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¿Por qué Ucrania compra miles de misiles IRIS-T y qué cambia en la UE?

Ucrania prepara un pedido de miles de misiles IRIS-T financiado con apoyo europeo, mientras Alemania ampliará su capacidad industrial de producción.

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misiles IRIS-T

Foto: HaraF — trabajo propio, CC BY-SA 3.0 — vía Wikimedia Commons.

Resumen

  • Ucrania prepara un pedido de varios miles de misiles IRIS-T
  • El contrato europeo impulsará una nueva línea de producción en Alemania
  • El objetivo es sostener la defensa aérea frente a los ataques rusos

Ucrania prepara un pedido de varios miles de misiles guiados IRIS-T para reforzar su defensa aérea frente a los ataques rusos. El anuncio lo ha hecho este martes, 8 de septiembre, el ministro alemán de Defensa, Boris Pistorius, durante una reunión del grupo de contacto para Ucrania. La operación será financiada con el préstamo de la Unión Europea destinado a sostener al país y, según Berlín, tendrá tamaño suficiente para justificar una nueva línea de producción de estos interceptores.

Hay un detalle que conviene despejar desde el principio. Kiev no está comprando miles de sistemas IRIS-T, sino miles de misiles destinados a alimentar una defensa aérea que necesita consumir interceptores noche tras noche. No se ha comunicado todavía la cantidad exacta, el valor económico del contrato, el calendario completo de entregas ni qué proporción corresponderá a cada variante de la familia IRIS-T. Lo confirmado es la dimensión: Pistorius habló expresamente de varios miles y vinculó el encargo al buen rendimiento del sistema en Ucrania.

Ucrania necesita munición, no solo más lanzadores

La guerra aérea sobre Ucrania ha cambiado. Tener un radar moderno y una batería capaz de derribar un misil ruso sirve de bastante poco cuando, después de unas cuantas noches de ataques, faltan proyectiles para cargar los lanzadores. Esa es una de las grandes batallas silenciosas del conflicto: el número de interceptores disponibles.

Rusia ha seguido utilizando combinaciones de drones, misiles de crucero y armas balísticas para saturar las defensas ucranianas. Este mismo 8 de septiembre, un nuevo ataque ruso contra Kiev dejó muertos y decenas de heridos, mientras otras regiones también sufrían impactos. Ucrania consiguió interceptar parte de los proyectiles, pero la escasez de munición antiaérea continúa condicionando su capacidad de respuesta.

Ahí entra el nuevo pedido. Miles de IRIS-T significan profundidad de almacén, no simplemente una fotografía con otro lanzador recién entregado. Cada oleada rusa obliga a elegir qué amenaza merece un interceptor, cuánto cuesta destruirla y qué reservas deben conservarse por si aparece después algo más peligroso. Es una contabilidad bastante menos abstracta de lo que suena cuando el resultado puede ser una central eléctrica intacta o un bloque de viviendas ardiendo.

El contrato que llevará a Alemania a producir más

Pistorius aseguró que el volumen del encargo permitirá incrementar la fabricación mediante otra línea de producción de misiles. Es una consecuencia industrial importante: Ucrania no solo recibe armamento, también está provocando que Europa aumente físicamente su capacidad para fabricar interceptores.

Diehl Defence, la compañía alemana que lidera el programa IRIS-T, llevaba tiempo preparando ese salto. En enero de 2026 inauguró en Nonnweiler, en el estado alemán del Sarre, un nuevo centro destinado principalmente a ampliar la capacidad de integración de misiles de la familia IRIS-T. La empresa había aumentado ya con fuerza su producción desde el inicio de la invasión rusa y trabaja para fabricar más unidades de fuego de los sistemas terrestres durante los próximos años.

Conviene no mezclar las cifras. Una cosa es producir más baterías o unidades de fuego, con radar, centro de operaciones y lanzadores; otra, fabricar los misiles que se disparan desde ellas. El anuncio de Pistorius afecta precisamente a este segundo cuello de botella. En una guerra prolongada, las plataformas se compran unas pocas veces; la munición se gasta continuamente.

Qué hace realmente el IRIS-T

IRIS-T nació como un misil europeo aire-aire de corto alcance, desarrollado bajo liderazgo alemán y con participación industrial de varios países europeos. A partir de aquella tecnología se creó una familia de sistemas terrestres de defensa aérea, entre ellos IRIS-T SLS, SLM y SLX, pensados para cubrir diferentes distancias y amenazas.

El IRIS-T SLM, una de las versiones terrestres utilizadas por Ucrania, puede combatir aviones, helicópteros, drones y misiles de crucero. Su alcance de interceptación llega aproximadamente a los 40 kilómetros y su cobertura vertical ronda los 20 kilómetros. Utiliza un buscador infrarrojo en la fase final y puede atacar objetivos desde diferentes direcciones alrededor de la batería.

