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¿Cómo venció SMU a Florida State tras un apagón y cuatro pérdidas?
SMU superó 27-24 a Florida State en un partido marcado por un apagón, cuatro pérdidas de balón y el decisivo gol de campo de Nick Reed a 21 segundos.

Foto: John McStravick — “Shawnbrey McNeal Stiff Arm”, CC BY 2.0 — vía Wikimedia Commons.
Resumen
- SMU venció 27-24 a Florida State pese a perder cuatro balones
- Kevin Jennings lanzó para 430 yardas y tres touchdowns
- Nick Reed decidió el partido con un gol de campo a 21 segundos
SMU derrotó por 27-24 a Florida State en Tallahassee en uno de esos partidos que parecen empeñados en salirse del guion antes incluso de empezar. Un apagón retrasó el inicio casi dos horas, el estadio funcionó con importantes limitaciones técnicas y los Mustangs entregaron cuatro veces el balón. Aun así, sobrevivieron. Nick Reed convirtió un gol de campo de 20 yardas cuando quedaban 21 segundos y decidió una noche bastante más extraña de lo previsto.
El protagonista fue Kevin Jennings. El quarterback de SMU completó 26 de 36 pases para 430 yardas y tres touchdowns, aunque también sufrió dos intercepciones. Su equipo acumuló 585 yardas ofensivas, encontró grandes jugadas por aire cuando más las necesitaba y terminó resolviendo un encuentro que Florida State tuvo varias ocasiones de llevarse.
No fue una victoria limpia. Ni de lejos. SMU perdió cuatro balones frente a uno de los Seminoles, cometió el doble de penalizaciones y produjo menos yardas terrestres. En una estadística especialmente llamativa, OptaSTATS señaló que ningún equipo de la FBS o la NFL durante los últimos 30 años había ganado reuniendo simultáneamente semejante colección de desventajas: diferencial de pérdidas de al menos -3, más penalizaciones, menos carrera, menor posesión y más goles de campo fallados que su rival. Una forma bastante sofisticada de decir que SMU ganó haciendo muchas cosas que suelen llevar directamente a perder.
Un apagón convirtió el SMU-Florida State en otro partido
El encuentro debía comenzar a las 7:35 de la tarde, hora de la costa este de Estados Unidos, en el Doak Campbell Stadium. Apenas unos minutos antes del saque inicial, una avería eléctrica vinculada al transformador principal dejó sin suministro buena parte de la instalación. Los jugadores, que ya habían saltado al campo, terminaron regresando a los vestuarios.
El fútbol americano universitario, normalmente rodeado de auriculares, tabletas, marcadores gigantes y una pequeña nube de tecnología, volvió de pronto a otra época. Cuando finalmente se autorizó el inicio a las 9:15 de la noche, no funcionaba todo el alumbrado, el marcador estaba fuera de servicio y tampoco estaban disponibles la comunicación directa entre entrenadores y jugadores mediante los cascos ni los iPads de las bandas.
El reloj oficial quedó en manos de los árbitros sobre el césped. Tampoco hubo sistema normal de megafonía. En fin, un estadio de decenas de miles de espectadores convertido durante unas horas en una versión muy cara del fútbol de barrio: suficiente luz para jugar y a correr.
SMU afrontaba, además, su estreno de la temporada como número 19 del ranking AP. Florida State llegaba con un partido ya disputado. El apagón no alteró el resultado oficial, naturalmente, pero sí introdujo una anomalía evidente antes de que empezara siquiera el primer drive.
Kevin Jennings dominó por aire pese a sus errores
Una vez apareció el fútbol, Jennings empezó a mover el balón con facilidad. Su primera gran conexión llegó en el cuarto inicial, cuando encontró a Jalen Cooper para un touchdown de 50 yardas. Florida State respondió mediante una carrera de ocho yardas de Ashton Daniels y dejó el marcador empatado.
SMU volvió a golpear en el segundo cuarto. Jennings conectó con Randy Pittman Jr., antiguo jugador precisamente de Florida State, para un touchdown de 10 yardas. Nick Reed añadió después un gol de campo de 22 yardas y los Mustangs alcanzaron el descanso con ventaja de 17-10.
La paradoja estaba servida. El ataque de SMU avanzaba con una facilidad notable, pero los errores mantenían vivo al rival. Jennings fue interceptado dos veces y los equipos especiales tampoco ayudaron: un balón perdido tras un punt permitió a Florida State trabajar con un campo muy corto en la segunda mitad.
Los Seminoles aprovecharon el regalo. Ousmane Kromah, que terminó con 116 yardas en 22 carreras, anotó desde seis yardas para colocar el 17-17. Florida State había conseguido convertir un partido dominado estadísticamente por los Mustangs en una pelea de una sola posesión.
Una jugada de 79 yardas cambió el último cuarto
Con el marcador empatado y el partido entrando en su tramo decisivo apareció la acción más espectacular de la noche. Jennings lanzó hacia Yannick Smith, que rompió un placaje y recorrió 79 yardas hasta la zona de anotación. Apenas tres jugadas, 83 yardas y poco más de un minuto: 24-17 para SMU.
Smith terminó con cinco recepciones, 107 yardas y un touchdown. No fue, en realidad, una exhibición sustentada por un único receptor. Jennings repartió el balón entre nueve compañeros y obligó constantemente a la secundaria de Florida State a cubrir todo el ancho del campo.
