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Los Gallardos suma 15 víctimas: ¿qué pasó en el incendio de Almería?

El incendio de Los Gallardos deja 15 fallecidos tras la muerte de Michelle Leake. La causa sigue bajo investigación y dos heridos continúan graves.

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zona quemada de los gallardos

Foto: Urci dream — trabajo propio, CC BY-SA 4.0 — vía Wikimedia Commons.

Resumen

  • El incendio de Los Gallardos eleva su balance a 15 víctimas mortales
  • Michelle Leake murió tras casi dos meses ingresada por graves quemaduras
  • Dos heridos siguen graves y la investigación judicial continúa abierta

El incendio de Los Gallardos ha elevado este martes, 8 de septiembre, su balance a 15 víctimas mortales. Michelle Leake, una mujer británica que permanecía ingresada desde el fuego del pasado 9 de julio, ha fallecido durante la madrugada en la Unidad de Grandes Quemados del Hospital Universitario Virgen del Rocío de Sevilla. Había sufrido quemaduras en más del 40% de su cuerpo y llevaba casi dos meses luchando contra unas lesiones de extrema gravedad.

Su muerte devuelve al primer plano una tragedia que todavía no ha terminado, aunque las llamas se apagaran hace semanas. El fuego dejó unas 5.200 hectáreas calcinadas, golpeó varios municipios del Levante almeriense y se convirtió en el incendio forestal más mortífero registrado en Andalucía. De los 15 fallecidos, 14 eran extranjeros, con una presencia especialmente numerosa de ciudadanos británicos. La causa del incendio y, sobre todo, la gestión de aquella tarde siguen bajo investigación.

Michelle Leake, la víctima número 15

Leake llevaba más de veinte años viviendo en España y residía en Canjáyar. Trabajaba cuidando a personas mayores. El 9 de julio se encontraba en Bédar atendiendo a una mujer británica de 93 años cuando el fuego comenzó a cerrar las vías de salida. Ambas intentaron escapar en coche, pero las llamas habían alcanzado ya la carretera. Tuvieron que abandonar el vehículo.

Mientras Michelle ayudaba a la anciana a salir, una bola de fuego las alcanzó. Fueron auxiliadas por ocupantes de otro vehículo y evacuadas. La mujer de 93 años falleció pocos días después en el Hospital Universitario Torrecárdenas de Almería. Michelle fue trasladada en helicóptero hasta Sevilla, donde quedó ingresada en estado crítico, sedada y con ventilación mecánica. Su familia había organizado incluso una campaña de ayuda pensando en una recuperación que se intuía larguísima. No llegó.

La muerte de Leake eleva a nueve el número de ciudadanos británicos fallecidos en la tragedia, según los últimos recuentos publicados. El resto de víctimas extranjeras procedían de Bélgica, Francia y Estados Unidos; también murió un ciudadano español. Catorce de los quince fallecidos eran extranjeros, un dato especialmente significativo en una zona rural del Levante almeriense donde desde hace años reside una importante comunidad europea.

El fuego que desbordó todos los cálculos

El incendio comenzó durante la tarde del 9 de julio de 2026 en el paraje de Almocáizar, dentro del término municipal de Los Gallardos. Desde allí se extendió hacia Bédar, Lubrín, Antas y Sorbas y alcanzó también la Zona Especial de Conservación Sierra de Cabrera-Bédar. Las primeras horas fueron vertiginosas; no es una forma de hablar. Hubo momentos en los que el frente avanzó a unos 128 metros por minuto.

Ese ritmo era aproximadamente cuatro veces superior al comportamiento previsto por los modelos habituales manejados para un incendio de esas características. Las rachas de viento llegaron a rondar los 50 kilómetros por hora y los análisis posteriores describieron una combinación casi perfecta para la propagación: temperaturas por encima de los 40 grados, humedad muy baja y una enorme cantidad de vegetación seca disponible como combustible. El monte, dicho de forma sencilla, estaba preparado para arder; faltaba la chispa.

Durante las primeras horas se llegó a calcular una superficie afectada cercana a las 7.000 hectáreas. Las mediciones posteriores rebajaron la cifra definitiva a unas 5.200 hectáreas. El Plan Infoca declaró extinguido el incendio el 24 de julio, quince días después de su inicio. La estadística pudo cerrarse entonces. La tragedia humana, como acaba de demostrar la muerte de Michelle Leake, no.

La caída de un cable, bajo investigación

La principal hipótesis sobre el origen del fuego apunta a la caída de un cable eléctrico junto a una cuneta. La Guardia Civil abrió desde las primeras horas una investigación sobre ese elemento como posible desencadenante y la Junta de Andalucía señaló también el tendido como origen probable. No existe, sin embargo, una conclusión judicial firme que permita presentar esa explicación como definitivamente acreditada.

La cuestión tiene una complicación añadida. Endesa sostuvo que el tendido investigado no pertenecía a su red, que carecía de tensión y que llevaba años abandonado; Red Eléctrica negó igualmente que la infraestructura fuera de su propiedad. Es precisamente el tipo de detalle que transforma una explicación aparentemente sencilla —un cable cae, comienza el fuego— en un asunto bastante menos limpio cuando entra en un juzgado. Quién era responsable de la instalación, cuál era su estado y qué relación exacta tuvo con el inicio de las llamas forman parte de las incógnitas que deben aclararse.

