormuz es una lengua de agua estrecha, pero económicamente enorme. Antes de la guerra circulaban por este corredor alrededor de 20 millones de barriles de petróleo diarios, aproximadamente una quinta parte del suministro mundial.

Eso explica por qué el disparo contra un petrolero en el Golfo no se queda allí. Cada amenaza sobre la navegación introduce un coste adicional: seguros marítimos más caros, rutas modificadas, barcos detenidos, cargamentos retrasados y operadores que prefieren esperar antes que atravesar una zona donde un radar puede convertirse en cuestión de vida o muerte.

Hay otro problema: cada vez es más difícil saber cuánto petróleo está cruzando realmente. Algunos buques desconectan sus sistemas de identificación automática, de modo que una parte del tráfico navega prácticamente a oscuras para los servicios comerciales de seguimiento.

La represalia por cinco petroleros iraníes destruidos

La operación iraní tiene un antecedente inmediato. El Comando Central de Estados Unidos comunicó que había destruido el martes cinco petroleros iraníes después de una serie de intentos de ataque contra un buque de guerra estadounidense.

Los barcos identificados por Estados Unidos fueron el Kivik, Charminar, Horizon 1, Riesco y Derya. Según Washington, sus tripulaciones recibieron instrucciones para abandonar las embarcaciones antes de los ataques.

El Gobierno estadounidense presentó la operación como respuesta a dos intentos de las Guardias Revolucionarias de alcanzar con misiles balísticos un buque de la Armada estadounidense durante los dos días anteriores. Washington afirma que no hubo bajas estadounidenses.

El secretario de Estado, Marco Rubio, resumió la doctrina estadounidense con bastante poca diplomacia durante una visita a Colombia: cada intento iraní de atacar barcos de la Armada tendrá como respuesta la pérdida de petroleros iraníes.

Así se dibuja la peligrosa aritmética de este conflicto: un ataque militar se paga con activos energéticos; los activos energéticos, con nuevos ataques militares. El problema es que la cuenta no termina nunca si ninguno de los dos lados decide romper la cadena.

El petróleo roza los 100 dólares

Los mercados han entendido perfectamente el mensaje. El Brent se acercó a los 100 dólares por barril, impulsado por el temor a que la escalada reduzca todavía más el tránsito de crudo desde el Golfo Pérsico.

El petróleo acumula una fuerte subida desde comienzos de agosto y el riesgo ya no está únicamente en que Irán cierre formalmente Ormuz. Ni siquiera hace falta llegar tan lejos. Basta con que navieras, aseguradoras y armadores consideren demasiado peligroso cruzarlo para que el flujo disminuya.

Los países del Golfo llevan meses buscando escapatorias. Emiratos Árabes Unidos está potenciando puertos y conducciones que permiten sacar parte de sus exportaciones evitando el estrecho, mientras Arabia Saudí dispone de infraestructura para transportar crudo hacia el mar Rojo. Pero ninguna solución alternativa sustituye completamente un corredor que durante años funcionó como una auténtica autopista energética.

Para Europa, Asia y buena parte de la economía mundial, el efecto acaba apareciendo de una manera menos espectacular que un misil, pero mucho más cotidiana: combustibles más caros, costes de transporte mayores y nuevas presiones inflacionistas.

Una guerra que vuelve a perder sus frenos

Los ataques de las últimas horas rompen el periodo de relativa calma que había dominado las últimas semanas dentro de una guerra que se prolonga desde finales de febrero.

Los objetivos ya no son únicamente instalaciones militares. Petroleros, corredores comerciales, puertos y redes energéticas se han convertido en piezas de presión política. Y esa ampliación del tablero multiplica el número de países que pueden verse arrastrados, voluntariamente o no, hacia el conflicto.

La situación se complica todavía más por los ataques de los hutíes de Yemen contra Arabia Saudí y sus instalaciones energéticas. El mapa acaba pareciendo una tela demasiado tensada: Irán, Estados Unidos, Jordania, las monarquías del Golfo, Yemen y las principales rutas marítimas del planeta comparten un mismo espacio de riesgo.

No significa necesariamente que una guerra regional aún mayor sea inevitable. Sí significa que existen más lugares donde un error de cálculo puede desencadenarla.

Un pulso que ya se mide en barriles

El dato inmediato es contundente: Irán ha lanzado misiles contra Jordania y asegura haber atacado diez barcos en Ormuz después de que Estados Unidos destruyera cinco petroleros iraníes. Jordania afirma haber interceptado 18 de los 20 proyectiles y no registra víctimas; los daños reivindicados por Teherán contra los buques todavía necesitan confirmación independiente.

Lo verdaderamente inquietante está detrás de esas cifras. Estados Unidos e Irán están trasladando progresivamente su enfrentamiento hacia la infraestructura energética que mantiene en movimiento buena parte del comercio mundial.

Un misil puede fallar. Un petrolero puede esquivarlo. Pero cuando cada represalia vuelve más inseguro el estrecho de Ormuz, el impacto deja de medirse solo en kilómetros, barcos o bases militares. Empieza a medirse en barriles, inflación y estabilidad económica. Y ahí el Golfo Pérsico deja de estar tan lejos.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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