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¿Por qué VOX carga contra Love of Lesbian tras el B-Side Festival?
Santi Balmes habló contra el avance de la extrema derecha y defendió acudir a votar en el B-Side. VOX respondió criticando su discurso político.

Foto: Alterna2 — “Love Of Lesbian + ONCA / Teatre Auditori Sant Cugat”, CC BY 2.0 — vía Wikimedia Commons.
Resumen
- Balmes pidió votar ante el avance de la extrema derecha durante el B-Side
- VOX respondió que la opinión política del cantante no era parte del show
- La polémica reabre el debate sobre política, música y libertad artística
El concierto de Love of Lesbian en el B-Side Festival de Molina de Segura ha terminado prolongándose bastante más allá del último acorde. Santi Balmes, cantante y líder del grupo, aprovechó un momento de la actuación para hablar de política, advertir del avance de la extrema derecha y defender la importancia de acudir a votar. VOX Molina de Segura respondió después criticando que introdujera ese discurso en un espectáculo musical.
La intervención fue breve y tuvo lugar durante la actuación de la banda en el festival murciano. Balmes pidió no quedarse en casa cuando llegue el momento de votar, incluso aunque haya que hacerlo, dijo, «con una pinza en la nariz». VOX replicó con un contundente «Zapatero a tus zapatos» y sostuvo que quien compra una entrada para un concierto acude a escuchar música y no a recibir «lecciones» políticas. Ahí empezó la discusión. O, quizá más exactamente, volvió una discusión tan antigua como el propio escenario.
Qué dijo Santi Balmes durante el concierto del B-Side
Love of Lesbian actuó el sábado 5 de septiembre en el recinto REMO de Molina de Segura dentro del B-Side Festival 2026, una cita que reunió también en su cartel a Rigoberta Bandini, Crystal Fighters, Sexy Zebras, Niña Polaca, Alcalá Norte y Xavibo, entre otros nombres.
En uno de los momentos del concierto, Balmes interrumpió brevemente la música para compartir una reflexión política con el público. Habló del crecimiento de la extrema derecha y de la abstención electoral como uno de los factores que, a su juicio, pueden terminar teniendo consecuencias políticas.
«Nos distraemos, la extrema derecha está ahí, y cada vez que los dejamos pasar y cada vez que nos quedamos en casa y no vamos a votar, aunque sea con una pinza en la nariz, puede que luego nos haya repercutido», señaló el cantante durante su intervención.
El músico defendió así la necesidad de participar en las elecciones, aunque el votante no se sienta plenamente identificado con ninguna alternativa. No pidió expresamente el voto para un partido concreto ni convirtió la actuación en una sucesión de consignas: fueron unos minutos dentro de un concierto que después siguió su curso.
Balmes habló también de una sensación de «rabia multifactorial» ante distintas cuestiones de la actualidad. La expresión, muy de su universo lírico, sirvió como introducción a otra canción. Dicho eso, volvió la música.
VOX responde: «Tu opinión política no es parte del show»
Las palabras no gustaron a VOX Molina de Segura. La formación reaccionó con un mensaje encabezado por «Zapatero a tus zapatos» y cuestionó que Balmes utilizara el concierto para expresar sus posiciones políticas.
«Tu opinión política no es parte del show. Si vas a oír propaganda, avisa y que cada cual decida si entra. Quien paga una entrada va a escuchar música, no a que le den lecciones», sostuvo la formación.
El argumento de VOX se apoya en una idea bastante reconocible: quien paga por un concierto espera principalmente escuchar música. Desde esa perspectiva, un discurso político podría resultar ajeno al espectáculo para parte del público, especialmente si ocupa demasiado espacio o convierte la actuación en algo distinto de aquello que esperaba encontrar.
Pero ahí aparece el problema de fondo. Determinar qué pertenece o no a un concierto resulta bastante complicado cuando es el propio artista quien construye el espectáculo. Un cantante puede enlazar canción tras canción. También puede explicar por qué escribió una letra, hablar de una guerra, defender una causa social, criticar a un Gobierno o recordar una historia personal. El escenario nunca ha sido un territorio completamente neutral.
Música y política, una frontera bastante borrosa
La idea de que música y política deberían viajar siempre por carriles separados tiene un pequeño problema histórico: nunca lo han hecho del todo. Del folk norteamericano al punk británico, pasando por la canción de autor española, el rock latinoamericano o buena parte del hiphop, utilizar una canción o un escenario para hablar de cuestiones sociales y políticas forma parte de la cultura popular desde hace generaciones.
Eso no significa que el público tenga obligación alguna de compartir las opiniones del artista. Ni mucho menos. Un espectador puede considerar inoportuno el comentario de Balmes, discrepar de él o pensar que ha pagado una entrada para escuchar canciones y no reflexiones electorales. La libertad del artista para hablar no obliga a nadie a aplaudirle.
Y funciona también en sentido inverso. La crítica de VOX entra dentro de su propio derecho a responder. La discusión, por tanto, no debería reducirse a decidir quién puede hablar y quién debe callarse, sino a una cuestión más interesante: hasta dónde llega la libertad artística cuando un músico utiliza un espectáculo para expresar posiciones políticas.