Los Seminoles todavía tenían respuesta. Ashton Daniels, bastante menos productivo mediante el pase durante el resto de la noche, encontró a Samuel Singleton Jr. para un touchdown de 39 yardas que devolvió el empate, 24-24, cuando quedaban 8:17.
Entonces ocurrió otra de las cosas que hacen incomprensible —y estupendo— este deporte: Florida State interceptó a Jennings a 6:33 del final y recibió una oportunidad casi perfecta para ganar. No la aprovechó. Su ataque retrocedió y acabó despejando.
Nick Reed decidió un partido que SMU parecía empeñado en perder
SMU recuperó el balón y Jennings tuvo que hacer algo más difícil que acumular estadísticas: olvidar las dos intercepciones y construir el último drive. Los Mustangs recorrieron 68 yardas en nueve jugadas, consumieron 4 minutos y 35 segundos y colocaron el balón a distancia cómoda para su kicker.
Una recepción de 29 yardas de Dramekco Green en tercera oportunidad resultó especialmente importante. El avance dejó preparado el escenario para Reed, que ya había convertido anteriormente desde 22 yardas y también había fallado otro intento.
Quedaban 21 segundos. Reed golpeó desde 20 yardas y puso el 27-24.
Florida State dispuso de unos instantes finales, pero no consiguió producir el milagro inverso. SMU escapó de Tallahassee con una victoria que, vista sobre una hoja estadística, cuesta explicar: cuatro pérdidas de balón, seis penalizaciones frente a tres, menos producción terrestre y un gol de campo fallado. Y, sin embargo, 27-24.
Las 585 yardas explican lo que las pérdidas esconden
La estadística decisiva estaba en otro sitio. SMU terminó con 585 yardas totales, incluidas 430 mediante el pase, y promedió 8,7 yardas por jugada. Florida State produjo 125 yardas aéreas y encontró buena parte de su ataque en el suelo.
Los Mustangs también convirtieron 8 de 14 terceras oportunidades. Los Seminoles sufrieron muchísimo en esa situación, una limitación que terminó pesando incluso después de haber recuperado cuatro balones. Forzar pérdidas sirve de poco cuando el ataque recibe regalos y luego no consigue convertirlos en suficientes puntos.
Jennings, por tanto, firmó uno de esos partidos difíciles de encerrar en una única etiqueta. Dos intercepciones son demasiadas; 430 yardas y tres touchdowns, también. Para bien. Fue capaz de cometer errores serios y seguir atacando con la misma agresividad, algo especialmente visible en el último cuarto.
Florida State tuvo más equilibrio terrestre. Kromah superó las 100 yardas por segundo partido consecutivo y Daniels añadió movilidad desde la posición de quarterback. Pero el juego aéreo de los Seminoles fue demasiado irregular frente a un rival que, incluso regalando posesiones, continuaba avanzando el balón.
Una victoria estadísticamente casi imposible
La rareza del resultado va más allá del apagón. Según el registro difundido por OptaSTATS, SMU se convirtió en el único equipo de la FBS o la NFL en los últimos 30 años capaz de ganar un encuentro teniendo un diferencial de pérdidas de balón de -3 o peor, al menos el doble de penalizaciones que su rival, menos yardas de carrera, menor tiempo de posesión y más goles de campo fallados.
No significa que esas cinco circunstancias formen una especie de fórmula científica para medir partidos. Sí retratan hasta qué punto los Mustangs caminaron por el borde. Normalmente basta una o dos de esas deficiencias para complicarse la vida; SMU reunió prácticamente el catálogo completo y siguió en pie.
El motivo estuvo en su capacidad para generar jugadas explosivas. Touchdowns de 50 y 79 yardas, receptores capaces de convertir pases en ganancias enormes y un quarterback que siguió buscando ventanas agresivas incluso después de equivocarse. Florida State consiguió apropiarse del balón; SMU se apropió del terreno.
Ahí estuvo la diferencia.
El apagón quedó atrás, pero el 27-24 pesa de verdad
SMU abre así la temporada con marca de 1-0 y una victoria dentro de la ACC, mientras Florida State queda 1-1. Los Mustangs recibirán a UC Davis en Dallas en su próximo compromiso; los Seminoles tendrán una semana de descanso antes de afrontar una visita mucho más incómoda a Alabama.
Para SMU queda una advertencia bastante evidente: regalar cuatro posesiones contra rivales de mayor precisión suele cobrarse una factura que ni 430 yardas de quarterback consiguen pagar. Para Florida State, la lectura tampoco resulta agradable. Recuperó cuatro balones, tuvo el encuentro empatado en el último cuarto y recibió una nueva posesión después de una intercepción a Jennings cuando quedaban poco más de seis minutos. Ni así pudo ganarlo.
Y queda la imagen de la noche: un gran estadio medio desconectado, sin marcador convencional ni comunicación electrónica habitual, mientras dos equipos intentaban sacar adelante un partido que llevaba rato convertido en otra cosa. Después de casi dos horas de oscuridad, errores, touchdowns largos y oportunidades desperdiciadas, Reed necesitó apenas un golpe de 20 yardas para decidirlo.
La electricidad regresó a medias. SMU, en cambio, encontró justo la suficiente.

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