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¿Qué tiene Gabriel, hijo de Lorena Bernal, en los ojos y se cura?

Gabriel Arteta, hijo de Lorena Bernal y Mikel Arteta, tiene heterocromía. Así afecta a sus ojos, por qué ocurre y cuándo requiere atención médica.

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Foto: Arsenal — Gabriel Arteta, hijo del entrenador Mikel Arteta.

Resumen

  • Gabriel Arteta tiene heterocromía: un ojo azul y otro marrón
  • La heterocromía aislada no es una enfermedad ni suele requerir tratamiento
  • No consta que este rasgo afecte a la visión o al fútbol del joven

Gabriel Arteta Bernal, el hijo mayor de Lorena Bernal y Mikel Arteta, tiene un rasgo muy poco habitual: un ojo azul y otro marrón. Esa diferencia de color recibe el nombre de heterocromía y afecta a la pigmentación del iris. Por sí sola no es una enfermedad, no significa que vea peor y, cuando se trata de una característica congénita aislada, no necesita tratamiento ni hay nada que haya que “curar”.

El detalle se ha hecho especialmente visible después de que el Arsenal difundiera las imágenes oficiales de sus categorías inferiores. Gabriel, de 17 años, aparece con el ojo derecho azul y el izquierdo marrón. Varios medios han identificado ese rasgo como heterocromía completa, aunque hay una precisión necesaria: no consta públicamente un diagnóstico médico del joven ni se conoce la causa concreta de su diferencia de pigmentación. Es decir, la apariencia es compatible con una heterocromía; atribuirle un origen genético específico sin más datos sería ir bastante más lejos de lo que permiten los hechos.

Qué es exactamente la heterocromía de los ojos

El iris, esa corona de color que rodea la pupila, debe buena parte de su tonalidad a la melanina, el mismo pigmento relacionado con el color de la piel y del cabello. Su cantidad y, sobre todo, la manera en que se distribuye hacen que unos ojos sean marrones, verdes, grises o azules. La genética aquí no funciona como una caja de lápices donde el padre entrega un color y la madre otro; intervienen numerosos genes y mecanismos de pigmentación.

La heterocromía aparece cuando esa pigmentación no es igual en ambos iris o incluso dentro de un mismo iris. Puede ser completa, cuando cada ojo presenta un color claramente distinto; parcial o sectorial, cuando solo una zona cambia de tonalidad; o central, cuando alrededor de la pupila aparece un anillo de otro color. Por las imágenes conocidas de Gabriel Arteta, su caso parece corresponder a la forma completa.

De ahí una explicación tan gráfica como tentadora: Lorena Bernal tiene los ojos claros, de tono azul verdoso, y Mikel Arteta los tiene más oscuros, así que podría parecer que su hijo recibió literalmente un ojo de cada progenitor. Es una imagen estupenda para las redes sociales. La genética del color de los ojos, menos aficionada a los titulares perfectos, es bastante más complicada.

Tener un ojo de cada color no significa ver de forma diferente

La heterocromía aislada afecta al color del iris, no equivale a daltonismo ni supone por sí misma una alteración de la agudeza visual. Muchas personas nacen con ella y pasan toda su vida sin que produzca consecuencias para la salud ocular. Una variación genética que únicamente modifica la pigmentación puede ser completamente inocua.

Por eso, presentar los ojos de Gabriel como una enfermedad sería exagerado. También lo sería hablar de una discapacidad o de un problema que pueda condicionar su carrera deportiva. Con la información pública disponible no existe ningún dato que indique que su visión esté afectada por tener los iris de distinto color.

Lo que sí importa en medicina es distinguir una heterocromía presente desde pequeño y estable de un cambio de color adquirido. No son situaciones equivalentes. Si un iris comienza a cambiar de tonalidad de repente, especialmente después de una lesión o acompañado de dolor, inflamación u otros síntomas, conviene que un especialista determine el motivo.

La heterocromía no suele necesitar tratamiento

No existe un tratamiento médico destinado simplemente a devolver el mismo color a los dos ojos porque, cuando la heterocromía es benigna, no hay una patología que tratar. El objetivo de un oftalmólogo, si examina un caso, es comprobar precisamente eso: que detrás de la diferencia de pigmentación no exista otra causa.

Cuando alguien nace con los ojos de diferente color y el examen ocular es normal, lo habitual es no hacer nada. Las lentes de contacto de color pueden utilizarse por motivos puramente estéticos para igualar las tonalidades, pero no constituyen una cura ni son médicamente necesarias.