No es, sin embargo, una muralla mágica. Ningún sistema lo es. La defensa moderna funciona por capas complementarias: armas más baratas y de menor alcance contra determinadas amenazas, sistemas como IRIS-T para otras y medios de mayor capacidad —y muchísimo mayor coste— frente a objetivos especialmente difíciles.

IRIS-T y Patriot cumplen trabajos diferentes

El propio Pistorius colocó las dos necesidades sobre la misma mesa. Alemania continuará reforzando el suministro de IRIS-T y, al mismo tiempo, entregará con urgencia a Ucrania más interceptores Patriot PAC-2 procedentes de sus existencias. Berlín también ha pedido a otros aliados que revisen sus arsenales ante la previsión de una nueva campaña rusa contra infraestructuras críticas durante el invierno.

Patriot resulta especialmente valioso frente a determinadas amenazas balísticas, mientras que IRIS-T SLM ocupa otra capa de la defensa y puede emplearse contra drones, aviones y misiles de crucero. Gastar el interceptor más caro contra cualquier objeto que aparece en el radar sería una manera rápida —y carísima— de quedarse sin defensa.

Por eso Ucrania persigue una combinación de sistemas. No basta con derribar; hay que poder seguir derribando al día siguiente. Cuando Rusia lanza salvas numerosas, la cuestión no es únicamente la tasa de aciertos, sino cuántos misiles quedan en los depósitos y cuánto tarda la industria europea o estadounidense en reponerlos.

El préstamo europeo empieza a convertirse en armas

El pedido de IRIS-T será financiado, según Pistorius, mediante el préstamo europeo para Ucrania aprobado para 2026 y 2027. El mecanismo asciende a 90.000 millones de euros: aproximadamente 30.000 millones están previstos para apoyo presupuestario y unos 60.000 millones para adquisiciones de defensa.

No es un detalle contable. Parte del apoyo europeo está pasando de transferencias de emergencia a contratos industriales de gran escala, capaces de generar pedidos plurianuales y ampliar fábricas. Después de una primera fase muy centrada en drones, las adquisiciones europeas para Ucrania se extienden hacia misiles y munición. El encargo anunciado por Alemania encaja exactamente en esa lógica.

Europa intenta resolver así una debilidad que la guerra dejó al descubierto con bastante poca delicadeza: décadas de arsenales dimensionados para tiempos tranquilos no producen de repente miles de interceptores porque un ministro firme una orden de compra. Hay máquinas que instalar, trabajadores especializados que contratar, componentes que fabricar y cadenas de suministro que asegurar. El misil sale rápido del lanzador; de la fábrica, bastante menos.

De las entregas urgentes a una industria preparada para años

Diehl Defence ha elevado con fuerza su capacidad de producción respecto a los niveles anteriores a la guerra. También ha ampliado instalaciones y pretende aumentar la fabricación anual de unidades de fuego IRIS-T ante la demanda de Ucrania y de varios países europeos. Estonia, Letonia, Suecia y otros miembros de iniciativas comunes de defensa aérea forman parte de un mercado que ya no depende únicamente de Kiev.

Eso introduce una tensión inevitable. Ucrania necesita interceptores inmediatamente, mientras los países europeos quieren reconstruir sus propias defensas aéreas. La misma industria sirve a ambos clientes. El nuevo contrato ayuda a resolver el problema no repartiendo una producción pequeña entre más compradores, sino intentando agrandar la producción disponible.

Es quizá la consecuencia menos vistosa de estos miles de misiles. Cada gran pedido garantiza carga de trabajo durante años y permite invertir en instalaciones que, una vez construidas, permanecen. La guerra de Ucrania está transformando así la arquitectura militar europea también lejos del frente: en polígonos industriales alemanes, líneas de montaje y centros de integración donde se decide cuántos interceptores podrá tener Europa dentro de tres o cuatro años.

La defensa aérea entra en la era de los miles

El anuncio de Pistorius marca un cambio de escala. Durante los primeros años de la guerra, buena parte de las noticias sobre defensa aérea giraba alrededor de la llegada de una batería más, dos lanzadores o algún sistema cedido por un aliado. Ahora el problema está un escalón después: mantener esas armas abastecidas durante una campaña prolongada.

Ucrania quiere varios miles de misiles IRIS-T precisamente por eso. No porque un único interceptor cambie la guerra, sino porque hacen falta muchos para sostener durante meses una red capaz de proteger ciudades, infraestructuras energéticas y posiciones militares. La cifra exacta y los plazos siguen pendientes, y serán decisivos para medir el alcance real del contrato.

La otra consecuencia ya está confirmada. El pedido será lo bastante grande para aumentar la producción alemana y añadir otra línea industrial. Entre el dinero europeo, las necesidades de Kiev y el rearme de los propios países de la UE, el IRIS-T está dejando de ser una solución fabricada en cantidades relativamente contenidas para convertirse en uno de los pilares de una defensa aérea europea de mayor escala, una que ha descubierto, de la forma más incómoda posible, que los misiles no se improvisan cuando empiezan a sonar las alarmas.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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