Un festival vinculado a las fiestas de Molina de Segura
La controversia adquiere otro matiz porque el B-Side no era un concierto aislado en una sala privada. El festival forma parte del ecosistema cultural de Molina de Segura y su edición de 2026 estuvo integrada en la programación de las fiestas patronales del municipio.
El B-Side celebró su 21.ª edición los días 4 y 5 de septiembre y volvió a movilizar a miles de personas entre las actuaciones del recinto principal y las actividades organizadas por distintos puntos de la localidad. El conjunto de propuestas del festival superó los 20.000 asistentes, mientras que la jornada principal había colgado previamente el cartel de entradas agotadas.
El Ayuntamiento participa en la organización de una cita que se ha convertido, después de más de dos décadas, en una de las referencias musicales de la Región de Murcia. El festival mezcla grupos consolidados, artistas emergentes y actividades repartidas por el municipio. No es precisamente un pequeño concierto escondido detrás de una barra.
VOX también forma parte del Gobierno municipal
Hay un detalle político relevante. La crítica procede de una formación que no observa la vida municipal únicamente desde la oposición: VOX forma parte del Gobierno de Molina de Segura junto al PP, con presencia en el Ejecutivo local.
Eso coloca la controversia bajo una luz algo distinta. Un partido presente en el gobierno del municipio donde se celebra el festival critica públicamente las palabras pronunciadas por uno de sus principales artistas desde el escenario.
No significa que VOX carezca de derecho a cuestionar a Balmes. Lo tiene, naturalmente. La libertad de expresión funciona en ambas direcciones: permite al cantante criticar determinadas tendencias políticas y permite al partido considerar improcedente que lo haga durante un concierto.
Otra cosa sería que de esa discrepancia se derivara la pretensión de condicionar contrataciones futuras, exigir controles previos sobre lo que dicen los artistas o establecer qué opiniones pueden pronunciarse en un espectáculo cultural. Ahí el debate dejaría de ser una simple bronca en redes sociales y entraría en un terreno institucional mucho más delicado.
Love of Lesbian llegaba a un B-Side con las entradas agotadas
El ruido político tampoco debería borrar lo que realmente ocurrió durante el fin de semana. El B-Side Festival había agotado sus entradas con antelación y afrontaba su primera edición después de haber celebrado en 2025 sus dos décadas de historia.
Love of Lesbian era uno de los grandes nombres del cartel junto a Rigoberta Bandini y Crystal Fighters. Durante su actuación, el grupo repasó distintas etapas de su repertorio y protagonizó también uno de los momentos musicales de la jornada con la aparición de Rigoberta Bandini para compartir escenario.
Balmes, por tanto, no sustituyó el concierto por un mitin. Pronunció unas palabras políticas dentro de una actuación que siguió desarrollándose como tal. Esa diferencia resulta importante porque buena parte de la polémica depende precisamente de cuánto peso se atribuya a aquellos minutos frente al conjunto del espectáculo.
La cultura tampoco vive dentro de una urna de cristal
Los escenarios españoles conocen bien este tipo de controversias. Músicos de ideologías muy diferentes han utilizado conciertos, entrevistas y entregas de premios para pronunciarse sobre guerras, elecciones, gobiernos, derechos sociales o conflictos territoriales. Unas veces el público aplaude; otras, silba. A veces hace ambas cosas a la vez, que probablemente sea una imagen bastante fiel de cualquier sociedad democrática.
La cultura no se produce en una urna de cristal. Las canciones nacen en una época concreta, sus autores tienen opiniones y el público también. Pretender separar de manera quirúrgica toda creación artística de cualquier referencia política sería complicado incluso para quienes defienden que los conciertos deberían centrarse exclusivamente en la música.
Eso tampoco convierte cada escenario en una tribuna obligatoria. Existe una diferencia entre una intervención puntual y un espectáculo construido alrededor de la propaganda política. En el caso de Love of Lesbian, el origen de la polémica está en unos minutos de reflexión de Santi Balmes dentro de una actuación musical mucho más extensa.
Cuando unos minutos pesan casi tanto como todo el concierto
El episodio deja una escena bastante reconocible de la España contemporánea: un músico habla desde un escenario, un partido político se enfada, las redes hacen el resto y, en cuestión de horas, unos minutos entre canciones pesan casi tanto como el concierto entero.
VOX considera que Balmes cruzó una frontera al utilizar el B-Side para expresar sus ideas políticas. El cantante hizo, por su parte, algo que músicos, actores, escritores y artistas llevan haciendo desde mucho antes de que existieran las redes sociales, los festivales patrocinados y los comunicados instantáneos: utilizar el lugar desde el que habla para decir aquello que considera relevante.
Puede gustar o no. Puede parecer oportuno, pesado, valiente, previsible o completamente innecesario. El público conserva el derecho a todas esas opiniones. Lo difícil es sostener que un escenario deba ser por definición políticamente estéril. La historia de la música nunca ha funcionado exactamente así. Ni siquiera cuando alguien, desde la política, recomienda al músico aquello de zapatero a tus zapatos.