Las investigaciones conocidas tampoco han aportado pruebas que respalden algunas versiones difundidas en redes sociales según las cuales el incendio habría sido provocado deliberadamente para facilitar proyectos fotovoltaicos. Esa teoría circuló con rapidez después de la tragedia, pero no estaba sustentada por las pesquisas oficiales. En un incendio basta a veces una hora para quemar un valle; para fabricar una teoría conspirativa suele hacer falta bastante menos.

El debate por las alertas que no llegaron

Una de las cuestiones más delicadas gira alrededor del sistema ES-Alert, utilizado para enviar avisos de emergencia directamente a los teléfonos móviles situados en una zona determinada. Durante el incendio de Los Gallardos no se envió una alerta general de este tipo a la población afectada, algo que ha provocado críticas de familiares y vecinos y que forma parte del debate sobre la gestión de la emergencia.

La Junta de Andalucía ha defendido que la decisión respondió a criterios técnicos. El consejero de Presidencia, Sanidad y Emergencias, Antonio Sanz, sostuvo que un mensaje indiscriminado podía haber provocado confusión y movimientos de población peligrosos en un territorio de viviendas muy dispersas, con carreteras estrechas y un fuego cuyo comportamiento cambiaba a enorme velocidad. Para algunos afectados, sin embargo, la cuestión es mucho más elemental: aseguran que no recibieron instrucciones suficientes para saber cuándo debían abandonar sus casas.

Ahí está uno de los grandes debates que deja Los Gallardos. Un aviso puede resultar inútil si llega tarde o empuja a alguien hacia una carretera ya tomada por las llamas; pero la ausencia de información también puede dejar a una familia encerrada en una vivienda sin saber que el fuego está a pocos minutos. Entre una cosa y otra no hay una fórmula mágica, sino protocolos, cartografía, comunicaciones y decisiones tomadas bajo presión. Precisamente por eso deberán analizarse con datos y tiempos concretos.

La causa judicial sigue abierta

La investigación está en manos de la Sección Civil y de Instrucción número 3 del Tribunal de Instancia de Vera, que desde julio ha ido incorporando las diligencias relacionadas con las víctimas, las causas del incendio y las denuncias presentadas. Familiares de varias personas fallecidas se han personado como acusación particular, reclamando que se esclarezcan tanto el origen del fuego como la respuesta institucional durante las horas críticas.

También se han planteado interrogantes sobre los procedimientos posteriores a la tragedia. Algunas familias han reclamado nuevas comprobaciones sobre restos encontrados en vehículos y propiedades afectados por el fuego. El proceso judicial, por tanto, no se limita a descubrir qué produjo la primera llama: tendrá que reconstruir una secuencia mucho más amplia, desde el comienzo del incendio hasta las evacuaciones, los avisos, los tiempos de respuesta y la localización e identificación de las víctimas.

La dimensión territorial añade otra capa. Expertos en incendios forestales llevan tiempo alertando sobre la llamada interfaz urbano-forestal, esas zonas en las que viviendas dispersas, caminos, matorral y monte prácticamente se mezclan. En lugares así, un incendio deja de ser únicamente un problema forestal en cuanto las llamas alcanzan una casa. Y en Los Gallardos había muchas. La prevención exige entonces franjas de seguridad, vegetación gestionada, accesos practicables y planes de autoprotección que existan no solo en una carpeta municipal, sino también sobre el terreno.

Dos heridos graves continúan hospitalizados

La emergencia sanitaria provocada por el incendio obligó a atender a numerosas personas con quemaduras y otras lesiones. Cuatro de los casos más graves fueron derivados inicialmente a la unidad especializada del Virgen del Rocío de Sevilla. Tras las muertes registradas posteriormente en el hospital, dos heridos graves permanecen ingresados según la última información disponible este 8 de septiembre.

Ese dato explica por qué el balance del incendio ha seguido cambiando incluso después de quedar extinguido. Doce personas murieron durante las primeras horas de la catástrofe; una mujer británica de 93 años falleció después en Torrecárdenas y el 28 de julio murió en Sevilla otra paciente que presentaba quemaduras en aproximadamente el 70% de su cuerpo. Michelle Leake es la decimoquinta víctima.

Los Gallardos, dos meses después

Han pasado casi exactamente dos meses desde aquel 9 de julio y el incendio de Los Gallardos continúa creciendo, no en hectáreas, sino en consecuencias. Quince muertos, dos personas todavía hospitalizadas con heridas graves, miles de hectáreas afectadas, familias pendientes de la investigación y una discusión incómoda sobre cómo proteger pequeños núcleos rurales cuando un incendio extremo avanza más deprisa de lo que indican los manuales.

La muerte de Michelle Leake vuelve a poner un nombre propio detrás de la cifra. Una cuidadora británica que llevaba dos décadas viviendo en España intentó sacar de un coche a una mujer de 93 años mientras el fuego les cerraba el paso. Las llamas alcanzaron a las dos. Esa escena, brutalmente sencilla, explica mejor que cualquier gráfico lo ocurrido aquella tarde en el Levante almeriense.

Después vendrán las responsabilidades que puedan acreditarse, la reconstrucción judicial de los hechos y el debate político, inevitable y también necesario. Pero hay algo que Los Gallardos ya ha dejado escrito sobre el terreno: cuando el fuego llega a zonas habitadas a 128 metros por minuto, prevención, avisos y evacuación dejan de ser asuntos administrativos. Se convierten, literalmente, en minutos de vida.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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