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Ciencia

¿Cuándo llega la tormenta geomagnética y dónde se notará en España?

La tormenta geomagnética prevista para el 8 y 9 de septiembre será menor, con más efectos en latitudes altas y pocas opciones de auroras en España.

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la tormenta geomagnética

Foto: NASA — dominio público — vía Wikimedia Commons.

Resumen

  • La tormenta geomagnética llegará entre el 8 y 9 de septiembre de 2026
  • El episodio será sobre todo G1, con una posibilidad menor de alcanzar G2
  • En España apenas se notará y las auroras serán poco probables

La tormenta geomagnética prevista para el 8 y 9 de septiembre de 2026 será, según las previsiones disponibles, un episodio menor provocado por la llegada a la Tierra de varias eyecciones de masa coronal procedentes del Sol. Los modelos apuntan principalmente a condiciones G1, el primer nivel de la escala de cinco grados utilizada para clasificar estos fenómenos, aunque existe una posibilidad menor de que por momentos alcance G2.

En España, el escenario previsto no supone una situación de peligro para la población ni hace pensar en apagones, fallos generalizados de internet o escenas de película apocalíptica. Los efectos más claros se concentrarán en latitudes altas, mientras que las posibles auroras boreales favorecerán sobre todo al norte de Europa. Para que pudieran observarse con cierta facilidad desde la Península, la perturbación tendría que resultar bastante más intensa de lo que indican los modelos.

La Tierra, mientras tanto, hará lo que lleva haciendo unos 4.500 millones de años: enfrentarse al viento solar. Esta vez el golpe puede ser algo más brusco porque varias nubes de partículas expulsadas por el Sol viajan hacia nuestro entorno y podrían coincidir parcialmente. De ahí el interés científico y también esa facilidad tan contemporánea para convertir cualquier sobresalto solar en una supuesta amenaza planetaria.

Cuándo llega la tormenta geomagnética a la Tierra

La vigilancia de meteorología espacial sitúa la mayor actividad durante el martes 8 de septiembre y contempla que la perturbación pueda prolongarse durante parte del miércoles 9 de septiembre.

La previsión más reciente apunta a intervalos de mayor actividad durante el día 8 y las primeras horas del 9. Los cálculos sitúan el índice planetario Kp cerca de 5, justamente el umbral asociado a una tormenta geomagnética G1. Durante el día 9 podría repetirse algún pico semejante, aunque las horas concretas aún pueden desplazarse.

Aquí aparece una de las pequeñas trampas de la meteorología espacial. Se puede conocer aproximadamente que la nube viene, por dónde y a qué velocidad, pero no fijar su llegada con la precisión de un tren. Las eyecciones de masa coronal cambian mientras atraviesan el espacio interplanetario y pueden acelerarse, frenarse o rozar la Tierra en vez de impactar frontalmente.

Detrás del episodio hay varias eyecciones de masa coronal, conocidas como CME, observadas durante los días 5 y 6 de septiembre. Son enormes expulsiones de plasma y campo magnético procedentes de la corona solar que pueden recorrer los aproximadamente 150 millones de kilómetros que separan el Sol de nuestro planeta.

Dos de las eyecciones detectadas el 5 de septiembre podrían alcanzar la Tierra de manera tangencial durante el día 8. Otra CME observada el 6 de septiembre tiene posibilidades de llegar durante el día 9. Al mismo tiempo, nuestro planeta atraviesa la influencia de una corriente relativamente rápida de viento solar asociada a un agujero coronal. Varias piezas pequeñas, pues, empujando en la misma dirección.

Esta combinación explica que exista una posibilidad limitada de alcanzar G2, categoría moderada, si las nubes solares llegan de una forma especialmente favorable para transferir energía al campo magnético terrestre. No es el escenario principal. Es una posibilidad dentro del margen de incertidumbre.

Dónde se notará más la tormenta geomagnética

Los efectos serán mucho más evidentes cuanto más cerca nos encontremos de las regiones polares. Una tormenta G1 suele afectar principalmente a zonas situadas por encima de unos 60 grados de latitud geomagnética, de modo que Canadá, Alaska, Groenlandia, Islandia y el extremo norte europeo parten con ventaja para observar sus manifestaciones más vistosas.

En Europa, Noruega, Suecia, Finlandia e Islandia estarán considerablemente mejor situadas para una eventual aparición de auroras. Escocia y otras regiones septentrionales de las islas británicas podrían tener alguna oportunidad dependiendo de la intensidad real, la orientación del campo magnético solar y, naturalmente, las nubes. Porque después de recorrer millones de kilómetros desde el Sol siempre queda el viejo enemigo de cualquier aficionado al cielo: el tiempo terrestre.

A nivel tecnológico, las alteraciones también afectan antes a los sistemas que operan en latitudes altas. Las redes eléctricas pueden registrar pequeñas fluctuaciones, algunos satélites requieren una vigilancia mayor y determinadas comunicaciones de radio pueden degradarse. Para la inmensa mayoría de ciudadanos europeos, nada de esto será perceptible.

Las posibilidades de ver auroras desde España

Con una tormenta G1 o incluso G2, la posibilidad de contemplar auroras claramente visibles desde España es baja. Las tormentas G1 suelen llevar las auroras hacia latitudes altas; con G2, la zona auroral puede desplazarse algo más hacia el sur, pero todavía queda normalmente bastante lejos de la Península Ibérica.