Otra cuestión es la heterocromía adquirida. Algunas lesiones oculares, inflamaciones, determinados medicamentos y ciertas enfermedades pueden modificar la pigmentación del iris. En esos casos se trata la causa que está detrás del cambio, no el color del ojo como tal. Entre los posibles orígenes figuran lesiones, glaucoma, algunas inflamaciones y determinados trastornos hereditarios.

Lo del “menos del 1%” merece un pequeño asterisco

Las informaciones sobre Gabriel Arteta han repetido que la heterocromía aparece en menos del 1% de la población mundial. Es una cifra muy atractiva: sencilla, contundente, perfecta para acompañar aquello de “condición rarísima”. El problema es que la evidencia disponible no permite afinar tanto.

Las referencias clínicas coinciden en que la heterocromía es rara, pero no se conoce con precisión qué porcentaje de la población la presenta. Así que puede afirmarse con seguridad que es un rasgo infrecuente; convertir ese “menos del 1%” en una estadística médica cerrada resulta bastante más discutible.

La confusión es comprensible porque las diferencias muy evidentes, como un ojo azul y otro marrón, llaman mucho más la atención que formas parciales o centrales que pueden pasar inadvertidas durante años. A veces incluso solo se distinguen bien con determinada luz, cuando el iris se observa de cerca. El fenómeno es poco frecuente, sí. Su frecuencia exacta, menos clara.

Cuándo unos ojos de diferente color sí requieren atención

La diferencia de color merece una valoración médica especialmente cuando aparece de forma nueva. Un ojo que siempre fue marrón y comienza a aclararse, por ejemplo, plantea una situación distinta a la de una persona que nació con un iris azul y otro oscuro. Los especialistas también tienen en cuenta antecedentes de golpes, operaciones, inflamaciones o tratamientos oculares.

Existen enfermedades poco frecuentes que pueden acompañarse de heterocromía, como determinados síndromes congénitos, alteraciones neurológicas o procesos inflamatorios del ojo. Eso no convierte cada caso de heterocromía en una señal de alarma. Precisamente ocurre al revés: muchos casos son simples variaciones de pigmentación sin enfermedad asociada. La evaluación médica sirve para separar una cosa de la otra, no para sembrar sospechas donde no las hay.

En el caso de Gabriel no se ha comunicado públicamente ninguna dolencia relacionada con sus ojos. La atención que está recibiendo nace de una característica visible en sus fotografías oficiales, no de la noticia de un problema médico.

Gabriel Arteta empieza a hacerse un nombre en el Arsenal

La curiosidad sobre sus ojos ha coincidido con un momento importante de su vida deportiva. Gabriel Arteta Bernal tiene 17 años, posee nacionalidad española y británica y se está formando en la cantera del Arsenal, el club cuya primera plantilla dirige su padre. Este verano ha firmado un acuerdo de beca y queda integrado de manera habitual en el equipo sub-18 durante la temporada 2026-2027.

Su recorrido no acaba de empezar. En octubre de 2025 participó con el sub-17 frente al Watford en la Premier League Cup y durante la pasada campaña dio el salto al sub-18. Debutó en abril de 2026 en una victoria por 3-0 ante el Reading y, un mes después frente al mismo rival, llegó su primera titularidad. La ficha oficial y las fotografías de la nueva temporada hicieron el resto: el apellido Arteta atraía miradas y los dos colores de sus ojos terminaron multiplicándolas.

Gabriel es el mayor de los tres hijos de Mikel Arteta y Lorena Bernal; sus hermanos son Daniel y Oliver. La familia vive en Londres y mantiene desde hace años una estrecha relación con el fútbol. Ahora el primogénito intenta abrir su propio camino en un lugar donde el apellido pesa bastante: su padre pasó por el césped del Arsenal antes de convertirse en su entrenador.

Una mirada singular, pero el interés empieza a estar en el césped

Los ojos de Gabriel Arteta explican buena parte de la curiosidad de estos días, aunque médicamente el asunto es bastante menos dramático de lo que algunos titulares sugieren. Un ojo azul y otro marrón puede ser simplemente una peculiaridad de la pigmentación, estable y perfectamente compatible con una vida normal. No existe motivo conocido para hablar de una enfermedad en su caso ni de una cura que necesite recibir.

La rareza visual resulta llamativa, desde luego. Pero el dato que puede acabar teniendo bastante más recorrido está unos centímetros más abajo, en las botas: con 17 años, Gabriel ya forma parte del sub-18 del Arsenal y empieza a recorrer el mismo oficio que hizo famoso a su padre. Los ojos han puesto el foco sobre él. A partir de aquí, será el fútbol el que decida cuánto dura.

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Periodista internacional con más de 20 años de experiencia en radio, prensa y medios digitales. Licenciado en Ciencias de la Comunicación, trabaja entre España e Italia con la mirada puesta en la actualidad.

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