No significa que exista una frontera pintada sobre el cielo. Las auroras dependen de muchos factores y, durante episodios excepcionales, pueden aparecer mucho más al sur de lo habitual. España lo comprobó durante las grandes tormentas solares de mayo de 2024, cuando los tonos rojizos llegaron a fotografiarse desde numerosos puntos del país. Aquello, sin embargo, fue un episodio muy superior al previsto para este 8 y 9 de septiembre.

La situación cambiaría si el impacto real superase claramente las previsiones y el índice Kp subiera hasta valores de 7, 8 o superiores. Cuanto mayor es la perturbación del campo magnético, más se expande hacia latitudes medias el óvalo auroral que rodea los polos.

Por ahora no es eso lo que indican los modelos. La previsión central sigue siendo Kp 5 y categoría G1, con una posibilidad menor de G2. Conviene distinguir una posibilidad física de una previsión razonable: una aurora en España no es imposible, pero con los datos actuales tampoco es el resultado que cabe esperar.

Qué es realmente una tormenta geomagnética

Una tormenta geomagnética no es una tormenta meteorológica ni una nube que vaya a atravesar Madrid, Barcelona o Sevilla. Es una perturbación temporal de la magnetosfera, la enorme región dominada por el campo magnético terrestre.

El proceso comienza en el Sol. Algunas erupciones expulsan cantidades gigantescas de plasma cargado eléctricamente junto con campos magnéticos. Cuando una de esas eyecciones de masa coronal viaja en dirección adecuada y alcanza nuestro planeta, interactúa con la magnetosfera. Si la orientación de sus campos magnéticos favorece esa conexión, parte de su energía entra en el sistema terrestre y provoca oscilaciones.

Las partículas guiadas hacia las regiones polares chocan entonces con átomos y moléculas de la atmósfera. Oxígeno, nitrógeno, electrones… una física bastante compleja termina convertida en algo visualmente sencillo: cortinas verdes, rojas o violetas en el cielo, las auroras boreales en el hemisferio norte y australes en el sur.

No todas las erupciones solares producen una tormenta geomagnética. Tampoco una llamarada solar y una CME son exactamente lo mismo. Una llamarada solar es una liberación súbita de radiación electromagnética, cuyos efectos pueden alcanzar la Tierra en unos ocho minutos. Una eyección de masa coronal transporta materia y tarda normalmente mucho más, desde varias horas hasta varios días.

Qué efectos puede provocar una tormenta G1 o G2

Una tormenta G1 se considera menor. Puede generar fluctuaciones débiles en determinadas redes eléctricas de altas latitudes y pequeños efectos sobre las operaciones de los satélites. Su consecuencia más agradecida, desde luego, suele ser el aumento de la actividad auroral.

En caso de alcanzarse G2, nivel moderado, la perturbación sería algo mayor. Sistemas eléctricos situados en regiones septentrionales podrían registrar variaciones de tensión; algunos satélites podrían experimentar cambios en su orientación o en la resistencia atmosférica que encuentran las órbitas bajas, y la propagación de determinadas comunicaciones de radio de alta frecuencia podría degradarse temporalmente.

Nada de esto equivale a anunciar un apagón continental. Las escalas G1 y G2 forman parte de la meteorología espacial relativamente habitual durante los periodos de actividad solar. Su intensidad se clasifica precisamente para que operadores de satélites, redes eléctricas, aviación y comunicaciones sepan cuándo deben prestar más atención.

Tampoco hay motivo para interpretar esta tormenta como una amenaza sanitaria para quienes permanecen en tierra. La atmósfera y el campo magnético terrestre proporcionan una formidable protección frente a las partículas procedentes del espacio. Las preocupaciones por radiación se vuelven mucho más específicas para astronautas, ciertos vuelos polares o episodios solares considerablemente más intensos.

Por qué aparecen tantas tormentas solares estos años

El Sol atraviesa ciclos de actividad de aproximadamente 11 años. Durante los periodos próximos al máximo solar aumentan las manchas solares, las llamaradas y las eyecciones de masa coronal. El ciclo solar 25 ha resultado bastante activo y, aunque la actividad evoluciona continuamente, estos episodios continúan siendo perfectamente posibles.

Eso explica también por qué las auroras han aparecido tantas veces en titulares durante los últimos años. Una mayor actividad solar incrementa las oportunidades de que una CME salga disparada en la dirección adecuada y alcance la Tierra.

Pero hay una enorme diferencia entre una tormenta menor y los grandes episodios históricos. En la escala utilizada para estos fenómenos, G1 es el peldaño inferior y G5 el extremo. Meter ambos fenómenos en el mismo saco porque los dos reciben el nombre de tormenta geomagnética sería parecido a comparar una marejada con un tsunami. Los dos mueven agua. Hasta ahí llega el parentesco útil.

Una tormenta menor, con el norte mirando al cielo

La previsión para los días 8 y 9 de septiembre de 2026 dibuja, por ahora, una tormenta geomagnética principalmente G1, con una posibilidad reducida de alcanzar G2 si las distintas eyecciones solares llegan en condiciones favorables. La hora y la intensidad exactas todavía pueden variar a medida que las nubes de plasma se aproximen a la Tierra.

Para España, el efecto directo debería ser prácticamente imperceptible. No se esperan consecuencias importantes para la población y las posibilidades de auroras son bajas con la intensidad prevista. Más al norte de Europa la historia puede ser bastante más vistosa: allí, si el campo magnético coopera y las nubes terrestres conceden una tregua, la tormenta podría escribir sobre el cielo esas líneas verdes y rojizas que convierten un choque de partículas en uno de los espectáculos más extraños de la naturaleza.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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